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Dos situaciones ocurridas durante el trabajo de campo dan cuenta de que la identidad

mbya-guaraní14, como toda identidad, es una construcción dinámica que resulta de procesos agonísticos en los que intervienen distintos agentes sociales e instituciones que constriñen sus posibilidades de manifestación y repertorios de enunciación.

Siete años atrás concurrimos junto con tres estudiantes guaraníes y dos estudiantes no indígenas de la UNaM a la Dirección Provincial de Asuntos Guaraníes de Misiones, con la intención de solicitar apoyo económico para que los estudiantes pudieran solventar sus gastos cotidianos de manutención y los pasajes para volver a sus comunidades con cierta regularidad. La reunión, algo apresurada, tuvo lugar en el patio de entrada de la dependencia gubernamental. Allí improvisaron un círculo con sillas de plástico, en las que nos sentamos nosotros seis, más tres integrantes del Consejo de Ancianos y Guías Espirituales (figura creada por la organización estatal), un antiguo estudiante de la Licenciatura en Antropología Social que trabaja allí y el eterno director (no indígena) de la oficina (quien denegó nuestro permiso para grabar el encuentro). Sin demasiado ceremonial, planteamos nuestra solicitud a partir de fundamentar la importancia que la incorporación de guaraníes en carreras de nivel superior podría tener para generar profesionales indígenas comprometidos con sus comunidades, alegando que la

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necesidad de no perder el contacto regular con las mismas era indispensable en este proceso. Antes de que pudiéramos terminar, el director de la institución interrumpió nuestra presentación para desarrollar un extenso monólogo acerca de lo que implicaba la forma de vida guaraní, para argumentar que el ingreso de los guaraníes en IES ponía en peligro este sistema tradicional de costumbres ancestrales, cuyo resguardo era la principal razón de ser de este organismo. Lo central de su argumento se reduce al siguiente comentario, que transcribimos en nuestro cuaderno de campo: “la universidad es cosa de blancos. Los guaraníes tienen que estar en sus comunidades, sino corren el riesgo de perder su identidad”, con lo cual dio por finalizada la reunión.

En 2017, dos de los estudiantes que habían concurrido a esta reunión, y que continuaron estudiando en la universidad nos contaron entusiasmados que finalmente "recibieron sus nombres". Este ritual posee gran importancia en la vida de un guaraní, y usualmente tiene lugar alrededor del primer año de vida, cuando la criatura da evidencia suficiente de su fortaleza física (Larricq, 2012). La ceremonia se realiza en el opygua y es presidida por el opy, quien escucha el nombre por voluntad de Tupa. El caso de ellos era improbable debido a que son hijos de una unión étnica mixta (padre "criollo" y madre

mbya-guaraní), y este procedimiento se reserva generalmente para niños y niñas con

ambos padres mbya. Cuando le preguntamos qué sentido tenía para ellos esta experiencia, nos respondieron que hacía tiempo anhelaban este suceso, que les permite reafirmar su identidad como mbya-guaraní.

“Para mí fue fuerte, especial. Para mí fue ser finalmente mbya-guaraní! Yo no me sentía antes mbya-guaraní. Me sentía sí, pero sentía que faltaba algo y era eso. Porque eso es nuestra cultura, nuestra religión, como dicen ustedes. Pero no es religión la palabra, porque no es lo mismo. Como te decía, es importante usar bien las palabras y a veces no hay traducción para decir alguna palabra mbya-guaraní, porque es muy complicado para que entiendan”.

(Masculino, estudiante de Trabajo Social - tekoa Ka´aguy Poty)

Como argumenta Cardoso entonces, la identidad es una construcción dinámica que adopta distintas manifestaciones según el contexto, y que puede ser manipulada instrumentalmente a partir de diversos signos diacríticos (elementos culturales). Por ello conviene concebirla como la forma ideológica que adoptan las representaciones colectivas de un grupo étnico, contrariamente al sentido común que la percibe como

natural e inmutable. No obstante, no debemos perder de vista que en su uso cotidiano es este último sentido el que suele tener primacía. Aún en instituciones educativas con orientación humanista o en ciencias sociales, incluso de nivel superior, en organismos públicos orientados a las poblaciones indígenas y los sectores populares, y en instituciones dedicadas a la investigación científica. El siguiente relato de una estudiante guaraní da cuenta de las tensiones que envuelven este proceso, y de cómo el sentido común dominante sobre la identidad étnica limita las posibilidades de acceso a determinados recursos.

“Todo va por la apariencia. Más de una vez me hicieron sentir eso, ya desde becas en el colegio y cosas así. Me decían "vos sos una blanca, vos no sos india·. Y desde mi punto de vista va más allá de lo que es tu color de piel... en el colegio nunca me dieron una beca porque me decían que no era india. Cuando llegué a quinto año me enteré que podía tener una beca de estudios. Entonces fue mi mamá a hablar, y le dicen "pero si tu hija no es aborigen, tu hija es blanca". Mi mamá le dijo a la señora, "vos trabajas en derechos humanos ¿podes fijarte en lo que estás diciendo?". Terminé quinto año del secundario, y nunca me dieron una beca por ese motivo. Y así te van limitando... es como que si sos indígena tenés que tener ciertos rasgos y apariencia. Y esas personas que son responsables de difundir la información de becas no lo hacen. Es como que uno mismo tiene la obligación de informarse y buscar. Y la información no llega. Y siempre hubo problemas así... de que por cuestiones físicas o biológicas no soy guaraní. Mi mamá es blanca, por eso siempre tuve problemas con eso.

Ese día, ¿te acordás que me dijeron del CEDIT [Comité Ejecutivo de Desarrollo e Innovación Tecnológica de la provincia de Misiones] que yo me había inscrito mal porque me inscribí en la beca para pueblos originarios? Les tuve que explicar que soy guaraní, a pesar de no vivir en mi comunidad, y también explicarles que estoy en la universidad. Como si esas cosas implicaran no ser guaraní.

Y las preguntas que te hacen: "¿y ustedes cazan y salen a recolectar?". La sociedad evolucionó un montón, pero nosotros para ellos tenemos que seguir cazando y recolectando”.

Como señala Silvia Rivera Cusicanqui15 (2008; 2010), es necesario dejar de lado las miradas patrimoniales sobre “lo indígena” para poder abordar las “realidades étnicas”. Esto implica dejar de rescatar la “aboriginalidad” para cristalizarla, y asumir que las resistencias y autonomías de las comunidades indígenas son afectadas por las perspectivas desarrollistas y están en diálogo constante con la modernidad, haciendo uso de todos los medios que ésta ofrece, en especial el acceso a la educación superior para asegurar los recursos y derechos de sus comunidades.

15 Quien prefiere hablar de “identificación” en vez de “identidad”, argumentando que este último hace

Capítulo II

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