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La donación de la Torah (Mattanat Torah)

D. Las Qisas al-Anbiya

II. Moisés en la tradición

2. La donación de la Torah (Mattanat Torah)

La donación de la Ley está narrada en Ex 19–20. Allí es donde tuvo lugar el

descenso de Yhwh (Ex 19,11) para transmitir a Moisés el decálogo: al tercer mes del éxodo de los hijos de Israel del país de Egipto, en ese día (Ex 19,1), fecha que

coincidía con la fiesta de las Semanas

de Moisés jugando con la corona caída del Faraón: Qisas, 205 (cf. infra, en «Moisés en la tradición musulmana», pp. 264-265).

29 Cf. mSanh 4,5.

(Shabuot) 30. En esta fecha, pues, entenderán los rabinos que se entregó la Torah a Israel: zeman mattan toratenu, «el tiempo de la donación de nuestra Torah». Es significativo que los rabinos llamen a la fiesta de las Semanas «Conclusión –‘atseret– de

la Pascua» o «Fiesta solemne de clausura», como el broche que cierra la liberación de la esclavitud con la donación de la Torah 31.

La celebración de la donación de la Torah fue cambiando de calendario: comenzó celebrándose en Shabuot (Fiesta de las Semanas, Pentecostés); quizá por su celebración singularmente enfatizada entre los esenios de Qumrán y otros movimientos heterodoxos (Libro de los Jubileos 32; en el naciente cristianismo se celebraba la donación del Espíritu) 33, esta fiesta acabaría trasladándose en época medieval a Sukkot (en otoño) con el nombre específico de Simjat Torah, «la alegría de la Torah».

a) La teofanía del Sinaí

Comentando Ex 19,11, pues el día tercero descenderá Yhwh a la vista de todo el

pueblo sobre la montaña del Sinaí, el Midrás Mekilta precisa: «Éste es uno de los diez

descensos que encontramos en la Torah». Los rabinos han contabilizado las ocasiones en que el texto

30 La fiesta de las Semanas (Shabuot) se celebraba el 6 de Siván, fiesta de la siega de

los trigos y de la ofrenda de las primicias (Ex 23,16; 34,22; Lv 23,15ss; Nm 28,26; Dt 16,9-19), fiesta de especial alegría (Dt 16,11; Is 9,2), que se celebraba 50 días (Pentecostés) después de que, en el tiempo de Pascua, había comenzado la primera siega de las cebadas: contando desde el 14 de Nisán, el tercer mes se inicia el 6 de Siván (cf.

Mek a Ex 16,1; 19,11).

31 Esta comprensión permanece en el Nuevo Testamento y en el ciclo litúrgico

cristiano: Pentecostés cierra el ciclo pascual.

32 El Libro de los Jubileos sitúa todas las Alianzas de Dios con Noé, Abraham y Moisés

en la Fiesta de las Semanas. En la comunidad de Qumrán también se celebraba en

Shabuot la renovación de la Alianza.

33 En la Misnah significativamente no existe ningún tratado sobre esta fiesta. En el

tratado Bikkurim («primicias») no hay conexión alguna entre el precepto de «ofrecer las primicias de tu tierra» (Ex 23,19) y la donación de la Ley.

bíblico dice o presume que Dios ha descendido a la tierra (p. ej., Gn 3,8; 11,5; 18,21; Ex 3,8; 19,20; Nm 11,25; 2 Sm 22,10; Ez 44,2; Zac 14,4). Se encuentran listas en GnR 38,9; ARN A 34,7 y ARN B 37,5; PRE 14,1, etc. Ex 19 narra la preparación del pueblo y el despertar, al tercer día, entre truenos y relámpagos, mientras densas nubes cubrían la montaña. Yhwh desciende a la montaña en medio del fuego mientras el sonido de la trompeta se va haciendo más intenso. Moisés descendió de la montaña para hablar al pueblo. Según los targumim palestinenses, «bajó Moisés de la montaña junto al pueblo y les dijo: Acercaos, recibid las Diez Palabras» (TgN y PsJ a Ex 19,25). Ex 20 narra la promulgación de las Diez Palabras (los diez mandamientos). El Liber Antiquitatum

Biblicarum (LAB) describe el terror teofánico 34:

Al tercer día estalló un ruido de truenos y un esplendor de relámpagos, y el sonido de las trompetas retumbaba con fuerza. El miedo se apoderó de todo el pueblo que estaba en el campamento. Y Moisés hizo salir a la gente al encuentro de Dios. Las montañas vomitaban fuego, la tierra temblaba, los collados se tambaleaban, los montes se agitaban,

los abismos bullían, toda la tierra habitable se estremecía, los cielos se replegaban, las nubes sorbían el agua, las llamas de fuego se intensificaban, los truenos y los relámpagos se multiplicaban, los vientos y temporales bramaban, porque se acercaba el momento en que Dios iba a dar a los Israelitas la Ley de la Alianza eterna y los mandamientos eternos que no pasarán (LAB 11,4-5).

La traducción targúmica especifica: «En el acto, desarraigó el Señor del mundo la montaña y la levantó en el aire y se hizo brillante como cristal. Y ellos (los israelitas) se pararon bajo la montaña» (TgPsJ Ex 19,17).

Según la tradición rabínica las dos primeras Palabras (mandamientos) fueron pronunciadas directamente por Dios al pueblo, el resto se las comunicó a través de Moisés (cf. PRE 41,5 final). Las versiones targúmicas las visualizan de forma especial, para hacer justicia al texto bíblico que no dice que los israelitas «oían» sino que «veían»:

Todo el pueblo veía las voces –qolot– (Ex 20,8) 35:

34 Ex 19,16-20; 20,18-19; cf. Heb 12,18-21.

Primera palabra. Cuando salía de la boca del Santo, su Nombre sea bendito, era como centellas y como relámpagos y como llamas de fuego: una antorcha de fuego a su diestra y una antorcha de fuego a su izquierda que volaba y ascendía por el espacio celeste y volvía y se manifestaba sobre el campamento de Israel y volvía y se grababa sobre las tablas de la alianza que estaban puestas en las palmas de las manos de Moisés y se volvía en ellas de un lado a otro. Entonces clamaba y decía: Pueblo mío, hijos de Israel... (TgN y PsJ Ex 20,2) 36.

Significando el valor de la Torah para el Israel de todos los tiempos, el midrás deduce que allí estaban los israelitas del desierto, los que habían muerto y los que habían de nacer:

Cuando sonó la primera voz, los cielos y la tierra se estremecieron ante ella, ríos y mares huyeron, se desplomaron montes y colinas, los árboles todos se quebraron y los muertos del Seol revivieron y se enderezaron sobre sus pies, como está dicho: El que

está presente hoy aquí con nosotros en presencia de Yhwh (Dt 29,14). Pero también los

que en el futuro habían de ser creados hasta el final de las generaciones, allí estaban también, de pie, con ellos en el monte Sinaí, como así está dicho: y el que no está hoy

aquí con nosotros (ibíd.). Los israelitas que estaban vivos cayeron sobre sus rostros y

murieron, y cuando sonó la segunda voz revivieron y se enderezaron sobre sus pies

(PRE 41,5).

b) Moisés en el Sinaí Moisés subió en una nube, fue cubierto por una nube y fue santificado por una nube a fin de poder recibir la Torah para Israel en

35 La significación primaria de qol (pl. qolot) es «voz», que se puede entender como

«trueno». R. YISMAEL decía: «Veían lo visible y oían lo audible» (Mek a Ex 20,8). Sobre

«ver la Palabra», cf. J. TREBOLLE, Imagen y palabra de un silencio, p. 19, quien cita Ap

1,12: Me volví para ver la voz aquella que hablaba conmigo.

36 Texto similar en el v. 3 para introducir la segunda Palabra.

24,16). Esto ocurrió después de (la promulgación de) las Diez Palabras, y fue el comienzo de los cuarenta días (bTaan 4a).

Los cuarenta días hacen referencia a la estancia de Moisés en el monte Sinaí: Moisés

penetró por medio de la nube y ascendió a la montaña y permaneció Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches (Ex 24,18). ¿Qué hizo Moisés durante esos

cuarenta días y cuarenta noches? La respuesta que se repite en los midrasim es que Moisés no sólo recibió la Torah escrita (la Biblia), sino también la Torah oral. Debió, pues, emplear su tiempo en estudiar y escribir lo que se le dio para ser escrito, y memorizar lo que se le comunicó para transmitirlo oralmente:

Yhwh dijo a Moisés: Escríbete estas palabras (Ex 34,27). Como está escrito: Si les escribo muchas cosas de mi Torah, serán consideradas como de extranjero (Os 8,12).

Cuando Dios se reveló en el Sinaí para dar la Torah a Israel, la dijo a Moisés por orden: Biblia 37, Misnah, Talmud y Aggadah, como está dicho: Y Dios dijo a Moisés todas

estas palabras (Ex 20,1). Incluso lo que un discípulo habría de preguntar a su maestro,

lo comunicó el Santo a Moisés en aquella hora. Después que (Moisés) la aprendió de la boca del Santo, bendito sea, éste le dijo que la enseñara a Israel. Preguntó Moisés ante Él: «Señor del mundo, ¿debo ponerla por escrito?». Le contestó: «No quiero dársela por escrito, pues me es manifiesto que los idólatras los dominarán y se la quitarán y serán despreciados por los idólatras. Sólo la Biblia les doy por escrito, pero la Misnah, el Talmud y la Aggadah se las doy oralmente, de forma que cuando vengan los idólatras y por ellos sean esclavizados, los israelitas permanecerán, con todo, distintos». Por eso dijo al profeta: Si les escribo muchas (cosas) de mi Torah, serán consideradas como de

extranjero (Os 8,12). «Yo quiero darles por escrito sólo la Biblia, pero la Misnah, el

Talmud y la Aggadah oralmente». Escribe estas palabras (Ex 34,27) se refiere a la Biblia; porque a tenor de estas palabras (ibíd.) se refiere a la Misnah y al Talmud, pues ellas harán la diferencia entre Israel y los idólatras (ExR 47,1).

37 Miqra’, «lectura» de lo escrito, en contraste con Mißnah, «repetición» de lo que se

transmite oralmente.

El texto citado es de gran importancia. De hecho, la Biblia se la apropiaron otros grupos heterodoxos (probablemente aquí se visualiza a los cristianos y samaritanos), y sólo la tradición oral no escrita, explicación e interpretación de la Biblia, quedó inaccesible para los no judíos. Además el texto legitima toda la tradición oral que se desarrolla a través de los Profetas, Escritos 38 y la tradición talmúdica y midrásica como procedente de Moisés en el Sinaí, en último término, procedente de Dios mismo, que actuó con Moisés como los maestros rabínicos con sus discípulos (cf. mAbot 1,1).

El midrás deduce ingeniosamente el tiempo dedicado por Moisés a la lectura y estudio de la Torah escrita y oral:

¿Cómo supo Moisés cuántos días pasó, pues está escrito: Moisés permaneció allí

con Yhwh cuarenta días y cuarenta noches (Ex 34,8; cf. 24,18)? ¿Cómo lo supo, pues

en las Alturas no hay noche, como está escrito: Lucirá la noche como el día, y cual luz

será la misma oscuridad (Sal 39,12)? ¿De dónde lo pudo saber? De lo que está dicho: Estuve de pie en la montaña como en los días pasados (Dt 10,10), y está escrito: Y me

senté en la montaña (Dt 9,9). Has de decir, pues, que cuando (Yhwh) hablaba con él

(Moisés) estaba de pie 39, y cuando se separaba de él (Moisés) se sentaba y repetía lo que había aprendido. Así te encuentras que se cumple: estuve de pie en la montaña (Dt 10,10) y me senté en la montaña (Dt 9,9). Cuando (Yhwh) hablaba con él, sabía que era de día; cuando le decía: «Estudia tu Torah», sabía que era de noche. De igual modo David dice: El día al día transmite el mensaje, y la noche a la noche comunica la nueva (Sal 19,3) (ExR 47,8).

Con menos alarde exegético, la tradición se recoge en otros midrasim:

Subió Moisés con las tablas y pasó cuarenta días en la montaña delante del Santo, bendito sea, como discípulo que se sienta delante de

38 En la terminología rabínica el conjunto de toda la Biblia se divide en Torah

(Pentateuco), Profetas (Josué, Jueces, Samuel y Reyes, y profetas), y Escritos (el resto de los libros de la Biblia hebrea).

39 En señal de respeto.

su maestro, leyendo los preceptos de la Torah escrita durante el día y repitiendo los preceptos de la Torah oral durante la noche (PRE 46,3).

Moisés, como Adán en los relatos de la creación, también sufrió la envidia y la rebelión de los ángeles 40. No en vano los estudiosos del judaísmo han notado que la teofanía del Sinaí y la entrega de las Diez Palabras señalan como un nuevo comienzo (cf.

LAB 11,1 y otros textos ya citados):

Los ángeles servidores le decían: «Moisés, la Torah no ha sido dada sino por nosotros». Moisés se volvía y les contestaba: «En la Torah está escrito: Honra a tu

padre y a tu madre (Ex 20,12). ¿Es que tenéis vosotros padre y madre? Y además está

escrito en la Torah: Ésta es la Torah para cuando un hombre muera en una tienda (Nm 19,14). ¿Cómo así, si entre vosotros no se da la muerte? ¡Ha sido dada sólo para nosotros!». Y enmudecieron y no respondieron más. De aquí se dice: «Con su sabiduría Moisés subió a las alturas y batió el bastión en que confiaban los ángeles servidores», según está dicho: Ciudad de guerreros escala el sabio y abate el bastión en que ella

confiaba (Prov 21,22). Cuando los ángeles servidores vieron que el Santo, bendito sea,

donaba la Torah a Moisés, también ellos se levantaron para entregar regalos a Moisés: libros y recetas de medicinas para los hijos del hombre, como está dicho: Subiste a lo

alto, cautivaste cautivos (Sal 68,19) (PRE 46,3) 41.

La rebelión de los ángeles servidores no estuvo sólo en la envidia por haber entregado la Torah a Moisés, sino sobre todo porque Dios permitió que Moisés le viera cara a cara:

Yhwh entonces hablaba con Moisés cara a cara, como conversa un hombre con su amigo (Ex 33,11), y Boca a boca hablo con él, en visión directa y no por enigmas, y la figura de Yhwh contempla (Nm 12,8), anulando así para Moisés la sentencia divina: Nadie puede verme y vivir (Ex 33,29):

40 Cf. supra, «Adán en la tradición judía», pp. 53 y ss.

41 Cf. nota explicativa de este párrafo en la traducción de PRE por M. Pérez Fernández.

nosotros sirviéndote en tu presencia sin que podamos contemplar tu Gloria, ¿y éste, nacido de mujer, quiere contemplar tu Gloria?». Y se levantaron contra él, con ira e indignación, para matarlo, de forma que su alma se puso a la muerte. ¿Qué hizo el Santo, bendito sea? Se reveló a él en la nube, como está dicho: Yhwh descendió a él en una

nube (Ex 34,5) –éste fue el séptimo descenso– y el Santo, bendito sea, lo cubrió con la

palma de la mano para que no muriera, como así está dicho: Y sucederá que al pasar mi

Gloria te pondré en la hendidura de la roca y te cubriré con mi palma... (Ex 33,22) (PRE 46,5).

El Talmud, después de exponer (más desarrollada) la haggadah que hemos citado de PRE, introduce a Satán buscando la Torah (¿para destruirla?):

R. Yehosúa ben Leví enseñó: Cuando Moisés descendió de delante del Santo, bendito sea, vino Satán y Le preguntó: «Señor del mundo, ¿dónde está la Torah?». Le contestó: «La entregué a la tierra». Fue a la tierra y le preguntó: «¿Dónde está la Torah?». Le respondió: Sólo Dios sabe su camino, sólo Él conoce su yacimiento (Job 28,23). Fue al mar y le preguntó igualmente; «No está conmigo», le respondió. Fue al abismo, e igualmente: «No está en mí», como está dicho: El abismo dijo: No está en mí;

y el mar declaró: No está conmigo (Job 28,12), La Destrucción y la Muerte dijeron: Por nuestros propios oídos, de ella tuvimos noticia (Job 18,22). Volvió y dijo al Santo,

bendito sea: «He buscado por toda la tierra y no la he encontrado». Le dijo: «Ve donde el hijo de Amram». Fue donde Moisés y le preguntó: «¿Dónde está la Torah que el Santo, bendito sea, te dio?». Respondió Moisés: «¿Quién soy yo para que el Santo, bendito sea, me diera la Torah?». Intervino el Santo, bendito sea, dirigiéndose a Moisés: «Moisés, ¡eres un embustero!». Contestó Moisés: «Señor del mundo, Tú has escondido un tesoro en el que te deleitas todos los días, ¿voy yo a guardar tal bien para mí?». Dijo el Santo, bendito sea, a Moisés: «Puesto que te humillaste a ti mismo, la Torah será llamada por tu nombre», como está dicho: Recordad la Torah de Moisés mi siervo, a

quien yo prescribí en el Orbe leyes y preceptos para todo Israel (Mal 3,22) (bShab 89a).

c) Universalidad de la Torah

El Liber Antiquitatum Biblicarum afirma que la Torah se ofreció a Israel para darla a conocer ante todos los pueblos, de manera que sean inexcusables:

Y dijo el Señor a Moisés: Mañana te llamaré. Estate preparado y di a mi Pueblo: «Durante tres días no se acerque ningún hombre a su mujer». Al tercer día te hablaré a ti y a ellos. Después subirás a mí, y pondré mis palabras en tu boca. Iluminarás a mi pueblo, pues habré puesto en tus manos la Ley eterna, por la que juzgaré a todo el orbe. Ella servirá de testimonio. Pues si los hombres dicen: «No te conocíamos y por eso no te hemos servido», tomaré venganza contra ellos por no haber conocido mi Ley (LAB

11,2).

La tradición de que la Torah fue ofrecida a todos los pueblos será ampliamente desarrollada en los círculos rabínicos con un evidente interés apologético. ¿Cómo dedujeron tal oferta? El ingenio y habilidad rabínica se pusieron a prueba. En primer lugar, se constató con sorpresa que la Torah se entregó fuera de la tierra de Israel, en

lugar desierto y abierto. ¿Por qué?:

Llegaron al desierto del Sinaí y acamparon en el desierto (Ex 19,2). La Torah se

entregó en público, abiertamente en un lugar desierto, porque si la Torah se hubiera dado en el país de Israel, se hubiera podido decir a las naciones del mundo: «No tenéis parte en ella». Pero se dio en el desierto, abierta y públicamente en lugar abierto: quien quisiera recibirla podía venir y recibirla.

Se podría pensar que fue dada por la noche, pero la Escritura dice: Al tercer día, en

cuanto fue de mañana (Ex 19,16). Se podría pensar que fue dada en silencio, pero la

Escritura dice: Hubo truenos y relámpagos (ibíd.). Se podría pensar que no oían la voz, pero la Escritura dice: La voz de Yhwh con fortaleza, la voz de Yhwh con majestad, etc. (Sal 29,4); Yhwh se asentó en el diluvio, etc. (Sal 29,10).

R. Yosi dice: «He aquí que se dice: No he hablado en secreto (Is 45,19): Cuando di la Torah, desde el principio no la entregué en un lugar de tierra oscura ni en lugar secreto ni en sitio escondido» (Mek Ex 19,2).

La explicación es apologética, para liberarse y liberar a Dios de la acusación de haber entregado la Torah arbitrariamente a un pueblo excluyendo a otros. Así lo afirma el midrás: «Por esta razón fueron consultadas las naciones del mundo, para que no tuvieran excusa y no pudieran decir: “Si se nos hubiera consultado, la habríamos aceptado”. Pero fueron consultados y no aceptaron» (Mek a Ex 20,2).

Dt 33,2, Yhwh viene del Sinaí, les amanece desde Seír, resplandece desde el monte

Farán, y llega a Meribah de Qadés, permite suponer que Dios hizo diversas estaciones

para entregar la Torah antes de dirigirse al Sinaí; de este modo, sin esconder la intención apologética, se evita hacer del Sinaí el lugar donde todos los pueblos se reunieron. Ésta es la traducción targúmica:

Y dijo: Yhwh se reveló desde el Sinaí para dar la Ley a su pueblo, los hijos de Israel. Brilló con su Gloria sobre el monte de Gabla 42 para dar la Ley a los hijos de Esaú, pero así que encontraron en ella: «No seréis homicidas», no la aceptaron. Y apareció su Gloria sobre el monte de Farán 43 para dar su Ley a los hijos de Ismael, y así que los hijos de Ismael encontraron que estaba escrito en ella: «No robaréis», no la aceptaron. Volvió y se reveló sobre el monte Sinaí y junto con Él estaban miríadas de santos ángeles. Los hijos de Israel dijeron: «Haremos y escucharemos todo lo que la Palabra de Yhwh ha hablado»; y extendió su mano de en medio de las llamas de fuego, y dio la Ley a su pueblo (TgN Dt 33,2) 44.

42 Típica actualización targúmica. TgOnq y Fragmentarios conservan Seír. Seír es la

tierra de Esaú, el campo de Edom (Gn 33,14.16; 36,8-9), por eso se entiende que en Seír Dios ofreció la Torah a los edomitas o idumeos, descendientes de Esaú. Ya en el período rabínico Edom designa a Roma.

43 Farán es la tierra donde fue a habitar Ismael (Gn 21,21).

44 TgPsJ Dt 33,2 reproduce una traducción similar, aunque menos agresiva contra