• No se han encontrado resultados

Nivel general de fortaleza

In document La danza hipnótica de la pareja (página 168-173)

yoica: capacidad para el Recursos humor y para manejar stress necesarios: 6. Edad evolutiva

Nivel Interpersonal.

1. Identificación o escisión proyectivas

2. Imagen del cónyuge y/o del matrimonio 3. Modo de manejar la angustia interpersonal a. retraimiento b. socialización c. agresividad u hostilidad 4. Capacidad de contactarse 5. Capacidad de estar solo 6. Edad evolutiva de la pareja

Nivel sistèmico 1. Secuencias de comunicación 2. Lazos hipnóticos 3. Fronteras 4. Influencia ecológica 5. Unión conyugal

Figura 6.3. Construcción de hipótesis.

vestigación, el terapeuta pasará al segundo nivel de for­ mación de hipótesis. Formulará las hipótesis interper­

Hipótesis: Recursos necesarios: Hipótesis: Recursos necesarios:

sonales, donde quizá determine diversos aspectos de los cuidadores que son proyectados en los cónyuges para que estos los actúen por vía de identificación o de esci­ sión proyectivas. También averiguará la imagen del ma­ trimonio. Se evaluará el estilo de manejo de una angustia interpersonal así como la capacidad de estar solo y la de establecer un contacto. Además se pueden definir en. este nivel las diversas tareas evolutivas aún inconclu­ sas. El tercer nivel de formación de hipótesis puede ser el nivel intrapsíquico donde se experimentan los conflic­ tos individuales. Aquí es donde abordamos el conflicto del individuo con la imagen interiorizada de sí mismo, sus mecanismos defensivos frente a la angustia, el gra­ do de fortaleza yoica (la capacidad de afrontar stress sin quebrarse), los sentimientos aceptables e inaceptables y las percepciones de sus limitaciones. Una vez formu­ ladas estas hipótesis, el terapeuta conyugal puede fijar las metas terapéuticas, determinar los recursos reque­ ridos y enfocar su atención en la intervención. A medida que avance el tratamiento, se introducirán las modifica­ ciones necesarias en las hipótesis de trabajo.

El psicoterapeuta debe recordar tres nociones:

1. Los elementos de cada nivel afectan los de todos los niveles de modo que una influencia recíproca está siempre presente.

2. Debe «des-creer» de sus hipótesis y saber que las formula como un medio de comprender la infor­ mación presentada. La flexibilidad en la cons­ trucción de hipótesis es un requisito decisivo para ayudar al paciente a cambiar.

3. La mente inconciente del terapeuta puede ser un instrumento valioso para que un clínico formado produzca el salto de la hipótesis a la meta terapéu­ tica, y de esta, a la intervención. En otras pala­ bras, su interacción con el cliente generará en su mente imágenes o pensamientos capaces de esti­ mular ideas de intervención.

Fijar metas terapéuticas

Una vez construidas las hipótesis, podemos estable­ cer metas terapéuticas. La meta de la terapia, en un sentido general, se conceptualiza determinando las ex­ periencias evolutivas que necesita el paciente, las se­ cuencias conducíales que es preciso interrumpir dentro del contexto conyugal y las actitudes, emociones o con­ ductas que deberían modificarse. Las actitudes suelen cambiarse creando perspectivas diferentes, por medio de nuevos datos o experiencias que reorganicen las vie­ jas categorías y las trasformen en otras más creativas. La resolución de conflictos de relación de objeto que tie­ nen por teatro el matrimonio es importante para el fun­ cionamiento satisfactorio duradero del vínculo. Tal reso­ lución se puede producir si se remplazan imágenes con- flictuales de cuidadores por nuevas imágenes de figuras parentales funcionales y cariñosas, o si se resuelven y encauzan sentimientos intensos hacia personas ade­ cuadas en vez de proyectarlos sobre el cónyuge.

Algunas de estas metas, o todas ellas, pueden ser fija­ das por el terapeuta con arreglo a los déficit evolutivos del paciente, al nivel de motivación que el terapeuta pue­ da lograr que él desarrolle, a la capacidad de ambos de establecer una relación solícita y a la capacidad del tera­ peuta de entrar en la realidad del otro. Conviene fijar metas de largo plazo y descomponerlas en metas más pequeñas de corto plazo para no desviarse durante el proceso terapéutico. De hecho, deberíamos revaluar constantemente las metas de corto plazo en el curso del tratamiento. Una vez creadas las metas terapéuticas, se puede formular un plan de terapia.

Plan de terapia

Ninguna intervención será útil si no se define el plan de terapia y se lo amolda a los requerimientos especí­ ficos de la pareja. El terapeuta conyugal enfoca princi­ palmente su atención en necesidades, inquietudes, re­ cursos y posibilidades del individuo. Dada la importan-

r \

eia que tiene trazar un plan a la medida de cada perso­ na, la relación terapeuta-paciente resulta mucho más significativa que el uso de cualquier técnica en particu­ lar. Toda intervención debe evolucionar a partir de la preocupación solicita del terapeuta; todo plan de terapia se debe poner en práctica con flexibilidad. Erickson creía que era deber del psicoterapeuta guiar al paciente de regreso al camino que este sabía era el correcto en vez de obligarlo a adoptar una conducta «sana».

Por lo común, lo mejor es partir del nivel sistèmico para aplacar la crisis inmediata. Muchas parejas entran en el consultorio del terapeuta en un estado de pánico, con una secuencia de comunicación rígidamente enla­ zada que son incapaces de interrumpir. En ocasiones, esta secuencia disfuncional de conductas promueve la interrupción y la despotenciación. La crisis conyugal es una oportunidad para que la pareja como tal y los espo­ sos como individuos crezcan y maduren dentro del con­ texto de una relación íntima. Una vez despotenciada es­ ta crisis, se podrán abordar los niveles evolutivo e in- trapersonal.

Conflictos suelen estallar cuando las personas tratan de despertarse de un estado de amortecimiento creado por un sistema que tal vez sólo se mantuvo vivo en el nivel más bajo posible. Con un plan de terapia y las in­ tervenciones apropiadas, alguna nueva historia (pauta) está a punto de emerger del cambio inminente; una his­ toria que enriquecerá el espíritu del matrimonio. Alice Walker en In search o jo u r mothers’gardens (1983) des­ cribe esta búsqueda de una vida y un espíritu nuevos, tal como la manifestaba su madre:

«Recuerdo que la gente venía al patio de mi madre a bus­ car gajos de sus plantas florales; vuelvo a oír los elogios que le prodigaban porque ella convertía en jardín cual­ quier pedregal en el que aterrizaba. Un jardín tan reful­ gente de colores, tan original en su diseño, tan magnífi­ camente lleno de vida y creatividad que todavía hoy la gente que pasa en auto junto a nuestra casa, en Georgia —gente perfecta o imperfectamente desconocida —, pide permiso para detenerse o pasear entre las obras de arte de mi madre.

»Advierto que cuando mi madre trabaja con sus flo­ res, y sólo entonces, está radiante casi al extremo de hacerse invisible. . . salvo como Creadora: mano y ojo. Está entregada al trabajo que su alma necesita: ordenar el universo a imagen de su concepción personal de la be­ lleza.

»Mientras prepara el Arte que es su don, su rostro es un legado de respeto que me deja, de respeto por todo lo que ilumina, aprecia y fomenta la vida. Ha trasmitido el respeto por las posibilidades. . . y la voluntad de atra­ parlas con avidez» (pág. 241).

Estas son las posibilidades emergentes de una rela­ ción que el terapeuta de pareja debe descubrir, cultivar, respetar y acrecentar. Para cultivarlas, puede idear es­ trategias de intervención que aborden cada hipótesis: el capítulo siguiente ayudará a elaborarlas.

In document La danza hipnótica de la pareja (página 168-173)

Documento similar