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V LA NUEVA VIDA 1 El comienzo

In document Ser Cristiano Hans Küng (página 89-129)

Todo proyecto, plan, interpretación, acción, pasión … choca con la barrera infranqueable de la muerte. Pag 364

Punto de partida

La muerte, la más radical negación de utopía, se convierte en utopía. Hay un hecho indiscutible: el movimiento de los seguidores de Jesús comenzó a

revestir importancia a parir de su muerte. Por tanto, no se acabó todo, la causa

de Jesús siguió adelante. Por tanto, deberemos dar respuesta a las siguientes preguntas:

- ¿Cómo fue posible un nuevo comienzo tras un final tan catastrófico? ¿Cómo

pudo surgir tras la muerte de Jesús un movimiento de tan hondas consecuencias para el ulterior destino del mundo? ¿Cómo pudo formarse una agrupación que invocaba el nombre del Crucificado? ¿Cómo pudo nacer en

estas condiciones la Comunidad cristiana?

- ¿Cómo fue posible que este maestro de falsedad, condenado, se convirtiera

en el Mesías de Israel, en el Cristo; que ese profeta, desautorizado, llegara a ser el Señor; que ese seductor del pueblo, desenmascarado, se convirtiera en el Salvador; que ese blasfemo, reprobado, llegara a ser el Hijo  de  Dios; que los seguidores de este hombre, muerto en completa soledad, en fuga y bajo el influjo de su personalidad, palabras y obras mantuvieran la adhesión a su

mensaje, recobraran ánimo tras la catástrofe, continuaran anunciando el mismo mensaje del Reino y voluntad de Dios, el Sermón de la Montaña, y que hicieran del Crucificado el contenido de su mensaje?

- ¿Cómo fue posible que proclamaran el Evangelio de Jesús y a Jesús como

evangelio, convirtiéndose el anunciador en anunciado, y del mensaje del Reino de Dios se pasara al mensaje de Jesús como el Cristo de Dios?

- ¿Cómo se explica que este Jesús ajusticiado, a pesar de su muerte o más

bien a causa de ella, se convirtiera en fuerza de sus seguidores? ¿No quedaron truncadas por la muerte sus pretensiones?; ¿no desembocaron en rotundo fracaso sus exageradas aspiraciones? ¿Cabría imaginar en la situación relgioso-política de entonces mayor obstáculo sicológico y sociológico para la supervivencia de su causa que ese final catastrófico entre burlas y escarnio público?

- ¿Cómo fue posible cifrar tantas esperanzas en ese final desesperado,

proclamar Mesías de Dios al condenado de Dios, declarar signo de salvación al patíbulo de la vergüenza y convertir la bancarrota pública del movimiento en punto de partida de su fenomenal resurgimiento? ¿Cómo no se dio por perdida su causa, así se expresaban sus discípulos:Nosotros esperábamos que sería él el  que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que  esto pasó, Lc 24, 21, puesto que estaba vinculada a su persona?

- Quienes, tras semejante derrota y fracaso, se presentaron como sus

mensajeros sin escatimar esfuerzos, temer adversidades, ni retroceder ante la muerte, ¿de dónde sacaron fuerza para llevar la buena  noticia a todos los hombres hasta el final del Imperio?

- ¿Por qué surgió esa vinculación al Maestro, tan diferente de la que otros

movimientos tienen con su fundador hasta el punto que a Jesús se le venera, estudia y sigue como Maestro que vivió hace milenios, en las asambleas litúrgicas se le anuncia viviente y se le experimenta y siente presente y actuante? ¿Cómo surgió la singular idea de que Cristo dirige a los suyos, a su comunidad mediante el Espíritu?

Nos hallamos ante el enigma histórico de la génesis del cristianismo. El mensaje y la comunidad de cristianos, bajo el signo de un derrotado, resurgen y se extienden como explosión tras un fracaso total y muerte vergonzosa. ¿Qué chispa desencadenó un desarrollo tan original en la historia universal, que del infamante patíbulo de un ajusticiado surgiera una fuerza universal, capaz de transformar el mundo?

Se deduce claramente que aquella historia de pasión fue transmitida con tal fuerza, porque hubo una historia pascual, que aportó luz para ver la historia de

pasión bajo una nueva perspectiva. Pero se presentan algunas dificultades: 1. Los relatos pascuales no son relatos imparciales de observadores neutrales,

sino testimonios de hombres profundamente implicados y comprometidos, creyentes que han tomado partido por Jesús. Son documentos más teológicos que históricos, testimonios de fe. El reverso de esta dificultad es que los escritos más antiguos, las cartas paulinas, ya están centradas en la muerte y resurrección de Jesús. Provienen de testimonios personales y orales.

2. Tratar de comprender los relatos de milagros del Nuevo Testamento sin

recurrir a la hipótesis indemostrable de una intervención sobrenatural en las leyes naturales para postular el milagro de la resurrección. El reverso puede

ser que la resurrección tenga carácter peculiar, que no permita equipararla sin más a otros elementos prodigiosos o legendarios de la tradición primitiva. San Pablo considera con firmeza inflexible la resurrección del Crucificado como centro de la predicación cristiana. El mensaje de la resurrección pertenece a los estratos más antiguos del Nuevo Testamento y es común a todos los escritos neotestamentarios, aparece como centro de la fe cristiana y fundamento de todas las demás afirmaciones de fe.

3. No hay testimonios directos de la resurrección. Algunos evangelios

apócrifos, como el de Pedro, y obras maestras de arte, como La Resurrección de Grünewalt en el retablo de Isenheim, pueden inducir a error. El reverso es que todos los libros del Nuevo Testamento suscitan nuestra confianza ante la resurrección. Los testigos neotestamentarios de la Pascua no quieren ser testigos de la resurrección, sino testigos del Resucitado y Glorificado.

4. Un análisis minucioso de los relatos pascuales descubre discrepancias y contradicciones insuperables. No hay concordancia en las personas

implicadas: Pedro, María Magdalena, la otra Maria, los discípulos, los apóstoles, los Doce, los discípulos de Emaús, los 500 hermanos, Santiago, Pablo; en la localización de sucesos: Galilea -una montaña o mar de Tiberíades-, Jerusalén -junto al sepulcro de Jesús o en algún lugar de la reunión-; en la cronología de las apariciones. El reverso es que no hizo falta, ni se quiso esquema unitario, perfecta armonía y menos aún biografía del Resucitado. A los autores neotestamentarios les ocupa en primer lugar la vocación y misión de los apóstoles, la progresiva identidad real del Resucitado y Jesús prepascual: experiencia de identidad, demostración de su corporeidad y superación de las dudas de sus discípulos. El cómo, cuándo y dónde de los relatos es secundario en relación al hecho nunca puesto en duda por las diversas fuentes de una resurrección, que no se identifica con la muerte y sepultura. Se impone el contenido auténtico del mensaje. Pag 365-369.

Aclaraciones

Pablo, en sus cartas, anteriores a los evangelios, habla de apariciones o

revelaciones del Resucitado. Dice haber recibido y transmitido a la comunidad

de Corinto su mensaje, quizás procedente de la comunidad de Jerusalén, que se remonta al período comprendido entre los años 35 a 45 de nuestra era. Cuando Pablo se hizo misionero ofrece como apéndice una lista de testigos de la resurrección, fácilmente controlados por los contemporáneos: testigos a los que el Resucitado se dio a ver, se apareció, se manifestó, salió al encuentro de los que casi todos aún vivían, y podía ser preguntados entre los años 55 y 56, cuando se escribió la carta a Éfeso: 1 Co 15, 5-8; Ga 1, 16; 1 Co 9, 1.

¿Cómo hay que entender la resurrección?

1. ¿Resurreción o resucitación? Suele hablarse de resurrección como si se tratara de una acción autónoma de Jesús. Sin embargo, en el Nuevo Testamento hay que interpretarla como resucitación por parte de Dios, una obra de Dios en Jesús, el crucificado, muerto y sepultado. El término

resucitación sitúa plenamente la acción de Dios en Jesús: sólo mediante la

mortal de Jesús. Sólo en cuanto suscitado por Dios es Jesús el mismo Resucitado. En el Nuevo Testamento, la resurrección como acción de Jesús se entiende de un resucitamiento, obra del Padre: Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, Rm 6, 48, 11 y 34; 10, 9; 1 Co 6,

4; Ef 1, 20; 2 Tm 2, 8; Hch 3, 15; 4, 10; 5, 30; 10, 40; 13, 10 y 37. 24. Dios le

resucitó librándole de los dolores del Hades, Hch 2, 24.

2. La resucitación ¿fue un hecho histórico? Según la fe neotestamentaria se trata de una obra de Dios en las dimensiones propias de Dios, no puede tratarse como hecho histórico en sentido estricto, comprobable con el método experimental de la ciencia histórica. Resucitación no significa milagro que interrumpe las leyes de la naturaleza, comprobable intramundanamente, ni se refiere a intervención sobrenatural localizable y datable en espacio y tiempo, Sólo la muerte de Jesús y luego la fe y mensaje pascual de los discípulos son históricamente comprobables. La resucitación y el Resucitado no se pueden fijar, ni objetivar con métodos históricos. A la ciencia histórica no se le puede preguntar más de cuanto puede responder, porque excluye deliberadamente la acción de Dios, exclusiva en resucitación, creación y consumación final.

La fe neotestamentaria, que ve en la resucitación una acción de Dios, hace que se trate de un acontecimiento real en sentido profundo y no de mero acontecimiento ficticio o imaginario; lo acaecido trasciende y desborda los límites de la historia. Se trata de un acontecimiento trascendente desde la dimensión de la muerte humana a la dimensión abarcadora de Dios. La resucitación se refiere a un modo de existir absolutamente nuevo en el distinto modo de existir de Dios, que se describe con lenguaje figurado que hay que interpretar.

3. ¿Es imaginable la resucitación? Resurrección y resucitación son términos metafóricos. La acción está tomada de despertar y levantarse del sueño. Se trata de un cambio radical a un estado diferente, a una vida distinta, nueva, inaudita, definitiva, inmortal: ¡totalier aliter.

La realidad de la resucitación es inaccesible a intuición y representación. Resucitación y resurrección son imágenes, que responden a esquemas mentales de aquel tiempo, de algo no intuíble ni representable, como Dios mismo, de cuyo conocimiento directo carecemos.

Podemos intentar describir esta nueva vida, inaccesible a sentidos e imaginación, pero tropezamos con los límites de lenguaje; tendríamos que recurrir a paradojas, asociando a la nueva vida desconocida conceptos de la vida humana, que podrían ser contradictorios. Es lo que sucede en los relatos evangélicos de las apariciones, que llegan al límite de lo imaginable: no es un fantasma, pero tampoco algo aprehensible; es visible-invisible, reconocible- irreconocible, palpable-impalpable, material-inmaterial, inmanente y trascendente respecto a espacio y tiempo: Cuando resuciten de entre los

muertos … serán como ángeles en los cielos, Mc 12, 25; … Son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Lc 20, 36. Pablo lo lleva al

límite de lo expresable en 1 Co 15, 44 y 52; piensa en un hombre enteramente corporal, transformado y dominado por el Espíritu de Dios, creador de vida, en armonía con la moderna concepción integral de hombre y significación de corporeidad. El hombre no es liberado de su corporalidad; es salvado con y en

su corporalidad, ahora glorificada, espiritualizada: es una nueva creación, un

hombre nuevo.

4. ¿Resucitación corporal? Resucitación de la realidad personal idéntica, el mismo yo con toda su historia. No hay continuidad de cuerpo, pero sí continuidad de persona. Se plantea la significación de la vida y destino

humanos; se trata, pues, de un ser perfeccionado y no disminuido. Si Dios es la

realidad última, la muerte no es destrucción, sino metamorfosis; no es disminución, sino culminación.

La resurrección de Jesús es un acontecimiento inserto en espacio y tiempo humanos. Se trata de un acontecimiento no histórico, en cuanto no comprobable por procedimientos históricos, pero sí real para la fe. Están en juego la persona de Jesús y su causa. No se puede prescindir de la realidad del Resucitado. Es Dios mismo quien decide en la Pascua sobre la causa de Jesús, que sus discípulos dieron por perdida. La causa de Jesús tiene sentido y continúa, porque Jesús mismo no fracasa en la muerte, sino que vive plenamente legitimado por Dios. La Pascua no es sólo un acontecimiento para los discípulos y su fe: Jesús no vive gracias a la fe de los discípulos. La fe pascual no es una función de la fe de los discípulos.

La Pascua fue primero un acontecimiento para Jesús mismo: Jesús vive de nuevo por obra de Dios para la fe de los discípulos. La prioridad de la acción divina, no temporal pero sí real, es presupuesto de esta nueva vida. Jesús no vive porque es anunciado, sino al revés, es anunciado porque vive.

5. ¿Exaltación? Que Jesús fue resucitado en el Nuevo Testamento quiere decir que con la resucitación fue elevado hasta el mismo Dios: exaltación como cima de la resucitación, en lenguaje figurado elevación al cielo. El espacio celeste es símbolo e imagen visible del cielo real, dominio invisible, espacio vital de Dios. El cielo de la fe es el ámbito oculto, invisible e impalpable de Dios. No es lugar, sino forma de ser; no saca al hombre de la tierra, sino que lo lleva en Dios a la culminación en el bien y participación de la soberanía divina.

En el Viejo Testamento resucitamiento y elevación significan entronización del que ha vencido a la muerte, Sal 110, 1; 68, 19; indican que ha sido recibido en la esfera vital de Dios, participa en la soberanía y gloria divinas y así hace valer entre los hombres su pretensión de señorío universal. El Crucificado, como dignidad celestial y divina se expresa con una imagen, que alude al hijo o representante del soberano: Sentado a la diestra de Dios Padre, es decir, se halla en contacto inmediato con el poder de Dios Padre y lo ejerce vicariamente en igualdad de dignidad y posición: Sepa, pues, con certeza toda la casa de

Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado, Hch 2, 36. Mesianidad y filiación divina no se dicen del

Jesús terreno, sino del Jesús exaltado por Dios: Su Hijo, nacido del linaje de

David según la carne, Rm 1, 3.

Por otra parte, en los textos sagrados no se hace mención de dónde viene y a dónde va Jesús aparecido; las apariciones pascuales son manifestaciones del ya Glorificado; el Exaltado siempre se aparece desde Dios.

La fe pascual es fe en Jesús, en cuanto Señor resucitado, exaltado junto a Dios. Al mismo tiempo, es el Señor presente por el Espíritu en su Iglesia; y el escondido Señor del mundo, κοσμοκρατορ, con cuyo señorío ha empezado ya el reinado definitivo de Dios.

6. ¿Ascensión al cielo? Lucas separa en el tiempo, apartándose de los demás

testigos, resucitación y exaltación: ascensión al cielo aislada en Betania, que

clausura el tiempo de apariciones terrenales de Jesús e inaugura solemnemente el tiempo de la misión universal de la Iglesia hasta la vuelta de Jesús, Lc 24, 50-52; Hch 1, 9-14.

Jesús no emprendió ningún viaje a través del cosmos; se trata de un rapto, donde se relata la desaparición de la tierra. La nube significa a la vez proximidad e inaccesibilidad de Dios.

Los cuarenta días entre Pascua y Ascensión constituyen el número simbólico del tiempo de gracia. La ascensión no debe entenderse como segundo hecho

salvífico, posterior a la Pascua, sino como aspecto relevante del único acontecimiento pascual.

7. ¿Pentecostés? El bautismo, evocación de la Pascua, es el sacramento de la recepción del Espíritu. Pag 370-378.

La realidad última

Nuestro compromiso y esperanza: El Crucificado vive para siempre junto a Dios. La certidumbre de que aquel ajusticiado no se quedó en la muerte, sino

que vive y cuantos crean en Él y le sigan vivirán también, sostiene y fascina a los hombres del Nuevo Testamento. La vida nueva, eterna, de Cristo es estímulo y esperanza real para todos. Éste es el mensaje y fe pascual. Mensaje revolucionario, cuyo fácil rechazo no ha impedido su victoriosa marcha.

El mensaje ya había sido preparado en el judaísmo, afianzándose en los siglos anteriores a Cristo con expectativas de futuro cumplimiento absoluto en un juicio final. Daniel hablaba de fe en la resurrección de los muertos, al menos de los justos; resurrección que era presupuesto de la realización del juicio final y consumación de la historia humana. Los judíos rezaban así tres veces al día en la segunda alabanza: Alabado sea Yahvé, que hace vivir a los muertos.

Judíos y cristianos creen en la resurrección; su fe se asienta en que el Dios vivo es el Dios indefectiblemente fiel; es el Dios Creador, que pase lo que pase, en todo momento permanece fiel a su criatura y aliado; el Dios que no retira su sí a la vida, sino que lo reafirma en el momento decisivo: ¡fidelidad en la muerte y más allá de la muerte! Lo que los judíos esperaban para Israel, los cristianos lo ven realizado en ese Uno como signo de compromiso y esperanza para todos. La resurrección de Jesús es el principio de la resurrección general de los muertos, comienzo del tiempo nuevo y principio del fin del tiempo presente. A cuantos tienen comunidad de destino con Jesús se les ofrece participar en la victoria de Dios sobre la muerte: Cristo resucitó de entre los muertos como

primicias de los que durmieron, 1 Co 15, 20; Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, Col 1, 18; Jesucristo … el Primogénito de entre los muertos, Ap 1, 5.

¿Vive el Crucificado? ¿Qué significa vivir? Puntualizaciones positivas y negativas de esa vida.

1. No es un retorno a la vida espacio-temporal. La muerte no es revocada, sino vencida definitivamente. Jesús ha traspasado definitivamente la última frontera

de la muerte. Ha entrado en una vida completamente distinta, imperecedera, eterna, celestial: la vida de Dios, que el Nuevo Testamento formula y representa de diversas maneras.

2. No es continuación de la vida espacio-temporal. Hablar de después de la

muerte es inexacto, porque la eternidad no tiene antes y después. Más bien, se

refiere a una vida nueva, que rompe las categorías de espacio y tiempo y se desarrolla en el ámbito invisible, imperecedero, incomprensible de Dios. Es algo definitivamente nuevo: nueva creación, nuevo nacimiento, hombre nuevo y mundo nuevo. Algo que rompe definitivamente el ciclo del eternamente igual

morir y devenir. Estar junto a Dios y tener así la vida definitiva.

3. Es una asunción en la realidad última. Hay que ver resucitación- resurrección-elevación-rapto-ascensión-glorificación como acontecimiento único, que en el inescrutable secreto de Dios, está relacionado con muerte. El mensaje pascual afirma que Jesús al morir no fue a parar a la nada. En la muerte y de la muerte pasó a esa última realidad inasible y omni- comprensiva, que llamamos Dios y fue asumido por ella. Al hombre cuando llegue a su

εσχατον, último momento de su vida, no les espera la nada, le espera Todo,

Dios. La muerte es paso a Dios, entrada en el ser oculto de Dios, acogida en su gloria. En sentido estricto sólo un ateo puede decir que todo se acaba con la muerte.

Al morir el hombre es liberado de las condiciones que le rodean y determinan. En la perspectiva del mundo la muerte significa ausencia total de relación. Sin embargo, desde Dios la muerte significa una relación completamente nueva, la relación con Dios como realidad última. En la muerte se le brinda al hombre,

In document Ser Cristiano Hans Küng (página 89-129)