Los relatos sobre leones que encontramos en la CBL pueden dividirse en cinco categorías fundamentales que son las que se han usado en este trabajo a la hora de ordenar los textos.
CATEGORÍA A. Mitos que se desarrollan en el Primer Orden en los que el león es una persona de la primera humanidad. En los relatos de este grupo el león es una figura cómica, todo músculos y ferocidad pero con una inteligencia harto limitada. Dentro de esta categoría se pueden establecer tres apartados.
A1. Mitos pertenecientes al ciclo de Mantis. Sólo tres textos pueden incluirse en esta subcategoría, y uno de ellos podría también englobarse en la subcategoría siguiente. En «Una vista al campamento del león» (A1) los leones parecen representar a un grupo étnico con el que se mantienen buenas relaciones, pero que es potencialmente hostil (Prada 2001: 87).
A2. Mitos del ciclo de los dos leones. Los protagonistas de este grupo de relatos, los malvados leones !Gu y !Haue-ta-≠hou (cuyos nombres significan, respectivamente, «Correa» y «Estera»). Como señala Hewtitt (1986: 106-107), estos personajes son burlados por sus víctimas en casi todas las ocasiones, aunque en algunos casos logran hacerse con ellas. Hewitt comenta también que estos dos
leones, «como muchos otros personajes ficticios que gozan de popularidad, proporcionaban a los narradores la oportunidad de dar rienda a su inventiva sobre la base de una familiaridad preestablecida. Están al margen de la sociedad, carecen de un hogar permanente y se desplazan desde la perspectiva de una comida a la perspectiva de otra. Debido a esta itinerancia, pueden aparecer en cualquier sitio, poniendo en peligro a quienes, por imprudencia o mala suerte, pillan desprevenidos. Su estupidez, a menudo altamente cómica, hace que fracasen en la mayoría de sus empresas, y al final mueren; según una versión se transforman en los punteros de la Cruz del Sur; en otras versiones, mueren a manos de sus propias victimas […] Se diría que !Gu y !Haue-ta-≠hou eran el blanco de una fuerte animadversión hacia los leones que se incorporaba al relato de un modo muy parecido a como, en nuestra sociedad, ciertos grupos nacionales son objeto de numerosas anécdotas y chistes». Para Mathias Guenther, «[Su descripción] como seres brutales y malvados, pero también chapuceros, estúpidos y risibles, unos Laurel y Hardy leoninos, constituye la descripción quintaesencial de la figura mitológica del león, tal y como la ven los bosquimanos» (1989: 114). Parece claro que existían muchos más relatos de este ciclo de los que han llegado hasta nosotros. Como observa Hewitt, las diferencias en la forma de abordar a estos personajes que tienen los distintos narradores, «muestra lo amplias que eran las posibilidades de ensartar de forma interminable distintas aventuras humillantes de estas patéticas criaturas» (Hewitt 1986: 107).
A3. Otros mitos que se desarrollan en el Primer Orden pero no pertenecen a ninguno de estos ciclos. En esta categoría se incluyen los relatos en los que el león aparece como personaje en el contexto de la época mítica. Por
regla general se lo presenta como un matón y un ogro, que abusa de las personas más débiles que lo rodean. Dos de los relatos (A15 y A16), sin embargo, tienen por protagonistas a leonas que secuestran niños humanos, menos por maldad que para aplacar una maternidad frustrada. Su derrota al final del relato no deja de tener un regusto amargo.
CATEGORÍA B. Mitos en los que el león figura como animal, pero que se desarrollan en tiempos del Primer Orden. En estos relatos el gran felino aparece en toda su realidad de depredador implacable, ante el cual no caben bromas o vacilaciones. Esta categoría comprende siete textos, uno de ellos el mito del cachorro de león (B0). El que se identifique al protagonista como hombre de la primera humanidad sitúa la historia en el ámbito del mito, aunque, por lo demás, se trate de un relato que, para los criterios occidentales, es perfectamente realista.
CATEGORÍA C. Leyendas. Relatos situados en el Segundo Orden, que refieren experiencias con leones que acaecieron al narrador o algún pariente o conocido, pero cuyo contenido, por regla general, fantástico los sitúa más bien en el ámbito de las leyendas. Como ha señalado Sigrid Schmidt (1996: 118-121), en algunos de estos relatos encontramos los típicos recursos empleados por los narradores de leyendas de otras partes del mundo: la historia está situada en un lugar concreto, se ofrecen toda clase de detalles circunstanciales y, para darle mayor credibilidad, su protagonista es un familiar o conocido del narrador. Asimismo, como en otras culturas, el contenido de los relatos se fundamenta en las creencias compartidas por la comunidad. Descripciones de esas creencias constituyen el apartado D.
CATEGORÍA D. Relatos que describen creencias y ritos relacionados con los leones, en muchos casos referentes al chamanismo. La mayoría de estos textos fueron editados y publicados por D. F. Bleek (1932a, CAB-II, Hollmann 2004: 33- 62).
CATEGORÍA E. Relatos que no tienen carácter legendario, en los que se narran encuentros con leones acaecidos al narrador a o un conocido. En cierto modo, son los que muestran de forma más intensa el horror que los felinos inspiraban a los /xam.
Para esta tesis no he intentado establecer de forma sistemática los paralelos entre los relatos y creencias /xam sobre leones y los de otros pueblos khoisan. En las notas finales a cada texto doy, cuando lo hay, el número asignado al relato en el
catálogo tipológico de Sigrid Schmidt, Katalog der Khoisan Volkserzählungen des
südlichen Afrikas (1989), precedido de las siglas KH. En las entradas de ese catálogo
se podrán encontrar paralelos y variantes de muchos de los textos narrativos recogidos en esta tesis. Sobre el catálogo tipológico de Schmidt cabe decir que, en lo referente a los materiales de la CBL, tiene algunas lagunas, y que su clasificación no siempre es acertada. Esto se debe a que, en el caso de los relatos inéditos, Schmidt basó su clasificación en la información sobre esos relatos contenida en los informes de Bleek (1875) y Lloyd (1889) sobre los materiales recogidos. Si bien esos informes en ocasiones contienen resúmenes bastante pormenorizados de los textos, en otras, por no estar todavía traducidos cuando los informes se dieron a la imprenta, no dan más que una descripción vaga y escueta.
Aunque estudios genéticos recientes cuestionan su condición de subespecie
(Yamaguchi 2000), no cabe duda de que el león de El Cabo (Panthera leo
melanochaitus), que se extinguió en el segundo tercio del siglo XIX, constituye una
población con unos rasgos físicos y de conducta que lo diferenciaban de los que todavía habitan más al norte. Los testimonios de los primeros colonizadores y viajeros han dejado constancia de la enorme agresividad de estos leones en todas las partes de su hábitat. Por ejemplo, el 23 de enero de 1653, el fundador y comandante de la recién establecida colonia de El Cabo, Jan van Rieebeck, escribía en su diario:
Esta noche parecía como si los leones fuesen a tomar el Fuerte al asalto con tal de llegar a las ovejas; armaban un estruendo pavoroso, como si se dispusieran a exterminar a cuantos había dentro, pero en vano, pues no podían trepar por los muros. (Diario de Van Rieebeck, extractado en Moodie 1960 [1838-1841]: Part I, 29)
Un dibujo (hecho del natural) del escultor francés Antoine Louis Barye (1795-1875) plasma de forma convincente los rasgos que hacían del león de El Cabo una criatura temible.
F ig . 1 2. A n to in e L o ui s B ar ye , « D o s le o n es d e E l C ab o ». P ie rp o n t M o rg an L ib ra ry .
Los textos de distinto tipo que se presentan aquí ratifican en gran medida estas informaciones, y sugieren que, al menos en la zona de la que procedían los
informantes de Bleek y Lloyd, la competencia entre felinos y el Homo sapiens era
implacable. Que los relatos no ofrecen una imagen exagerada de la situación lo demuestran las numerosas genealogías recogidas por Bleek y Lloyd. Los investigadores pidieron a sus colaboradores /xam distintos datos sobre sus ascendientes y descendientes, entre ellos, si procedía, la causa de su fallecimiento. Esto nos permite saber que, al menos hasta la llegada de los granjeros a finales de los años de 1840, las principales causas de mortalidad eran el hambre y los leones.
Esta situación contrasta con la que, al menos hasta hace poco, existía en Nyae Nyae, una zona del norte de Namibia, en pleno desierto del Kalahari. El Kalahari es, como el Karoo, un semidesierto, pero, a pesar de su dureza, es más rico en recursos que el territorio de los /xam. Sin embargo, parece que, al menos en los años de 1950, cuando la familia Marshall entabló contacto con los bosquimanos ju/'hoansi (!kung), la relación entre seres humanos y leones que existía allí era mucho mejor que la que tenían los /xam con los grandes felinos, y que allí éstos apenas causaban víctimas entre los bosquimanos (Thomas 2006: 154). Según Elizabeth Marshall Thomas, esto se explicaría por la existencia, desde tiempos inmemoriales, de una tregua entre seres humanos y felinos que ambas partes respetaban (E. M. Thomas 1989: 83). Merced a esta tregua, los leones se habían transmitido de una generación a otra la información de que era preferible no devorar seres humanos (Thomas 2006: 161-162).
Dado el largo periodo de ocupación humana de la zona, es probable que las poblaciones de leones con las que los /xam compartían su territorio desarrollaran en algún momento un rasgo cultural similar. En 1879 /Haŋ≠kass'o explicó a Lucy
Lloyd que el término /ku-koro era «nombre que los bosquimanos dan a un león que
no es sensato y va a las chozas a matar personas».lv Si fue así, y hubo un tiempo en
que la mayoría de los leones no eran /ku-koro, este rasgo se había perdido en las
época que Bleek pudo documentar. Como la propia Thomas dice, este tipo de pautas culturales son frágiles (Thomas 2006 167).
Por otro lado, Thomas explica que, a pesar de todo, los ju/'hoansi respetaban y temían a los leones:
Aunque los leones de Nyae Nyae no acosaban a los ju/wasi [ju/'hoansi], los ju/wasi los respetaban más que a cualquier otro animal, lo que incluye los animales que sí los acosaban. Respetaban a los leones por su poder y también por sus habilidades. Respetaban a los leones porque cazaban de forma cooperativa, mientras que las personas cooperaban sobre todo en la fase de rastreo. Quizá, como decían los ju/wasi, los leones eran, de hecho, mejores cazadores. En cualquier caso, los leones se hacían de inmediato con sus víctimas, mientras las personas tenían que cazar durante muchos días y a lo largo de enormes distancias. (Thomas 2006: 167)
Una posible explicación a la alta mortandad causada por los leones entre los /xam podría encontrarse en lo que Nigel Penn (2005: 268-287) llama el «cierre de la frontera norte» de la colonia a finales del siglo XVIII, especialmente a partir de la segunda, y definitiva, ocupación de El Cabo por los británicos en 1806, cierre que restringió considerablemente los movimientos de los bosquimanos, forzándolos a limitar sus desplazamientos a las zonas más áridas de Bushmanland e impidiéndoles trasladarse, al menos en los periodos de extrema sequía, a zonas con más recursos situadas al este y el oeste de sus cazaderos habituales. Esta limitación de
lv
movimientos habría dado lugar a una mayor competición por el agua y la caza entre bosquimanos y felinos en las regiones más desérticas del territorio, desbaratando así una coexistencia entre leones y seres humanos parecida a la documentada por Thomas en el norte de Namibia, coexistencia que, muy probablemente, los abuelos y los padres de //Kábbo sí conocieron.