III.1 L A NOCIÓN DE GUBERNAMENTALIDAD : UNA ECONOMÍA DE PODER MODERNA
III.1.1 L OS MECANISMOS DE REGULACIÓN O SEGURIDAD
Ramos (2012) caracteriza los dispositivos de poder en torno a cinco ejes (ámbito de acción, forma de regulación o control, libertad, lugares de las normas en la operación y uso de la reglamentación), para efectos de este trabajo se discutirán en mayor detalle los primeros tres. Los mecanismos de regulación tienen como ámbito de acción la población (Ramos, 2012), es decir, requieren de la creación de una población. Una población se fabrica a través de los
15 Miller y Rose (2008) han propuesto analizar una gubernamentalidad atendiendo a otras dimensiones: (1) las racionalidades o programas (representación) y (2) las tecnologías (intervención). (1) La primera dimensión son las prácticas para construir un asunto social en tanto problemático. Los autores nominan este eje como el carácter discursivo de una gubernamentalidad, pues dicha problematización debe darse en un lenguaje específico, que permita constituir un campo de experticia. En el lenguaje se articulan, por un lado, las cuestiones éticas,
epistemológicas y ontológicas del discurso político, con los planes, esquemas y objetivos que buscan dar respuesta a problemáticas específicas de la existencia social, económica o personal. (2) En segundo lugar, está la dimensión tecnológica, esta corresponde a los “ensamblajes de personas, técnicas, instituciones, instrumentos para conducir la conducta” (Miller & Rose, 2008, p. 16). De esta forma, el gobierno no es sólo un asunto de representación, sino también de intervención, donde ambos procesos son interdependientes. En las sociedades democráticas liberales, las intervenciones ocurren a través de mecanismos indirectos, de modo que se pueda gobernar a distancia. Los mecanismos a través de los cuales se pueden vincular los cálculos en un lugar, con las acciones en otros, ocurren gracias a una delicada afiliación de un conjunto de agentes y agencias que funcionan en red. Dicha vinculación se constituye gracias a un proceso de traducción, esto es, cuando un actor convence a otro que sus problemas u objetivos se encuentran intrínsecamente vinculados, que sus intereses son consonantes y que cada uno puede resolver sus dificultades o lograr sus metas si unen fuerzas o trabajan juntos.
Las dimensiones desarrolladas por Miller y Rose (2008) abordan elementos esenciales de una gubernamentalidad como son los aparatos discursivos/representacionales y las tecnologías. No obstante, la división analítica entre discurso y tecnología, si bien puede ser útil para algunos tipos de análisis, ignora una de las principales
contribuciones de los análisis foucaultianos, esta es, abordar el modo en que una multiplicidad de elementos de naturaleza heterogénea (discursiva, representacional, espacial, material, etc.) operan juntos en una economía de poder determinada.
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procedimientos para estudiarla (como la estadística) e intervenirla (por ejemplo, las políticas de control de natalidad)16 (Foucault, 2006).
Si la construcción de una población es una biopolítica, como plantea Ramos (2012), es un asunto de discusión. Ello por la diferencia de sentidos atribuidos a la noción de vida (bios) por Foucault: al momento de plantear la noción de biopolítica (en el primer tomo de la Historia de la sexualidad publicado en 1976), trabaja con un sentido restringido de vida, referido
principalmente a los procesos naturales (nacimiento, muerte, enfermedad, etc.) (Foucault, 1998) no obstante, más adelante en el curso de 1977 – 78, trabaja con un sentido más amplio, distinguiendo entre la población como especie humana, de lo que nomina como público: “…la población considerada desde el punto de vista de sus opiniones, maneras de hacer,
comportamiento, hábitos, prejuicios, temores, exigencias” (Ramos, 2012, p. 131). En su versión más amplia, se asimilan los mecanismos de seguridad a la biopolítica, en tanto se trata de un gobierno de los vivos. Sobre este punto, Ramos (2012) plantea que los usos de esta versión amplia de biopolítica contienen una promesa explicativa, que generalmente queda en un compromiso inconcluso. Es por ello que he mantenido el rótulo propuesto por el autor,
mecanismos de seguridad o regulación.
La seguridad es uno de los asuntos centrales a las gubernamentalidades, estas son formas de conducción que operan en contextos de libertad, es decir, estas pueden operar sólo en la medida en que se garanticen una serie de libertades (libertad de mercado, libertad de vendedor y comprador, libre ejercicio del derecho de propiedad, libertad de expresión, etc.). Consume libertad que debe ser capaz de producir. El liberalismo no es, en este contexto, un imperativo de la libertad, sino la administración y organización de las condiciones en las que se puede ser
16 Varios estudios que se enmarcan dentro de los análisis de gubernamentalidad enfatizan las formas en que se crea y gobierna una población: el uso del terror y la guerra para el gobierno de la población mundial (De
Larrinaga, 2011), la construcción de la Unión Europea como una entidad afín a una gubernamentalidad neoliberal (Shore, 2011), el uso de la cámara de vigilancia como mecanismo de control poblacional en Suecia (Bj, 2011), el traspaso del cuidado del medioambiente a entidades privadas a través del ecoturismo (Medina, 2010) o la movilidad internacional de científicos e ingenieros (Cantwell, 2011). En la revista Policy & Politics encontramos un número dedicado al estudio de la construcción de políticas públicas desde la noción de gubernamentalidad (Bevir, 2011; Gains & Stoker, 2011; Newman, 2011; Richardson, 2011; Sullivan, 2011; Triantafillou, 2011). El aspecto común a todos estos estudios es que atienden a procesos poblacionales (sea la construcción, movilización o control de una población general o específica) y su sincronía con ciertas formas de conducir las conductas.
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libre. Es más que asumir la libertad e indagar su modo de operar (Ramos, 2012); la libertad se fabrica a cada instante enfrentando el conjunto de coacciones y problemas de costos que plantea esa fabricación (Foucault, 2007).
¿Cuáles son los obstáculos o los costos que se deben pagar para construir libertades? En el liberalismo, cualquiera sea su forma, es la seguridad. Es decir, las distintas formas de
gubernamentalidades liberales pueden caracterizarse por el modo en que abordan la relación, siempre agonística, entre libertad y seguridad. En otras palabras, el principio de cálculo de costo de producción de la libertad es la seguridad.
“Es decir que el liberalismo, el arte liberal de gobernar, se verá forzado a
determinar con exactitud en qué medida y hasta qué punto el interés individual, los diferentes intereses, individuales en cuanto divergen unos de otros y
eventualmente se oponen, no constituyen un peligro para el interés de todos. Problema de seguridad: proteger el interés colectivo contra los intereses
individuales. A la inversa, lo mismo: habrá que proteger los intereses individuales contra todo lo que pueda aparecer, en relación con ellos, como una intrusión procedente del interés colectivo” (Foucault, 2007, p. 86).
Así, la economía de poder propia del liberalismo es el juego entre libertad y seguridad
(Foucault, 2007). Los asuntos de seguridad, remiten a una versión de biopolítica en tanto que siempre remiten a asuntos para garantizar la subsistencia de una población en general. A través del concepto de seguridad, generalmente apellidada social, se abordan los imponderables de la existencia de los miembros de una sociedad dada (como enfermedad, invalidez o vejez, por nombrar algunos) (Castel, 2004); la administración de estas contingencias es una politización de la vida. En algunos casos son intervenciones directas sobre el cuerpo (como las políticas de salud o de protección de la vejez), y en otros, si bien la relación no es transparente, tienen por objetivo en última instancia, la vida (y el tipo de vida) de una población (piénsese en las políticas de educación, que si bien no versan directamente sobre el cuerpo, siempre son argumentadas desde una promesa de mejor vida). En resumen, desde el problema de la
seguridad, ineludible a toda gubernamentalidad liberal, se puede plantear una politización de la vida o una biopolítica. No obstante, esto deja abierto el problema planteado por Ramos (2012) respecto de la noción de vida con que se está operando.
Por otra parte, la administración de la seguridad de una población permite la regulación de comportamiento a través de la anticipación, en una acción a distancia (Ramos, 2012); la
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seguridad se gestiona gobernando el riesgo de una población específica, lo que no es otra cosa que un conjunto de potenciales imponderables (Castel, 2004). La administración de la
seguridad social consiste justamente en su capacidad de anticipar, piénsese en un ejemplo de enfermedad (como ha sido el ébola en este último tiempo, pero también el AH1N1, la
meningitis, o la influenza en años anteriores), cualquiera sea, implica una serie de acciones tales como determinar la cantidad de casos esperados, su distribución, la población de mayor riesgo, las posibilidades de vacuna, prevención, tratamiento y financiamiento de todas estas acciones. Resguardar a la población de una potencial enfermedad, es una medida de seguridad donde se cumplen las características enumeradas por Ramos (2012): se busca que comportamientos y eventos sean deseables (o indeseables), se anticipa lo que puede ocurrir, el foco es la población (o segmentos de ella) y es una acción a distancia (sin requerir de contacto alguno) que se apoya en conocimiento científico social. La seguridad, respecto de otros asuntos (vejez, invalidez, la educación, trabajo o el acceso a la vivienda, por mencionar algunos) también opera a través de la anticipación, la acción a distancia y el apoyo sobre un tipo de conocimiento.
Los análisis que presento en este trabajo permiten reflexionar sobre estos mecanismos de seguridad dada la vinculación entre solidaridad y responsabilidad social: tanto en los debates académicos, como en los públicos, la construcción de la solidaridad es un engranaje clave para la distribución de responsabilidades (Román, Energici, et al., 2014; Román, Ibarra, & Energici, 2012). En términos de riesgo (el inverso de seguridad) social (Castel, 2004), la pregunta sobre quién y cómo debe hacerse cargo de la seguridad social de una población, está atravesada por el tipo de lazo solidario que prima en una sociedad. Por poner un ejemplo, en la
gubernamentalidad liberal social, la solidaridad se considera como un principio de ciudadanía, por tanto, desde el Estado se vela por una amplia cobertura de seguridad (Petrella, 1997), en el caso neoliberal, en cambio, la solidaridad se considera como potencialmente dañina y
generadora de parasitismo social (García-Roca, 1998), la seguridad en este tipo de sociedades se resuelve de manera individual sin recurrir a instancias públicas. Si bien estos ejemplos simplifican un debate complejo que involucra relaciones entre académicos, políticos y una multiplicidad de profesionales, permiten esbozar la relación entre solidaridad y seguridad social; en la construcción de la solidaridad se anticipa/resuelve el modo en que se abordarán los riesgos de la existencia de una sociedad determinada. En otras palabras, en la solidaridad se
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esgrime una política sobre el modo de administrar la vida de una población particular o, en su inverso, la administración de la seguridad social realiza una versión de la solidaridad.