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a la Virtud de Hilarión y en las Crónicas rusas.

1.—El florecimiento del Estado ruso duran- te el gobierno del príncipe Iaroslav (1019-1054), el aumento de su autoridad en las relaciones in- ternacionales y la tirantez y dura lucha diplomáti- ca contra Bizancio y otros Estados, hallaron su expresión en los anales y en otra literatura de esa época.

El canto a la ley y a la virtud, de Hilarión, es el primer tratado político de la antigua Rus que ha llegado hasta nosotros: constituye un pro- grama político, expuesto con lenguaje teológico, de independencia del Estado ruso y de su Iglesia con respecto a las pretensiones de Bizancio. Su tema fundamental es el elogio de la tierra rusa. El autor del Canto protesta fervorosamente contra las teorías, divulgadas por aquel entonces en Bi- zancio, acerca del pueblo único “elegido por dios”, contra las intenciones de crear un “imperio ecuménico” e “Iglesia ecuménica”, contra las pre- tensiones de Bizancio a la dirección de los pue- blos que habían adoptado el cristianismo y al do- minio sobre ellos.

Por oposición a estas pretensiones, el Can- to formula su propia tesis fundamental acerca de que el tiempo del pueblo único elegido por dios era cosa del pasado, porque había llegado el mo- mento de la libre adhesión de todos los pueblos al cristianismo.

La aceptación de éste por la Rus, a juicio de Hilarión, es garantía de su ecuanimidad: la Rus cristiana no tiene necesidad de ninguna tutela política. Un magno futuro histórico pertenece al gran pueblo ruso.

Esta obra alcanza su mayor énfasis patrióti- co en la parte dedicada a Vladimir I. Sviatoslavo- vich. La exaltación de este príncipe se convierte, en la obra de Hilarión, en una glorificación del poderío y de la fuerza del Estado ruso.

2.— La idea de la unidad de la tierra rusa halló su más completa expresión en los antiguos anales de ese país.

Las ideas patrióticas de independencia y so- beranía del estado de Kiev forman la base de sus primeros anales antiguos.

La aparición de esos anales, que reflejan el

pasado más remoto de toda la tierra rusa, data de los tiempos del príncipe Iaroslav el Sabio y está vinculada con las primeras tentativas de sus auto- res —los monjes del monasterio de Pechensk de Kiev— de afianzar, por oposición a Bizancio, el derecho de la Rus a una Iglesia independiente. El mencionado monasterio fue, durante los siglos XI al XIII, el foco de la ilustración rusa y centro de oposición al patriarca de Constantinopla y al poder de los primeros metropolitanos (arzo- bispos) griegos que Bizancio había colocado en Kiev.

Los anales trasmiten el contenido de todos los documentos políticos más importantes (con- venios internacionales, testamentos de príncipes, registro de “besos a la cruz” [juramento] y de estipulaciones de bienes dotales de los mismos y decisiones de congresos interprincipescos). Tam- bién se utilizaban ampliamente los materiales de la creación oral del pueblo y las obras de la poesía creada por los druzhina1.

La línea política fundamental que atraviesa por los anales es la del afianzamiento de un fuerte poder del príncipe de Kiev y la subordinación a éste de los demás, en nombre de la unidad de la tierra rusa.

La antigua Colección de avales del año 1039, confeccionada por encargo de Iaroslav, traducía la idea patriótica de la integridad y uni- dad de la Rus.

Su autor aspiraba a reconstruir el pasado más remoto de la tierra rusa; establecer, valiéndo- se de los monumentos que le eran asequibles, “de dónde es y procede la tierra rusa”.

3.— La exposición más armónica y des- arrollada de historia rusa y de la ideología política dominante, se da en el monumental Relato de los años pasados, creado a fines del siglo XI y principIos del XII. Su autor, según supone la ma- yoría de los investigadores, es Néstor, monje del ya mencionado monasterio de Kiev.

El autor se propuso, ante todo, demostrar el lugar del pueblo ruso en la historia y su igualdad de derechos con los demás; demostrar también que tiene su propio pasado históricamente pletóri-

1

Druzhina: Destacamento de servidores militares; destacamento de guerreros; en la Rus antigua, destacamento armado anexo al prínc i- pe, que participaba en las guerras, en el gobierno del principado y en la administración de los bienes personales del príncipe feudal.

co.

Este Relato refleja la amenazante situación internacional de la época. A mediados del siglo XI y principios del XII, la Rus de Kiev era vícti- ma de terribles y constantes golpes de parte de nómadas que amenazaban su existencia misma. Las discordias feudales internas debilitaron la tierra rusa en un momento en que el enemigo aparecía continuamente en sus fronteras fran- queándolas.

La obra condena estas discordias, recuerda el peligro exterior, habla de la gloria y de la gran- deza de la patria y de la necesidad de su unión. Se propone la tarea de contrarrestar las teor- ías referentes a la dependencia política de la Rus respecto de Bizancio; según las mismas, propa- gadas por los primeros metropolistas, la Rus deb- ía su existencia a éste.

Siguiendo las tradiciones de la historiograf- ía medieval, que atribuía un origen extranjero a la dinastía reinante, lo cual tendía a destacar la su- puesta imparcialidad del poder del príncipe o del rey, el autor del anal incluye en su obra la leyenda de la invitación que se había formulado a los va- regos.

Esta leyenda fue, al mismo tiempo, una ori- ginal tentativa de justificar el Estado explotador, de presentar el origen de éste como resultado de un convenio voluntario y no como fruto de la violencia. Los ancianos habían trasmitido el po- der al príncipe a fin de establecer un “orden”, en el que toda la vida social tenía que regirse de acuerdo con ciertas normas (ustavas y pravdas, “reglamentos y códigos de justicia”), establecidas por el poder principesco.

En 1116, por encargo de Vladimir Mono- maj, este Relato fue reelaborado por Silvestre, abad del monasterio de Wydubitsk de Mijailov. Al describir la actividad de Monomaj, el autor lo idealiza y defiende fervientemente su programa político tendiente a poner término a las discordias internas.

El orgullo por el gran pasado del pueblo, la exhortación a la unión de los príncipes para la defensa de las fronteras del Estado ruso y la pre- ocupación por el futuro de éste, son el hilo ide- ológico y político que se extiende a lo largo de todo el Relato.

Los analistas posteriores siempre solían

comenzar su trabajo por las crónicas de Néstor; su Relato desempeñó un importante papel político también durante los penosos años del yugo tárta- ro-mongólico, excitó los sentimientos patrióticos de los hombres rusos y les recordó el anterior poderío e independencia de la patria.

Los anales aspiraban a ejercer influencia sobre el pueblo, instándolo a la subordinación. Denuncian, al mismo tiempo, a los príncipes que por su arbitrariedad suscitaban la indignación de las masas populares y con ello provocaban rebe- liones, suponiendo que su primer deber es el de “hacer verdad en este mundo y proceder con jus- ticia en los tribunales”.

La idea de la predestinación divina, tan ca- racterística de las Sagradas Escrituras, se infiltra inevitablemente también en la elecciones de los anales rusos. Todos los acontecimientos descritos (victorias y derrotas de príncipes, rebeliones del pueblo, incursiones de hordas desde las estepas) suceden por “designio de dios”.

De entre las crónicas regionales, las de Novgorod son las que se destacan por su mayor originalidad, ya que dan una idea del gobierno del pueblo, el pensamiento acerca del tradicionalismo de éste, y de la limitación del poder de los prínci- pes, acusándolos de codiciosos y ávidos.

3. Consejos de Vladimir Mo-

nomaj

Entre los monumentos de literatura política más importantes de la Rus antigua se cuentan también los Consejos de Vladimir Monomaj. En la persona de éste (1053-1125), que rigió los des- tinos de Kiev desde 1113 a 1125, la tierra rusa tuvo a un príncipe feudal, progresista y enérgico. En 1097, en la Junta General de Príncipes de Liubech, instó a éstos a unirse y ofrecer una resistencia conjunta a los invasores nómadas. Igual posición defendió en 1100 en la Junta de Vitichev.

En su política interior defendió el régimen feudal, pero, para granjearse mayor autoridad, se hacía pasar por defensor de las amplias masas del pueblo.

En 1113, después de la muerte del príncipe Sviatopolk, estalló en Kiev una sublevación, en la

que las capas urbanas inferiores, explotadas por los boyardos y usureros, contaron con el apoyo de los labriegos (smerdi) de las aldeas cercanas. Fue tan grande su envergadura, que la no- bleza feudal y la gente “de categoría” tuvieron que ocultarse en la Catedral de Sofía. Desde allí mandaron una delegación a Vladimir Monomaj, quien, convertido en príncipe de Kiev, comenzó inmediatamente a adoptar una serie de medidas tendientes a calmar al pueblo.

Durante su gobierno se afianzó el Estado ruso antiguo. Conservó sus otchina2 en Suzdal, Rostov y Pereiasiav, y sometió a su dependencia a los príncipes de las ciudades menos importantes que Kiev. En ese tiempo se afianzaron de nuevo la autoridad y la importancia internacionales de la Rus; los polovtses fueron rechazados y se enta- blaron relaciones con Bizancio.

Antes de morir dejó a sus hijos el legado conocido con el nombre de Consejos.

Este documento constituye una tentativa de definir un programa de política de gobierno para ellos. Recomienda a sus hijos llevar una política cautelosa, capaz, según él, de elevar el poder del príncipe.

“No olvidéis, pues, a los pobres —

aconseja—, pero, en la medida que podáis, según vuestra fuerza, vosotros mismos dad de comer y mostraos indulgentes con los huérfanos, y haced justicia a las viudas y no permitáis que los poten- tados hagan daño al hombre.3”

También los previene contra la dureza de corazón en los asuntos judiciales y sus sentencias.

2 3

“Al emprender una guerra —les aconseja— , no seáis perezosos, no os fiéis de los voevoda5; no os entreguéis con exceso a la bebida y la co- mida; no al sueño; sed vosotros mismos cuidado- sos centinelas”...6

También recomienda cuidar, durante la ex- pedición, a los adolescentes de la druzhina y no permitir actos vandálicos contra la población. El príncipe, a su juicio, debe estar en todo y no en- tregarse al “descanso”.

Consejos, impregnada de la preocupación por la grandeza y la gloria de la tierra rusa, por la organización de todas sus fuerzas para la lucha contra los nómadas, fue un programa político para los príncipes rusos.

Sirvió también como una especie de regla- mento militar para las campañas militares.

4 La idea de unidad general ru-

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