Los relatos del tercer grupo entroncan con las complejas y variadas creencias de los /xam en torno a los leones. Puesto que impregnan en mayor o menor grado todas sus narraciones, conviene hacer aquí una breve exposición de estas creencias.
Como ya se ha dicho, D. F. Bleek (CAB-II; 37-62; Hollmann, 37-62)lvi publicó
buena parte de los testimonios sobre leones recogidos por su padre y su tía. No es de extrañar que muchos de ellos procedan de Diä!kwain, un narrador que estaba especialmente versado en la materia, pues a él se deben bastantes de los relatos sobre el felino que figuran en la Colección. Según uno de sus testimonios, los niños /xam evitaban decir el nombre del león, entre otros motivos, porque las moscas escuchan lo que la gente dice sobre el león, y vuelan hasta él para decírselo. «El león se enfada porque parece que los niños juegan con su nombre» (D3). Según el mismo relato, cuando los niños encontraban en el páramo el rastro de un león, evitaban comentar el hecho, por miedo a que el león encontrara luego sus huellas allí donde los niños habían visto la suyas, y los siguiera hasta su campamento para llevárselos mientras dormían. En este testimonio, y en otros similares, el león parece ser una especie de «coco», utilizado por los adultos para asustar a los niños e inculcarles determinadas cautelas. Con todo, no podemos olvidar que el gran felino era un «coco» harto real, y que también los adultos evitaban con frecuencia referirse
lvi
La segunda paginación corresponde a la reciente edición anotada de Jeremy Hollmann de los textos de «Customs and Beliefs» (D. F. Bleek 2004). La mayoría de los textos están en la sección de D.
al león por su nombre. Así, por ejemplo, en la «Historia del león y del hombre» (B2), el joven, al llegar a su campamento, también evita pronunciar la palabra «león». Diä!kwain explica que era práctica común referirse al león llamándolo
/kukən, «cabello». De no usar eufemismos de ese tipo, los niños corrían el riesgo
de que, años más tarde, durante una cacería, el león se presentara ante ellos de improviso, «para que lo pudiéramos ver, que era realmente aquel con cuyo nombre los niños habíamos estado jugando» (D4).
Diä!kwain explica también que el león tenía el poder de hacer que anocheciera antes, con el fin de apoderarse de una persona (C5). Cuando los niños salían a coger agua en un odre, si éste se rompía y, después de arreglado, volvía a romperse por otro sitio, esto era señal de que era el león «quien mordía y rasgaba el odre, porque quería alcanzarnos en la charca, mientras arreglábamos el odre». Lo que las madres recomendaban hacer en ese caso era no insistir en arreglar el odre, y alejarse de la charca, por mucha sed que se tuviera (D5a).
El león era también capaz de hablar como una persona, cuando se ponía el rabo en la boca, cosa que, según Diä!kwain, su hermana /A:kum pudo comprobar personalmente la vez que un león la estuvo acechando cuando viajaba sola por el páramo, en las proximidades de la actual población de Kenhardt (C5). /Haŋ≠kass'o abundó con más detalle en esta capacidad del león para parecerse a los seres humanos. Según este informante, si el león se pone el rabo en la boca, se transforma en persona. Al acercarse a un grupo de buitres, «avanza al trote como un hombre, cuando va trotando hasta los buitres, porque siente que se parece a una verdadera persona» (D10). Esta creencia puede haberse originado en el hecho de que, para los /xam, la conducta del león cuando cazaba se parecía mucho a la de las personas. Según Diä!kwain:
Nuestros padres solían preguntarnos si acaso no veíamos cómo se comporta un león cuando mata una presa: actúa como un hombre, no devora la presa en el lugar donde la ha matado, <sí>. Pues suele destriparla como una persona, para enterrar el contenido del estómago allí donde ha matado al animal, <sí>. Se lleva al animal sin devorarlo. Cuando se lo ha llevado a un arbusto, entonces lo devora, <sí>. (D3)
Diä!kwain prosigue su relato explicando que sus mayores le habían dicho que si se topaba con una presa del león y (después de ahuyentarlo) quería llevársela, debía dejar siempre una parte para el león:
Nuestros padres solían decir, que el león es un animal que actúa de esa
forma, incluso si no queda más que el hueso !xã de un animal, sigue yendo
al lugar de la matanza para triturarlo, y cuando haya terminado de triturarlo, se marchará y buscará otra cosa que matar. Si ve que nos hemos llevado toda la carne del animal, piensa que no nos hemos acordado de que él también está hambriento. Pues al parecer no tuvimos en cuenta que fue él quien mató al animal, pues nos hemos llevado hasta el último pedazo de carne. (D3)
No hacer esto podía acarrear terribles consecuencias:
Nuestros padres solían decir que si el león no encontrara comida en el lugar de la matanza, se enfadaría, y se diría a sí mismo: «Tú espera un poco, pues te has llevado toda mi comida, te haré lo que me has hecho a mí, seguiré tus huellas, iré y me haré con uno de tus hombres mientras duerma, y lo devoraré. Pues al parecer tú no te acordaste de que también yo estoy hambriento». (D3)
El testimonio de /Haŋ≠kass'o, y el de otros narradores deja claro lo interminables que podían ser las noches en que un león rondaba un campamento y existía el peligro de que se llevara a alguien mientras todos dormían:
Porque no dormimos a causa de un león, sino que un anciano no deja de levantarse, enciende una hoguera, después se acuesta cuando arde el fuego. Entonces se levanta de nuevo y empuja un tocón hacia las brasas, porque quiere que haga humo. Entonces se echará a dormir cuando el sol esté alto. (D12)
/Haŋ≠kass'o explica esto al final de un testimonio en el que refiere cómo los gatos monteses que los cazadores habían matado cuando el sol estaba alto, a veces se transformaban en leones por la noche y se llevaban a alguien del campamento, donde todos dormían confiados «porque no hemos visto el rastro de león» (D7).
Al menos hasta hace muy poco, este tipo de acoso a un campamento se daba también con frecuencia en el Kalahari. Según dice Lorna Marshall de los ju/'hoansi (!kung) de Namibia, éstos, «hablan mucho de leones que por la noche daban vueltas alrededor de sus hogueras, y ofrecían gráficas descripciones de su terror» (Marshall 1999: 45).
Aunque apenas hay información al respecto, parece que los /xam creían también en cierta categoría de espectros que adoptaban forma de león. //Kábbo
refirió brevemente a Bleek su encuentro con una de estas criaturas (//kha: ga
mummu, «león espectral»). La vio después del ocaso, cuando llevaba al corral las
ovejas que estaba cuidando. «La luna brillaba sobre el hombro de este espectro», añadió //Kábbo. Al día siguiente, cuando volvió al lugar, no encontró rastro alguno de la criatura (C1).
No cabe duda, pues, de que los /xam sentían un temor reverencial hacia el león, un temor que iba más allá de su peligrosidad, y del hecho de que el león era un depredador que competía con ellos por las mismas presas y las mismas charcas. Este tipo de actitud se ha documentado entre los bosquimanos contemporáneos. Según Lorna Marshall, los modernos ju/'hoansi (!kung) de Namibia «han dotado a los leones de un aura de misterio, y los temen de una forma especial» (Marshall 1999: 45). Es evidente que con los /xam sucedía lo mismo.