con el pueblo ruso en un Estado ru-
so único
Inmensa importancia progresista para los destinos históricos de los pueblos ruso y ucrania- no, “...tan próximos por la lengua, por el lugar de residencia, por el carácter y por la historia14”, tuvo la nueva unificación de Ucrania con Rusia.
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V. I. Lenin, Obras completas, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1957, t. XXIV, pág. 74.
El pueblo ucraniano, al unirse para siempre con el pueblo ruso, se salvó del sojuzgamiento y con- servó su cultura nacional.
La idea del parentesco y comunidad indiso- luble, vital, de los destinos históricos de ambos pueblos, jamás se extinguió entre las vastas masas populares, siendo consolidada por los recuerdos de la antigua Rus única, cuna de esos dos pueblos y del bielorruso.
El desarrollo secular de la economía y de los lazos políticos y culturales entre ambos países, condujeron al fortalecimiento de su amistad, cul- minando legítimamente con su unificación en un solo Estado ruso centralizado.
La guerra de emancipación nacional del pueblo ucraniano contra la opresión nacional y social de sus avasalladores abarcó a todos los sectores de la población y promovió a formida- bles dirigentes militares y héroes populares (Bo- gun, Mechai, Krivonos), quienes alzaron a las masas populares en su lucha por la liberación y por la unificación con Rusia.
La actividad y el programa político de Bogdán Jmielnitski, al frente del pueblo, en su lucha por la emancipación y la unión con Rusia, constituye un formidable ejemplo de cómo las esperanzas y aspiraciones tradicionales de las masas populares pueden reflejarse en la concien- cia y en los actos de los grandes hombres de su tiempo.
Descollante diplomático, supo aprovechar las contradicciones existentes en el campo de los enemigos que rodeaban a Ucrania y, apoyándose
7. Las teorías políticas en la se-
gunda mitad del siglo XVII
1.— El proceso de formación del mercado de toda Rusia y la aparición de las primeras ma- nufacturas; el nacimiento de las relaciones bur- guesas y el proceso de nacionalidad consolidado en nación, crearon, a medidados del siglo XVII, las premisas para la formación de la monarquía absoluta y para la introducción de modificaciones esenciales en el mecanismo del Estado feudal. El poder zarista sufría por las limitaciones de que era objeto por parte de la Iglesia. En el conflicto surgido entre ellos (entre Alexei Mijaji- lovich y el patriarca Nikon) triunfó el primero. Con la institución del prikaz de Asuntos Secretos, ese zar dio un paso hacia la creación de un apara- to especial, subordinado sólo a él y que le permit- ía fiscalizar directamente todas las ramas del go- bierno.
Los boyardos tenían necesidad de la mo- narquía absoluta como fuerza capaz de reprimir en forma más efectiva la resistencia de los cam- pesinos a la explotación feudal que, después de la guerra campesina dirigida por Stepán Timofée- vich, llegó a ser especialmente peligrosa para la clase dominante. También para la realización de los objetivos de política exterior que se plantearon ante Rusia, era menester la monarquía absoluta. Las desembocaduras de los ríos que atrave- saban el territorio del Estado ruso se hallaban en manos de suecos y turcos, lo cual entorpecía el desenvolvimiento de los lazos económicos y cul- turales con los Estados occidentales.
El problema de la necesidad de realizar re- formas estatales y de superar el atraso de Rusia se convirtió, a fines del siglo XVII, en el centro de atención.
2.—En la literatura política de ese siglo ca- be mencionar las obras de Yuri Krizhanich. En sus obras, en especial Pensamientos políticos, defiende la monarquía ilimitada (“autocracia per- fecta”), que prefiere a la oligarquía y a la repúbli- ca. Opone la monarquía al despotismo (“caniba- lismó”) y considera necesaria la existencia en ella de una “buena barrera legislativa”. Se manifiesta contra la parte parasitaria de la sociedad (“los estropeadores del pan”). Sin embargo, incluye a
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Tesis del 300º aniversario de la unificación de Ucrania con Rusia (1654-1954), ed. rusa, 1954, pág. 11.
los feudales eclesiásticos y seculares entre los miembros útiles de la sociedad.
Uno de los primeros lugares entre los diri- gentes políticos de la segunda mitad del siglo XVII lo ocupa Atanasio Lavrentevich Ordin- Nashchokin (murió en 1680) que, bajo el reinado de Alexei Mijailovich, ocupó el cargo de director principal del prikaz diplomático.
Criticaba y reprobaba las normas antiguas, considerando que los hombres rusos tienen mu- cho que reconstruir en su país, para lo cual debían fijarse en lo que pasa en Occidente. Pero objetaba la imitación ciega y no crítica de éste.
Exhortando a tomar en cuenta el ejemplo de “las tierras ajenas de al lado”, subrayaba al mismo tiempo, que “no todo se debe tomar sin analizar”. “Qué nos importan los hábitos extranjeros — decía—, su vestimenta no sirve para nosotros ni la nuestra para ellos.16”
La administración a base de prikazes y el caduco sistema del mestnichestvo17 de los boyar- dos lo indignaba. “Entre nosotros —escribe— se quiere el trabajo y se le odia; no se mira por el trabajo, sino por el hombre que lo hace.18” En relación con el modo de vida de los voe- vodas de Pskov, se pronunció en favor de la am- pliación de los derechos del gobierno local. Su- ponía que los voevodas, al resolver todos los asuntos en las localidades, no están obligados a esperar instrucciones desde el centro, o sea, esti- maba que el poder local puede resolver mejor una serie de asuntos en forma autónoma, después de tomar en consideración las peculiaridades locales.
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rrollo de la industria y de prestar colaboración al sector comercial, pero veía en la nobleza la base fundamental del Estado feudal. Fue partidario del poder zarista ilimitado.
En política exterior fue partidario de una es- trecha alianza entre Rusia y los países eslavos. Más de una vez señaló la necesidad de renovar las relaciones amistosas con Polonia y de concertar con ésta una alianza militar contra Suecia, que se había apoderado de las costas del Báltico y de la desembocadura del Neva, anticipándose, también en esto, a la idea de abrir “una ventana hacia Eu- ropa”, hacia lo cual se encaminó posteriormente Pedro .
El Estado ruso, en la segunda mitad del si- glo XVII, tuvo en su persona un hombre de Es- tado con ideas progresistas, que comprendió per- fectamente la necesidad de realizar una serie de reformas y de luchar contra el atraso.