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Las recompensas del compromiso

In document Kenneth Boa - El Lider Perfecto (página 87-92)

Como líderes, ¿de qué modo demostraremos y pondremos en práctica el compromiso? Jesús revela su estándar de profundo compromiso en el Evangelio de Mateo:

Luego dijo Jesús a sus discípulos:

-Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mis- mo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pier- de la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida? (Mateo 16:24-26)

Estas palabras se las dijo Jesús a sus discípulos, pero aun así nos lla- man a la acción hoy día. A través de estas palabras de vida Jesús dejó en claro que requiere compromiso pleno de parte de sus seguidores. Dijo que a menos que uno lo comprometa todo, lo perderá todo. Como líderes cristianos ese compromiso debe permanecer fuerte hasta el final de nuestro camino en la tierra.

El disertante motivacional e inspiracional Og Mandino se expla- ya sobre la necesidad del compromiso sólido y a largo plazo. Una de las diez causas comunes del fracaso, dice Mandino, es «claudicar demasia- do pronto». Mandino relata la historia de Raphael Solano y sus compa- ñeros, que buscaban diamantes en el lecho de un río seco en Venezuela. Desalentado y ante la idea de volver a casa con las manos vacías sin nada que llevar a su empobrecida familia, Solano dijo que había levantado unas 999.999 rocas y que abandonaba la búsqueda. Sus compañeros le sugirieron que tomara una piedra más para llegar al millón. Esa millo- nésima piedra fue el diamante «libertador» de 155 quilates». Mandino escribe:

Creo que [Solano] tiene que haber conocido una felicidad que iba más allá de lo económico. Tenía un rumbo marcado y todas las posibilidades le eran contrarias. Perseveró y ganó. No sola- mente había hecho lo que se había propuesto -lo cual es una recompensa en sí mismo- sino que lo había hecho aun enfren- tando la oscuridad y la posibilidad del fracaso».7

Jesús urgió a sus seguidores: «Tomen su cruz y síganme». Sabía mejor que nadie lo elusivo que es el gran premio. Pero también sabía que cual- quier cosa que no llegue a ser un compromiso total para la consecución del premio no bastará. En la vida cristiana, así como en la vida de la orga- nización del líder, el compromiso total con la causa facilitará el éxito.

COMPROMETIDO CON DIOS

L

as relaciones de alta calidad se fundan en la sólida roca del compro- miso, y no en las arenas movedizas de los sentimientos o emociones. Dios nos llama a ser personas comprometidas, ante todo con él y luego con los demás. Como gran líder de Israel, la vida entera de Josué estuvo marcada por el compromiso. Hasta oímos su compromiso en sus pala- bras finales hacia el pueblo que estaba bajo su liderazgo:

COMPROMISO

«Por lo tanto, ahora ustedes entréguense al SEÑOR y sírvanle fielmente. Desháganse de los dioses que sus antepasados ado- raron al otro lado del río Eufrates y en Egipto, y sirvan sólo al SEÑOR. Pero si a ustedes les parece mal servir al SEÑOR, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi par- te, mi familia y yo serviremos al SEÑOR.» El pueblo respondió: «¡Eso no pasará jamás! ¡Nosotros no abandonaremos al SEÑOR por servir a otros dioses! El SEÑOR nuestro Dios es quien nos sacó a nosotros y a nuestros antepasados del país de Egipto, aquella tierra de servidumbre. Él fue quien hizo aquellas gran- des señales ante nuestros ojos. Nos protegió durante todo nues- tro peregrinaje por el desierto y cuando pasamos entre tantas naciones. El SEÑOR expulsó a todas las que vivían en este país, incluso a los amorreos. Por esa razón, nosotros también servi- remos al SEÑOR, porque él es nuestro Dios.» Entonces Josué les dijo: «Ustedes son incapaces de servir al SEÑOR, porque él es Dios santo y Dios celoso. No les tolerará sus rebeliones y pecados. Si ustedes lo abandonan y sirven a dioses ajenos, él se les echará encima y les traerá desastre; los destruirá com- pletamente, a pesar de haber sido bueno con ustedes.» Pero el pueblo insistió: «¡Eso no pasará jamás! Nosotros sólo servi- remos al SEÑOR.» Y Josué les dijo una vez más: «Ustedes son testigos contra ustedes mismos de que han decidido servir al SEÑOR». «SÍ, SÍ lo somos», respondió toda la asamblea. Josué replicó: «Desháganse de los dioses ajenos que todavía conser- van. ¡Vuélvanse de todo corazón al SEÑOR, Dios de Israel!» El pueblo respondió: «Sólo al SEÑOR nuestro Dios serviremos, y sólo a él obedeceremos.» Aquel mismo día Josué renovó el pac- to con el pueblo de Israel. Allí mismo, en Siquén, les dio pre- ceptos y normas, y los registró en el libro de la ley de Dios. Luego tomó una enorme piedra y la colocó bajo la encina que está cerca del santuario del SEÑOR. Entonces le dijo a todo el pueblo: «Esta piedra servirá de testigo contra ustedes. Ella ha escuchado todas las palabras que el SEÑOR nos ha dicho hoy.

Testificará contra ustedes en caso de que ustedes digan falseda- des contra su Dios.» (Josué 24:14-27)

Josué le dijo al pueblo que aunque decidieran no servir al Señor, esto no significaba que estarían exentos de servirle.

UN ÚNICO PROPÓSITO

S

i no servimos al Creador, inevitablemente serviremos a alguna parte de la creación. Pero los dioses del éxito, la posición y los bienes mate- riales son amos crueles y jamás nos brindan la profunda satisfacción que prometen. Solamente Dios es digno de nuestro compromiso total, y si dirigimos nuestro compromiso prioritario a cualquier otra cosa, estare- mos cometiendo idolatría. Fuimos diseñados para servir a Dios y para encontrar nuestra más profunda satisfacción en él, pero lo haremos a medias en el mejor de los casos si jugamos con dos conjuntos de reglas y servimos a dos amos (Lucas 16:13).

En la película de 1991, Cowboys de ciudad, Billy Crystal interpreta a Mitch. Es un hombre confundido, insatisfecho, que tiene la vaga sensa- ción de que la vida está pasando de largo para él. Jack Palance interpreta al viejo y sabio Curly, «una alforja con ojos». En un momento crítico de la película Curly le pregunta a Mitch si quiere conocer cuál es el secre- to de la vida.

—Es este —dice Curly, levantando el dedo índice.

—¿El secreto de la vida es tu dedo índice? —pregunta Mitch. — Una sola cosa —responde Curly—. El secreto de la vida es una única cosa. Una sola.

Algo en esta afirmación toca la fibra más íntima de Mitch. Su vida es un embrollo. Se siente presionado por sus obligaciones hacia su familia y su deseo de lograr algo en su carrera laboral. Tironeado entre la nece- sidad de sentir seguridad y el anhelo de vivir con excitación. Mitch está dividido, como les sucede a muchos. Su vida gira en torno a demasiadas cosas, todas distintas. Por eso siente que le falta algo.

Le pide a Curly que le diga cuál es esa única cosa, pero el viejo solo le dice:

COMPROMISO

—Tienes que descubrirlo tú mismo.

Créase o no, el sabio y viejo cowboy está repitiendo las palabras del filósofo danés Soren Kierkegaard, quien vio que la aflicción más grande del hombre moderno era esta multiplicidad de afanes y propósitos. Su libro La pureza del corazón es querer una sola cosa es una meditación sobre la exhortación bíblica: «¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su cora- zón!» (Santiago 4:8). La enfermedad, según Kierkegaard, es en realidad el no llegar a lograr una vida integrada, una vida que se concentra en una sola cosa. Es no comprometerse de manera definitiva con «el bien» y no «buscar primeramente el reino de Dios».8

Muchos de los que seguían a Jesús lo hacían por mera curiosidad. Otros estaban convencidos de que sus enseñanzas eran la verdad, pero había solamente unos pocos que estaban personal y plenamente com- prometidos con él. Cuando los no comprometidos comenzaron a aban- donarle ante sus enseñanzas difíciles de aplicar, Jesús se volvió a los doce discípulos y les preguntó si también querrían dejarle. Aunque es dudoso que entendieran al Señor mejor que quienes se alejaban, se dieron cuen- ta de que una vez que se comprometieron con él ya no podían volver atrás (Juan 6:60-69). Como discípulos de Cristo somos llamados a per- manecer comprometidos con él aunque no entendamos por completo todos sus planes para nosotros. Si no lo hacemos, sentiremos que nues- tro ministerio carece de efectividad, lo cual será cierto y nos llevará al fra- caso. Francois Fénelon escribió:

¡Desdichadas serán las almas débiles y tímidas que no llegan a decidirse y están atrapadas entre el compromiso con Dios y con su mundo! Quieren, pero no quieren. Se debaten entre el deseo y el remordimiento que sienten al mismo tiempo ... Tienen terror ante el mal, pero les avergüenza el bien. Sufren los dolo- res de la virtud sin saborear su dulce consuelo. ¡Oh, qué desdi- chadas son!9

Como líderes cristianos, somos testigos contra nosotros mismos de que hemos decidido servir al Señor (ver Josué 24:22). ¿Hemos evaluado de qué manera ponemos en práctica ese compromiso? ¿En qué aspectos

se ha visto condicionado nuestro nivel de compromiso con el Señor, según nuestro entendimiento de lo que él está haciendo en nuestras vidas? El llamado al compromiso es un llamado a la constante vigilancia del mantenimiento y la comprensión de los estándares de dicho compro- miso. No importa cuáles sean las distracciones que pudieran surgir, tene- mos que mantener nuestra atención centrada en el servicio al Señor.

In document Kenneth Boa - El Lider Perfecto (página 87-92)