Jesús de Nazaret ha seguido vivo en el corazón de hombres y humanidad dos mil años. ¿Qué lo ha mantenido con vida? ¿Quién ha dado permanente testimonio de Jesús ante los hombres? Pag 494.
1 Palabra inspirada e inspiradora
Sin la comunidad de quienes han abrazado su causa, Jesús no se habría mantenido vivo en la humanidad, ni siquiera hubiera existido el Nuevo Testamento. Pag 494.
¿Inspiración?
Como atestigua Lucas, el Nuevo Testamento fue recopilado en la tierra, es
palabra humana y, por tanto, no exenta de defectos, errores, oscuridades,
confusiones, limitaciones, inexactitudes … Por eso mismo resulta una colección heterogénea de documentos de fe. A pesar de lo cual consigna la palabra de
Dios, porque lo esencial es entender su dimensión humana y contenido de fe.
Ya en la primitiva Iglesia del mundo griego se aceptaba la Escritura como
inspirada por el Espíritu de Dios; judaísmo, helenismo pagano y primeros
teólogos cristianos pensaban que el Espíritu invadía al hombre en éxtasis, en el que la individualidad humana aparecía pasiva bajo la μανια divina, limitándose a ser mero instrumento, que escribía por inspiración, sugerencia, al dictado del Espíritu divino, como secretario, flauta o arpa cuyos sonidos se deben al soplo del aire; era Dios mismo mediante su Espíritu quien ejecutaba la melodía y determinaba contenido y forma del escrito, de modo que la Biblia, por ser Dios su autor, tenía que estar libre de contradicciones, deficiencias y errores; en esa inmunidad debía mantenerla el intérprete mediante armonizaciones, alegorías y mistificaciones. Lo que inevitablemente a partir de la Ilustración condujo a
contradicciones internas y graves conflictos con ciencias naturales e historia.
Esta concepción tradicional se ha ido quebrantando por la fuerza de la investigación crítica de la Biblia. Los autores bíblicos aparecen como testigos de fe, que a pesar de su fragilidad humana, condicionamientos y limitaciones hablan con lenguaje a veces balbuceante y recursos conceptuales muy escasos del auténtico fundamento y contenido de la fe.
En el ámbito judeo-griego cuando se hablaba de Sagrada Escritura, de escritos
sagrados, se sugería la idea de Escritura perfecta, divina, santa. Pero el Nuevo
Testamento evita casi por completo hablar de sacralidad de sus textos.
Para entender el término inspiración en su profunda dimensión, hay que valorar redacción del escrito, historia anterior y posterior, proceso de recepción y transmisión fiel del mensaje, lo cual tiene relación con el Espíritu de Dios. En el Nuevo Testamento se da el supuesto que recepción y proclamación del
evangelio no ocurren sin el Espíritu Santo: Les fue revelado que no
administraban en beneficio propio sino en favor vuestro este mensaje que ahora os anuncian quienes os predican el Evangelio, en el Espíritu Santo, 1 P
1, 12; 1 Co 7, 40.
Sin embargo, tal acontecimiento espiritual implica según el Nuevo Testamento la historicidad humana, que admite y exige crítica bíblica textual, literaria, histórica y teológica. Una crítica seria de la Biblia puede contribuir a que la buena nueva no se quede encerrada en libros, sino que vuelva a ser anunciada con mayor vida en cada nueva época. Los primeros testigos no recibieron el evangelio al dictado como fórmula fija o doctrina rígida, ni la trasmitieron servilmente, sino que la asumieron en su situación concreta conforme a sus características particulares y lo proclamaron según su propia interpretación y teología. Los actuales anunciadores del mensaje pueden y deben transmitir a su modo, en tiempo y lugar que se encuentren, el mensaje antiguo de forma
nueva. El canon o criterio de la Iglesia primitiva se ha ido afirmando a lo largo
de los siglos. El Nuevo Testamento ha demostrado una y otra vez su autoridad
normativa y su insustituible significado. Pag 495-497. ¿Palabra de Dios?
El cristianismo no tiene como fundamento un libro. La revelación divina no se identifica con las Escrituras; éstas sólo son testimonio humano de la revelación divina; en ellas encontramos intactas humanidad, autonomía y condición histórica del ser humano. El cristiano no cree primero en la Escritura y después en la verdad del mensaje que transmite. Cree en Dios, que se ha manifestado liberador de los creyentes en la historia de Israel y en la persona de Jesús, lo que atestigua la Escritura. La fe surge en la Escritura; ofrece desde fuera testimonio original del Dios de Israel y del Dios de Cristo Jesús. Pero la fe no se basa en la Escritura, sino en el Dios de Jesús.
Por tanto, la verdad de la Escritura a través de la humanidad, historicidad y fragilidad de sus autores humanos llega al hombre. La verdad de la Escritura apunta a la verdad en sentido original: fidelidad, constancia y lealtad del mismo Dios, que mantiene su palabra y promesas. La Escritura no manifiesta que no contenga error; en cambio, atestigua la inquebrantable fidelidad de Dios al hombre, que nunca deja a Dios por mentiroso.
- La Biblia es palabra de Dios en sentido pleno y palabra humana de hombres
concretos.
- La Biblia no contiene dicotomías que determinen palabra de Dios y palabra de hombres.
- La Biblia se vuelve palabra de Dios; se convierte en palabra de Dios para quien se entrega con confianza y fe a su testimonio: a Dios y Cristo Jesús, que se manifiestan en ella.
La palabra sin magias ni manipulaciones resulta eficaz. El hombre puede rechazarla si quiere, pero la palabra sigue siendo eficaz y se convierte en juicio. Para quien no sigue la invitación a la fe, la Biblia se queda en palabra humana; para quien acepta la invitación a la fe se convierte en Palabra de Dios, que ayuda, libera y salva; entonces el creyente capta la Palabra en las palabras, se deja inspirar por el Espíritu de esta Escritura, que es Espíritu de Dios y Cristo; Este Espíritu hace de testimonios humanos, testimonios suyos. Por tanto, más
importante que la polémica de si la Biblia es palabra inspirada o no, es que el hombre se deje inspirar por la palabra bíblica. Pag 497-499.
2 Un solo espíritu
Espíritu profano y Espíritu Santo
Espíritu, en hebreo ruah, en griego Πνεθμα, soplo: Un viento de Dios aleteaba
por encima de las aguas, Gn 1, 2. Espíritu en sentido bíblico significa oposición
a carne; es decir, fuerza divina, poder divino invisible que obra creando o destruyendo para dar vida o juzgar en creación e historia, en Israel e Iglesia, sobrecogiendo a los hombres violenta o suavemente, a individuos o grupos, en
con éxtasis o fenómenos extraordinarios … Para el judaísmo de tiempos de Jesús el espíritu se había apagado con los últimos profetas de la Escritura. Sólo para los últimos tiempos era esperado el Espíritu según una profecía: se
derramaría el Espíritu sobre individuos y pueblo, Jl 2, 28-32. Las primitivas
comunidades cristianas, reconociendo en Jesús al gran portador del Espíritu, ¡por el bautismo! vieron cumplida esta expectación profética después de la resurrección en su propia realidad. Por tanto, la efusión del Espíritu señala el comienzo del tiempo final; era el don concedido a todos: privilegiados y no privilegiados, hijos, ancianos, jóvenes, señores y esclavos; Hch 2, 17-21.
Este Espíritu no es del hombre, sino de Dios, distinto del espíritu profano de hombre y mundo; tiene rasgos dinamistas y animistas; unas veces se presenta como poder impersonal, δύναμη; otras como ser personal, anima, πνεύμα; jamás aparece como fluido mágico misterioso, ni como entidad mágica animista. El Espíritu es Dios mismo en cuanto próximo a hombres y mundo como potencia y fuerza que: inaprehensible, aprende; indomeñable, regala; vivifica y al mismo tiempo juzga. No es un tercero entre Dios y hombre, sino la proximidad personal de Dios a los hombres. El concilio de Constantinopla, 381, que incluyó el Espíritu Santo en el Símbolo niceno, acentúa expresamente que el Espíritu Santo es de la misma naturaleza del Padre e Hijo.
La concepción del Espíritu en la comunidad primitiva no fue unitaria. La acción del Espíritu es diferente de Lucas a Pablo. Lucas se interesa por la acción del Espíritu en sus formas extraordinarias, separando cronológicamente Pascua y Pentecostés, Hch 2; 6, 6; 13, 2s; 15, 28; 20, 28. Pablo fue el primero en reflexionar con rigor sobre la naturaleza y acción del Espíritu. Determina ciertas acciones y la misma existencia del creyente, Rm 8, 14-17. El Espíritu de Dios se puede entender al mismo tiempo Espíritu de Jesús elevado a la derecha de
Dios, 2 Co 3, 18. Pablo diferencia como personas a Dios y a Jesús glorificado;
sin embargo, en cuanto a la acción los contempla unidos; Dios realiza la salvación a través de Jesús. Potencia, fuerza, Espíritu de Dios han llegado a ser tan propios del Señor glorificado, que éste está en posesión y dispone del Espíritu, y en virtud de la resurrección puede considerarse Espíritu: Jesús se ha convertido en: Espíritu que da vida, 1 Co 15, 45; El Señor es el Espíritu, 2 Co 3, 17.
Esta enigmática afirmación significa, no identidad de dos personas, sino que el
Señor resucitado a la vida de Dios existe en la forma de ser y actuar del Espíritu. Se identifica con el Espíritu no en sí mismo, sino en su acción sobre
Espíritu; en el Espíritu está ahora presente Cristo glorificado; así pueden
conciliarse identificación del Señor con el Espíritu y subordinación del Espíritu al Señor, 2 Co 3, 17; las expresiones en el Espíritu, en Cristo, el Espíritu en
nosotros y Cristo en nosotros son semejantes e intercambiables; el encuentro
de Dios, Señor o Espíritu con el creyente es el mismo encuentro; La gracia del
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros, 2 Co 13, 13, es acción única de Dios.
El Espíritu Santo:
- Es Espíritu de Dios, Dios mismo en cuanto fuerza y poder de gracia que
conquista el corazón del hombre, subyuga al hombre íntegro y se le hace íntimamente presente, dando de sí mismo testimonio eficiente al espíritu humano.
- Como Espíritu de Dios es Espíritu de Cristo Jesús exaltado a la derecha de
Dios, por lo que es Jesús Señor viviente, Determinante para Iglesia y creyentes. Quien pretenda apelar al Espíritu prescindiendo de Jesús, su palabra, comportamiento y destino no puede reclamar para sí el Espíritu de Cristo. Razón por la que los Espíritus deben discernirse a la luz de Jesús.
- Jesús, como Espíritu de Dios y Cristo para el hombre, jamás puede ser posibilidad privativa del ser humano, sino fuerza, poder, don de Dios. No es Espíritu profano de hombre, tiempo, Iglesia, ministerio, entusiasmo, sino Espíritu Santo de Dios, que sopla donde y cuando quiere, no se deja instrumentalizar para justificación de autoridades, teologías, fanatismos, falsa fe …
- Recibe el Espíritu Santo quien se entrega en fe al mensaje, a Dios y Cristo. El
Espíritu no actúa de modo mágico y automático, sino que permite asentamiento libre. El bautismo, como signo y sacramento de la fe, y la recepción del Espíritu están estrechamente unidos: el bautismo expresa disponibilidad total al don del Espíritu.
- Como cristianos creemos en el Espíritu Santo en la Iglesia; pero no creemos
en la Iglesia; la Iglesia no es de Dios, somos los creyentes. No creemos en nosotros mismos, sino en Dios, quien mediante su Espíritu hace posible la comunidad de fieles. Y por el Espíritu santificador creemos que existe la santa Iglesia.
El Espíritu de Dios y Cristo Jesús es Espíritu de libertad: El Señor es el
Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad, 2 Co 3, 17;
libertad de culpa, Ley, muerte, acción, amar, vivir en paz, justicia, alegría, esperanza, gratitud … Libertad de los hijos de Dios, atestiguada, experimentada y vivida en la práctica por cualquier persona que lo desee. Son innumerables los fieles, que desde tiempos apostólicos hasta hoy han abrazado con fe y obediencia esta libertad, la han vivido, sufrido, han luchado por ella y la han esperado. En esta libertad innumerables desconocidos han encontrado valor, apoyo, fuerza y consuelo en sus decisiones, temores, peligros, anhelos y esperanzas. El Espíritu de libertad es el Espíritu de futuro, que orienta a los hombres hacia delante, no a un más allá consolador, sino a presente comprometido en el mundo hasta que llegue la consumación final, de la que ya tenemos garantía en el Espíritu: Nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones, 2 Co 1, 22. Pag 500-503.
Aun hoy es posible entender en las perspectivas descritas la relación del
Padre, Hijo y Espíritu y las numerosas fórmulas triádicas o trimembres del
Nuevo Testamento en su contenido originario y sin adherencias mitológicas.
Τριάδα, (Trinitas), es la fórmula helenista para definir a Dios, trino en personas: υποστασις προσοπα, substancia personal; y uno en naturaleza,: φυσις ουσία,
esencia, sustancia. Partiendo de: Id, pues, y haced discípulos a todas las
gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Mt
28, 19, que proviene de otros textos neotestamentarios: Hch 2, 38; 8, 16; 10, 48; 1 Co 1, 13-15; Ga 3, 27; Rm 6, 3, se estructuró una especulación trinitaria. La liturgia de la Trinidad se propaga en Francia a partir del siglo VIII y Juan XXII introduce su fiesta litúrgica en 1334.
El Nuevo Testamento afirma la unidad de Cristo, Jesús, y el Espíritu, Jn 14 y 16. El Espíritu aparece con rasgos personales. Paráclito: abogado, asistente,
representante del glorificado en la tierra, enviado por el Padre en nombre de
Jesús, que no habla por sí mismo: El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre
enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho, Jn 14, 26.
Testimonio: Tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y
los tres convienen en lo mismo, 1 Jn 5, 7-8.
El Nuevo Testamento marca una clara unidad de acción y revelación de Padre, Hijo y Espíritu, entidades muy diversas definidas como conceptos muy afines. Las dificultades de la doctrina trinitaria provienen de Agustín, que sirviéndose de Tertuliano y Cipriano, no toma como punto de partida la trinidad de
personas, como los griegos, sino la unidad de la naturaleza divina. Para los
Padres griegos, αρχη, el origen de la unidad entre Padre, Λογος y Espíritu no es la naturaleza divina, sino el único Dios y Padre en cuanto origen, que se revela por Λογος en el Espíritu.
Unidad que en el Nuevo Testamento se refiere a unidad en el acontecimiento
de la revelación. No se debe eliminar la diversidad de funciones, in invertir la sucesión, ni perder de vista la humanidad de Jesús. En el Evangelio de Juan
las afirmaciones sobre Padre, Hijo y Espíritu y las definiciones de Dios como Espíritu, Jn 4, 24, luz y amor, 1 Jn 1, 5, no son proposiciones ontológicas sobre Dios, su naturaleza, esencia estática y autosuficiente de un Dios Trino; son, más bien, proposiciones sobre la forma y modo de revelación de Dios, intervención dinámica en la historia, relación de Dios con hombre y de hombre con Dios. Las fórmulas triádicas del Nuevo Testamento reflejan una teología trinitaria no inmanente, sino económica; no se refieren a la unidad trinitaria esencial intradivina, sino a una unidad histórico-salvífica económica de Padre, Hijo, Espíritu en su encuentro con nosotros. No tratan del Dios en sí, sino del
Dios para nosotros, que por Cristo Jesús ha actuado en el Espíritu sobre
nosotros y de cuya actuación depende la realidad de nuestra salvación.
En el origen, la Trinidad no fue objeto de fe y doxología: alabanza. La yuxtaposición Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo surge en la polémica antiarriana. La perspectiva del Nuevo Testamento y el enfoque en origen de la teología trinitaria oriental es: Al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. A la luz de lo cual, la doctrina católica sobre la Trinidad no debe ser repetida
acríticamente, ni suprimida irreflexiblemente, sino interpretada diferencialmente para nuestro tiempo.
- El problema clave de la doctrina de la Trinidad no es la cuestión trinitaria, sino la cristológica de cómo se puede determinar conforma a razón y Escritura la relación de Jesús con Dios.
- La fe monoteísta, heredada de Israel y compartida con Islam, no debe quedar absorbida en la doctrina trinitaria. ¡No hay otro Dios fuera de Dios!
- El Nuevo Testamento obliga a reflexionar sobre la coordinación entre Dios, Jesús (Λογος, Hijo, Cristo) y Espíritu para poner de relieve su verdadera diversidad e inseparable unidad; en esto consiste en el fondo la doctrina trinitaria tradicional.
- Sin embargo, la interpretación en conceptos helenistas y las formulaciones dogmáticas están condicionados por la época y no se identifican sin más con la cuestión de fondo. Las fórmulas trinitarias tradicionales de cuño helenista no pueden ser impuestas a creyentes de todos los tiempos como atemporal deber de fe.
- La unidad de Padre, Hijo y Espíritu debe entenderse como hecho de revelación y unidad de revelación. En perspectiva trinitaria hay que estudiar también el elemento cristológico, la relación entre Dios y Jesús a la luz del Espíritu. La cristología sin Pneumatología (doctrina del Espíritu) resultaría incompleta. El Dios verdadero quedó así determinado cristológicamente: el verdadero hombre Jesús de Nazaret es revelación real del único Dios verdadero. ¿Llega a serlo para nosotros? No de forma físico-material, ni irreal, sino en el Espíritu, en el modo de existir del Espíritu, como realidad espiritual. El Espíritu es la presencia de Dios y Cristo glorificado en la comunidad de fe y creyentes. En este sentido Dios mismo se revela por Cristo Jesús en el Espíritu. Pag 504-509.
3 La Iglesia multiforme
La Iglesia es la comunidad de creyentes en Cristo; la comunidad en los que
han abrazado la causa de Cristo Jesús y la atestiguan como esperanza para todos los hombres. Antes de Pascua sólo existe un movimiento escatológico
colectivo. Después de Pascua comienza a existir una comunidad escatológica, una Iglesia, cuyo fundamento primero es la fe en el Mesías Jesús. La Iglesia de
Jesucristo, en cuanto comunidad contrapuesta al antiguo pueblo de Dios, es
según el Nuevo Testamento una realidad pospascual. Pag 509-510.
Asamblea, comunidad, Iglesia
Iglesia: Kirche en alemán, churc en inglés, kyrka en sueco, cerkov en eslavo procede de la forma griega εκκλησία κιριακη, asamblea del Señor, comunidad del Señor. Las lenguas románicas derivan ecclesia en latín, iglesia en español,
église en francés, chiesa en italiano, del griego εκκλησία, asamblea. La Iglesia
de Dios es más que reunirse; es la asamblea de un grupo de personas escogidas por Dios, que se reúnen en torno a Él como su centro; el término religioso-cultual fue adquiriendo sentido escatológico; por tanto, Iglesia se convierte en la comunidad de Dios del tiempo final. Al adoptar la denominación
Εκκλησία, la Iglesia primitiva formuló la asamblea de Dios, comunidad de Dios,
pueblo escatológico de Dios, que se reúne en nombre y Espíritu de Cristo Jesús: la Iglesia de Jesucristo. Iglesia, en cuanto asamblea significa el hecho