DISCURSO
Fuente: E. Fabregat sobre la base de bibliografía consultada.
El espacio geográfico se corresponde con el marco de las prácticas productivas, proyectivas, imaginarias y semánticas- y sus productos, ya que unas y otros determinan el permanente proceso de construcción del espacio social. Como concepto geográfico, este último es el producto de las prácticas inmersas en un proceso, identifica la dimensión material, extensa, mensurable, perceptible de las relaciones sociales. Es decir, el proceso directo de las prácticas sociales y de las relaciones sociales que la determinan. Esta instancia material es evidente, en cuanto a la dimensión física del espacio como materialidad, y se impone como una evidencia que, desde la geografía cultural, es el paisaje.
El espacio puede considerarse como capital fijo o como paisaje. La geografía moderna muestra una notable coincidencia en reconocer esta materialidad de su objeto, en el que confluyen tanto los viejos enfoques regionalistas como los analíticos y los radicales, en el sentido de que el espacio lo hace materialmente, de forma más o menos consciente.
Sin embargo, en los últimos años se ha puesto de manifiesto que el espacio no se encierra en esta materialidad y que su naturaleza física resulta ininteligible si no se toma en consideración otras dimensiones que constituyen lo que podemos
denominar instancias simbólicas y proyectivas, que producen y a su vez son determinadas por ellas, las representaciones que la sociedad y los individuos tienen de dicho espacio.
Los seres humanos construyen y producen imágenes referidas al espacio y al mismo tiempo, lo proyectan en el futuro. Así, el espacio geográfico es inseparable de la intención y objetivo de introducir en él elementos de ordenación que pueden tener caracteres funcionales productivos, o simbólicos o una significación identificadora. El espacio es, en primer término, la instancia proyectiva o la representación que responde a una imagen que constituye el proyecto de intervención espacial.
A esos proyectos debe asignarse una importancia excepcional en las estrategias e intervenciones del Estado, de los agentes públicos, de las grandes sociedades o grupos económicos, de las instituciones a escala local, regional, estatal e incluso mundial. La suma de todos ellos viables y no viables, técnicos, políticos, privados, públicos, individuales y colectivos, interfieren en la construcción material, que responde a patrones sociales de muy diverso orden.
En unos casos, los proyectos son impuestos por la racionalidad productiva, que es definida y contemplada por los propios agentes sociales, y se traduce en la planificación de las acciones, en el conjunto de las normas legales que regulan las acciones particulares y colectivas. En otros casos, es el resultado de la ideología que introduce, por la fuerza del poder o por la acción de los medios de difusión social, pautas de intervención que orientan la construcción del espacio en un determinado sentido o dirección o que impiden hacerlo en otro.
Las representaciones convencionales, son las que en sentido más estricto constituyen la cultura; en este caso, la cultura del espacio. Se manifiestan de forma difusa, se muestran como imágenes sociales, como construcciones ideológicas y simbólicas, como los espacios de la percepción. Se trata, sin duda, de una representación individual en la medida en que cada sujeto posee su propio mapa mental y cuenta con sus propios valores y determinaciones. Sin embargo, es
evidente que tras la representación individual se encuentran pautas culturales de cada sujeto.
El componente esencial de esa instancia es, precisamente, la dialéctica sutil entre lo social y lo individual. Una dialéctica condicionada por múltiples mediaciones que impiden contemplar la perspectiva individual del espacio como un mero reflejo de las representaciones sociales o colectivas, o como una respuesta directa a determinaciones sociales específicas.
Ni el status social, ni la condición económica, ni la mera pertenencia cultural, ni el género, definen de forma excluyente el perfil de las representaciones del espacio, ni los valores que atribuimos a sus componentes. Todos ellos intervienen y se modifican o condicionan mutuamente y adquieren mayor o menor preponderancia en relación con otros factores.
No obstante, estas representaciones y valores simbólicos, que forman parte del acervo individual, pertenecen al mundo social. El principal reto intelectual se encuentra, precisamente, en la capacidad de abordar estas relaciones entre el sujeto particular –y sus representaciones- y las representaciones sociales, entre el individuo y las múltiples y sutiles mediaciones de todo tipo.
La instancia de las representaciones simbólicas o convencionales, dinámicas y cambiantes como la propia sociedad, adquiere sentido en relación con otra instancia o dimensión de lo espacial, que es la del discurso o del lenguaje.
En el campo de la Geografía, es importante considerar el papel que el espacio juega en la materialización y mantenimiento de ese sistema simbólico, y cómo esta imagen lo modela. La interrelación, aunque implícita, ocurre entre los seres humanos y la naturaleza, e implica entender la vinculación entre la comunidad y el territorio. Más aún, en el concepto de pueblo se integran el grupo y el espacio para convertirse en una comunidad y un territorio que se definen por su identidad.
La Geografía aborda las representaciones a partir de un espacio construido, en el cual se considera el escenario en el que justamente se construyen las representaciones sociales.
Por lo tanto, cada uno de los agentes internaliza de manera diferente este territorio, lo cual depende tanto del contexto como de la ideología, de la condición social de cada uno de ellos, como también del lugar donde viven, más allá de que no sea excluyente.
En tal sentido, Harvey sostiene que:
³
/RVKHFKRVGHPXHVWUDQTXHHOWLSRGHFXOWXUDHO DSUHQGL]DMHHQJUXSRRHODSUHQGL]DMHLQGLYLGXDOWLHQHQJUDQLQIOXHQFLDHQODIRUPDFLyQGHO HVTXHPDHVSDFLDOGHOLQGLYLGXR´+DUYH\Entonces, es necesario definir qué se entiende conceptualmente por espacio y qué por territorio. El concepto de espacio se utiliza aquí como una instancia o dimensión de la totalidad social, no es algo externo a la sociedad, que contiene y por la cual es moldeado, sino que el espacio es una dimensión de la propia sociedad. Por lo tanto, toma un carácter de estructura social, es productor y producido. En cuanto al territorio, conceptualmente, este es considerado como producto de la conjunción de procesos de construcción social.
2.2. Las transformaciones del Espacio Geográfico. Cambios y continuidades
El espacio no refleja las características de la sociedad actual, sino que expresa la historia acumulada de la sociedad. Por su naturaleza material, tiene la capacidad de perdurar más que la sociedad que produce las formas espaciales. Esto provoca que el espacio sea un importante condicionante de los procesos sociales, pero no como un determinante de éstos, sino como un generador de cambios a partir de aquellos que lo alejan de su primera identidad. (Figura 2)
Figura 2
Los componentes del espacio geográfico
HISTORIA ACUM ULADA