Dice que es profesor de historia y que trabaja en una empresa, y empieza a hacerles un discurso de coaching motivacional, habla como un predicador, solicitando las respuestas de los niños “si!, no!”. Su leitmotiv es la palabra “calidad” que repite mil veces, junto con “enseñanza”, “conexión profesor-alumno” como clave y finalmente “aprender”, que “no es aburrido” y que deber hacerse “de manera entretenida”. Entonces trata de convencer a los niños que para que lo pasen bien en la escuela y que haya “calidad” tienen que “respetarse, escucharse, no conversar, prestar atención, pedir la palabra…” y la UTP 1 completa con él la letanía de la normalización. Obviamente los niños no se lo compran ni un minuto, de hecho muchos no lo escuchan, algunos están conversando desde lugares distintos de la sala con señas. Se fijan que yo los miro y me preguntan si oí lo que dijeron, no sé de qué conversan pero no tiene nada que ver con lo que está diciendo el profesor. Me da risa porque está haciendo un show y cree que le funciona, sólo porque tiene un silencio relativo, pero está totalmente equivocado. Además cuando los niños hablan para contestarle, los pocos que lo están escuchando, igual los reta por hablar sin esperar la palabra, igual los aplasta y se le sale el autoritarismo aunque trate de disfrazarlo con sus palabras melosas. Les explica que están constantemente aprendiendo y les da lo ejemplos de la pelota, del pool, del tetrix, como aplicaciones de la matemática, les habla de la línea de tiempo del Facebook, que sería la historia, y algún ejemplo de juego video que no entiendo bien. […] Dice que creó un método de aprendizaje dónde el niño no tiene que repetir porque eso sí es fome, sino que los niños deben estar conectados con la granja, los animales y la conexión con las ciencias, también menciona la imprenta, porque eso sí es entretenido, estar creando e interactuando. Pero ¿cómo se les puede llevar a la granja si no saben comportarse en la sala de clase? Me da tanta rabia oír ese discurso de mierda. […] Porque no basta con decirle a los niños que sean activos y exigirles que se queden sentados y callados. Al final todo es era para pedirle a los niños que le apliquen una encuesta a sus apoderados. Eso es la manera de presentarlo porque en verdad es un cuestionario impreso que les entregan y que deben devolver mañana completado. Miro el cuestionario, son 2 páginas con una tabla con preguntas y 4 categorías de respuesta (escala de acuerdo). Debajo de la hoja dice que son preguntas de la evaluación SIMCE y de la Agencia de la Calidad. Se nota porque están mal formuladas, se confunden los tipos de respuestas y los tipos de entrevistados. Por ejemplo hay preguntas que requieren respuesta de escala de satisfacción y preguntas con Usted otras con tú que parecen dirigidas a los niños. Los niños no cuidan mucho la encuesta, la ensucian, la doblan, se cae, algunos los más serios que realmente piensan hacerla se quejan que es muy larga. Me da risa ese caos y definitivamente estoy del lado de los niños. (DC, 22/03/2017)
Finalmente es interesante observar cómo el discurso neoliberal se combina con el repertorio de la
predicación religiosa, que moviliza la emocionalidad de su auditorio, como lo muestra el ejemplo de un profesional de la ATE (ver escena 12). En ese sentido se acopla con una dinámica presente en el dispositivo tradicional y que proviene directamente del contexto social de la escuela. No obstante la finalidad de esta intervención es meramente técnica, apunta a recolectar información estandarizada anticipando
las evaluaciones
nacionales.
Estandarización y control conductista van así de la mano dentro del sistema educativo que aplica sus dispositivos tecnocráticos en la escuela, y cuyo discurso es apropiado y reformulado por la ATE en
el interior de la escuela. Las tecnologías de evaluación permanente son un ejemplo concreto de esta alianza. Sin embargo este dispositivo crea a veces disonancias
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cognitivas, en particular cuando se asocia con el constructivismo propio a la pedagogía cooperativa en la que se inspira el dispositivo identitario. El equipo psicosocial y los profesionales de apoyo del PIE facilitan la circulación del discurso de la estandarización desde una perspectiva psicométrica así como la producción del discurso conductista, con la legitimidad de sus certificaciones profesionales. Se dibuja un discurso sobre inclusión/exclusión social que determina fronteras entre los normales y los anormales, los buenos estudiantes son los que saben auto-regularse, evaluados y premiados en base a su “rendimiento objetivo”. Diversas estrategias conforman una ética neoliberal, que valora la lógica del cuasi-mercado, de la competencia y de los apoderados concebidos como consumidores-clientes: metodologías de la entretención, coaching motivacional y registro de la predicación religiosa. Esta dinámica neoliberal cohabita con la ética familiar del dispositivo identitario, al mismo tiempo que con una cultura escolar tradicional anclada en su contexto social.
5.3. Dispositivo tradicional
Por último, la escuela se inscribe en una historia y en un contexto social cuyas reglas permanecen y modelan la escuela. El dispositivo tradicional proviene de una construcción y de un mestizaje que probablemente es propio a su contexto particular, su región, su país, su barrio, y que constituye una cultura escolar. Los sujetos escolares son parte de un conjunto más amplio que los produce y que ellos producen, en su propia experiencia escolar como en su vida fuera de la escuela. Por tanto no se puede disociar este dispositivo tradicional de las representaciones que vehicula sobre lo que debe ser la sociedad, conformando un discurso que refuerza o tensiona los dos dispositivos anteriores.
a. Cultura popular religiosa
Aunque la escuela se declare laica, la religión católica tiene un lugar privilegiado que se expresa a través de las clases de religión impartidas. Si bien el proyecto educativo y la comunicación con los apoderados indican que las clases de religión despliegan una enseñanza laica centrada en los valores morales y la espiritualidad, las clases efectivamente realizadas se refieren a la religión católica, la vida de Jesús
Cristo y las fiestas propias a esta religión. Además, los relatos permiten afirmar la importancia de la religión en el pensamiento de su fundador, que interpretaba una película habitualmente difundida en la escuela como una simbolización de la figura de Jesús (DC, 10/05/2017).
La religión está presente en los discursos cotidianos dentro de la escuela, performada en las expresiones como “gracias a Dios”, “si Dios quiere” y las bendiciones. Algunos niños mencionan sus Iglesias, muestran su biblia. Hace parte de lo que entra a la escuela desde el contexto social y que permea de manera totalmente naturalizada por todos los sujetos escolares.
b. Pedagogía tradicional
Se observa en la escuela una forma pedagógica tradicional, que no integra los aportes del constructivismo ni las evoluciones de la sociedad. Esta expresión ha sido acuñada por los pedagogos de la “Educación Nueva” que desde principios del siglo XX cuestionaron la forma tradicional de enseñanza. Por ejemplo, los estudiantes deben usar el uniforme y respectar reglas de presentación que están estipuladas en el Reglamento de Convivencia (2016, p.21): “La presentación personal de un estudiante significa el respeto hacia su propia persona, garantizando el sentido de igualdad entre los alumnos y alumnas; deben presentarse diariamente con su uniforme.” De la misma manera, todos los docentes, profesionales de apoyo y asistentes de la educación utilizan delantal, para marcar su estatus de trabajador y diferenciarse de los apoderados. El delantal es una exigencia de la institución pero esta no los provee, al igual que para los estudiantes.
La estructura de la escuela en cursos por niveles tampoco se aleja de la forma tradicional. Cada curso tiene su aula, donde están alineadas las mesas y sillas en filas frente a la pizarra. El docente tiene una mesa un poco más grande que le sirve de escritorio, frente a los estudiantes, delante de la pizarra. Las mesas tienen casilleros por debajo y sus pies se abren hacia el exterior, lo que dificulta juntarlas para modificar la organización del aula con el afán de promover por ejemplo la cooperación entre pares.
En el aula las prácticas pedagógicas desarrolladas persiguen un modelo tradicional de enseñanza, expositivo, dónde el docente detiene el saber y lo trasmite a los
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niños. Esta trasmisión aquí se realiza más bien de forma escrita, con un contenido escrito en la pizarra para copiar, y luego ejercicios de aplicación del contenido y de las habilidades o “guías”. Estas guías son extraídas de los manuales escolares, de los planes y programas del Ministerio o de otros recursos en línea.
La práctica tradicional de enseñanza se combina perfectamente con las instrucciones estandarizadoras del sistema educativo, que a través del Marco de la Buena Enseñanza (2008) incita el docente a comunicar “en forma clara y precisa los objetivos de aprendizaje” (MBE, 2008, p. 11). Por tanto, todas las clases empiezan por la redacción del “O.A.”, es decir el objetivo de aprendizaje tal como lo indican las base curriculares.
Luego en el desarrollo de la enseñanza, prevale la idea entre los docentes que la repetición promueve el aprendizaje. En varias oportunidades se observa que el docente propone la aplicación de un contenido por ejemplo tres veces, y después evalúa ese aprendizaje. Entonces los malos resultados interrogan los docentes: ¿Por qué no han aprendido los niños si se ha repetido tres veces? ¿Habrán reforzado sus aprendizajes en la casa, y si no, quizás eso es lo que faltó? ¿Si se repite tres veces la misma cosa y no es aprendida, significa que los estudiantes son malos o que el profe es malo? La lógica tradicional del aprendizaje por repetición e incorporación del conocimiento transmitido por el docente se combina así perfectamente en la práctica con el discurso conductista que considera el aprendizaje como la acumulación de “pequeños bits de información” secuenciados (Casassus, 2010, p.88).
c. Disciplina y autoridad
Asimismo, la regulación de la disciplina y la concepción de la autoridad que circulan en la escuela responden a esquemas tradicionales. Esto se observa a través de las normas establecidas por el Reglamento de Convivencia que reproducen lugares comunes de la cultura escolar, en una tipificación de las faltas a las normas escolares que contempla los procedimientos, sus responsables y las sanciones correspondientes para cada caso. El mismo Reglamento supone sanciones formativas como “servicio comunitario”, “servicio pedagógico” y “recuperación de estudios”, pero éstos no se ven reflejados en las actividades observadas. El
Escena 13: Mis-interpretación cultural de la