El psicoterapeuta debe atender tanto al proceso te rapéutico como a la meta por alcanzar. Para obtener la cooperación del paciente, es fundamental establecer y mantener con él una relación cálida, solícita y respe tuosa. También es importante definir una meta tera péutica y avanzar hacia ella. A continuación, presentaré un modelo de trabajo con parejas que parte de una pers pectiva ericksoniana y tiende a lograr ambos fines.
Para trabajar dentro de un contexto ericksoniano
El proceso global de psicoterapia dentro de un marco de referencia ericksoniano recorre varias etapas: ob servar la danza, comprenderla, participar en ella, atra parla, hacer una contradanza y recuperar recursos. Para ceñir aún más el enfoque, podemos seguir deter minados pasos en cada sesión. En el presente modelo terapéutico, se identifican los siguientes pasos:
1. Observar la danza hipnótica y distinguir la natura leza recíproca del problema.
2. Adecuarse a la realidad afectiva del problema para cada cónyuge a fin de establecer un rapport. Entrar momentáneamente en la realidad de cada persona. 3. «Atrapar la atención»: absorber la atención de la pa
reja.
4. Individualizar los fenómenos hipnóticos en uso. (Si hay regresión de edad, determinar qué edad susci ta cada esposo. Los compañeros suelen retrotraer se a sus tiempos históricos más vulnerables.)
5. Determinar el significado simbólico del problema. 6. Recuperar o estructurar recursos.
7. Utilizar el síntoma en la intervención. 8. Simbolizar la solución.
Observar la danza hipnótica
La danza hipnótica de la pareja es la secuencia de aquellas conductas y sentimientos recíprocos, sincróni cos e idiosincrásicos que son desencadenados por cada cónyuge y presentan características similares al trance. Cuando dos esposos describen su problema desde sus respectivos puntos de vista, el terapeuta puede empezar a discernir la secuencia causante de la dificultad.
Es probable que cada uno se mantenga mediana mente atrincherado en una posición respecto de la con ducta de su cónyuge que considera problemática. Des de la perspectiva individual, la conducta propia parece razonable y protegería tanto al cónyuge como a la rela ción de pareja. Cada distorsión revelará problemas psi- codinámicos o conflictos no resueltos que uno de los es posos intenta ordenar, interpretar o resolver de algún modo, aunque temiendo que la vieja herida se reabra sin ninguna esperanza de cura. En estas relaciones percibi mos el fenómeno del «arrastre».
El arrastre es un concepto destinado a explicar por qué se genera una sincronía de ritmos entre objetos o seres que gasten energía en una acción pulsátil. Por ejemplo, si dejamos en una habitación dos relojes de caja, sus péndulos empezarán a oscilar simultánea mente y en la misma dirección. Los pollitos que compar ten un mismo espacio se pondrán a piar en sincronía. Las mujeres que viven juntas advierten con frecuencia que sus ciclos menstruales empiezan a coincidir. Tera peutas y pacientes declaran haber notado una sincronía en sus ritmos respiratorio y cardíaco (Leonard, 1978). Según William Condon (1975), entre las personas se produce un sinnúmero de sutiles movimientos sincró nicos muy similares a una danza. Ha logrado filmar al gunos. Condon informa: «La comunicación se parece mucho a una danza en la que todos participan con mo-
virulentos intrincados y compartidos a lo largo de nume rosas dimensiones sutiles y, sin embargo, son extraña mente inconcientes de ello (. . .) No hay un solo retardo perceptible, ni siquiera en 1/48". Cuando el que habla retoma la palabra tras un silencio, al cabo de 1/48" el oyente empieza a ejecutar movimientos sincrónicos» (op. cit., pág. 43).
Condon y Sander (1974) estudiaron además reaccio nes del bebé normal hacia la madre y descubrieron que ambos crean un movimiento sincronizado en el que se miran, se escuchan y se mueven rítmicamente. El bebé mueve su cuerpo en coordinación con pautas del habla. Los investigadores descubrieron que quizás alce una ce ja cuando el que habla toma aliento, o mueva un miem bro si aquel acentúa una sílaba. Esta sincronización pa rece ser la base de sus futuras relaciones emocionales.
Aparte de los movimientos físicos, está el proceso de co-inducción en un nivel verbal. Hay secuencias Ínter - accionales que co-inducen un estado de trance positivo o negativo. Estas secuencias ocurren de manera repeti tiva con ocasión de un contenido diferente pero de te mas similares.
Cuando la danza estimula un estado de trance positi vo, es placentera; cuando estimula un trance negativo, no satisface. Por lo común, el trance negativo es activa do cuando uno de los esposos siente aprensión y luego intenta adquirir seguridad controlando al otro, a veces mediante insinuación hipnótica. Recuerdo el caso de una paciente a quien el marido, durante la terapia, le había pedido que fuera más independiente. Cuando em pezó a contarle sus tentativas en tal sentido, él le res pondió: «Tienes que decidir qué ganas y qué no ganas con esta relación. Puedes quedarte cuando la disfrutes». Este comentario angustió a la mujer porque lo inter pretó como una expresión de ambivalencia acerca de su permanencia en el matrimonio. Dije al marido que él eludía los sentimientos que le provocaba el que su espo sa hablara de valerse por sí sola. Si bien se había que jado de su falta de autonomía, pudo discernir su miedo
de que ella se apartara más de él.
En otra ocasión, una esposa preguntó al marido: «¿Por qué no tienes afecto hacia los niños?» (aquí había
una pregunta oculta sobre sus sentimientos hacia ella). El se defendió, y replicó en tono iracundo y malhumora do: «Les tengo afecto. Simplemente, a veces no sé qué decir». Ella sólo podía enfocar su atención en su conduc ta retraída. Era incapaz de ver el contexto más amplio de un hombre criado por un padrastro que no sabía ser a la vez íntimo y viril, y se distanciaba cuando las emocio nes eran intensas. Doce años antes, el marido la había abandonado de repente, y ella nunca tuvo la certeza de que había vuelto porque quisiera estar con ella. El trau ma de ese abandono la mantenía angustiada ante la ex pectativa de un nuevo alejamiento. Se volvió hiper-aler- ta a cualquier conducta de distanciamiento de su parte. Como reacción a los comentarios que ella le hacía acer ca de su conducta, el marido se puso hiper-alerta a su persecución y su exigencia tácita de que restableciera un contacto más íntimo con ella. El habitualmente em pezaba a sentir una responsabilidad excesiva por los sentimientos de su esposa y le pesaba la carga que sig nificaba tener que cuidar de ella; comenzaba a percibirla como a una niña necesitada de atención que se aferraba a él; se distanciaba aún más, y la esposa respondía exi giéndole una mayor intimidad.
En este ejemplo, la mujer utilizaba una hipermnesia para recordar la conducta de su marido previa a su abandono, y una amnesia para los momentos en que él la trataba con afecto. También usaba la regresión de edad cuando recordaba que, al verse abandonada por su esposo, se había sentido como una niñita de tres años, totalmente incapaz de cuidar de sí misma o de sus hijos. Hasta había pensado en suicidarse. Por su parte, el marido solía experimentar una regresión de edad cuando ella lo presionaba en solicitud de un mayor acercamiento. También experimentaba una amnesia al ver en ella a su madre dominante, de quien había tenido que alejarse. Esta co-inducción provocaba en cada cón yuge un estado de trance negativo que derivaba en un estrechamiento del foco problema, acompañado de un sufrimiento emocional.
Estados de trance negativo pueden ocurrir cuando las interacciones se amortiguan o se vuelven agresivas. Los esposos pierden la capacidad de usar una disocia
ción de trance extrovertida y de observar su proceso de manera más objetiva, desde fuera de sí mismos. Solo- mon (1989) lo explica así: «En este estado, el “yo obser vador" no está disponible para reflexionar conciente- mente sobre el proceso mientras este sucede. El estado yoico que ataca o provoca un ataque no está disponible para el razonamiento ni para otros estados de concien cia» (pág. 90). En vez de ello, la pareja se hiper-enfoca en un estado de trance interno, pierde su visión periférica y, a menudo, declara haber perdido cierto sentido del propio ser mientras sus dos miembros «devienen» un sentimiento sin cuerpo ni mente. En algunos casos, tal estado de trance sólo se puede romper por medios dra máticos, como gritos, llanto, estallidos de violencia, en los que se utiliza la ira para recuperar un sentido del propio ser mediante un cambio repentino de estados mentales.
Además de observar los movimientos sincrónicos y el proceso interaccional de las parejas, conviene fijarse en los movimientos ideomotores, esas señales inconcientes que responden a una comunicación. Esos movimientos pueden sugerir temas habitualmente soterrados y reve lar áreas conflictivas tal vez evitadas en la conciencia. Algunos psicoterapeutas prestan especial atención a los movimientos leves de la cabeza o de cualquier extremi dad. Quizás un cónyuge asienta apenas, expresando su acuerdo o su discrepancia con lo que dice el otro, o pa rezca concordar con él mientras la agitación impaciente de su pie nos dice otra cosa.
El terapeuta de pareja puede discernir la secuencia de conductas y emociones si observa cómo interactúan los esposos en torno de cuestiones que encierran una carga emocional. La pareja pauta y ritualiza la secuen cia de manera tal que cada vez que uno de sus miem bros la inicia, el otro manifiesta de inmediato la con ducta siguiente. Entre ellos hay una pauta ritualizada y compartida, que puede ser estimulada de diversos mo dos y ejecutada inconcientemente sin que para ello se requiera la presencia física de ambos en la totalidad de la secuencia. Cada esposo conoce tan bien la «coreogra fía» que puede ejecutar los pasos junto con su pareja o separado de ella, en la imaginación, con los sentimien
tos concomitantes. La naturaleza automática de la dan za hipnótica guarda relación con el uso de fenómenos hipnóticos en el ritual. La danza hipnótica de la pareja se disocia de la noticia conciente de ambos cónyuges. La naturaleza automática de una respuesta conductal ha ce suponer que el control personal es casi imposible. Un individuo posee muchas imágenes que se desarrollan en medio de las respuestas pautadas y automáticas.
Algo que contribuye a discernir la danza hipnótica es distinguir las imágenes estimuladas en un contexto de pareja en cada cónyuge sobre la peor y la mejor relación. La imagen de esa relación se puede situar en cualquier punto a lo largo de este continuo peor-mejor. Para esto es útil preguntar por el «nombre» del matrimonio. Las imágenes suscitadas y el nombre dado acaso revelen el significado simbólico del problema. Este paso de obser vación es importante para la orientación de la terapia.
Hace falta que el terapeuta emplee destrezas obser- vacionales sutiles para «ver» realmente la danza hip nótica. Erickson era un maestro para la observación y veía a cada paciente con ojos diferentes. Don Juan, el hechicero mexicano, dice a Carlos, su aprendiz: «Cuan do ves, ya no hay más rasgos familiares en el mundo. Todo es nuevo. Nada ha sucedido antes. El mundo es in creíble» (Castañeda, 1971, pág. 159). Este proceso es más que una visión objetiva. El terapeuta debe integrarse a la «intensidad vital» que se da entre las personas presentes en el consultorio. Como dice Franck: «El ver implica en trar en el proceso vital —establecer contacto con él— y no limitarse a observarlo sin involucrarse» (1973, pág. 6).
A d e c u a rs e al afecto p a ra esta b lec er u n rapport La experiencia de cada esposo parece tan real y co rrecta que conviene reconocer la realidad afectiva que el problema tiene para uno y otro. En ocasiones, es un pa so delicado, pues se debe dar sin que uno de los cónyu ges crea que el terapeuta se pone de parte del otro. A ve ces, ambos se hallan tan necesitados de apoyo que al terapeuta le resulta demasiado difícil brindárselo a cada uno en presencia del otro, por lo que se ve obligado a
verlos Individualmente. Este problema puede surgir cuando un esposo percibe como abandono cualquier in tento del terapeuta de apoyar a su pareja.
Penetrar en la realidad de cada esposo, y aceptarla, es un paso importante para establecer un rapport y comprender el modo en que la danza hipnótica se activa y sigue su curso por sus etapas de intensidad, explo sión, resolución, sólo para ser reactivada.
A tra p a r la atención
Erickson era un maestro en el arte de retener la aten ción de la mente conciente mientras hablaba a la mente inconciente. Desordenaba el contexto y, de ese modo, sacaba a las personas de su habitual visión restrictiva del mundo. Carol Lankton (1983) cuenta la siguiente anécdota: un día visitó a Erickson y, cuando ya se reti raba, él le arrojó algo que parecía un pesado fragmento de roca. Al atraparlo, resultó ser increíblemente liviano. «No tomes nada por granito», comentó él, dirigiéndole una mirada chispeante.
En este modelo ericksoniano, atrapar la atención sig nifica: 1) desordenar el contexto habitual o despotenciar la disposición de la mente conciente; 2) reencuadrar en términos positivos de futuro la distorsión con la que cada esposo percibe la conducta del otro y expandir su marco de realidad, y 3) hacer foco más en la incompren sión de los cónyuges que en sus resentimientos. Una pareja me solicitó terapia porque estaba enzarzada en un conflicto tremendo. La esposa reaccionaba cada vez que el marido regresaba del trabajo y empezaba a pre guntar por qué se había hecho tal o cual cosa de deter minada manera. Por ejemplo, si ella había dejado el auto estacionado en la calle para trabajar en el garaje, él le preguntaba por qué estaba allí. La esposa interpretaba sus preguntas como otras tantas críticas por haber he cho mal las tareas. Por cierto, él era un hombre muy es crupuloso, un perfeccionista en grado obsesivo, y en un nivel la estaba criticando, pero al mismo tiempo se sen tía apartado de la familia y era torpe en sus intentos de establecer contacto con ella al regresar al hogar. «Sólo
quiere controlarme», me dijo la mujer, insinuando una motivación maliciosa. «¿Quiere controlarla o es su modo de reingresar en la familia, por torpe que sea?», respon dí. El reencuadramiento implícito en mi pregunta atrapó su atención; cayó en trance y creó un momento recep tivo, durante el cual se expandió la categoría dolorosa que había construido para definir la motivación de su esposo. El cayó en trance simultáneamente y empezó a enviar señales afirmativas con leves movimientos ideo- motores de cabeza. (En el capítulo 8, me extenderé más sobre esta técnica de «soslayar definiciones», que es una forma de reencuadramiento.)
Individualizar fenóm enos hipnóticos
Conviene averiguar los fenómenos de disociación hipnótica que usa cada esposo en la danza. Las parejas pueden utilizar diversos fenómenos de trance en la danza hipnótica: 1) regresión de edad; 2) progresión de edad; 3) alucinaciones positivas y negativas; 4) distor sión del tiempo; 5) disociación; 6) analgesia o anestesia; 7) amnesia, y 8) hipermnesia.
Regresión de edad: Puede ser un resultado de la inter
acción. Si lo es, el terapeuta querrá determinar la edad que evoca cada miembro de la pareja. Los esposos regre san a su tiempo histórico más vulnerable, a aquel en que tenían menos recursos que pudiesen utilizar con- cientemente en la resolución de sus problemas. Indagar la edad en que se siente cada cónyuge es útil para la prosecución de la terapia.
Progresión de edad: Ocurre cuando un miembro de la
pareja se lanza hacia el futuro y vive, en su imaginación, la mejor o peor situación hipotética. Se pueden formular en el presente decisiones basadas en este «viaje en el tiempo». Una de mis pacientes temía tanto ser abando nada por los hombres que siempre arreglaba las cosas para ser ella la primera en dejar la relación. Otra pacien te presa del mismo temor me contó que siempre influía en la situación de manera tal que el hombre se enojaba con ella y se marchaba. Ella predisponía el incidente para no ser la primera en decidir abiertamente el abandono.
Alucinaciones visuales o auditivas, positivas o nega tivas: En plena danza hipnótica, se puede producir una
alucinación positiva en la que un cónyuge «vea» compor tarse al otro en determinada forma o lo «oiga» manifestar algo en particular cuando, en realidad, no ha ocurrido ni lo uno ni lo otro. Muchas veces, se activa un filme interior que acaso incorpore algunas emociones muy intensas. Cuando los esposos no escuchan o no ven lo sucedido, es probable que abunden las alucinaciones negativas. Uno de los ejemplos más profundos de alucinación ne gativa es el cónyuge que no ve la prueba de la infidelidad del otro.
Distorsión del tiempo: Ocurre en la danza hipnótica
cuando esta es agradable y se tiene la sensación de que el tiempo vuela. En cambio, si la danza es conflictiva, se diría que el tiempo se dilata y los sentimientos negativos parecen interminables.
Disociación: Se experimenta de diversos modos. To
dos los demás fenómenos de trance son formas de diso ciación, pero se deben enumerar aparte porque la disocia ción puede ser espacial, temporal, auditiva, kinestésica o visual. Algunos individuos se pueden experimentar a sí mismos en trance tanto «aquí» como «allí», o verse senta dos en dos puntos opuestos del consultorio o en este y en otro lugar a la vez. El fenómeno ejemplifica la lógi ca del trance, que nos permite estar simultáneamente «aquí» y «allí». En trance, nos parecerá perfectamente lógico tener a la vez seis y sesenta años. En la disocia ción auditiva, oímos sonidos dentro o fuera de nosotros mismos. Todos conocemos la experiencia de «oír» una melodía dentro de nuestra cabeza, o imaginar una or questa que toque en un parque sobre una plataforma con techado acústico (o sea, fuera de nosotros). La di sociación kinestésica ocurre cuando se disparan impul sos eléctricos que acaso envíen a una parte del cuerpo mensajes emocionales, pero la persona no se percata del sentimiento. Sensaciones sexuales se pueden producir en nuestro cuerpo, pero ser adormecidas. Algunos indi viduos quizás experimenten un sentimiento y lo expre sen con el cuerpo o anestesien una sensación física y la expresen con un sentimiento. Perls et a i (1951) descri ben así un proceso de somatización de una emoción de
llanto, donde el sujeto sofoca su sentimiento en vez de desahogarlo:
«En vez de eso, ahora sufre jaquecas, dificultades en la respiración y hasta sinusitis. Los músculos de los ojos, la garganta y el diafragma se paralizan para impedir la expresión y la percatación del llanto inminente. Pero el retorcerse y sofocarse provoca a su vez excitaciones (de dolor, irritación o huida) que también deben ser elimi nadas porque un hombre tiene artes y ciencias en que ocupar su mente más importantes que el arte de la vida y el conocimiento délfico de sí mismo» (pág. 269).
La disociación visual ocurre cuando «vemos» imágenes interiores con el ojo de la mente, al tiempo que miramos