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La capacidad de Nehemías para resolver problemas

In document Kenneth Boa - El Lider Perfecto (página 154-159)

Una forma en la que las personas demuestran su capacidad de liderazgo es por medio de la utilización de su destreza para resolver problemas. Por cierto, Nehemías se cuenta entre quienes supieron demostrarla. Cuando las murallas de Jerusalén comenzaron a tomar forma, los enemigos de Nehemías intentaron desviar su atención del proyecto con gran cantidad de distintas estrategias. Primero, probaron con invitarlo repetidas veces a una reunión cumbre, para alejarlo de Jerusalén.

L A R E S O L U C I Ó N D E P R O B L E M A S

Sambalat, Tobías, Guesén el árabe y el resto de nuestros enemi- gos se enteraron de que yo había reconstruido la muralla, y de que se habían cerrado las brechas (aunque todavía no se habían puesto las puertas en su sitio). Entonces Sambalat y Guesén me enviaron este mensaje: «Tenemos que reunirnos contigo en alguna de las poblaciones del valle de Ono». En realidad, lo que planeaban era hacerme daño. Así que envié unos mensajeros a decirles: «Estoy ocupado en una gran obra, y no puedo ir. Si bajara yo a reunirme con ustedes, la obra se vería interrumpi- da». Cuatro veces me enviaron este mensaje, y otras tantas les respondí lo mismo. (Nehemías 6:1-4)

Los enemigos del pueblo de Dios sabían que si podían distraer al líder impedirían el progreso de todo el proyecto. Buscar la paz con sus vecinos no habría sido algo malo en caso de que Nehemías lo hiciera, pero tampoco hubiera sido lo mejor. No habría sido el «gran proyec- to» que Dios le había llamado a concretar. Por eso Nehemías rechazó sus invitaciones y centró su atención en la tarea que tenía por delante.

Luego acusaron a Nehemías de liderar una revuelta contra el rey Artajerjes. Era una mentira con potenciales efectos devastadores:

La quinta vez Sambalat me envió, por medio de uno de sus siervos, el mismo mensaje en una carta abierta, que a la letra decía:

«Corre el rumor entre la gente y Guesén lo asegura de que tú y los judíos están construyendo la muralla porque tienen planes de rebelarse. Según tal rumor, tú pretendes ser su rey, y has nombrado profetas para que te proclamen rey en Jerusalén, y se declare: ¡Tenemos rey en Judá! Por eso, ven y hablemos de este asunto, antes de que todo esto llegue a oídos del rey». (Nehemías 6:5-7)

En esa época se acostumbraba enrollar las cartas y atarlas con una cinta para luego lacrarlas con arcilla. Pero esta carta estaba «abierta». Sambalat con toda intención no la lacró para que su contenido se revelara

a todo el que la tuviera en sus manos. Su propósito, claro, era el de espar- cir el rumor de que Nehemías buscaba erigirse como rey de Judá.

Lo que decía la carta era mentira, pero ¿desde cuándo se interesa la gente en averiguar si un rumor es fidedigno o no? Este rumor repre- sentaba un peligro. Si la gente lo creía se opondrían sin prejuicio algu- no al liderazgo de Nehemías porque no tenían intención de cortar lazos con el gobierno persa. Y si el rumor de la supuesta revolución llegaba al rey, Nehemías estaría en problemas más graves todavía: en el patíbulo de Susa con la soga alrededor del cuello.

Podríamos pensar que Nehemías tenía justificados motivos para estar a la defensiva. Los obreros ya buscaban excusas para renunciar, y los reyes nunca habían sido blandos con quienes albergaban la idea de la traición y promovían revueltas populares. Sin embargo, Nehemías siguió concentrado en su tarea:

Yo envié a decirle: «Nada de lo que dices es cierto. Todo esto es pura invención tuya». En realidad, lo que pretendían era asus- tarnos. Pensaban desanimarnos, para que no termináramos la obra.

«Y ahora, SEÑOR, ¡fortalece mis manos!». (Nehemías 6:8-9)

Nehemías no se permitió caer en la trampa. En lugar de distraer su atención de su deber y enfocar la mirada en quienes se proponían derrotarlo y destruirlo, confrontó enseguida a sus enemigos, oró a Dios pidiendo fuerzas y siguió trabajando.

Por fin los enemigos de Nehemías intentaron intimidarlo para que violara la ley de Dios, urgiéndole a que buscara refugio en el templo.

Fui entonces a la casa de Semaías, hijo de Delaías y nieto de Mehitabel, que se había encerrado en su casa. Él me dijo:

«Reunámonos a puerta cerrada en la casa de Dios, en el interior del templo, porque vendrán a matarte. ¡Sí, esta noche te quitarán la vida!». (Nehemías 6:10)

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Solo se permitía a los sacerdotes ingresar a la parte del templo donde estaba el altar, y Nehemías no era sacerdote. Si violaba la ley de Dios bus- cando refugio allí, quedaría desacreditado frente al pueblo de Israel. No solo estaría violando la Ley, sino que socavaría su autoridad como líder. Cuando se supiera que el gobernador se ocultaba en el templo la gente perdería confianza en su capacidad de liderazgo.

Una vez más Nehemías se negó a permitir que le distrajeran de su tarea. Resolvió el problema obedeciendo a Dios y pidiéndole su fuerza:

Pero yo le respondí:

—¡Yo no soy de los que huyen! ¡Los hombres como yo no corren a esconderse en el templo para salvar la vida! ¡No me esconderé!

Y es que me di cuenta de que Dios no lo había enviado, sino que se las daba de profeta porque Sambalat y Tobías lo habían sobornado. En efecto, le habían pagado para intimi- darme y hacerme pecar siguiendo su consejo. De este modo podrían hablar mal de mí y desprestigiarme.

«¡Dios mío, recuerda las intrigas de Sambalat y Tobías! ¡Recuerda también a la profetisa Noadías y a los otros profetas que quisieron intimidarme!» (Nehemías 6:11-14)

Si Nehemías hubiera estado liderando a partir de una postura ego- céntrica, seguro habría encontrado motivos para huir y salvarse. Pero Nehemías sabía que era mejor servir a Dios que preservar su propia vida. Comparado con el «gran proyecto» para el que Dios le había llamado, la amenaza de ser asesinado era algo trivial. Nehemías no abandonaría el gran proyecto para salvar su vida. Sabía que había en juego cosas mucho más grandes e importantes que su seguridad personal.

L A Ú N I C A F O R M A D E L L E G A R A L A S A L I D A E S A T R A V E S Á N D O L A

C

omo líderes tendremos que enfrentar problemas. Es inevitable. De hecho, Dave Anderson —fundador y presidente de la cadena de restaurantes Famous Dave’s— sugiere que «si quieres avanzar, ve a tu

[gente] y dile: “¿Tienen problemas? Denme algunos”. En lugar de escapar de los problemas como haría la mayoría de las personas, búsquenlos ... Es la forma de progresar. Hay que resolver los problemas».4

La existencia de los problemas es un asunto no negociable en un mundo caído debido al pecado. El único factor que podemos controlar es nuestra respuesta a los problemas. Si seguimos el modelo de Nehemías y con toda atención: (1) mantenemos la concentración, (2) confronta- mos toda falsa acusación contra nosotros de inmediato y con integridad, y (3) oramos pidiendo a Dios que nos dé fuerza y sabiduría, entonces encontraremos —como sucedió con Nehemías— que Dios está listo, dispuesto a ayudarnos y que tiene la capacidad para hacerlo.

Tendríamos que pensar en los Sambalats, Tobías y Gueséns de nues- tra vida y recordar que no importa cuán potente sea la oposición, Dios es un aliado invencible. ¡Es mucho más efectivo pedir ayuda de aquel que todo lo ve y todo lo sabe, que tratar de encontrar una fórmula propia!

C A P Í T U L O I I

In document Kenneth Boa - El Lider Perfecto (página 154-159)