LA STORIA D’ITALIA
3.2. Las ediciones de la Storia d’Italia
3.2.1. Introducción al mundo editorial de los siglos XV a
A pesar de que en las últimas décadas el acceso a los fondos de archivo y a las fuentes primarias es ya una realidad plenamente extendida y efectiva, la producción del libro impreso ha contado hasta entonces con la participación de un gran número de agentes: autores, editores, mecenas, papeleros, censores, impresores, grabadores, mercaderes y libreros.
No está en absoluto de más, aquí, hacer una breve introducción al mundo editorial de los siglos XV a XVII para hacer constar el valor y el formato de las fuentes primarias consultadas y de las versiones impresas, disponibles y consultadas, en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona, que presentaré en el siguiente apartado. Este breve capítulo nos puede ayudar también a situar contextualmente mejor la fortuna de Guicciardini en Europa en su época de publicación.
150 Sobre la valoración de Fernando el Católico por parte de Guicciardini, en comparación con la valoración
de Maquiavelo, véase además Antonio Gargano, “La imagen de Fernando el Católico en el pensamiento histórico y político de Maquiavelo y Guicciardini”, en Aurora Egido; José Enrique Laplana (edits.), La imagen de Fernando el Católico en la Historia, la Literatura y el Arte. Colección Actas. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2014, p.83-104.
Considerado cuasi un milagro, el invento de la imprenta y los progresos técnicos aumentaron la producción librera y también transformaron las modalidades de lectura y de consumo151; así como se propagaron los centros impresores por toda
Europa (Colonia, 1466; Venecia, 1469; Francia, 1470; España, 1472) y, posteriormente por el Nuevo Mundo (Ciudad de México, 1633; Cambridge, Massachusetts, 1638). La ciudad de Venecia contaba, para ofrecer un dato ilustrativo, con 150 talleres de impresión. Se estima, además, que el número de títulos impresos hasta el año 1500 rondaba los 30000.
En el siglo XVI, el libro impreso convivió con el manuscrito y se observa cierta continuidad con el siglo anterior; no obstante, las obras fueron adquiriendo características que las iban diferenciando de los incunables: los formatos más pequeños, la encuadernación y decoración renacentistas, el mayor uso de la portada, la preferencia por la letra romana en vez de la gótica y el empleo de la calcografía en lugar de la xilografía en las ilustraciones.
Cuando en 1517 Lutero proclamó sus tesis, lo hizo clavando una copia impresa en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Se habían impreso en alemán y en dos semanas toda Alemania disponía de ellas. La Reforma protestante triunfó gracias a la existencia de la imprenta. Hasta ahora, la fe católica controlaba todos los canales tanto de producción como de distribución de libros. Con Gutenberg, todo eso cambió de súbito. Mientras, el catolicismo intentaba defenderse con la Contrarreforma y la publicación en latín.
Estas disputas religiosas entre la Iglesia y Lutero también afectaron negativamente al libro; por ejemplo, apareciendo el implante de una licencia obligatoria previa a la impresión. Con la Contrarreforma de Trento apareció la Sagrada Congregación del Indice, encargada de recopilar todos los libros prohibidos a los católicos en El Indice de libros prohibidos152. En 1559, el Papa Pablo IV
promulgó el primer Indice, que llegaba a incluir libros escritos por religiosos. Se
151 Un excelente ensayo describe estos procesos, Alberto Manguel, Una historia de la lectura. Traducción
de José Luis López Muñoz. Madrid: Editorial Alianza, 2002 (1998).
152 La prohibición alcanzó a la Storia d’Italia de Guicciardini y, por ejemplo, al menos en la biblioteca del
Convento de Santa Catalina de Barcelona la obra figuraba entre los volúmenes de consulta reservada. En dicha biblioteca, la Storia en dos volúmenes contenía la indicación proibit (sic) según consta en el estudio de Montserrat Casas Nadal, “La biblioteca del convento de Santa Catalina de Barcelona (siglo XVIII) y sus fondos librarios italianos”, en Archivo Dominicano, vol.XXIII. Salamanca, 2002, p.124 y 164.
proclamó además la Vulgata como único texto válido de la Biblia, se definieron los libros considerados censurables y se prohibió la impresión de obras sin autorización del obispo.
Se generalizó durante este siglo el uso de la portada. Y el libro no sólo entraba y salía de universidades y colegios sino que por primera vez, entraba y salía de los hogares, razón por la cual aparecieron formatos más manejables.
Uno de los primeros en reducir tipos y formatos fue Aldo Manuzio en Venecia. Este inició su actividad editora e impresora a finales del siglo XV. En 1499 dio a luz la célebre Hypnerotomachia Poliphili de Francesco Colonna, un curioso libro simbólico en un lenguaje semilatino y maravillosamente ilustrado. Se considera, de hecho, el más bello libro ilustrado de la imprenta incunable europea. Poco a poco, ya en el siglo XVI Manuzio introdujo novedades importantes en el mundo editorial y en la manufactura de los libros. Fue el primero en editar a los clásicos latinos en formato pequeño para cuya impresión hubo de crear una tipografía especial que se ha dado en llamar aldina, consistente en caracteres estrechos e inclinados hacia la derecha a fin de poder incluir más texto en cada página. Estas ediciones aldinas adquirieron fama en toda Europa. Su lema es un ancla y un delfín con la leyenda “festina lente”, es decir “apresúrate despacio”. Su hijo y, posteriormente, su nieto continuaron su labor impresora, razón por la cual se le conoce habitualmente como “Aldo el viejo”.
En Alemania la edición de libros tuvo una gran influencia en la difusión de la Reforma. Uno de los autores fundamentales de este periodo fue Erasmo de Rotterdam que escribió muchas obras y tradujo otras tantas. Las ideas separatistas y reformistas se vieron favorecidas por la situación económica de Alemania, poco a poco convirtiéndose en el país más floreciente de Europa. En la ciudad de Wittemberg se centró la impresión de los libros de ideología reformista con los discursos de Lutero, ya que vivía allí. El primer impresor de esta ciudad fue Johann Grunenberg que se inició sin recursos para atender la creciente demanda de obras del reformador. Apareció un segundo taller a cargo de Melchior Lotter, que imprimió la traducción del Antiguo Testamento ilustrada con veintiún grabados. Hans Luft realizó la primera impresión de la Biblia completa de Lutero. Otros centros impresores en Alemania fueron Haugsburgo y Frankfurt, donde se celebraron anualmente dos ferias de relieve, cosa que llevaba a los libreros a hacer catálogos para facilitar la venta.
Es pertinente indicar en este punto introductorio que la imprenta contribuyó a la unidad cultura europea, a la par que aumentó muy considerablemente el conocimiento de la cultura clásica por básicamente dos causas: el ascenso del alfabetismo y el crecimiento del número de impresiones a causa de la creciente demanda. Ello tuvo repercusión sobre la demanda y el consumo de traducciones, que aumentaron. Es interesante hacer notar que, por ejemplo, algunos eruditos de la época, que no conocían bien el griego, accedieron a las obras griegas. Fue el caso de Montaigne, que accedió al conocimiento de Plutarco gracias a la traducción francesa de Jacques Ammyot153; y se dieron numerosos casos de traducción entre lenguas
vernáculas (del francés al inglés, por ejemplo).
No hay que pasar por alto el hecho de que los manuales y tratados de arte italianos se difundieron con facilidad y, por ello, causaron gran influyo en otras naciones, sobre todo en Francia, Inglaterra y España.
Hagamos ahora una breve referencia a las traducciones de la Storia d’Italia de Guicciardini para calibrar el índice de su popularidad: después de su publicación en Florencia (1561 y 1567), la Storia fue traducida al latín (1566) por Celio Secundo Curione; al francés (1568) por Jerôme Chomedey, al alemán (1574) por Georg Forberger; al inglés (1578) por Geffray Fenton; y al castellano (en 1581, parcial, como veremos), por Antonio Flórez de Benavides. Es decir: en los veinte años siguientes a su primera publicación, la Storia d’Italia ya estaba disponible en los seis idiomas más leídos de Europa154.