Antes de realizar este experimento has de meditar durante cierto tiempo. Cuando sientas que has penetrado en el espíritu de tu ideal, empieza a escribir. No te preocupes por lo que vayas a escribir, escribe simplemente.
Una forma de arrancar la primera vez es sencillamente escribir sobre tu ideal. Puedes empezar por poner una palabra o una frase. Tal vez, no hagas más que escribir lo mismo una y otra vez. Lo que vayas a escribir, sea lo que fuere, no tiene importancia.
Por ejemplo, puede que mi ideal sea “ser lo mejor que pueda”. Mí que escribo: “Ser lo mejor que pueda”. Quiero seguir escribiendo, así que me veo repitiendo la frase: “Ser lo mejor que pueda, pueda, pueda, lo mejor, seré lo mejor que pueda, el mejor”. Soy consciente de lo que estoy escribiendo, soy consciente de que me estoy repitiendo, pero no opino sobre ello. No hago nada que pueda influir en lo que mi mano vaya a escribir. Entonces descubro que está cambiando, que está desarrollando más significa dos: “Yo puedo ser muy bueno, lo mejor que hay en mí puede salir a la superficie cuando yo soy yo para ser yo mismo lo mejor que pueda”. Estoy empezando a animarme y me está resultando algo más fácil confiar en el proceso. “Cuando soy mejor es cuando soy yo, siendo yo, es como soy mejor, cuando no trato de ser otro. Lo mejor que hay en mí viene de ser yo. Cuando me permito ser como soy, a veces me
sorprendo. Hay más en mí de lo que yo veo”. De momento, sigo jugando, pero empieza a ser un juego menos banal.
El tomarlo como un juego ayuda, sobre todo al principio. El talante lúdico puede resultar liberador. No te lo tomes demasiado en serio. El ser tímido, tener miedo a equivocarse, o sentir necesidad de escribir algo importante, pueden obstaculizar el proceso. Para ser un canal de escritura inspirada, al igual que sucede en la mayoría de los métodos de canalización, es necesario abandonar toda exigencia en relación con la actuación personal. Ciertamente, hay que olvidarse de la gramática y la puntuación. Es necesario no pensar en si uno lo está haciendo bien”.
Al enseñar a otras personas la escritura inspirada, he descubierto que la mayoría suele dudar antes de escribir algo. Tal vez, esperan a que surja una “voz” o un pensamiento verdaderamente inspirador, antes de escribir. El preguntarte a ti mismo si tus pensamientos son lo bastante importantes como para tomar nota de ellos podría paralizar el proceso. El evaluar, censurar, o filtrar los pensamientos antes de escribirlos te impedirá escribirlos bajo los efectos de la inspiración.
Es muy malo que te empeñes en no anotar nada a menos que en tu opinión sea profundo. Ello hará que te sientas como si, en lugar de un lápiz, tuvieras un cincel en la mano y hubieras de tallar tus palabras en piedra mientras cámaras de televisión enfocan lo que estás a punto de escribir y estaciones transmisoras por satélite están preparadas para emitirlo en directo a todo el mundo con las noticias de la noche. Sentirás tal pánico escénico que no serás capaz de escribir nada.
He descubierto que es más sencillo empezar simplemente por escribir cualquier cosa. Escribir cualquier cosa, nada en particular, limitarse a jugar con las palabras, es un buen sistema para empezar.
Lo que enseña este procedimiento en relación con la canalización es que es mucho más fácil recibir ideas mientras uno escribe que si está sentado, esperando a que le lleguen. Las personas que han practicado cualquiera de los métodos de canalización confirmarán que lo más difícil es empezar a escribir. Puedes verificarlo tú mismo. Cada vez que te sientes para iniciar una sesión de escritura inspirada, verás cómo las primeras palabras son las que más tardan en llegar. También descubrirás que los textos más inspirados no son estas primeras palabras, aun cuando hayas tardado cinco minutos en seleccionarlas. Lo mejor aparecerá mientras escribes, surgirá sin haber pensado en ello ni un segundo. Aprenderás a no dejar que el hecho de empezar represente para ti un obstáculo. Empezar a escribir es empezar a alcanzar la sabiduría.
Pronto te acostumbrarás a escribir sin saber previamente qué es lo que vas a escribir. Conforme te vayas encontrando más cómodo, te centrarás menos en la mecánica y más en no perder de vista el espíritu de tu ideal. Según vayas prestando
más atención a tu talante meditativo y menos a lo que escribas, menos artificiales y más inspirados serán tus escritos.
En lugar de centrarte en cómo lo haces, céntrate en tu sensación de sintonía y deja que se manifieste en tus escritos. Puede que al principio vayas muy despacio. No importa cuánto escribas, ni a qué velocidad, ni lo que escribas, siempre que estés escribiendo. El consejo que Cayce da sobre esta cuestión es similar al de la mayoría de los escritores profesionales. No evalúes lo que escribes, mientras lo estés escribiendo. Reserva tus opiniones para más adelante. De hecho, Cayce recomienda no leer los escritos inspirados hasta transcurridos treinta días. Limítate a celebrar sesiones de escritura. Las buenas sesiones son aquellas en las que se escribe con toda libertad, no aquellas en las que se escribe bien.
Mientras estés aprendiendo a escribir bajo los efectos de la inspiración, no debes preocuparte demasiado por encontrar un método de preparación ideal. Sólo conseguirás que el empezar te resulte más pesado. Ahora bien, una vez que te encuentres cómodo, puedes experimentar diferentes métodos encaminados a perfeccionar la preparación. En realidad, la escritura inspirada no es sino una extensión de la meditación, así que los consejos de Cayce en relación con la preparación para la meditación son aplicables también en este caso. Asimismo, las artes creativas pueden resultar útiles para el desarrollo de la sintonización o armonización. He descubierto que escuchar música, e incluso bailar al ritmo de la música, son un buen procedimiento para lograr la armonía necesaria para escribir bajo los efectos de la inspiración.
Escoge libremente tu instrumento preferido para escribir. A algunas personas les gusta la sensación que se experimenta al mover un lápiz de grafito blando sobre un papel. Otros valoran el ritualismo de la utilización de una pluma estilográfica con tinta. Las personas que emplean con frecuencia una máquina de escribir o un procesador de textos prefieren utilizar un teclado.