La fórmula que Cayce utiliza para explicar la creación refleja la veneración que siente por la belleza y armonía existentes en la obra de Dios, al igual que sucede cuando se contempla desde una perspectiva religiosa y espiritual. La fórmula de Cayce también se refiere a nosotros y a nuestra vida. Lo que nosotros experimentamos en nuestra vida es resultado de cómo moldeamos la energía vital. Los pensamientos que nosotros albergamos en la mente se hacen realidad en las circunstancias de nuestra vida.
A Cayce le gustaba citar la siguiente frase extraída de los Proverbios (27:3), “Según piensa el hombre, así es”. En nuestra vida llegamos a ser lo que pensamos, experimentamos lo que pensamos. La vida que vivimos, las posesiones que nos rodean, las circunstancias de nuestra vida, todos los detalles de nuestra existencia, expresan el hecho de que somos canales. Los modelos que tenemos en la mente canalizan la energía vital y la transforman en expresión física. Las ideas son reales en
sí mismas y llegan a ser reales en el mundo físico. Este hecho es un aspecto fundamental de la creatividad que implica la canalización.
¿Cómo pueden las ideas crear una realidad? Mi libro anterior de esta serie, Mysteries of The Mind (Misterios de la Mente), estudia la explicación que Cayce da al respecto, y la analiza desde las perspectivas filosófica y científica. He aquí lo que dice, en muy pocas palabras.
Lo que asumimos que es la realidad constituye una experiencia subjetiva. Nuestras expectativas y actitudes personales influyen en la forma como experimentamos los acontecimientos. Las teorías científicas conforman la observación e interpretación de los datos realizadas en un laboratorio. En ambos casos, las ideas presentes en la mente del observador juegan un papel en relación con lo que éste ve.
Básicamente, las ideas son reales. Están más cerca de las causas originales que los efectos de la experiencia. Cayce dice que “los pensamientos son cosas”, dando a entender que son reales e influyen en el mundo visible. Dice que la mejor forma de comprender la cuarta dimensión es pensar en lo que son las ideas. Otros han visto la cuarta dimensión de forma muy parecida.
El psiquiatra Carl Jung, por ejemplo, tras haber analizado los sueños de sus pacientes y haber estudiado la mitología y la literatura religiosa de nuestro mundo, concluye que deben de existir ciertos modelos psíquicos universales denominados arquetipos. Dice que estos arquetipos existen dentro de una mente universal, o inconsciente colectivo, tal como lo llama. Según Jung, estos modelos arquetípicos rigen tanto las formas de la naturaleza con las experiencias y comportamientos de los seres humanos.
El biólogo Rupert Sheldrake, en sus libros New Science of Life (Nueva Ciencia de la Vida) y Tite Presence of the Past (La Presencia del Pasado), expone un razonamiento similar sobre este tema. Presenta numerosas pruebas que muestran cómo las formas y las leyes de la naturaleza resultan de la conformación de la energía vital por obra de campos de fuerza invisibles. Al igual que las ideas que existen en otra dimensión, estos campos de fuerza morfogenéticos, tal como los llama Sheldrake, son la causa de que una planta o animal determinados adopten una forma dada y muestren un comportamiento o unas características particulares.
Estas teorías tan influyentes, formuladas por un psiquiatra y un biólogo, tienen en común lo siguiente: Ambos afirman que las ideas son reales en sí mismas, Las ideas existen en otra dimensión. Son la realidad subyacente que llega a ser la causa original de lo que experimentamos en el mundo físico y visible. Las ideas producen su efecto a través de su modelo. Las ideas crean la realidad física.
Las ideas de Cayce sobre la existencia de una mente universal, en la que las ideas, o modelos, rigen el mundo visible, no son, por tanto, tan inusuales. El pensamiento intelectual se mueve en la dirección presagiada por la fuente canalizada de Cayce. Evidentemente, sus conceptos, si hemos de admitir el relato psíquico de Cayce, provenían directamente de esa mente universal, y no de la especulación y la observación. Así pues Cayce nos presenta la versión que nos da la propia mente sobre su papel en la creación. Aparentemente, deberíamos escuchar lo que la mente tiene que decirnos.
Normalmente creemos que las ideas son algo que nos aporta la experiencia. Sin embargo, Cayce quiere que comprendamos que las ideas existen en otra dimensión, que existen fuera del espacio y del tiempo. Nosotros sintonizamos con las ideas. Cuando sintonizamos con una idea determinada, ésta empieza a conformar nuestra experiencia. En todo momento actuamos como canales de energía y moldeamos los acontecimientos de acuerdo con nuestras ideas.
La fórmula de la creación de Cayce ha dado origen al “slogan” de la Nueva Era que ahora es tan popular: “Tú creas tu propia realidad”. Este siogan, aunque cierto, puede no obstante inducir a error. Cuando Cayce afirma que la mente es la que construye, quiere decir que son las ideas, los modelos de la mente, lo que crea la realidad. Las ideas no nos pertenecen sino que existen en el interior de la mente universal. No las poseemos. No podemos sentirnos responsables de las ideas en sí mismas, ni de sus consecuencias. Nuestro cometido consiste en escoger qué ideas o modelos vamos a albergar en nuestra mente. Es más exacto decir que nuestras elecciones determinan qué ideas crearán nuestra realidad. Somos responsables de lo que elegimos.