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Inducción de trance

In document La danza hipnótica de la pareja (página 106-137)

Para permanecer dentro de un marco de sistemas de creencia vigentes, es importante coparticipar en la dan­ za ritualista y familiar de la pareja antes de intervenir. Debemos coparticipar en el sistema y utilizar el síntoma como instrumento que coadyuve al cambio. Inducir un trance es un modo de entrar en la realidad del paciente, de utilizar el contexto del «como si» (actuaremos como si esta realidad percibida fuera real), de valernos del sínto­ ma para expandir las estrategias de pareja orientadas a lograr satisfacciones y de comprometer a la mente in­ conciente a desarrollar soluciones orientadas hacia el futuro.

El trance —o sea, la disociación de la mente concien- te respecto de la inconciente— se puede producir de di­ versas formas. La espontánea se da, por ejemplo, en los sueños diurnos o cuando se entra en trance mientras se conduce un auto por una ruta. Una persona puede ab­ sorberse en sus pensamientos o fantasías al extremo de perder la noción del tiempo y trascender el «espacio- tiempo». Acaso vea el pasado y el futuro como si acaecie­ ran en el presente. Un trance puede ser inducido en el contexto de un matrimonio, como en el caso de los ritua­ les, juegos o conflictos de pareja. Cada persona enfoca su atención, de manera creciente, en sentimientos po­ sitivos o negativos, al par que ayuda a reducir el foco de atención del compañero. Un trance puede ser inducido por las actividades intencionales del terapeuta de un modo más formal y directo, o por medio de conversación e indirección. En este capítulo, investigamos cómo el terapeuta puede inducir un trance intencionalmente si recurre al trance espontáneo, que es autoinducido por el paciente de manera inadvertida, y al trance negativo estimulado por el compañero, que es co-creado por la

pareja. Antes de adentrarnos en el tema, es importante señalar las diferencias entre la técnica ericksoniana y un método de hipnosis más tradicional.

La hipnosis tradicional sigue un procedimiento lineal peculiar dividido en varias etapas específicas que, según Zeig (1984), comprenden la etapa de preinducción, la inducción, profundización, terapia, y terminación. La preinducción incluye el proceso de establecer un rap- port, diagnosticar el problema, disipar los mitos que

pueda tener el paciente y aplicar tests de sugestibilidad. La inducción se centra en el uso de sugestiones directas de relajación, como sucede en la relajación progresiva. La profundización por el hipnólogo tradicional puede incluir sugestiones directas de sumirse más en el tran­ ce, o un fraccionamiento en el que, por ejemplo, el hip­ nólogo sugiere sucesivamente al paciente que entre en un trance más profundo, que despierte por unos instan­ tes y que retorne a un trance aún más profundo, con lo que se generan experiencias sucesivas de profundiza­ ción y despertar. Quizá sugiera visualizar un número que indique el grado de profundidad del trance. En esta etapa, algunos hipnólogos aplican un test de sugestión para provocar varios fenómenos hipnóticos. En la etapa terapéutica suelen impartirse sugestiones positivas y negativas con miras a eliminar el síntoma, fortalecer el yo o abordar directamente el problema presentado. La terminación consiste en sacar al paciente del trance y hacerlo nuevamente responsable de sí mismo (Zeig,

1984).

En cambio, en el método inductivo ericksoniano, el terapeuta usa un hecho natural —la alteración de la conciencia— con fines terapéuticos. Erickson esfumaba los límites entre inducción y trabajo en trance propia­ mente dicho. Iba más allá de la técnica tradicional, y a menudo partía de una conversación mantenida con na­ turalidad en vez de dar órdenes formales y autoritarias. La hipnosis siempre es el producto de una reducción creciente del foco de atención o conciencia del individuo. El terapeuta ericksoniano proporciona un contexto, crea una invitación mediante un rapport intenso o gene­ ra un ambiente que, si ha sido adaptado a las necesida­ des específicas del individuo, satisface sus requeri­

mientos del momento para entrar en trance. Erickson era un experto en adecuarse a la experiencia de una persona en un momento dado con el propósito de inten­ sificar el trance.

Toda hipnosis es autoinducida; por consiguiente, el paciente se limita a responder a la invitación del tera­ peuta. La mayoría de las personas entran en trance o experimentan un estado de conciencia alterado cuando ingresan en el consultorio del terapeuta. Empiezan a en­ focar su atención o su conciencia no bien se sientan y el clínico invita a hacer un foco interno sobre actitudes, sentimientos y conductas personales. En realidad, to­ das las terapias proporcionan la invitación a un trance; cada una tiene su propio procedimiento de inducción (Lankton, 1980). La ericksoniana utiliza el tipo de trance autoinducido exclusivo de cada paciente para posibili­ tarle un nuevo aprendizaje.

Erickson desarrolló su estilo a partir del modelo for­ mal, lineal, hasta llegar a otro más interpersonal que in­ cluía prácticas tales como enfocar la atención, estructu­ rar una capacidad de respuesta a señales mínimas, aso­ ciar al paciente a recordar sus recursos, adecuarse a la experiencia actual, utilizar confusión para desorganizar la disposición de la mente conciente, estimular disocia­ ción, motivar al paciente y conectar el cambio con lo que el paciente valore, ratificar la respuesta y dar a la expe­ riencia el nombre de «hipnosis» (Zeig, 1984).

El terapeuta ericksoniano acaso parta de lo que se observa ahora: «Usted está sentado en esa silla, enfoca su atención en mí y duda sobre la hipnosis».

El aserto siguiente puede ser «Usted puede notar que su respiración empieza a cambiar». Con este aserto em­ pezamos a enfocar la atención del paciente y a construir una sensibilidad de respuesta para los desplazamientos minúsculos que se producen cuando una persona entra en trance, al mismo tiempo que orientamos y sugerimos esas conductas. Sin embargo, si se lo hace en forma indirecta, el paciente casi tendrá la impresión de que el terapeuta lee sus pensamientos.

«¿Ha estado usted en trance alguna vez?» puede pre­ guntar el terapeuta. «Todos hemos leído un buen libro y nos interesamos tanto que absorbió nuestra atención».

La única respuesta posible a esta pregunta es «Sí». La asociación con un aprendizaje común a todos sigue de­ sarrollando el trance, y el cambio de pronombre de «to­ dos» a «usted» profundiza la experiencia; un cambio en el tono de voz marca el carácter significativo de la palabra «usted».

Si a continuación deseamos adecuarnos a la expe­ riencia del paciente, le diremos: «Tal vez usted experi­ menta en su cuerpo una sensación de pesantez, ligereza u otro tipo de sensación. Sea cual fuere, es una sensa­ ción perfectamente respetable porque es su sensación». Después se puede usar confusión para desorganizar la mente conciente e impedirle pensar del modo habi­ tual. Un ejemplo sería: «Y usted puede quedar tan ab­ sorto en la lectura de ese buen libro que en su mente se formen imágenes de una manera tan interesante y vivi­ da que. . . en verdad, puede tener la sensación de que está viendo un filme y, al rato, advierte que ha perdido la página que leía. No sabe con certeza en qué página lo dejó, ¿era la cincuenta y seis o la sesenta y cinco, la cin­ cuenta y cinco o la sesenta y seis, o cuál era exactamen­ te la página correcta en que lo dejó? El pasaje que aca­ baba de leer, ¿estaba a la derecha o a la izquierda? El pasaje que acababa de leer, ¿era exactamente el pasaje que quería leer, o el pasaje correcto era el que dejó y que estaba a la izquierda?».

Tras la confusión viene la disociación para seguir profundizando el trance y despotenciando la disposición de la mente conciente. Por ejemplo: «Su mano derecha o su mano izquierda tal vez empiece a experimentar una sensación de liviandad. No sé qué mano elegirá su men­ te inconciente para tener esa sensación de liviandad mientras su mente conciente la observa con curiosidad. Quizás empiece con un crispamiento leve, cuando su inconciente elija».

Luego procuraríamos motivar al paciente, conectar el cambio con sus valores y realimentar su respuesta a las sugestiones, diciéndole: «Su mente inconciente ha elegido a su brazo y mano izquierdos para esa experiencia de le- vitación; para que pierdan peso y se eleven, se eleven. . . así está bien. . . recorriendo toda la distancia hasta su rostro».

Mientras el paciente responde, podemos ratificar su respuesta y definirla como una hipnosis: «Y usted puede apreciar realmente el placer y el bienestar que es capaz de proporcionarle su trance».

En este punto, tal vez expandamos el trance inicial y pasemos a un trabajo metafórico o procuremos suscitar más fenómenos hipnóticos. Diversas formas del lengua­ je nos proveerán de instrumentos sumamente eficaces.

Uso de formas lingüísticas para provocar un cambio

Gracias al estudio intensivo del diccionario, Erickson descubrió que las mismas palabras poseen numerosas acepciones. Es el contexto el que les da su significado. Creamos contextos lingüísticamente y en los niveles con- ciente e inconciente. Erickson fue un experto en crear contextos que el paciente debía aceptar como ciertos. En ocasiones, formulaba una pregunta y, al mismo tiempo, impartía una sugestión: «¿Antes ha estado alguna vez en trance?». Aquí estructura el contexto para el paciente y le pregunta si alguna vez ha estado en trance, pero deja un interrogante ambiguo: ¿antes de este trance o antes del trance que está por comenzar? El significado de «an­ tes» no está claro (Zeig, 1984). El contexto creado por Erickson en este ejemplo insinúa que está por suceder algo importante que originará un cambio. El paciente avanzará hacia una meta y cualquier respuesta que dé será la correcta. En la videocinta de su sesión con Lee (Zeig, 1982), Erickson pasa un largo rato sugiriendo una levitación de mano y, como la paciente no responde ele­ vándola, dice finalmente en tono autoritario: «Vean, sus manos se han paralizado». La conducta elegida por Lee, sea cual fuere, queda encuadrada como si se hubiera dejado guiar por él. Lee ha aceptado su marco de refe­ rencia; por consiguiente, cualquier respuesta de ella es definida como un cumplimiento de lo sugerido por Eric­ kson y como el mejor modo de responder.

Este ejemplo muestra que la tarea de la psicoterapia y la hipnosis consiste en desorganizar la disposición de

la mente conciente y ampliar la definición del paciente respecto de lo que se puede y lo que no se puede lograr. El terapeuta debe hacer coparticipación con el paciente en el nivel de su experiencia, reconocer su realidad, re­ cuperar aprendizajes anteriores y expandir la realidad hacia una nueva solución. Todas las formas lingüísticas utilizadas por Erickson cumplen simultáneamente dos o tres de estas tareas: activan procesos inconcientes, ge­ neran trance y trasmiten sugestiones.

Varios autores han esbozado los diversos tipos de formas lingüísticas utilizables en el encuadramiento de sugestiones. Erickson y Rossi (1979, 1981), Lankton y Lankton (1983), Ritterman (1983) y O’Hanlon (1987) han individualizado algunas de estas formas de len­ guaje indirecto que incorporan la sugestión y cumplen las tareas antedichas: crear el contexto, despotenciar la disposición de la mente conciente y llevar al paciente a un trance. A continuación, presentaré varias de ellas.

1. Sugestión implícita. Es aquella inserta en una for­ mulación o pregunta que, apenas destacada por medio de una alteración apropiada del tono de voz, guía al otro hacia una meta específica.

Ejemplo: «Me pregunto si querrá ir al cine esta noche». Ejemplo: «No sé si ahora entrará en trance».

También puede adoptar la forma de un símbolo o una narración metafórica, como la famosa historia de la planta de tomate que relató Erickson a Joe, un florista canceroso que sufría atrozmente. Erickson describió la siembra, el cuidado y el crecimiento de una planta de to­ mate, y diseminó en el relato sugestiones en torno de la comodidad, la seguridad, la paz y el no sentir molestias. El florista pudo dormir y hasta experimentó cierta mejo­ ría física (Erickson, 1966).

2. Opción ilusoria. Es una formulación o pregunta que sólo ofrece dos alternativas que conducen ambas a un resultado determinado.

Ejemplo: «¿Quiere ir ahora o dentro de unos minu­ tos?». El supuesto a priori es que «iremos» y sólo se ofrecen dos alternativas: hacerlo ahora o dentro de unos minutos.

Ejemplo: «Puede entrar en trance mientras le hablo o en las pausas entre mis palabras». El supuesto a príorí es que «usted entrará en trance» y que este se producirá mientras escuche mis palabras o mis pausas.

3. Implicación. Es una formulación o pregunta que

induce al otro a pensar en la idea no expresada y a com­ portarse conforme a ella.

Ejemplo: «¿En cuál de estas sillas le gustaría sentar­ se?». La implicación es que el individuo quiere sentarse en una silla. Otro ejemplo podría ser: «Desconozco qué cambio experimentará su conducta», donde la idea im­ plícita es: «Su conducta cambiará».

La implicación se puede expresar igualmente me­ diante la conjunción condicional «si».

Ejemplo: «Si entra en trance, podrá averiguar muchí­ simo más acerca de sus capacidades».

Una de las hijas de Erickson, Betty Alice, me contó la historia divertida de una interacción que tuvo con su padre, siendo ella mucho más joven. El estaba sentado leyendo el diario; ella se le acercó y le dijo en tono desa­ fiante: «Si eres un psiquiatra tan competente, ¿no po­ drías darme una dieta para rebajar de peso?». Erickson bajó el diario pausadamente, le dirigió una mirada seve­ ra y respondió con aspereza: «¿De veras quieres que te dé una dieta para rebajar de peso?». Betty Alice recibió el mensaje claro y tonante de que no debía desafiarlo por­ que lo pasaría mal, y replicó: «¡No, señor!» (comunica­ ción personal de Betty Alice Erickson Elliott, 1989). En este caso, Erickson usó la implicación de manera muy enérgica, por medio del tono de voz y de la expresión facial.

Supongamos que un hombre utiliza la implicación y pregunte a su esposa: «¿Retiraste la ropa de la tintore­ ría?». La pregunta da por sentado cierto acuerdo previo en el sentido de que ella recogería la ropa o una con­ versación anterior sobre el tema. Si la esposa acepta ta­ les suposiciones como válidas, quizá se ponga a la de­ fensiva y se excuse, con lo que podría ocasionar nuevos conflictos.

La implicación puede usar presuposiciones: cuando, antes, después, mientras, etc., para dirigir la sugestión

que sigue. Por ejemplo: «Después que me haya hablado por unos minutos, puede entrar en trance». Me ocuparé de estas formas particulares más adelante.

Ahora bien, si preguntamos al paciente: «¿En cuál de estas dos sillas le agradaría entrar en trance?», utiliza­ mos las tres formas lingüísticas precedentes. Está la

sugestión im plícita «le agradaría entrar en trance»; la opción ilusoria «en cuál de estas dos sillas» y la implica­ ción de que se sentará en una de las dos sillas y entrará

en trance.

4. Perogrulladas. Son asertos que expresan algo ge­ neralmente aceptado.

Ejemplo: «El sol sale por la mañana y se pone al atar­ decer».

Ejemplo: «Todos saben qué es relajarse; todos saben lo que es sentirse satisfecho tras un trabajo arduo».

5. Sugestiones abiertas. Si le ofrecemos muchas res­ puestas posibles, el paciente podrá elegir la más conve­ niente para él. Cualquier respuesta que dé se tendrá por correcta, con lo cual se eliminará toda resistencia. Una posible finalidad de est^s sugestiones es lograr que el paciente aprenda algo durante la sesión: a sentirse có­ modo, a entrar en trance, a recuperar un recuerdo en particular, etcétera.

Ejemplo: «Usted puede llegar a sentirse cómodo con sólo sentarse allí y respirar a un ritmo natural».

Ejemplo: «Usted puede valerse de sus pasadas expe­ riencias personales para aprender a enfrentar el pre­ sente».

6. Sugestiones que abarcan todas las alternativas po­

sibles. Las formulaciones que cubren todas las posibili­

dades que ofrece una clase de conducta son indiscutibles. Con esta sugestión, cualquier respuesta que dé el pa­ ciente será la correcta y se la definirá como cooperación con el terapeuta.

Ejemplo: «Tal vez quiera ponerse cómodo, ya sea apo­ yando las manos en las rodillas, en el regazo o en los brazos de la silla, o prefiera buscar otra posición para sus manos».

Ejemplo: «Puede entrar en trance con los ojos abier­ tos, o puede entrar en trance con los ojos cerrados, o puede entrar en trance con los ojos entreabiertos».

7. Aposición de opuestos. Son asertos descriptivos de dos conductas que cambian en sentidos contrarios; uti­ lizan el giro «cuanto más suceda esto, tanto más ocurri­ rá lo opuesto».

Ejemplo: «Cuanto más sufra, tanto más se sorpren­ derá al sentirse aliviado».

Ejemplo: «Cuanto más entre en trance, tanto más ca­ paz será su mano izquierda de permanecer despierta».

Ejemplo: «Cuanto más tenso esté ahora, tanto más relajado podrá estar después».

8. Vínculo entre la conciencia y lo inconciente. Este tipo de sugestión separa la mente conciente de la incon­ ciente y predice que harán dos cosas distintas. El víncu­ lo se crea describiendo la mente como separada en dos categorías polares (conciente e inconciente) y formulan­ do en cada caso la sugestión consiguiente.

Ejemplo: «Su mente conciente puede crear determi­ nado nivel de tensión, en tanto que su inconciente pue­ de usar esa tensión para entrar en trance».

Ejemplo: «La mente inconciente es un depósito don­ de se almacenan cuantiosos recursos utilizables por la mente conciente».

9. Vínculos entre alternativas comparables. Son for­ mulaciones que proponen alternativas similares, pero sólo crean dos opciones por vez.

Ejemplo: «¿Usted querría entrar en trance mientras describe su situación o desearía que yo lo escuchara primero?».

Ejemplo: «Podría recordar algo de cuando tenía diez años o, quizá, nueve. No sé qué recuerdo le vendrá pri­ mero a la mente».

10. Dobles vínculos que llevan a un non sequitur. Son enunciados que presentan un doble vínculo bajo la forma de una conexión ilógica, pero con similitud en el contenido.

Ejemplo: «Puede entrar en trance ahora, o puede aprender observando cómo su cónyuge experimenta una alteración conciente».

Ejemplo: «Entrará en trance paulatinamente o su in­ conciente tendrá una experiencia simbólica».

11. Retruécanos. Son Juegos de palabras humorísti­ cos a partir de similitudes fonéticas.

Ejemplo: «Error del pirata» (por error del piloto). Ejemplo: «Trance acción» (por transacción).

12. Oxímoron. Es un término o frase portador de una contradicción intrínseca.

Ejemplo: Servicio Postal [sic]. Ejemplo: Armas para la Paz.

13. Confusión basada en la orientación, el tiempo y la

condición. Son enunciaciones que confunden al paciente

yuxtaponiendo estos tres aspectos.

Ejemplo de orientación: «Usted está sentado allí y yo estoy sentado aquí, pero su allí es mi aquí y mi aquí es su allí, de modo que usted está aquí y yo estoy allí».

Ejemplo de orientación: «Usted puede experimentar una sensación en su mano diestra o siniestra, y la sen­ sación en su siniestra es una sensación diestra pero, ¿no resulta siniestra?».

Ejemplo de tiempo: «Su mente inconciente puede producir ese cambio. . . quizás el próximo martes, o miércoles, o jueves. Ciertamente, no me importaría que lo hiciera el viernes o el sábado, pero no el domingo. Su inconciente puede elegir el jueves siguiente, o el miérco­ les anterior al lunes pasado, el que siguió al feriado si­ guiente que cayó en jueves, ¿verdad?».

Ejemplo de condición: «Su esposo es más caliente, de modo que su enfriadora le resulta a usted más fría, pero cuando usted está fría, él está más caliente y su sánd­ wich de salchicha de Francfort es el confortable de us­

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