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La perspectiva cultural institucional

transculturales del espacio y de la identidad cultural

2.3 El amplio espacio de los procesos transculturales

2.3.1 La perspectiva cultural institucional

La perspectiva cultural institucional34 sugiere que la categorización utilizada por las

instituciones para promover proyectos o solucionar conflictos influye en la construcción de las fronteras identitarias y espaciales y en la acentuación de ciertas características de clase, género o etnia (Brubaker, 2004). Esta es una perspectiva que descentraliza la política y analiza el impacto mutuo entre las instituciones y la población: la proposición, propagación, imposición, institucionalización, articulación discursiva, arraigo organizacional e incorporación oficial de las categorías “desde arriba” y la apropiación, internalización, alteración, evasión o transformación de las categorías impuestas “desde abajo”: las “micropolíticas” de las categorías (Dominguez, 1986 en Brubaker, 2004, p. 12). Gabbert mostró que el Estado mexicano construye sistemáticamente localidades indígenas para aplicar sus proyectos sociales, económicos y políticos, y que mediante esos procesos participa activamente en la categorización, clasificación y producción de discursos y representaciones que afectan la identidad en Yucatán (Gabbert, 2007, 1992). Pero la población no utiliza necesariamente categorías étnicas dicotómicas, sino una gran variedad de categorías: indígena, pueblos originarios, pueblos autóctonos (ver López Caballero, 2009), categorías étnicas y lingüísticas –maya de Yucatán, tzotzil, náhuatl– entre muchas otras (Schüren y Gabbert, 2013), tanto en el nivel grupal como en el nivel estratégico familiar e individual (Gabbert, 2001). La administración y distribución de recursos del estado redefinen las identidades indígenas, etnias y grupos lingüísticos y revitalizan las comunidades indígenas (Gabbert, 2007, 1992). El Estado influye en la conformación del discurso de la etnicidad y en la dotación de privilegios especiales para ciertos grupos (Gabbert, 2013, 2001). El Estado legitima el poder de ciertos grupos para prevenir movimientos políticos como, por ejemplo, la insurrección zapatista (Gabbert, 2013, p. 5), pero también favorece el surgimiento de movimientos indígenas (Frank en Schüren y Gabbert, 2013) y tiene la capacidad de aumentar o disminuir las posibilidades de actuación de los actores y de cambiar las relaciones de dominación de las élites locales (Gabbert, 2001). Con esa perspectiva cultural amplia es posible analizar los posibles

34 Posner (2005) y Koopmans et al. (2005) utilizan la perspectiva institucional para analizar los procesos de transformación de fronteras étnicas en el nivel medio y micro; Hechter (2004) enfatiza las transformaciones macropolíticas institucionales y Brubaker (1996), Meyer et al. (1997) y Wimmer y Min (2006) la conformación del estado-nación (Wimmer 2008, p. 985-986). Posner demostró que las reglas de las instituciones del estado determinan las diferencias sociales que son relevantes para la política (ver

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cambios de indios a mestizos a indígenas, de manera individual y colectiva, así como las transformaciones de la lengua indígena y de otros símbolos culturales y la construcción o revitalización de las localidades indígenas (Gabbert, 2004).

Los momentos políticos más importantes que recrearon la identidad indígena y reactivaron las comunidades y localidades indígenas en el estado de Yucatán en los tiempos modernos, según los estudios de Gabbert, fueron:

1. La reforma agraria y las políticas de desarrollo en la etapa post-revolucionaria que revitalizaron comunidades indígenas de Yucatán en 1920 porque el programa estuvo dirigido a quienes pudieran comprobar que tenían raíces indígenas (Schüren y Gabbert, 2013). La restitución de ejidos y tierra laborable35 produjo el renacimiento del discurso indígena. Muchos agricultores

regresaron a sus pueblos en las montañas empujados por los dueños de las haciendas de las tierras bajas, por el temor de perder sus propiedades (Gabbert, 2007). El Estado también reconfiguró al indígena, la lengua y la cultura indígenas a través de sus programas educativos, privilegió el uso del español pero fortaleció la producción de artesanías, música, danza y atuendo como símbolos nacionales (Schüren y Gabbert, 2013).

2. El gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) impulsó de manera determinante la indigeneización del país porque el presidente apoyó el control de las comunidades indígenas por los mismos indígenas cuando legitimó a los principales (ancianos de la comunidad) como intermediarios. Se promovió la reproducción de algunas expresiones culturales indígenas como símbolos nacionales de diferenciación frente a Estados Unidos y España. Las políticas agrarias cardenistas restablecieron la calidad corporativa de las comunidades indígenas, con sus derechos colectivos, para que pudieran ser restituidas, dotadas de ejidos y fortalecidas económicamente. El Departamento de Asuntos Indígenas, fundado por Cárdenas en 1936, integró a los indígenas a la sociedad nacional y los movilizó para que apoyaran sus reformas, pero la población rural fue organizada como campesina dentro de la Confederación Nacional Campesina (CNC) (Gabbert, 2007).

35 Las tierras que habían sido otorgadas a los indios por la corona española fueron desamortizadas por el Estado durante las reformas liberales de mediados del siglo XIX. El estado expropió y secularizó los bienes del clero y de las corporaciones para ser entregados a los indígenas y para ser vendidas con el interés de aumentar la producción. Véase Escobar Ohmstede (1998).

3. La coordinación de las comunidades a través de los Centros Coordinadores Indigenistas del INI y los Patrimonios Indígenas desde 1951, el aumento del nivel educativo, la formación de promotores culturales con funciones de intermediarios desde la década de 1960 para agilizar la comunicación con el estado para establecer las políticas modernas y el acceso a las instituciones del estado y al partido político PRI inició la fragmentación de las comunidades que habían estado bajo el poder exclusivo de los caciques indígenas y mestizos y había producido fuertes desigualdades sociales. Los nuevos representantes, con el apoyo del Estado, desestabilizaron el poder al interior de los pueblos y se convirtieron en los administradores de los recursos locales y de la elección del candidato oficial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) (Gabbert, 2007).

4. Durante la presidencia de Echeverría (1970-1976), la política indígena oficial cambió de aculturación e integración planificada a indigenismo participativo. Echeverría practicó, con esta propuesta, una forma de legitimación del gobierno después de la crisis política de 1968 y de los frecuentes enfrentamientos al interior del Estado. Esta política promovió nuevamente la formación de organizaciones indígenas y permitió el crecimiento del mercado laboral en las instituciones del estado para la preservación y reafirmación del conocimiento de las lenguas indígenas (Gabbert, 2001). Con el cambio de organizaciones campesinas a indígenas, los adultos revitalizaron el uso de sandalias y del huipil para solicitar créditos en el INI y los niños reiniciaron el aprendizaje del maya para solicitar las becas del INI (Gabbert, 2004).

5. La enmienda del artículo 27 constitucional, cuando Salinas de Gortari en 1992 dio por terminado el reparto agrario y declaró los ejidos y las tierras comunales como propiedad privada, fue motor para el aumento de la diferenciación social y económica al interior de los ejidos y las comunidades (Schüren y Gabbert, 2013).

Gabbert (2004) mostró que los individuos hacen uso de manera consciente o inconsciente de los símbolos de estatus: lengua, vestido, características fenotípicas y apellido, y sus significados particulares, para diferenciarse de acuerdo con sus propios intereses, que pueden ser la obtención de recursos o la liberación de la discriminación.

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usaron el traje tradicional y el origen familiar como símbolos de estatus más importantes. La clase baja hablante de maya y la clase alta hablante de español no pertenecen a dos grupos definidos resultado de la dominación histórica colonial y poscolonial, sino a un proceso de diferenciación en situaciones e interacciones específicas. Hablar maya en Yucatán no es un marcador de un bajo estatus social36 sino una habilidad para el mercado

laboral que responde a las políticas culturales actuales. Las políticas lingüísticas del estado introdujeron cambios en las políticas lingüísticas locales. Los indigenistas yucatecos de origen maya consideran el maya actual como contaminado con la influencia del español y lo someten a un proceso de purificación. Estas percepciones y cambios de la lengua están produciendo la persistencia del estatus bajo de la lengua maya actual y el carácter real del maya creado por los intelectuales. Las políticas institucionales también están revitalizando el uso de la lengua. Hablar una lengua no tiene necesariamente conexión con la identidad, la población hablante de maya no se considera indígena en la vida cotidiana ni descendiente directo de los constructores de las pirámides.

En su estudio en el norte de México, Martínez (2006) encontró que el Instituto Nacional Indigenista, la Secretaría de Educación Pública y la Dirección de Culturas Populares promovieron la organización de trabajadores indígenas, el uso de las lenguas indígenas y lo que los oficiales entienden por cultura indígena. Las instituciones indigenistas reprodujeron estereotipos imputados a los indígenas: que son dóciles, capaces de soportar difíciles condiciones de trabajo sin quejarse y de recibir bajos salarios, y que acostumbran vivir hacinados en pequeños espacios sin agua potable ni electricidad. Estos estereotipos fueron utilizados por las compañías para seleccionar el tipo de trabajo para cada trabajador. Los indígenas migrantes mixtecos de Oaxaca en San Quintín, construidos como sucios y pequeños, se consideraron más apropiados al trabajo de la tierra. Los sindicatos de trabajadores construyeron la idea de que los trabajadores no confían en la medicina convencional y solamente utilizan la medicina tradicional y por eso no les otorgan los servicios de salud, incluso cuando ellos mismos luchan por ese derecho.

36 Ferreiro (1997) considera que las lenguas indígenas tuvieron siempre una posición subordinada frente al español, la única “lengua de prestigio” en México, y que los hablantes de otras lenguas han sido estereotipados como incapaces de aprender la lengua oficial y con limitadas capacidades intelectuales dentro de la escuela. Nahmad (1997), Pellicer (1997) y Bertely (1998) sostienen que las políticas de educación bilingüe permitieron la preservación de las lenguas indígenas pero promovieron la subordinación económica, política y cultural y la marginación en los salones de clases. El reconocimiento de las lenguas y las culturas indígenas en el artículo 4o. en 1992 es un gran avance pero, según Nahmad (1997), no garantiza la inclusión social de los indígenas.

El género y los roles de género, según Craske (2005), también se producen y se transforman por las instituciones del estado37, aunque los discursos políticos, culturales y

socio-económicos nacionalistas son contradictorios y a la vez impulsan y limitan los derechos de las mujeres. Las instituciones del estado interpretan las necesidades de las vendedoras ambulantes indígenas en la ciudad de Tijuana como elecciones culturales y de género y las excluyen de los recursos con discursos paternalistas, supuestamente para protegerlas de la hostilidad étnica (Martínez, 2006).