Es patente que tras la caída de tantos dioses en nuestro tiempo, este Jesús fracasado ante sus adversarios y traicionado sin cesar por sus fieles a través de los siglos, sigue siendo para incontables personas la figura más impresionante de la larga historia de la humanidad e incomprensible desde muchos puntos de vista: esperanza para evolucionistas y revolucionarios; fascina a intelectuales y antiintelectuales; estimula a capacitados e ineptos; proporciona sin cesar nuevos motivos de reflexión a teólogos y ateos; obliga a las Iglesias a preguntarse críticamente si son sepulcro o testimonio vivo; es, en fin, rayo ecuménico que irradia por encima de las Iglesias cristianas hasta el núcleo de judaísmo y otras religiones. ¿Qué Cristo es el verdadero? ¿El Cristo soñado o el real? Pag 149.
1 No un mito
El Cristo de los cristianos es Jesús de Nazaret, el cristianismo se basa esencialmente en la historia, por tanto, su fe es histórica. Sólo, gracias a su
carácter de fe histórica, ha podido el cristianismo imponerse desde el principio a todo tipo de mitologías, filosofías y cultos mistéricos. Pag 150.
Lugar y tiempo
Cristo es un abismo lleno de luz. Hay que cerrar los ojos para no precipitarse en él, Kafka en ¿Y Cristo? Jesús fue siempre para sus contemporáneos e Iglesia
primitiva un hombre real. Jesús es un hombre real, que vivió en tiempo y área geográfica concretos y determinados. De Jesús de Nazaret tenemos incomparablemente más datos históricos seguros que de los fundadores de las grandes religiones asiáticas:
Las doctrinas de Buda se conservaron en fuentes escritas medio milenio después de su muerte. A Lao-tsé se le menciona casi en tiempos de Jesús. Las obras de Confucio, medio siglo después de su muerte.
Sin embargo, los manuscritos del cristianismo, más numerosos y concordantes con la realidad, datan desde el siglo I de nuestra era. Por tanto, es importante subrayar que el camino condujo de la historia al mito y no del mito a la historia. Jesús de Nazaret no es mito o leyenda errática: su historia se puede localizar, datar; no es mito intemporal, como los creados en las primeras culturas de la humanidad; no es un mito de vida eterna, como los de Egipto; no es mito de orden cósmico, como el de Mesopotamia; no es mito del mundo cambiante, como el de la India; no es el mito del hombre perfecto, como el de Grecia. Se trata de un hombre, que nació en Palestina a comienzos de nuestra era bajo el reinado de César Augusto, actuó públicamente bajo el reinado de su sucesor Tiberio y fue ajusticiado por el procurador romano Poncio Pilato. Pag 150-153.
Datos inseguros a) Origen.
No puede precisarse el nacimiento con certeza. Mateo y Lucas, quizás por razones teológicas: estirpe davídica y profecía de Miqueas, lo sitúan en Belén. Algunos sospechan que pudo ser Nazaret, su verdadera patria, que le dio el nombre de Nazareno. La historia de la infancia podría estar adornada con leyendas. Familia: padres, María y José, hermanos y hermanas y su ciudad natal no tuvieron influjo importante en su vida pública.
b) Año de nacimiento.
Por los datos históricos de las vidas de Augusto y Herodes, no puede ser posterior al año 4 de nuestra era.
c) Año de muerte.
Murió con unos 30 años en la década de los 30 de nuestra era.
Ninguno de los fundadores de grandes religiones ha operado en un ámbito tan reducido, ni muerto tan joven. Pag 153-154.
2 Los documentos Más que una biografía
En torno a la figura de Jesús se impone una convicción: por más que resulte fácil localizar y datar su historia, es imposible escribir una biografía de Jesús de Nazaret, porque faltan los presupuestos para ello.
Los cuatro evangelios canónicos de Jesús, como el resto de libros
neotestamentarios, se han mantenido plenamente vigentes en su totalidad a lo largo de dos mil años de historia. Sin embargo, no describen el discurso total de la vida de Jesús con sus diferentes estadios y acontecimientos. Sobre la infancia sabemos ¿pocas cosas seguras?. Sobre su juventud y hasta los treinta años, nada. En algunos meses o a lo sumo tres años de actividad pública, no es posible determinar el desarrollo de su autobiografía.
Sabemos que el itinerario de Jesús le llevó desde Galilea a Jerusalén, desde el anuncio de la cercanía a Dios a su confrontación con el judaísmo oficial y condena a muerte por ¿los romanos?. Los primeros testigos de su itinerario no estaban interesados en su cronología, topología o evolución interior. No les interesaban la génesis de su conciencia religiosa y mesiánica, motivaciones,
carácter, responsabilidad o vida interior. Los evangelios no permiten
comprobar, a lo sumo conjeturar, su evolución externa, y menos aún, su evolución psicológica.
Los evangelios surgieron durante un proceso de unos cincuenta o sesenta años. Es sorprendente que Jesús no dejase escrita ni una letra, ni hiciese nada para garantizar la fiel transmisión de sus palabras. Los discípulos, al principio, transmitieron sus hechos y dichos verbalmente. Los evangelistas, no todos discípulos directos de Jesús, pero sí testigos de la primitiva tradición apostólica, recopilaron más tarde las historias y dichos de Jesús trasmitidos oralmente y en parte ya puestos por escrito. Pero no tomaron su información de los archivos de las comunidades de Jerusalén o Galilea, sino que las recogieron tal como se conservaban en la vida, predicación, catequesis y culto de las comunidades de creyentes. Los evangelistas, inmersos en la praxis misionera y catequética de sus propias comunidades, acomodaron los textos recibidos a las necesidades de las mismas: los interpretaron a la luz de los acontecimientos pascuales y los ampliaron, adoptando cuanto les pareció necesario. Así, los distintos evangelios, pese a sus elementos comunes, adquirieron perfil teológico muy diverso.
Marcos escribió el primer evangelio el año setenta, poco antes de la
destrucción de Jerusalén. Su lenguaje poco literario constituye un género completamente nuevo, una forma desconocida hasta entonces en la historia.
Mateo, judeocristiano, y Lucas, helenista, que escribe para un público culto,
compusieron sus evangelios después de la destrucción de Jerusalén, utilizando el evangelio de Marcos y una o varias colecciones de dichos de Jesús: logia o
fuente Q. Cada evangelista se sirvió, además, de un material propio: material específico. Marcos, Mateo y Lucas concuerdan ampliamente en plan general
del relato, selección y ordenación del material y en frecuentes expresiones. Forman una visión conjunta: sinopsis, por lo que se les conoce como
sinópticos.
Juan escribió su evangelio alrededor del año cien en un ambiente helenístico,
pero tiene un carácter literario y teológico completamente diferente. Presenta a Jesús hablando de forma distinta, empleando la forma no judía de grandes discursos en monólogo, su contenido está centrado por completo en la misma persona de Jesús. Está más alejado de la realidad histórica de la vida y obra de Jesús que los sinópticos. Razón, por la que apenas puede utilizarse como fuente para preguntarse por el Jesús histórico. Pag 155-157.
Los evangelios no pretenden informar sobre el Jesús histórico, ni describir su evolución, por consiguiente no se pueden interpretar desde esta óptica. De principio a fin quieren anunciar a Jesús a la luz de la resurrección como Mesías, Cristo, Señor e Hijo de Dios. El evangelio de Marcos, que empieza así:
Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios, intenta difundir por escrito
este mensaje de fe. Por tanto, los evangelios no pretenden ser informes documentales objetivos y desinteresados, menos aún, escritos históricos científicos y neutrales. Tampoco se esperaba nada de eso cuando fueron redactados. Marcos contaba acontecimientos históricos y describía su significación y consecuencias. Por tanto, los relatos: comportan también un testimonio; están muy influenciados por su autor; dejan traslucir su actitud; con frecuencia se extraen enseñanzas de los hechos narrados; su historia es a la vez informativo-narrativa y didáctico-práctica.
Los evangelios son auténticos testimonios en sentido más profundo. La escuela
de la historia de las formas ha desentrañado, mediante análisis de las distintas
palabras e historia de Jesús hasta en sus mínimos detalles, que los evangelios están marcados y determinados por las diferentes experiencias de fe de las comunidades. Miran a Jesús con los ojos de la fe; son testimonios de fe
comprometidos y comprometedores; documentos de observadores interesados
y creyentes convencidos; quieren llamar a la fe en Jesucristo, por lo que tienen forma interpretativa y confesional. Relatos, que son a la vez predicaciones. Esos testigos están afectados por Jesús, quieren trasmitir esa fe. Para ellos, Jesús es una persona, que sigue viviendo en la actualidad, lo que tiene importancia decisiva para los oyentes del mensaje. En definitiva, los evangelios informan, pero sobre todo, proclaman, conmueven, suscitan la fe; son testimonio comprometido, κηρυγμα, proclamación.
Esta finalidad peculiar de los evangelios hace imposible una biografía de Jesús, dificulta la interpretación histórica objetiva de los textos. Los discípulos tenían la convicción de que en aquel momento se sabía mejor que durante su vida, quién era Jesús y qué significaba en realidad. Así, se recurrió sin reparos a un recurso habitual en aquella época, respaldando con su autoridad personal cuanto había que decir sobre Jesús, que desemboca en un problema serio: saber en los relatos de estos evangelios qué hechos en verdad han sucedido y cuáles son interpretación; cuáles son los dichos y hechos de Jesús y dónde comienza la interpretación, complemento, sublimación y transfiguración pascual de la comunidad o evangelistas.
Si los evangelios son en primer lugar fuentes de fe pospascual de las comunidades cristianas, cabe cuestionarse si pueden ser fuentes de lo que el Jesús prepascual, terreno e histórico dijo o hizo personalmente.
Resumiendo, los evangelios son testimonio de fe, documentos de fe y para la
fe; pero también tienen informaciones históricas, desde los que es posible preguntarse por el Jesús de la historia. Pag 158-159.
3 La historia y la certeza de la fe
La Crítica textual, mediante crítica externa e interna, análisis de lenguaje y contenido, ha logrado fijar con aproximación y exactitud posibles historia de los libros y tenor literal de los textos bíblicos en la forma primitiva más óptima.
La crítica literaria ha examinado la integridad literaria de los escritos, poniendo de relieve diferencias entre presupuestos legales, religiosos y sociales en lenguaje, cronología, datos históricos, ideas teológicas y morales, diferenciando fuentes de tradición oral y escrita y eventuales documentos, que le sirvieron de base. Ha precisado época, origen, destinatarios y peculiaridad literaria de los distintos escritos neotestamentarios, describiendo sus peculiaridades.
La crítica de formas y géneros ha estudiado contexto de vida de comunidad e individuo, género literario, marco general de pequeñas unidades literarias y forma literaria primitiva, intentando determinar de forma nueva credibilidad histórica y contenido de tradición.
La historia de la tradición ha esclarecido el proceso preliterario, analizando antiguos himnos, fragmentos litúrgicos, normas legales … relacionándolos con culto, predicación, catequesis y vida de la comunidad, buscando arrojar luz sobre los comienzos decisivos de la Iglesia y primer estado de su evolución. Pag 160.
La pregunta por Jesús
Los evangelios pretenden que el Cristo viviente, que anuncian es el mismo que el hombre Jesús de Nazaret, con quien convivieron algunos de sus testigos durante su vida pública. Los testimonios de fe son informes, que se basan en informes sobre el Jesús real. Cabe preguntarse si los testimonios son verdaderos, si hay coincidencia y en qué medida entre el Jesús de los evangelios y el Jesús de la historia:
a) La pregunta no es indiferente para el historiador. Sólo desde Jesús se puede llegar a comprender la asombrosa aparición del cristianismo.
b) La pregunta no es indiferente para el creyente. Sólo desde Jesús puede saber el creyente si su fe está fundamentada en Cristo.
c) La pregunta no es indiferente para el no creyente. Sólo desde Jesús el no creyente puede valorar en su humanismo, luchas sociales … con qué cristianismo se tropieza.
En los evangelios hay que buscar palabra, κηρυγμα, proclamación, hechos, lucha, y destino de muerte de Jesús. Las mutaciones, reelaboraciones y discordancias de la tradición neotestamentaria excluyen automáticamente el cómodo supuesto de que el propio Jesús o el Espíritu Santo se ocupara de la exacta fijación y trasmisión de sus dichos y hechos. En cuya tradición hay que contar con cambios de perspectiva y matiz, evoluciones, involuciones, descubrimientos y encubrimientos.
Igualmente, cabe preguntarse si es posible restaurar la imagen originaria de Jesús, eliminando sucesivas capas superpuestas. El análisis histórico completo de los evangelios permite determinar en líneas generales qué elementos pertenecen a cada una de las tres capas o estratos:
1) Qué se debe a la redacción del evangelista.
2) Qué proviene de interpretación, explicación y eventualmente reducción de la
comunidad pospascual.
De este modo se pueden precisar qué elementos pertenecen al patrimonio judío común y cuáles son específicos de Jesús, qué se ajusta al contexto global y qué no.
Por tanto, se puede afirmar la posibilidad histórica y legitimidad teológica del retorno al Jesús de la historia. Es posible un retorno metódico desde los testimonios de fe al Jesús histórico, porque en la discontinuidad existe continuidad entre la predicación de Jesús y la de quienes la proclamaron después, entre el Jesús de la historia y el primitivo anuncio cristiano sobre Cristo. El primitivo anuncio cristiano sobre Cristo sólo pudo surgir y sólo puede entenderse a partir de la historia de Jesús. Mediante retorno metódico se pueden reconstruir científicamente los rasgos principales y perfiles
característicos de la predicación, comportamiento y destino de Jesús, justo lo
suficiente y decisivo para el creyente. Una sentencia inauténtica, puesta en labios de Jesús por el evangelista, puede reflejar al auténtico Jesús con tanta autenticidad como la palabra auténtica pronunciada por el mismo Jesús. En este contexto, más importante que la autenticidad de una sentencia determinada, históricamente demostrada, son tendencias determinantes, formas peculiares de comportamiento, líneas fundamentales típicas, notas dominantes y cuadro general abierto y no comprimido en esquemas y modelos. En los testimonios de fe de los evangelios se trasluce la historia misma de
Jesús: en la comunidad sobreviven recuerdos, experiencias, impresiones,
traiciones de Jesús y de sus palabras, hechos y sufrimientos. A través de los testimonios de fe de los evangelios podemos oír, aunque con dificultad, la voz de Jesús. Entre el Jesús original y el tradicional podría haber tanta diferencia como entre una pintura original y sus posteriores restauraciones, podría salir a la luz cuanto Iglesia y teología han montado de este Jesús en el campo litúrgico, dogmático, político, jurídico y pedagógico.
El cristianismo está interesado en Jesús tal como nos sale al paso aquí y
ahora, en lo que este mismo Jesús tiene que decirnos de decisivo en el
contexto de hombre y sociedad actuales. Pero el Jesús histórico y el Cristo de
la fe no pueden disociarse como dos magnitudes distintas. Sin embargo,
gracias al trabajo de tantas generaciones de exegetas y a los resultados del método histórico-crítico, nos encontramos hoy en mejores condiciones que generaciones cristianas pasadas, exceptuando la primera, para reconocer al verdadero y originario Jesús de la historia. Pag 161-166.
Fe responsable
Por una parte, el estudio histórico-crítico sobre Jesús y la ciencia teológica no
pueden fundamentar la fe. La fe sólo puede fundarse en el mensaje de Dios, no
de palabra humana, en que yo creo, que me habla a través de Jesús. Por otra parte, ni investigación ni ciencia teológica sobre Jesús pueden destruir mi fe, porque el fundamento de la fe es Dios mismo. Podrán amenazarla, pero no destruirla.
Es más, ciencia teológica e investigación crítica y respetuosa sobre Jesús hacen posible examinar la tradición de la fe, incluso justificar la fe ante uno mismo y los demás. La investigación histórico-crítica es el mejor medio para sacudir la falsa seguridad de credulidad acrítica y crítica; puede purificarse de supersticiones indebidas e ideologías interesadas; se remueven obstáculos contra la fe; se despierta el ánimo de creer. La fe presupone una decisión mía
personal, que si pudiera demostrarse dejaría de ser fe. Por otro lado, tal decisión de fe debe ser en lo posible fundada, refleja, responsable. La fe no puede aspirar a establecer hechos históricos. No es legítimo presentar certezas de fe como resultados científicos. Pero la fe cristiana tiene que estar justificada de tal forma que pueda ser vivida con plena conciencia y responsabilidad, ya que sólo se puede vivir con responsabilidad lo que tiene justificación, E. Jüngel. Concluyendo, la mera fe histórica no salva; pero la fe ahistórica es signo de pobreza mental. La fe del hombre razonable debería no ser irrazonable. Según los testimonios de fe primitivos, la fe cristiana procede de manera racional y responsable. Precisando, la teología consiste en la metódica, cauta y científica
justificación del discurso sobre Dios y dirigido a Dios, H Ott.
Qué significa creer:
a) La fe cristiana no es un simple acto del entendimiento. Sería malentender la fe en sentido intelectualista.
b) La fe cristiana no es un simple acto de voluntad. Sería malentender la fe en sentido voluntarista.
c) La fe cristiana no es un simple acto de sentimiento. Sería malentender la fe en sentido emocional.
d) La fe cristiana es, más bien, entrega incondicional y abandono confiado del hombre entero con todas las fuerzas de su espíritu al mensaje cristiano y a quien en él viene anunciado; es acto de entendimiento, voluntad y sentimiento, confianza, que incluye aceptación intelectual.
Como decía San Agustín: creo en Dios y en el que Él ha enviado.
Mas la fe es diversa en las distintas Iglesias cristianas y donde está su fuerza está su debilidad: Peligro específico de la fe protestante, biblicismo; de la ortodoxa oriental, tradicionalismo; de la católica, autoritarismo.
El cristiano protestante no cree en la Biblia, sino en aquel de quien da testimonio. El cristiano ortodoxo no cree en la tradición, sino en aquel a quien transmite. El católico no cree en la Iglesia, sino en aquel a quien anuncia. La realidad a la que el hombre puede asirse en el tiempo y en la eternidad no son Biblia, Padres de la Iglesia, magisterio eclesiástico, sino el mismo Dios, que ha hablado al creyente a través de Jesucristo. Textos bíblicos, Padres de la Iglesia y autoridades eclesiásticas son expresiones con diversa acentuación de una única fe. Pag 166-168.
¿Ayuda a la fe la crítica histórica?
La fe nunca se posee con seguridad. Que me haya decidido a creer no quiere decir que mi decisión valga para siempre. Que haga progresos en el conocimiento de la fe, no quita que la duda, como sombra, acompañe siempre a mi conocimiento. Siempre hay y habrá tentaciones de abandonar la fe, a la vez que exigencia de guardarla y profundizarla por encima de todo. Siempre tendré que actualizar, realizar y abrazar de nuevo mi fe, pese a mis dudas, oscuridades e inseguridades. Tendré que abrazarla porque estoy abrazado por
Otro, quien todo lo abraza, que nunca me violenta, sino que invisible en lo