de la soberanía del poder del Esta-
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V. I. Lenin, Obras completas, ed. rusa, t. I, págs 137-138.
Posad: En la Rus feudal, población de comerciantes e industriales ubicada en los suburbios de las ciudades o cerca de los monasterios. (N. del T.)
En los documentos de las relaciones di- plomáticas entre el Estado ruso y las potencias extranjeras, y en las leyendas históricas, se refleja la defensa, durante los siglos XV y XVI, de la idea de la independencia exterior de la tierra rusa que acababa de desembarazarse del yugo mongó- lico.
Esta idea tuvo también una inmensa impor- tancia política interna, por cuanto estaba dirigida contra los defensores del fraccionamiento feudal. 2.— A fin de ensalzar a los soberanos mos- covitas y afianzar su poder, se crean fastuosas genealogías. En la famosa Leyenda sobre los príncipes de Vladimirsk, que data de fines del siglo XV, los soberanos rusos son proclamados sucesores del emperador romano Augusto. Las insignias de dignidad imperial de los príncipes rusos, según la versión de los autores de esta Leyenda, pasaron, por derecho, de Cons- tantín Monomaj a Vladimir Vsevolodovich. “Y desde entonces —relata el autor—, el gran prínci- pe Vladimir Vsevolodovich se llama Monomaj, zar de la gran Rusia... Desde entonces hasta hoy día se corona con esta insignia imperial a los Grandes Príncipes Vladimirianos, y a éstos los mandó el rey griego Constantín Monomaj, en otro tiempo, a colocarse en el gobierno gran principes- co ruso.5”
La teoría que exalta la autoridad de Moscú y consagra la importancia histórica de la lucha que se llevaba por la cohesión de las tierras rusas, surgió en el siglo XVI en Pskov.
Uno de los grandes e influyentes escritores
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cero, llegará el fin del mundo. Dos de estos tres ya pasaron su época de florecimiento, se desmo- ronaron y se hundieron. Se hundió la vieja Roma, se hundió la nueva, Constantinopla. Esta se hun- dió precisamente por haber traicionado la orto- doxia. Con el hundimiento de la segunda, el zar ruso de Moscú quedó como el único protector de la fe ortodoxa.
Moscú, según Filoteo, es una urbe salvada por dios; es el último reino mundial, la tercera Roma.
Concluyendo su mensaje dirigido al gran príncipe moscovita, Vasili, el viejo Filoteo vuelve a su idea fundamental y la expresa en forma aca- bada y precisa: “Digo... obedece, hombre piado- so, al zar; como todo el reino cristiano descansa en ti solamente, como dos Romas se hundieron, y la tercera está en pie, y una cuarta no habrá, tu reino cristiano no puede ser otro que el que exis- te”...6
3.— Durante el gobierno de Iván III, perío- do de acentuada agravación de la lucha por la emancipación de la Rus del yugo mongólico, cuando Moscú emprendió la lucha contra el kan de la Gran Horda, Ahmat, existían en los sectores superiores de la sociedad feudal muchas discre- pancias. Los príncipes de los udiels, así como los boyardos, descontentos con la elevación de Moscú, temían que el éxito militar socavara defi- nitivamente la posibilidad de conservar los viejos privilegios boyardos.
Iván III, gran príncipe moscovita y zar de “todas las Rusias”, en su política de total aniqui- lamiento de las supervivencias del yugo mongóli- co, se apoyaba en la fuerza de sus funcionarios leales, patrióticamente dispuestos, que traducían las sagradas aspiraciones de todo el pueblo ruso, y que ansiaban la completa independencia para su tierra.
En ese período aparece uno de los publicis- tas y dirigentes eclesiásticos de fines del siglo XV, Vassian Rylo, autor del Mensaje de Ugra. Este autor fue partidario activo de la crea- ción de un Estado ruso centralizado. Ejerció in- fluencia sobre los príncipes de los udiels y ecle- siásticos rusos, instándolos a subordinarse incon-
6 Crestomatía de literatura antigua de los siglos XI-XVIII, ed. rusa,
dicionalmente al poder del príncipe moscovita. En su deseo de estimular al zar a la lucha abierta contra el sucesor de la Horda de Oro, el autor le recuerda las hazañas de Dimitri Donskoi y las de otros gloriosos antepasados suyos.
Vassian le señala la única vía compatible con la dignidad y honor de la tierra rusa, la nece- sidad de entablar un combate abierto contra Ah- mat y liberar el país de los tributos. El Mensaje traduce las concepciones progresistas de la ma- yoría de los hombres rusos, combatientes por la emancipación de su tierra del yugo mongólico. 4.—Las teorías relativas a la soberanía del poder del zar tuvieron un valor político muy grande en la lucha por el fortalecimiento del Es- tado ruso, multinacional y centralizado. Las teor- ías relativas al poder del Estado a fines del siglo XV y mediados del , tenían el tinte religioso, ca- racterístico de esa época, que les daba mayor fuerza en las condiciones de la sociedad feudal. A medida que el Estado feudal ruso se iba centralizando y la lucha contra la Horda de Oro obtenía éxitos, la Iglesia se veía cada vez más en la necesidad de tomar en cuenta la fuerza, que iba acrecentándose, del poder de los grandes prínci- pes moscovitas. Los “soberanos de todas las Ru- sias”, Iván III, Vassili III y, detrás de ellos, tam- bién Iván IV, veían con descontento las vastas posesiones eclesiásticas. Iván III prestaba gusto- samente oído a las afirmaciones “heréticas” de los eclesiásticos que denunciaban la codicia de la Iglesia oficial.
La lucha encarnizada entre los grandes
los bienes eclesiásticos.
Uno de los primeros teóricos de un fuerte poder del Estado fue Iosif Sanin (Volotski) (1440-1515). Según la teoría del poder del zar, creada por este autor, el zar había recibido el po- der de dios. Este eligió a los zares como represen- tantes suyos en la tierra. “El zar, por naturaleza, es igual a cualquier otro hombre, pero, por el po- der, se asemeja al Dios Altísimo7”, predica en sus obras.
La teoría relativa al poder del zar, no limi- tado por nada “en el mundo” y divino por su ori- gen, se combina en Sanin con instrucciones alec- cionadoras a los zares con motivo de sus deberes “pastorales” para con sus súbditos y la Iglesia. A su juicio, el poder del zar debe prestar apoyo más activo a la Iglesia en la acumulación de sus bie- nes, en la construcción de monasterios, y también salvaguardar y apoyar la rapaz explotación feudal de sus hombres dependientes y de los campesinos siervos de los monasterios.
Esta teoría tenía la misión de cimentar la alianza del poder secular con el eclesiástico. La teoría eclesiástica de Iosif Sanin relativa al origen divino del poder zarista fundamentaba la subordinación de los príncipes de los udiels al poder del soberano moscovita como “ungido por dios”, y desempeñó su papel en la unión de la tierra rusa y la creación del poder centralizado.