Podemos ahora, a partir de estas reflexiones introducir la definición formal de los conceptos de “integración” y “fragmentación”, términos que hasta ahora hemos eludido para evitar confusiones innecesarias. Empezaremos con la aclaración que habitualmente hacemos respecto a su ubicación analítica, señalando que se refieren a la perspectiva agencialista y de sanciones, pero no a figuraciones o relaciones estabilizadas, sino a dinámicas. Definiremos la integración como “el movimiento por el que un agente empieza a otorgar y recibir determinadas sanciones respecto a otros agentes” y la fragmentación como “el movimiento por el que un agente deja de otorgar y recibir determinadas sanciones respecto a otros agentes”.
La diferencia está, simplemente, en la descripción de relaciones respecto a su comienzo o finalización. La fragmentación, por tanto, entendida como aniquilación y disminución de la constelación de relaciones y agentes relevantes, y la integración, entendida como su surgimiento y ampliación, no deben identificarse con las relaciones de competencia y cooperación, pues se refieren a dimensiones de análisis diferentes. Es importante recordar, en este sentido, la diferencia entre relaciones que auténticamente comienzan o finalizan respecto a relaciones meramente discontinuas, como lo son la mayoría, y respecto a relaciones estructuralmente estables con agentes “intercambiables”. La puntualización referente a la restricción a “determinadas” sanciones es relevante, como ya comentamos, si se considera a los agentes como nodos figuracionales, en cuyo caso la “novedad” afecta a sólo a una parte del conjunto de sanciones que en esa figuración recibe y otorga el “mismo” agente.
Como siempre con estos tipos analíticos, es necesario tener en cuenta que para que lo “relacional” se convierta en “figuracional”, debemos considerar la extensión e intensidad del movimiento en el haz de relaciones a estudiar. A nivel figuracional las dinámicas de integración y
fragmentación se interpretan como aumentos o disminuciones de la autonomía y la interdependencia existente entre los agentes relacionados. El grado de autonomía o interdependencia se mediría en relación a la sensibilidad y vulnerabilidad de los agentes, donde la primera se mediría, a su vez, por el número de transformaciones que sufre una sanción antes de ser recibida por un agente, y la segunda por el número de sanciones recibido y por el número de relaciones afectadas por ellas. De este modo, nuestro concepto de integración se hace afín al de Luhmann, entendido como “reducción de los grados de libertad de los componentes” (Luhmann, 1996: 246), aunque es preciso especificar la cadena argumental que une uno y otro concepto, para evitar la inferencia de que esa autonomía es una propiedad cuantificable de una figuración estática sino como producto histórico. La red, por último, se podría entender como una transformación contemplada como interacción de dinámicas de integración y fragmentación.
A pesar de que extraemos estas distinciones conceptuales de los análisis de globalización, en la medida en que proponemos su aplicabilidad general, podemos ilustrarlas volviendo a los ejemplos del familiar mundo académico. Ya pusimos, de hecho, como ejemplo de “falsas” dinámicas de integración y fragmentación las relaciones profesor-alumnos. Además del ejemplo evidente y próximo a la globalización que podemos sacar de la sujeción de las instituciones académicas nacionales a los patrones de estandarización supranacionales, podemos ver concreciones de estos procesos en los conceptos de interdisciplinarización y de especialización. Por el primero, los investigadores de un campo admiten otorgar y recibir sanciones por parte de investigadores antes considerados como miembros de comunidades científicas ajenas -integración-, mientras que por el segundo un sector de investigadores se deshacen de la obligación de recibir y otorgar sanciones a los hasta entonces considerados como miembros de la misma comunidad científica. En el primer caso, puede que la sensibilidad no aumente -sigue recibiendo sanciones directamente, por ejemplo, de la aprobación o rechazo de otros científicos-, pero lo hace, sin duda, la vulnerabilidad -el número de sanciones se expande en la misma medida en que lo hace el número de miembros de la comunidad autorizada a expresar aprobación y rechazo con carácter legitimador o deslegitimador-. En el segundo, quizá la sensibilidad tampoco disminuya, pero sí que lo hace la vulnerabilidad. La sensibilidad, sin embargo, puede aumentar si consideramos en el primer caso que, por ejemplo, la comunicación de la sociología con la psicología es inevitable, y a través de la psicología nos vemos sujetos a cierta influencia de la biología, por vía de la neurociencia; o disminuir, en el segundo, si se acepta, por ejemplo, que la especialización de la sociología de la ciencia respecto a la epistemología libera a la primera de la influencia de la lógica matemática. Si
suponemos, por ejemplo, que la sociología de la ciencia surge como especialización de la sociología de la cultura y tratando de enlazar con la epistemología, podríamos utilizar el concepto de red para describir las transformaciones por las cuales se produce una integración entre sociólogos de la ciencia y epistemólogos y una fragmentación entre aquellos y los sociólogos de la cultura.
Si volvemos ahora a concretar nuestra abstracción en el fenómeno de la globalización la principal conclusión que obtenemos es que, desde esta perspectiva de análisis, no son tanto las características de la red como una nueva morfología social lo más relevante, como que la visibilidad de los procesos de conexión y desconexión serían el síntoma de una redistribución de la agencia a escala global. El alargamiento de las relaciones, por su parte, puede ser entendido como suponiendo, casi por definición, el aumento de la sensibilidad social, obligándonos a prestar atención a todos los articuladores que construyen los puntos de sutura -aviones, pasaportes, abogados, divisas, virus, científicos, petróleo, ONG's, etc.- en orden a rastrear de la forma más exhaustiva posible las cadenas de sanciones que nos unen. Sin embargo, el problema de la vulnerabilidad habría bajo una política de “caso a caso”, prestando atención a la dimensión cuantitativa de las sanciones, sin limitarnos específicamente a las sanciones positivas, dado que las redes no deben entenderse sólo como cooperativas, sino que es de especial importancia el flujo de sanciones negativas que discurren hacia regiones habitualmente consideradas como “zonas marginadas”. En conjunto, y en resumen, el primer problema del análisis de la interdependencia global sería rastrear los procesos de fragmentación e integración actuales.
3.3. Segundo problema: exclusión-inclusión 3.3.1. Las fronteras se desplazan