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MATERIALISMO ¡Oh, con qué afectuoso gozo acoge (a los mártires)

In document diccionario de la iglesia primitiva (página 167-170)

MARCA DE LA BESTIA [666]

MATERIALISMO ¡Oh, con qué afectuoso gozo acoge (a los mártires)

la madre iglesia, verlos volver del combate! Con los héroes triunfantes, vienen las mujeres que vencieron al siglo a la par que a su sexo. Vienen, juntos, las vírgenes, con la doble palma de su heroísmo, y los niños que sobrepasaron su edad con su valor. Cipriano (250 d.C.)

VER TAMBIÉN IGNACIO; MUERTE (III. La actitud de los cristianos hacia la muerte);

PERSECUSIÓN; POLICARPO; PROFETAS (III. Los profetas del Antiguo Testamento)

MATERIALISMO

Por tanto, el Señor, Jehová de los ejércitos, llamó a este día a llantos y endechas… y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y bebiendo vino, diciendo: Comamos y bebamos, porque mañana moriremos… este pecado no les será perdonado hasta que mueran, dice el Señor. Isaías 22:12-14

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mateo 6:24

Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:8-10

Sean sus costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Hebreos 13:5

No concedan al mundo a uno que desea ser de Dios, ni le seduzcan con cosas materiales. Permítanme recibir la luz pura. Cuando llegue allí, entonces seré un hombre. Pónganse de mi lado, esto es, del lado de Dios. No hablen de Jesucristo y a pesar de ello deseen el mundo… Mis deseos personales han sido crucificados, y no hay fuego de anhelo material alguno en mí, sino sólo agua viva que habla dentro de mí, diciéndome: Ven al Padre. No tengo deleite en el alimento de la corrupción o en los deleites de esta vida. Ignacio (105 d.C.)

Ante todo, el deseo de la esposa o marido de otro, y riquezas, y de muchos lujos innecesarios, y de bebidas y otros excesos, muchos y necios. Porque todo lujo es necio y vano para los siervos de Dios. Estos deseos, pues, son malos, y causan la muerte a los siervos de Dios. Porque este mal deseo es un hijo del diablo. Hermas (150 d.C.)

(Dirigido a los cristianos) ¿Por qué adquieren campos aquí, y hacen costosos preparativos, y acu-

mulan edificios y habitaciones innecesarios? Por tanto, el que prepara estas cosas para esta ciudad (el mundo) no tiene intención de regresar a su propia ciudad (el cielo). ¡Oh hombre necio, de ánimo indeciso y desgraciado!, ¿no ves que todas estas cosas son extrañas, y están bajo el poder de otro?... ¿Por amor a tus campos y al resto de tus posesiones repudiarás tu ley y andarás conforme a la de esta ciudad? Vigila, pues; como residente en una tierra extraña no prepares más para ti, como no sea lo estrictamente necesario y suficiente, y está preparado para que, cuando el señor de esta ciudad desee echarte por tu oposición a su ley, puedas partir de esta ciudad e ir a tu propia ciudad, y usar tu propia ley gozosamente, libre de toda ofensa. Hermas (150 d.C.)

Ahora nos hemos consagrado al Dios bueno e ingénito; los que amábamos por encima de todo el dinero y el beneficio de nuestros bienes, ahora, aun lo que tenemos lo ponemos en común, y de ello damos parte a todo el que está necesitado. Justino Mártir (160 d.C.)

Cristo no nos ha relatado simplemente la parábola del hombre pobre y el rico. Él nos ha enseñado que nadie debe llevar una vida lujosa. Nadie debe vivir en los placeres de este mundo y banquetes sin fin. Nadie debe ser esclavo de sus deseos y olvidar a Dios. Ireneo (180 d.C.)

No tenemos nación alguna en la tierra. Por tanto, podemos despreciar las posesiones terrenales. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

No es humano ni equitativo decir palabras como estas: “Está en mi mano y me sobra ¿Por qué no disfrutar?” En cambio, es más conforme al amor: “Está a mi disposición, ¿Por qué no repartirlo entre los necesitados?” Clemente de Alejandría (195 d.C.)

Con toda claridad, el Señor en el evangelio, llama necio al rico que atesoraba en sus graneros y que se decía a sí mismo: “Tienes muchos bienes guardados para muchos años; come, bebe, date a la buena vida,” pero aquella misma noche le pidieron el alma; y lo que había dispuesto, ¿de quién será? Clemente de Alejandría (195 d.C.)

Una vida de lujo entregada a los placeres es para los hombres un terrible naufragio. En efecto, esta vida placentera y mezquina que muchos llevan es ajena al verdadero amor a la belleza y a los nobles placeres. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

La avaricia no sólo consiste en la concupiscencia de lo ajeno. Aun lo que nos parece ser nuestro es en realidad ajeno, ya que nada es nuestro, sino que todas

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las cosas son de Dios a quien pertenecen aun nuestras personas. Si por haber sufrido alguna pérdida caemos en impaciencia, doliéndonos de haber perdido lo que en realidad no es nuestro, mostramos con ello que no estamos libres aún de la avaricia. Amamos lo ajeno, cuando soportamos difícilmente la pérdida de lo ajeno. Quien se deja llevar de la impaciencia, anteponiendo los bienes terrenos a los celestiales, peca directamente contra Dios, pues aniquila el espíritu que recibió de Dios entregándose a los bienes de este siglo. Tertuliano (197 d.C.)

Los paganos cenan como si hubiesen de morir mañana, y edifican como si nunca hubieran de morir. Tertuliano (197 d.C.)

Dicen que muchos de nosotros (los cristianos) somos pobres, lo cual no es desgracia, sino gloria. De la manera que nuestra mente se debilita por la riqueza, también se fortalece por la pobreza. Mas, ¿quién es pobre si nada desea?, ¿si no codicia lo que tienen otros?, ¿si es rico para con Dios? Al contrario, el pobre es aquel que desea más, aunque tenga mucho. Minucio Félix (200 d.C.)

Las palabras el evangelio, aunque probablemente contienen un significado más profundo, pueden ser entendidas en su significado más simple y obvio, las cuales nos enseñan a no turbarnos con ansiedades por el alimento y la ropa. Más bien, mientras vivimos con sencillez y procurando sólo lo que es necesario, debemos poner nuestra confianza en la providencia de Dios. Orígenes (248 d.C.)

En la siguiente cita, Cipriano describe el materialismo que empezó a contaminar la iglesia en el año 250.

Cada uno se preocupaba de aumentar su hacienda, y olvidándose de su fe y de lo que antes se solía practicar en tiempo de los apóstoles y que siempre deberían seguir practicando, se entregaban con codicia insaciable y abrasadora a aumentar sus posesiones. En los obispos ya no había religiosa piedad, no había aquella fe íntegra en el desempeño de su ministerio, aquellas obras de misericordia, aquella disciplina en las costumbres. Los hombres se corrompían cuidando de su barba, las mujeres preocupadas por su belleza y sus maquillajes: se adulteraba la forma de los ojos, obra de las manos de Dios; los cabellos se teñían con colores falsos. Cipriano (250 d.C.)

La única tranquilidad verdadera y de confianza, la única seguridad que vale, que es firme y nunca cambia, es ésta: que el hombre se retire de las distracciones de este mundo, que se asegure sobre la roca firme de la salvación, y que levante sus ojos de la tierra al cielo… El que es en verdad mayor que el mundo nada desea, nada anhela de este mundo. Cuán

seguro, cuan inmovible es aquella seguridad, cuan celestial la protección de sus bendiciones sin fin, ser libre de las trampas de este mundo engañador, ser limpio de la hez de la tierra y preparado para la luz de la inmortalidad eterna. Cipriano (250 d.C.)

Satanás, habiendo inventado las religiones falsas, vuelve a los hombres del camino al cielo y los guía hacia el camino de la destrucción. Este camino parece plano y espacioso, lleno de los deleites de las flores y los frutos. Satanás coloca todas estas cosas en el camino, las cosas estimadas como buenas en este mundo: la riqueza, la honra, la diversión, el placer, y todas las demás seducciones. Pero escondidos entre estas cosas vemos también la injusticia, la crueldad, el orgullo, la lascivia, las contenciones, la ignorancia, las mentiras, la necedad y otros vicios. El fin de este camino es lo siguiente: Cuando hayan avanzado tanto que no pueden volver, el camino se desaparece junto con todos sus deleites. Esto sucede sin advertencia de manera que nadie puede prever el engaño del camino antes de caer en el abismo. Lactancio (304-313 d.C.)

Por contraste, el camino al cielo parece muy dificultoso y montañoso, lleno de espinos y cubierto de piedras dentadas. Por eso, todos los que andan en él tienen que usar mucho cuidado para guardarse de no caer. En este camino Dios ha colocado la justicia, la abnegación, la paciencia, la fe, la pureza, el dominio propio, la paz, el conocimiento, la verdad, la sabiduría, y otras virtudes más. Pero estas virtudes van acompañadas de la pobreza, la humildad, los trabajos, los sufrimientos y muchas penas y pruebas. Porque el que tiene una esperanza para el porvenir, el que ha escogido las cosas mejores, será privado de los bienes terrenales. Por llevar él poco equipo y estar libre de las distracciones, él puede vencer las dificultades en el camino. Porque es imposible que el rico encuentre este camino, o que persevere en él, ya que se ha rodeado de las ostentaciones reales, o se ha cargado de las riquezas. Lactancio (304-313 d.C.)

VER TAMBIÉN PROSPERIDAD Y POBREZA

MATRIMONIO

Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Mateo 19:4-6

Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;prohibi- rán casarse. 1 Timoteo 4:1

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MATRIMONIO

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin man- cilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Hebreos 13:4

Es apropiado que todos los hombres y mujeres, también, cuando se casan, se unan con el consentimiento del obispo, para que el matrimonio sea según el Señor y no según concupiscencia. Que todas las cosas se hagan en honor de Dios. Ignacio (105 d.C.)

Por tanto, no contraemos matrimonio sino para la

procreación y educación de los hijos o, si renunciamos a él, vivimos en perpetua continencia. Justino Mártir (160 d.C.)

Teniendo, pues, esperanza de la vida eterna, despreciamos las cosas de la vida presente y aun los placeres del alma: cada uno de nosotros tiene por mujer a la que tomó según las leyes que nosotros hemos establecido, y aun ésta en vistas a la procreación. Porque así como el labrador, una vez echada la semilla a la tierra, espera la siega y no sigue sembrando, así para nosotros la medida del deseo es la procreación de los hijos… O hay que permanecer tal como uno nació, o hay que casarse una sola vez. El segundo matrimonio es un adulterio decente. Dice la Escritura: “el que deja a su mujer y se casa con otra, comete adulterio” no permitiendo abandonar a aquella cuya virginidad uno deshizo, ni casarse de nuevo. Atenágoras (175 d.C.)

El fin más inmediato del matrimonio es el de procrear hijos, aunque el fin más pleno sea el de procrear buenos hijos… El matrimonio ha de tenerse por cosa legítima y bien establecida, pues el Señor quiere que los hombres se multipliquen. Pero no dice el Señor “entréguense al desenfreno,” ni quiso que los hombres se entregaran al placer, como si hubieran nacido sólo para el sexo. Oigamos la amonestación que nos hace el Cristo por boca de Ezequiel, cuando grita: “Circunciden su fornicación.” Hasta los animales irracionales tienen su tiempo establecido para la inseminación. Unirse con otro fin que el de engendrar hijos es hacer ultraje a la naturaleza. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

¿Quiénes son los dos o tres, reunidos en nombre de Cristo, en medio de los cuales está el Señor? ¿No son quizá el hombre, la mujer y el niño, ya que el hombre y la mujer están unidos por Dios? Clemente de Alejandría (195 d.C.)

(El cristiano) come, bebe y toma mujer, no por sí mismo, sino por necesidad. Digo tomar mujer cuando se hace según la razón y como conviene. El que quiere ser perfecto tiene como modelos a los apóstoles, y el verdadero varón no se muestra en la

vida del que escoge vivir solo, sino que aquél se muestra superior a los hombres que lucha en el matrimonio, en la procreación de los hijos, en la preocupación por su familia, sin dejarse arrebatar ni por los placeres ni por las penas, sino que en medio de las preocupaciones familiares permanece incesantemente en el amor de Dios. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

Si en efecto debemos ejercitarnos en un cierto control (de nuestros deseos sexuales), como es verdad, hay que mostrarlo sobre todo a la propia esposa, evitando las uniones inconvenientes; y hay que dar en la propia casa la prueba segura de que uno es casto con los vecinos… Hay permiso para sembrar, para uno que está casado, como para un cultivador, solamente en el momento en que la semilla puede ser recibida con oportunidad. Para el resto del tiempo hay una excelente medicina para la incontinencia, y es el ser razonable; y también uno es ayudado evitando la saciedad, que infla los deseos sensuales. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

En la siguiente cita se describe un matrimonio cristiano.

¿Cómo podré expresar la felicidad de aquel matrimonio que ha sido contraído ante la iglesia, reforzado por la ofrenda eucarística, sellado por la bendición, anunciado por los ángeles y ratificado por el Padre? Porque, en efecto, tampoco en la tierra los hijos se casan recta y justamente sin el consentimiento del padre. ¡Qué yugo el que une a dos fieles en una sola esperanza, en la misma observancia, en idéntica servidumbre! Son como hermanos y colaboradores, no hay distinción entre carne y espíritu. Más aún, son verdaderamente dos en una sola carne, y donde la carne es única, único es el espíritu. Oran juntos, juntos se arrodillan, juntos practican el ayuno. Uno enseña al otro, uno honra al otro, uno sostiene al otro.

Unidos en la iglesia de Dios, se encuentran también unidos en el banquete divino, unidos en las angustias, en las persecuciones, en los gozos. Ninguno tiene secretos con el otro, ninguno esquiva al otro, ninguno es gravoso para el otro. Libremente hacen visitas a los necesitados y sostienen a los indigentes. Las limosnas que reparten, no les son reprochadas por el otro; los sacrificios que cumplen no se les echan en cara, ni se les ponen dificultades para servir a Dios cada día con diligencia. No hacen furtivamente la señal de la cruz, ni las acciones de gracias son temerosas ni las bendiciones han de permanecer mudas. El canto de los salmos y de los himnos resuena a dos voces, y los dos entablan una competencia para cantar mejor a su Dios. Al ver y oír esto, Cristo se llena de gozo y envía sobre ellos su paz. Tertuliano (197 d.C.)

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