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La construcción transcultural del espacio cultural

transculturales del espacio y de la identidad cultural

2.1 La construcción transcultural del espacio cultural

La perspectiva transcultural deconstruye el espacio cultural porque en esta perspectiva la localidad y la comunidad no son espacios en donde se lleva a cabo la acción social y tampoco son territorios geográficos naturales en donde existe cohesión social, solidaridad y conciencia de grupo. En cambio, la localidad y la comunidad se construyen a través de procesos sociales y políticos, por medio de prácticas simbólicas (embodied

practices) que, según varios estudios, forman las identidades y posibilitan resistencias, y

estos, a su vez, participan de manera permanente en la construcción de lo social (Gupta y Ferguson, 1997, p. 6). La localidad y la comunidad parecen naturales porque el arraigo de los pueblos y las culturas en “su propio” territorio se considera el estado normal en el orden nacional (Malkki, 1997 en Gupta y Ferguson, 1997, p. 6-7).

Los procesos de territorialización cultural son resultado de procesos histórico- políticos continuos y complejos (Gupta y Ferguson, 1997, p. 4). Las “nociones de localidad o comunidad se refieren tanto a la delimitación del espacio (space) físico como al conjunto de interacciones.” Y “la identidad del lugar (place) se produce por la intersección de su participación específica dentro de un sistema de espacios (spaces) organizados jerárquicamente con su construcción cultural como una comunidad o localidad.” (Gupta y Ferguson, 1992 p, 8).

La localidad y la región se construyen dentro de prácticas en los niveles local, estatal e internacional en varios intervalos de tiempo y escalas históricas, en un proceso de estructuración constante de las prácticas y discursos individuales e institucionales de la economía, de la política, del gobierno, de la educación, de la cultura y de los medios de comunicación (Paasi, 1991). Las formaciones regionales trascienden las barreras de la

construcción nacional porque todas las prácticas institucionales en las áreas culturales, políticas y económicas que se llevan a cabo en los niveles local, estatal e internacional en varios intervalos de tiempo y escalas históricas impactan en la región. Y todas las prácticas individuales originadas dentro y fuera de la región tienen la capacidad de producir, reproducir y transformar las localidades y las regiones cuando las convierten en espacios (places), “centros de un sentimiento de pertenencia a un espacio temporal específico, una referencia más o menos abstracta a grupos y comunidades.” (Paasi, 1991, p. 250

traducción propia). Paasi dice que las estructuras de expectativas, “un marco más o menos

permanente representado en forma de un espacio-temporal específico, acotado a la región, inserto institucionalmente en esquemas de percepción, concepción y acción que pueden incluir características reales, imaginadas y míticas de la región” impactan en la producción, reproducción y transformación de la localidad y de la región (1991, p. 249 traducción

propia).

El estudio de la construcción y transformaciones del espacio por donde transitan los estudiantes y profesionistas indígenas tiene, entonces, varios sentidos. Por un lado, se analiza la construcción y transformaciones de las regiones culturales del estado de Hidalgo –de donde los profesionistas indígenas son originarios– y el modo en que estas formaciones impactan en la construcción de la identidad cultural de los profesionistas indígenas del estado de Hidalgo. Se analiza también la participación de los profesionistas indígenas en la reproducción y transformación del espacio urbano y de “sus” regiones culturales. Por otro lado, se estudia cómo se perciben los estudiantes y profesionistas indígenas en las áreas urbanas y en las rurales y en qué medida las representaciones del espacio se pueden transformar.

Paasi (1991) define cuatro fases de construcción y transformación de la región y la localidad que suceden de manera simultánea o continua, pero sin un orden establecido:

1. La constitución de una forma territorial; es decir, la localización de prácticas sociales, económicas, políticas y administrativas. La región adquiere sus límites y es identificada como una unidad dentro de la estructura espacial;

2. El establecimiento de estructuras específicas de los símbolos territoriales para la región. El nombre de la región, la historia y las tradiciones e ideas sobre la herencia cultural común permiten la reproducción de la conciencia social regional y la

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legitimación del Estado a través de un sistema de socialización oficial en el que la educación, por ejemplo, también favorece su reproducción;

3. El establecimiento de instituciones formales y prácticas locales y translocales culturales en los ámbitos político, económico, legislativo y administrativo. Las instituciones socializan a los individuos en diversas pertenencias comunitarias regionales porque las comunidades, asociaciones y organizaciones formales, sindicatos y partidos políticos y las relaciones personales informales se organizan bajo una base territorial. Las prácticas institucionales atribuyen identidades y comunidades (ideales) históricas y estructuran las prácticas y el significado esenciales para la reproducción de dimensiones simbólicas del espacio. Los agentes clave que producen la conciencia socio-espacial dentro y fuera del espacio local reproducen el poder institucional y al mismo tiempo refuerzan su propio capital cultural en la administración de la conciencia social;

4. El establecimiento de la región o localidad dentro del sistema regional con funciones y utilidad específicas. Se consolida la identidad de la región y la conciencia regional de la gente que vive dentro y fuera de ella. Científicos, políticos, administradores, activistas culturales y empresarios se atribuyen la función de discutir sobre la identidad de una región y diferenciar sus características naturales, culturales y poblacionales. A su vez, se construye la identidad regional de los habitantes, quienes se identifican con elementos naturales o culturales muchas veces estereotipados, imputados por instituciones y organizaciones regionales. Paasi (1991, p. 252 traducción propia) sugiere analizar la constitución de regiones a través de “generaciones”, porque estas “median las historias de la región y sus individuos a través de prácticas institucionales que tienen su propia lógica en varios niveles de la historia: individual, institucional y social.” Por un lado, las generaciones perciben la región de manera diferenciada, porque la realidad dentro del espacio (y el espacio mismo) se transforma en el tiempo. Por otro lado, aunque no comparten necesariamente una cultura similar, la relación de las generaciones está anclada a momentos históricos y culturales, y estas percepciones afectan a la localidad y también a contextos históricos y espaciales más amplios.

La lengua y las particularidades lingüísticas son las características colectivas más significativas de las estructuras de expectativas que, según Paasi (1991, p. 250), construyen los límites sociales y espaciales y las identidades culturales que sirven para identificar a los

residentes como pertenecientes a una región. La importancia de las políticas lingüísticas en los acontecimientos cotidianos radica en su posicionamiento en la escala de prestigio y en su competencia con otros sistemas lingüísticos dentro y fuera de la región. El análisis cultural de las políticas lingüísticas debe comprender cuáles fuerzas locales y translocales constituyen la lengua en la conformación de las identidades y cuál es su impacto en la definición y defensa de los límites sociales y espaciales y en la forma de vida de la región. Según Pred (1984, p. 285), la adquisición de la lengua es una consecuencia de circunstancias específicas espacio-temporales de participación en el proyecto institucional y está en continua construcción junto con la sociedad individual y el espacio, y responde primordialmente a proyectos institucionales. Es una forma cultural que afecta las posibilidades de las prácticas culturales de un espacio determinado. La lengua se altera gradual e involuntariamente a través del uso cotidiano o puede cambiar radicalmente a través de cambios de los proyectos institucionales.