Leonor Fini: «La sociedad imaginaria creada por Leonor Fini es claramente matriarcal, y esto parece que es porque ella vuelve a crear la organización espiritual de las sociedades pri mitivas, que también eran matriarcales. No es la señal de una dominación femenina, sino de la pertenencia a un culto muy antiguo, a la más antigua religión en realidad, que reaparece en la obra de esta pintora con singulares resurgencias, carac terísticas de los basamentos mágicos de un arte conectado con las creencias primordiales de la Humanidad naciente.»8
Los sociólogos que niegan la existencia real de una hipo tética era matriarcal no han dejado de subrayar la improba bilidad física de una dominación tal por parte de las mujeres sobre el «sexo fuerte». No obstante, ahora está demostrado que la superioridad masculina es, en gran parte, el resultado de hábitos de pensamiento, de modos de existencia milena rios; contrariamente a la opinión vulgar, las mujeres, si bien con frecuencia son menos musculosas que los hombres, están dotadas, en cambio, de una mayor resistencia física (resis tencia al dolor, a las privaciones, etc.). Detalle significativo: los sabios habían pensado seriamente en utilizar como primer tripulante espacial a una mujer; sólo el miedo a una vehemen te campaña de protesta les obligó a tener en cuenta la actitud habitual de respeto indulgente hacia el «sexo débil».«
El punto de vista de los ocultistas
Los mitos más fabulosos sobre los continentes y las razas desaparecidas han sido ampliamente recogidos —y, al parecer, adornados— por eminentes ocultistas, como Madame Bla- vatsky.
Ésta nos expone con todo detalle un historial muy com pleto de las misteriosas civilizaciones —prehumanas y luego humanas— que habrían precedido (y por mucho) —se afirma
8. Marcel B r io n , Leonor Fini et son oeuvre, París (J.-J. Pauvert,
sin duda alguna— a las que nos descubren la Historia y la arqueología científicas.
Abramos, pues, la enorme obra: La Doctrine secrete, publi cada por Madame Helena Petrowna Blavatsky en 1888; tiene el aspecto (al menos para un observador que contemple el conjunto desde ariba) de lo que Denis Saurat llamaba una «novela historicocósmica», donde, con muchas peripecias, se nos cuenta la historia de las grandes razas humanas. Madame Blavatsky no es siempre tributaria de sus propias revelacio nes imaginativas; en efecto, sus investigaciones se apoyan en el conocimiento real de tradiciones hindúes y budistas, de doctrinas cabalísticas y, a veces también, de interpretaciones un tanto aventuradas de los datos más desmesurados de la geología.
La Tierra habría estado habitada al principio por razas hi perbóreas, asexuadas y vaporosas; luego, por seres bisexua- dos, que habitaban el desaparecido continente de Lemuria (del que Australia es un vestigio) y, posteriormente, por atlan tes monosexuados; más tarde, por la raza humana actual (cuarta de un grupo de siete); tres razas distintas sucederán a la nuestra... Se observará el papel que desempeña en toda esta construcción ocultista, el famoso número siete: hay siete razas, siete cuerpos, siete ciclos astronómicos... la ley de las reencarnaciones hace pasar a las almas siete veces por cada una de las razas de cada ciclo, etc.
Ya se ve que una construcción tal es totalmente imposi ble de ser confirmada con hechos; se observará que incluso queda disminuida por los datos habituales suministrados por las viejas tradiciones (nada confirma, por ejemplo, el carácter asexuado de los hiperbóreos, ni el hemafrodismo de los le- murianos). Madame Blavatsky, aunque se diera cuenta de que los geólogos no podían seguirla a su terreno místico, se esfor zó —sin embargo— por evaluar a su manera la duración de las eras geológicas: así obtiene 103 millones de años para la Era primaria, 36 millones para la secundaria, 7 millones para la terciaria, 1.600.000 años para la Era cuaternaria, que toda
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vía continúa en nuestros días.9
Pero el empleo de los términos geológicos no está destina do más que a intentar remplazar las construcciones míticas.
Madame Blavatsky sitúa en los orígenes a «hombres divi nos» y «progenitores», seres gloriosos dotados de poderes sobrenaturales. Antes de iniciarse la Era secundaria, hay la aparición de los andróginos, que serán barridos casi comple tamente por las sísmicas convulsiones geológicas de esta era; a su vez, éstos son sustituidos por los gigantes, ya con sexos separados. Madame Blavatsky procura precisarlo mejor, y describe cinco razas humanas en la Doctrina Secreta: la pri mera, espiritual en el interior, etérica en el exterior y sin in telecto, habría vivido en el Polo Norte, en los tiempos primi tivos, o sea, en la época de la primera consolidación de la corteza terrestre sobre el magma en estado de fusión; la se gunda, semiastral o etérica, con tina parcela de inteligencia, habría poblado la legendaria hiperbóreas en la época pri maria; la tercera, andrógina durante los dos tercios de su duración, poblaba Lemuria, durante toda la época secunda ria; la cuarta, prehistórica, tenía como hábitat el continente de la Atlántida y pereció a mediados del mioceno después de haber durado cuatro o cinco millones de años; en cuanto a la quinta, que es la Humanidad actual, existiría desde hace die ciocho millones de años.
Cada gran raza se divide en siete subrazas: nosotros so mos, como hemos visto, la quinta. Nos sucederá una sexta subraza en América del Norte; en cuanto a la séptima y últi ma subraza, deberá manifestarse en América del Sur.
La Doctrina secreta, de H. P. Blavatsky, abarca seis grandes
volúmenes,10 y sus complejas enseñanzas se presentan como fundamentadas —en última instancia— en un manuscrito muy antiguo, Las estrofas de Dzian, escrito en lengua sacer
dotal secreta (el Senzar) y que habría sido el arquetipo pri
9. Obsérvese que las fechas más recientes tienden a aproximarse a las evaluaciones fabulosas, «exageradas», de los ocultistas.
mitivo de los más antiguos libros sagrados: el Tao-te-king chino, las obras del Toth-Hermés egipcio, el Pentateuco de los hebreos... Este famoso manuscrito, «el libro más antiguo del mundo», explicaría toda la Historia del mundo, desde los «co mienzos» más lejanos hasta la muerte de Krishna (que habría tenido lugar hace algo más de cinco milenios).
En muchos otros teósofos y ocultistas contemporáneos se encuentran doctrinas análogas (a veces opuestas en algunos puntos determinados del sistema) con la gran síntesis de Ma
dame Blavatsky. Lo característico de todas esas prestigiosas revelaciones es que se colocan en un terreno en el que, eviden temente, toda verificación o negación concreta es absoluta mente imposible... Sin embargo, existen algunas doctrinas, ciertas afirmaciones de los ocultistas contemporáneos, que se colocan en una esfera donde se pueden anticipar y aventurar algunas paralelas. Por ejemplo, existirían unos Centros espi
rituales, escondidos a los ojos de los profanos porque prote
gen al mundo mediante su influencia invisible; pero también porque son las imágenes, en la Tierra, del propio mundo ce leste. ¿Por qué no, después de todo?
De la misma forma se dice que existen lugares (como Cali fornia, la ciudad de Lyon, etc.) que hubiesen sido preparados mágicamente en los tiempos antiguos por grandes iniciados, para servir —en el transcurso de los siglos o milenios futu ros— como puntos de reunión para los investigadores mági cos calificados. De tal suerte, se puede llegar muy lejos con la imaginación y las conjeturas.
No faltan visiones de cariz apocalíptico en el esoterismo actual: dicen que actualmente estaríamos asistiendo al inexo rable ascenso progresivo de la sexta y penúltima raza huma na, finalmente destinada a «liberarse de las trabas de la ma teria y de la carne»; solamente serían admitidos a ella aquellos de entre los hombres actuales quienes, debido a su estado es piritual avanzado, fueran salvados por el desastre general Hay que reconocer que tales ideas apocalípticas se ven reforzadas por los temores conocidos.