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IGLESIA, EL GOBIERNO DE LA

In document diccionario de la iglesia primitiva (página 138-140)

bria y paciente? ¿Quién no proclamó su disposición magnífica a la hospitalidad? ¿Quién no les felicitó por su conocimiento perfecto y sano? Porque hacían todas las cosas sin hacer acepción de personas, y andaban conforme a las ordenanzas de Dios. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

Este asunto han entendido bien los corintios mismos. De hecho, hasta este mismo día, las vírgenes (igual que las mujeres) se cubren con el velo. Los discípulos aprueban lo que los apóstoles ordenaron. Tertuliano (197 d.C.)

III. Iglesia de Efeso

Ignacio… a la iglesia que está en Efeso [de Asia], digna de toda felicitación: saludos abundantes en Cristo Jesús y en su gozo intachable. Ignacio (105 d.C.)

Ustedes son la ruta de aquellos que están en camino para morir en Dios. Están asociados en los misterios con Pablo, que fue santificado, que obtuvo un buen nombre, que es digno de toda felicitación; en cuyas pisadas de buena gana quisiera estar andando, cuando llegue a Dios; el cual en cada carta hizo mención de ustedes en Cristo Jesús. Ignacio (105 d.C.)

Yo me entrego a ustedes, y me dedico como una ofrenda para su iglesia, efesios, que es famosa por todos los siglos. Ignacio (105 d.C.)

Finalmente la iglesia de Efeso, que Pablo fundó y en la cual Juan permaneció hasta el tiempo de Trajano, es también testigo de la tradición apostólica verdadera. Ireneo (180 d.C.)

IV. Iglesia de Filipos

Policarpo y los presbíteros que están con él a la iglesia de Dios que reside en Filipos… Me gocé en gran manera con ustedes en nuestro Señor Jesucristo, por el hecho de que recibieron a los seguidores del verdadero amor… y que la firme raíz de su fe, cuya fama llega a los tiempos primitivos, permanece aún ahora y lleva fruto para nuestro Señor Jesucristo. Policarpo (135 d.C.)

Porque Pablo se gloriaba de ustedes (los filipenses) en todas las iglesias que eran las únicas que en aquel tiempo conocían a Dios… Porque estoy persuadido de que están bien versados en los escritos santos, y nada está escondido de ustedes. Policarpo (135 d.C.)

V. Iglesia de Roma

Luego de haber fundado y edificado la iglesia (de Roma), los dichosos apóstoles entregaron el servicio del episcopado a Lino: a este Lino lo recuerda Pablo en sus cartas a Timoteo. Anacleto lo sucedió. Des-

pués de él, en tercer lugar desde los apóstoles, Clemente heredó el episcopado, el cual vio a los apóstoles y con ellos confirió, y tuvo ante los ojos la predicación y tradición de los apóstoles que todavía resonaba; y no él solo, porque aún vivían entonces muchos, los cuales habían recibido la doctrina de los apóstoles. En tiempo de este mismo Clemente suscitándose una disensión no pequeña entre los hermanos que estaban en Corinto, la iglesia de Roma escribió la carta más autorizada a los corintios, para congregarlos en la paz y ayudar a su fe, y para anunciarles la tradición que poco tiempo antes había recibido de los apóstoles. Ireneo (180 d.C.)

La iglesia fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo, desde los apóstoles, conserva la tradición y “la fe anunciada” a los hombres por los sucesores de los apóstoles que llegan hasta nosotros… porque en ella todos los que se encuentran en todas partes han conservado la tradición apostólica. Ireneo (180 d.C.)

En esta forma, sólo las iglesias apostólicas pueden

presentar sus listas (hasta la edad apostólica), como la de Esmirna, que afirma que Policarpo fue instituido por Juan, y la de Roma, que afirma que Clemente fue ordenado por Pedro. Tertuliano (197 d.C.)

Si estás en los confines de Italia, tienes Roma, cuya autoridad también a nosotros nos apoya. Cuán dichosa es esta iglesia, en la que los apóstoles derramaron toda su doctrina juntamente con su sangre. Tertuliano (197 d.C.)

Cuán dichosa es esta iglesia (de la ciudad de Ro- ma), en la que los apóstoles derramaron toda su doctrina juntamente con su sangre, donde Pedro su- frió una pasión semejante a la del Señor, donde Pablo fue coronado con un martirio semejante al de Juan (el Bautista), donde el apóstol Juan fue sumergido en aceite ardiente sin sufrir daño alguno, para ser luego desterrado a una isla. Tertuliano (197 d.C.)

VER TAMBIÉN FE APOSTÓLICA; IGLESIA; TRADICIÓN APOSTÓLICA

IGLESIA, EL GOBIERNO DE LA

I. Autoridad y deberes de los líderes de la iglesia II. El sacerdocio de todos los creyentes

I. Autoridad y deberes de los líderes de la iglesia

Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre ustedes, y os presiden en el Señor, y os amonestan. 1 Tesalonicenses 5:12

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IGLESIAS, EL GOBIERNO DE LA

Obedeced a sus pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. Hebreos 13:17

Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro. 1 Timoteo 3:2-3

Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas. 1 Timoteo 3:8

Porque hacían todas las cosas sin hacer distinción de personas, y andaban conforme a las ordenanzas de Dios, sometiéndose a sus gobernantes y rindiendo a los más ancianos entre ustedes el honor debido. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

La cabeza sin los pies no es nada; del mismo modo los pies sin la cabeza no son nada; incluso los miembros más pequeños de nuestro cuerpo son necesarios y útiles para el cuerpo entero; pero todos los miembros cooperan y se unen en sumisión, para que todo el cuerpo pueda ser salvo. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

Hijo mío, acuérdate de día y de noche, del que te anuncia la palabra de Dios; hónrale como al Señor, puesto que donde se anuncia la palabra, allí está el Señor. Didaché (80-140 d.C.)

Para el cargo de obispos y diáconos del Señor, elegirán a hombres humildes, desinteresados, veraces y probados, porque también hacen el oficio de profetas y maestros. No les menosprecien, puesto que son sus dignatarios, juntamente con sus profetas y maestros. Amonéstense unos a otros, según los preceptos del evangelio, en paz y no con ira. Didaché (80-140 d.C.)

Cuánto más les felicito que estén íntimamente unidos al obispo como la iglesia lo está con Jesucristo y como Jesucristo lo está con el Padre, para que todas las cosas puedan estar armonizadas en unidad. Que nadie se engañe. Si alguno no está dentro del límite del altar, carece de pan [de Dios]. Porque si la oración de uno y otro tiene una fuerza tan grande, ¡cuánto más la del obispo y la de toda la iglesia! Por lo tanto, todo el que no acude a la congregación, con ello muestra su orgullo y se ha separado él mismo; porque está escrito: Dios resiste a los soberbios. Por tanto tengamos cuidado en no resistir al obispo, para que con nuestra sumisión podamos entregarnos nosotros mismos a Dios. Ignacio (105 d.C.)

Sean obedientes al obispo y los unos a los otros, como Jesucristo lo era al Padre [según la carne], y como los apóstoles lo eran a Cristo y al Padre, para que pueda haber unión de la carne y el espíritu. Ignacio (105 d.C.)

Porque cuando son obedientes al obispo como a Jesucristo, es evidente para mí que están viviendo no según los hombres sino según Jesucristo… Es necesario, por tanto, como acostumbran hacer, que no hagan nada sin el obispo, sino que sean obedientes también al presbiterio… Y, del mismo modo, los que son diáconos de los misterios de Jesucristo deben complacer a todos los hombres en todas las formas. Porque no son diáconos de carne y bebida sino siervos de la iglesia de Dios. Es propio, pues, que se mantengan libres de culpa como si fuera fuego. De la misma manera, que todos respeten a los diáconos como a Jesucristo, tal como deben respetar al obispo como tipo que es del Padre y a los presbíteros como concilio de Dios y como colegio de los apóstoles. Aparte de ellos no hay ni aun el nombre de iglesia. Ignacio (105 d.C.)

Su obispo, cuyo comportamiento es una gran lección, cuya mansedumbre es poder; un hombre a quien creo que incluso los impíos prestan reverencia. Ignacio (105 d.C.)

(El obispo Ignacio escribe) No les mando nada, cosa que hicieron Pedro y Pablo. Ellos eran apóstoles, yo soy un preso; ellos eran libres, pero yo soy un esclavo en este mismo momento. Con todo, cuando sufra, entonces seré un hombre libre de Jesucristo, y seré levantado libre en Él. Ahora estoy aprendiendo en mis cadenas a descartar toda clase de deseo. Ignacio (105 d.C.)

Ahora, pues, les digo a ustedes los que gobiernan la iglesia y que ocupan sus asientos principales, no sean como los charlatanes. Los charlatanes, verdaderamente, llevan sus drogas en cajas, pero ustedes llevan su droga y su veneno en el corazón. Están endurecidos, y no quieren limpiar sus corazones, y mezclar su sabiduría en un corazón limpio, para que puedan conseguir misericordia del gran Rey. Hermas (150 d.C.)

Los que tienen las manchas son diáconos que ejercieron mal su oficio, y saquearon la sustancia de viudas y huérfanos, e hicieron ganancia para sí con las administraciones que habían recibido para ejecutar. Estos, pues, si permanecen en el mismo mal deseo, son muertos y no hay esperanza de vida para ellos. Hermas (150 d.C.)

Pero si halla alguna parte del rebaño desparramada, ¡ay de los pastores! Porque si resulta que los mismos

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