Obras son amores. Hay que juzgar por los hechos. La práctica hace al maestro. ¿Te suena? Cada una de estas muestras de sabiduría popular expresan algo de lo que Cayce quiso decir con la frase “en la aplicación está la percepción. Este es el paso final, el paso decisivo, de su orientación heurística. Por tanto Cayce recomienda poner a prueba la orientación aplicándola en la práctica. Mira a ver si la orientación da resultado. Ponla a prueba. Es de sentido común.
Cayce señala también la importancia del aprendizaje a través de la acción, se trata de meterse de lleno en ello. A menudo el valor de una verdad no se limita al hecho de que una bombillita se encienda dentro de nuestra cabeza, ni al ¡aha! que emitimos al reaccionar, es además todo aquello que aprendemos al poner en práctica esa verdad, al pasar a la acción. Cuando tratamos de aplicar una orientación, no sólo la ponemos a prueba, no sólo comprobamos en qué medida la hemos entendido, sino que la vida misma actúa en nosotros a través de nuestra experiencia y nos hace más conscientes. Esa es la Ley de Cayce.
Buenas ideas hay muchas, pero una buena idea que se emplea bien es algo muy valioso. La experiencia que se gana al conseguir que una idea funcione es como un foco, si se compara con la bombillita de la idea en sí.
Aprende de lo que experimentaron aquellas personas que participaron en el proyecto de investigación de sueñas descrito en el Capítulo Tres. Allí vemos cómo aquellas personas que aplicaban una idea extraída de un sueño, recibían al día siguiente un sueño que las orientaba con más claridad, mientras que las que no hacían nada en relación con las ideas que habían tenido en el sueño, recibían unos sueños más confusos. Estoy seguro de que conoces a personas que están llenas de ideas y que, sin embargo, nunca llevan a la práctica lo que predican. Siempre acaban por soltar las mismas ideas, pero jamás cambian. Con que aplicaran una de sus ideas, se
moverían un poco y, consiguientemente, se les ocurrirían muchas más ideas con las que jugar.
El hecho de poner las ideas en práctica nos afianza también. Jung observó que las ideas procedentes del subconsciente estaban llenas de energía. Si tales ideas y símbolos eran examinados simplemente, la persona podía llenarse de energía hasta un punto peligroso. El lo llamaba “inflación”. Esta palabra me hace pensar en alguien que se hincha como un globo, lleno de los gases embriagadores de la conciencia psíquica, y que acaba por ascender lejos de este planeta.
Cayce una vez dedicó una lectura psíquica a una persona que según él estaba poseída. ¿Qué se había adueñado de ella? No eran los espíritus, ni una subpersonalidad oculta, sino sus propias formas de pensamiento. Dijo que la inspiración se había apoderado de ella, la inspiración que había sido buscada, captada, pero nunca aplicada. Explicó que el hecho de cultivar tales ideas, sin aplicar las, estaba agotando sus energías.
Jung pone el énfasis en la importancia que tiene “luchar con el ángel, y sugiere que tratemos de basar algunas de estas ideas en experimentos prácticos y terrenales llevados a cabo en nuestra vida. Ahora yo imagino a la persona hundiendo los pies en la tierra, en lugar de ascendiendo como un globo hinchado de ideas. El circuito se ha completado y, consiguientemente, la energía psíquica, en lugar de hinchar a la persona, es canalizada a través de la misma y la impele a lo largo del camino por ella emprendido. Esa parece que es la forma de asumir la responsabilidad de los conocimientos obtenidos, ponerlos en práctica, y ser un canal de inspiración en lugar de un captador de inspiración.
En muchos casos, la intención de aplicar la orientación recibida es un requisito previo, necesario para poder conseguir la información. Así, por ejemplo, a propósito del desarrollo de la intuición, Cayce sugiere que primero hay que tomar una decisión y luego es preciso comprobar la reacción intuitiva. El modelo energético de una persona que formula una pregunta discutible o hipotética difiere del de aquella persona que hace una pregunta esperando obtener una respuesta de la que depende toda su vida.
Imagina, por ejemplo, la típica situación difícil: Detrás de una puerta hay una hermosa doncella o un príncipe azul, y detrás de la otra puerta una bestia furiosa. Si la situación difícil es hipotética, cuando abras la puerta elegida, el elemento que está detrás permanecerá tras un cristal, para que te deleites contemplándolo. Pero si la situación difícil es real, cuando abras la puerta, el elemento que está detrás saldrá corriendo a saludarte, o a devorarte. Pues bien, ¿en cuál de estás dos situaciones te parece a ti que tus poderes de orientación psíquica rendirán al máximo?
Muchas veces ya sabemos en el momento de pedir consejo si vamos o no a aplicar realmente la orientación que buscamos. Este hecho curioso nos devuelve al principio de la orientación heurística de Cayce, quien nos recuerda: no hagáis la pregunta si no estáis preparados para asumir la responsabilidad que entraña la respuesta. Los conocimientos no aplicados, decía, son más costosos que la feliz ignorancia.