• No se han encontrado resultados

DE FRANCESCO GUICCIARDIN

2.2. La embajada de Guicciardini en España y las reflexiones que suscita 1 Introducción

2.2.3. Los textos de la embajada

2.2.3.2. Relación de España (1514)

A la Relación de España he podido acceder únicamente a través de dos ediciones españolas: la de la traducción, con anotaciones, de Antonio María Fabié (de 1879)119, y la traducida y editada por José María Alonso Gamo (de 1952)120.

En la primera de estas ediciones, Fabié se jacta en su introducción de ser la primera en ofrecer al público de habla castellana los cuatro relatos de viajes que contiene; y de mantener el estilo exacto del original a la vez que mantiene el modelo literario de los grandes gramáticos y retóricos. Juzga a los cuatro autores traducidos de “ilustres en épocas importantísimas de nuestra historia, durante tres reinados, que

aún cuando se sucedieron sin ningún intervalo, son, no sólo distintos, sino entre sí tan contrarios bajo de muchos respectos, que en el orden social y político no parece que se trata de una sola, sino de muy diversas naciones”121.

El caso es que en la Relación de España Guicciardini logró reunir las principales observaciones de su estancia en el país, bajo la mirada del diplomático italiano que observaba cómo hombres con patente inferioridad cultural respecto a los italianos tenían predominancia sobre las tierras de éstos. No es ya el relato de un viaje, sino el relato de una actividad diplomática en un momento de crisis italiana. Es un

119 Antonio María Fabié, Viajes por España de Jorge de Einghen, del Barón Leon de Rosmithal de Blatina,

de Francisco Guicciardini y de Andrés Navajero. Vol.VIII. Madrid: Librería de los Bibliófilos Fernando Fe, 1879. La Relación de España ocupa las p.191-229. Curiosamente esta obra recoge también el relato del vieje a España de Jorge de Einghem (Jörg von Ehingen, caballero suabo, c.1427), que estuvo en España en 1457, y que retrata a los habitantes de los reinos de España –en época de Enrique IV- de una manera muy similiar a la de Francesco Guicciardini.

120 Recogida en el ya citado volumen Itinerario por España de Francesco Guicciardini, Embajador de

Florencia ante el Rey Católico. Traducción y estudio preliminar de José María Alonso Gamo. Valencia: Editorial Castalia, 1952, p.51-73.

121 Fabié, Viajes, 1879, p.III. En lo siguiente, la paginación corresponde a la edición de Fabié, excepto

texto, pues, más complejo (y más extenso), que no sólo contiene descripciones geográficas sino también observaciones de tipo militar y administrativo.

La redacción de esta Relación no está exenta de juicios negativos sobre los españoles122, a la vez que Guicciardini reconoce la capacidad de los Reyes Católicos

de aunar territorios por la buena fortuna de éstos y no por las virtudes militares de su pueblo.

La Relación de España se inicia con descripciones histórico-geográficas que se remontan a la época romana y que rápidamente sitúan en la actual distribución en tres reinos principales: Aragón, Castilla y Portugal. Una inmediata descripción sociológica describe a los ciudadanos españoles “de carácter sombrío y de aspecto

adusto, de color moreno y baja estatura; son orgullosos y creen que ninguna nación puede compararse con la suya: cuando hablan ponderan mucho sus cosas y se esfuerzan en aparecer más de lo que son; agrádanle poco los forasteros, y son con ellos harto desabridos: son inclinados a las armas, acaso más que ninguna otra nación cristiana, y aptos para su manejo por ser ágiles, muy diestros y sueltos de brazo; estiman mucho el honor, hasta el punto de que, por no mancharlo, no se cuidan generalmente de la muerte”123.

Esta descripción del hombre de armas español es más extensa en esta primera parte de la Relación y ya apunta a una descripción de los que, a su juicio, son los defectos del español, especialmente del guerrero de infantería de Castilla, que, si bien es excelente en el asedio de plazas, “se podría disputar cuáles de los españoles o

suizos serían mejores en campo abierto, cuya discusión dejo a otros más entendidos”124.

A pesar de ser hombres sutiles y astutos, Guicciardini no caracteriza a los españoles especialmente distinguidos en artes mecánicas o liberales, pues “casi todos

122 No era raro encontrar juicios peyorativos o altivos de los italianos en España al observar las costumbres

no sólo del pueblo llano, sino también de los miembros de la corte. Un curioso ejemplo posterior, en este caso relacionado con el Rey Felipe III, lo facilita el también diplomático italiano en la corte española Tomaso Contarini, quien informaba a su patria de la indolencia general del monarca, su excesiva afición a oir música y su “falta de moderación en el comer”. Ludwig Pfandl, Historia de la literatura nacional española en la Edad de Oro. Traducción de Jorge Rubió Balaguer. Barcelona: Sucesores de Juan Gili, 1933, p.236.

123 Francesco Guicciardini, Itinerario, 1952, p.197.

los artífíces que hay en la corte del Rey son franceses o de otras naciones. No se dedican [tampoco] al comercio, considerándolo vergonzoso, porque todos tienen en la cabeza ciertos humos de hidalgos, y se dedican con preferencia a las armas con escasos recursos, o a servir a algún Grande con mil trabajos y miserias, y, antes del reinado de este soberano, a salteadores de caminos, más bien que al comercio o a otra cualquiera ocupación, aunque hoy en algunos lugares han empezado a ejercerlo, y ya en ciertas partes de España se tejen paños y telas de carmesí y oro por defuera, como en Valencia, Toledo y Sevilla; pero la nación en general es opuesta a la industria”125.

No voy a abstenerme de resumir otros abundantes y llamativos comentarios que, como Guicciardini también indica, forman también parte de los juicios del mismo Rey Católico acerca de sus súbditos -según el florentino afirma haber comentado con él- y que nos servirán para disponer de un conjunto de observaciones apto para analizar los conceptos ideológicos que aparecen tanto en estas obras españolas como en la Storia d’Italia con que ocuparé los dos capítulos últimos de mi trabajo.

El juicio severo de Guicciardini alcanza, pues, no sólo lo militar sino también lo civil: el español es poco dado al trabajo si la necesidad no le obliga y deja de trabajar cuando ha obtenido ganancias; cultiva el campo menos de lo que pudiera, y además, lo cultiva mal; es por naturaleza holgazán, mezquino, avaro y, “como no trabajan, [son] muy dispuestos al robo”.

Bajo el fino análisis del Guicciardini lego y humanista, los españoles “no son

aficionados a las letras, y no se encuentra ni entre los nobles ni en las demás clases conocimiento alguno, o muy escasos, y son pocas las personas que saben la lengua latina”.

Bajo el riguroso análisis del Guicciardini jurista, "en la apariencia y en las

demostraciones exteriores [son] muy religiosos, pero no en realidad”; o, dicho de

otra forma: “el disimulo es propio de esta gente, en cuyo arte son muy grandes

maestros todos los hombres y lo llevan a la perfección”, comentario que sirve para

justamente después indicar la gran ventaja en ello de los andaluces de Córdoba,

“ciudad famosa y antigua, patria del Gran Capitán” (refiriéndose al noble, político

y militar Gonzalo Fernández de Córdoba, pariente de Fernando el Católico,126). Esta contundente introducción de la Relación de España concluye con un comentario acerca de la merecida atención a las mujeres mientras viven sus maridos o a partir del momento en que quedan viudas; doctrina llamada ‘de gananciales’ que debió sorprender a Guicciardini por su carácter avanzado.

Las consideraciones de tipo histórico aparecen seguidamente y se refieren a las continuas ocupaciones del territorio, desde la época de los galos hasta la de los musulmanes; causa por la cual, según Guicciardini, su imperio no se ha extendido sobre los demás, a pesar de haber sido y de ser un reino “muy belicoso”, como ya indicaba Libio en referencia a la primera y también última empresa que acometieron los romanos en tierra firme fuera de Italia.

Guicciardini atribuye esa belicosidad al hecho de haber estado España siempre expuesta a los ataques de otras naciones, cosa que también explica, según la antropología política que acaba de realizar, la discordia natural entre españoles.

El matrimonio de los Reyes Católicos (1469) había eliminado progresivamente ese defecto y ha permitido que España comience “a mandar a las demás, lo que

proviene de la sabiduría de quien la gobierna”127. Juzga ese matrimonio de

afortunado para España “por haberse reunido, además de tan grandes reinos, una

señora muy distinguida con un príncipe prudentísimo”. Fue también política de los

Reyes hacer perseguir el crimen y proveer al reino de cosas de la fe, en virtud de la autorización Apostólica.

Guicciardini relata que, una vez garantizado el cristianismo en casi todo el territorio, los Reyes pudieron ocuparse del Reino de Granada, que finalmente fue conquistada tras largos años, quedando sólo en Aragón los moriscos.

Resume el arreglo de los asuntos del Reino de la siguiente manera: “reducida

España a la obediencia debida y al buen gobierno, y libre ya de aquella servidumbre y mala fama antigua, volviendo al punto de partida, diremos que la gloria de esta nación se ha aumentado con recobrar el Estado de Perpiñán, empeñado al rey de

126 Francesco Guicciardini, Itinerario, 1952, p.202.

Francia por el Rey D. Juan su padre; por haber adquirido el reino de Nápoles, por haber vencido y conquistado muchos lugares importantes de África, y las islas recién descubiertas, llamadas Española, Habana y otras, de las cuales se saca oro, cuya quinta parte es del Rey y las otras de quien lo encuentra; de modo que España se ha ilustrado en estos tiempos y salido de su natural oscuridad”128. Estas palabras demuestran el juicio positivo sobre la política territorial, expansiva de los Reyes Católicos, clave del éxito de esa Monarquía incluso después de haber muerto la Reina Isabel (1504) y siendo el Rey Fernando gobernador en nombre de la hija de ambos, Juana I (1479-1555).

Para el Rey Fernando sólo tiene palabras de respeto y admiración: lo juzga de perfectamente atento a todas las cuestiones de estado, diestro en armas, muy religioso, urbano y accesible. Entre sus virtudes cuenta que “sabe disimular más que todos los

demás hombres (.); pues se observa que la fama adquirida por algunos de prudentes va siempre acompañada de la sospecha de que se conducen con cautela, y que sin consideración a los demás, todo lo convierten en su provecho (.) En una palabra, es un rey muy notable y con muchas y grandes prendas; y sólo se le acusa, sea o no cierto, de no ser liberal ni buen guardador de su palabra; en todo lo demás brilla su urbanidad y consideración”129.

En esta Relazione di Spagna (y en la Storia d’Italia) el Rey Fernando es

“guardato”, “contemplato”, “esaminato nelle varietà delle circunstanze” y,

envuelto en esas circunstancias históricas modernas, un protagonista de primer orden para Guicciardini (y también para Maquiavelo130).

Guicciardi hace mención de la diferencia entre Aragón y Castilla en lo referente a lo tributario, y retoma algunas consideraciones que ya había indicado en

Relación del viaje a España, cosa que en esta ocasión le permite explicar la pobreza

de Fernando (“porque el Reino de Aragón no sirve con sus tributos al Rey”) en contraste con la riqueza de Castilla, al menos en la percepción de tributos.

128 Francesco Guicciardini, Itinerario, p.212.

129 Francesco Guicciardini, Itinerario, p.214.

130 Sólo a Fernando el Católico Maquiavelo dedica el célebre retrato con que abre el capítulo XXI de su

tratado. Nicolás Miquiavelo, El príncipe, cap.XXI: “Cómo debe conducirse un príncipe para ser estimado”. Traducción española y estudio preliminar de Ángeles Cardona. Barcelona: Editorial Bruguera, 1978 (1974), p.168.

La pobreza del Rey de Aragón queda compensada, como cuenta detalladamente Guicciardini, por disponer de “hombres de armas al estilo de Italia,

que se llaman soldados de la Guarda”. Son excelentes los alabarderos, los jinetes y

la infantería; no así los soldados. También es buena la milicia en defensa de la religión cristiana, que consta de tres órdenes de caballería: las de Santiago, Alcántara y Catalatrava.

Guicciardini ha analizado también la figura del Rey en el interior de la corte y redacta en esta Relación sus hábitos y modos protocolarios: lo define como austero, accesible y consciente de lo que se espera de él: “Acostúmbrase [a] besarle la mano

al acercarse a él o al despedirse, y él, cuando se trata de embajadores u otras personas de igual categoría, finge resistirse a presentarla. Si no la ofreciese a los demás en seguida, cuando vienen de nuevo o quieren partir, se consideraría como una ofensa; sin embargo, por razón de urbanidad muchas veces no la presenta; y agrada a los españoles que el Rey sea afable, pero de modo que conserve su compostura y majestad”131.

Los grandes españoles viven lujosamente, a pesar de que los Reyes Católicos redujeron los privilegios y la autoridad de la nobleza castellana, cosa a la que Guicciardini atribuye un mérito a favor del orden y de la obediencia a los monarcas. Lo mismo sucede cuando habla de los obispados: “Si bien particularmente usan de

ceremonias y demuestran reverencia a las cosas de Dios, el culto divino no florece aquí mucho, ni tampoco se distingue por el orden, sino antes bien, por el desorden, ni se oye hablar de monasterio alguno, de frailes o de monjas, que sea famoso por su santidad o por su ejemplar vida. Verdad es que hay muchos obispados con rentas muy considerables, y que tienen poder espiritual y temporal, siendo preeminente entre todos el arzobispado de Toledo, que, según dicen, produce 50.000 ducados”132.

Sobre los ingresos del Reino, Guicciardini detalla su procedencia: rentas territoriales –recientemente de los territorios de ultramar-, confiscaciones inquisitoriales y confiscaciones ordinarias. De todos estos ingresos, nada va a parar a manos del Rey; y la mitad de lo recaudado se emplea en los gastos de la corte, de los

131 Francesco Guicciardini, Itinerario, p.222.

empleados, de la Reina y de las fortalezas. Se obtienen ingresos también de los reinos de Aragón, Cerdeña, Mallorca y Menorca, Sicilia y Nápoles. También obtienen ingresos del clero, “por razón de la guerra contra los infieles, que llaman ‘de la

cruzada’ por medio de la cual conceden grandes indulgencias a quien adquiere la bula”133.

A pesar de que la redacción del texto queda interrumpida en este momento de la descripción, el contenido de las páginas escritas de esta Relación de España muestra cómo Guicciardini se está formando un concepto general de la fuerza de España y del extraordinario valor político de la acción de los Reyes Católicos.