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D. Las Qisas al-Anbiya

II. Abraham en la tradición

7. Muerte de Abraham

A través de los textos que presentamos a continuación, podemos con claridad advertir variantes en torno al tema central de la muerte. Presentan matices de sumo interés para este tipo de estudios y muestran diferentes formas de entender Abraham el momento supremo. Son sugestivamente literarios, aunque también adornados de piadosas tradiciones.

101 H

ANAFI, Bada’i, p. 72.

102 Uno de los meses del calendario musulmán. 103 F. P

AREJA, La religiosidad musulmana, p. 68.

Existe un interesante relato 104 en el que se describe la vejez con la aparición de las canas que nos parece oportuno ofrecerlo aquí antes de mostrar los de la muerte. La presencia del pelo blanco en Abraham fue debido a que su hijo Isaac se le parecía mucho y la gente los confundía:

Dios Altísimo hizo aparecer en Abraham las canas cuando tenía ciento cincuenta años. Se dice que la causa de esto fue porque Isaac era muy parecido a su padre, hasta tal punto que la gente no los distinguía e iba alguien hacia Isaac creyéndolo Abraham y le decía: «La paz sea sobre ti, oh amigo de Dios Misericordioso». E Isaac contestaba: «El amigo del Misericordioso es mejor que yo, él es mi señor y yo soy su siervo». Y como su asunto fue equívoco para la gente, Dios Altísimo le dio el nombre de Abraham el Canoso –sobre él sea la paz–. Sin embargo, cuando [Abraham] vio las canas, se afligió por la blancura de su cabello, pues no sabía por qué le había ocurrido esto, ya que fue el primero de los descendientes de Adán que tuvo canas. Y preguntó: «Oh Señor, ¿qué es esto?». Dios Altísimo contestó: «Esto es paciencia, respeto y comprensión por Mi parte». Y Abraham pidió: «Dios mío, auméntame la paciencia y el respeto». Por lo cual se alegró de ello 105.

Los ejemplos acerca de la actitud de Abraham ante la muerte, que a continuación ofrecemos, son probablemente manifestaciones literarias tradicionales del mayor interés y altura en estas temáticas 106.

Cuando Dios Altísimo quiso prender [el alma] de Abraham –las bendiciones de Dios sean sobre él– le envió al Ángel de la Muerte. [Abraham] vivía solo en una casa en la que no entraba nadie, sin su permiso, pero en el momento en que el Ángel de la Muerte llegó, Abraham estaba ausente. Al volver a su casa encontró a un hombre, de aspecto feo y horrible y, por lo tanto, le atemorizó, discutió y le preguntó: «¿Quién te dio permiso para entrar en mi casa?». Contestó: «El Señor de la casa».

104 Manuscrito, fol. 50r.

105 La misma leyenda se encuentra en la tradición judía (supra, «Abraham en la tradición

judía»», pp. 124-125).

106 Este tipo de relatos dependen del apócrifo judío Testamento de Abraham (cf.

supra,«Abraham en la tradición judía», pp. 125-126).

Abraham explicó: «El verdadero señor de la casa está en ella». Y el Ángel de la Muerte se marchó. Al día siguiente salió Abraham de su casa y cerró la puerta. Tras esto, vino de nuevo el Ángel de la Muerte, entró y cuando Abraham regresó, encontró en su casa a un hombre con una figura tan bella que jamás vio otra. Esto le asombró y le preguntó: «¿Quién eres y quién te permitió entrar en mi casa?». Contestó: «Me dio permiso el Señor de la casa». Abraham explicó: «El verdadero señor de la casa está aquí ¿quién eres tú?». Contestó: «Yo soy el Ángel de la Muerte, el que te visitó ayer». Abraham comentó: «No he visto dos figuras más diferentes que la de hoy y la de ayer». El ángel explicó: «Cuando Dios Altísimo quiere a su siervo mal, me envía con la figura que viste ayer, y si lo quiere bien, me envía con esta otra» 107.

El tradicionista al-Suddi* 108, nos ofrece un relato en el que destaca, por un lado, la generosidad de Abraham, que es proverbial, pues se le considera el padre de los huéspedes: siempre almorzaba o cenaba acompañado de alguien e incluso salía al camino para buscar gente e invitarla a comer; por otro, nos relata los síntomas de vejez que tenía un viejo decrépito, que será el aspecto con el que se le presentará el Ángel de la Muerte, enviado por Dios para prender su alma. Abraham acepta la muerte tras ver a esa persona, con cierta edad y con problemas intestinales. Tras preguntarle su edad, Abraham hace las cuentas y ve que dentro de un año estará igual que aquél y deseará entonces morir:

Abraham tenía mucha comida que ofrecía a la gente y a sus huéspedes 109. Mientras daba de comer a la gente, vio a un anciano que marchaba por un camino y le envió un asno para que lo montara. Cuando llegó, le ofreció comida y se dispuso este anciano a comer, pero cuando quería introducir un trozo en su boca, unas veces lo metía por el ojo y otras, por el oído. Si lo metía en su boca, cuando se hallaba en su interior, lo expulsaba en el acto. Abraham ya había rogado

107 Manuscrito, fol. 50r. 108 T

A‘LABI, Qisas, p. 100.

109 Sobre la hospitalidad de Abraham en la tradición judía, cf. supra, «Abraham en la

a su Señor que no prendiera su alma hasta que él se lo pidiera. Y preguntó al anciano cuando lo vio en ese estado: «¿Qué te pasa?». Contestó: «Es consecuencia de ser mayor». Volvió a preguntar: «¿Cuántos años tienes?». Contestó: «Tantos y tantos». Abraham calculó su edad y al observar que tenía dos años más que él, le dijo: «Solamente eres dos años mayor que yo. Así pues, cuando llegue a tu edad, ¿seré como tú?». Contestó: «Sí». Entonces Abraham pidió: «Dios mío, toma mi alma antes de que me ocurra esto». El anciano se puso de pie y prendió su alma. Era el Ángel de la Muerte y Abraham tenía 200 años.

Otra manera de no admitir la muerte al principio y aceptarla después, la apreciamos en el siguiente relato cuando intervienen varios personajes [su hijo Isaac, Gabriel con plantas del paraíso y el ángel de la Muerte, que le recuerda a Abraham que es el amigo de Dios]. Es una bonita manera de aceptar la muerte:

El Ángel de la Muerte visitó a Abraham para prender su alma. Lo saludó, éste le devolvió el saludo y le preguntó: «¿Quién eres tú?». Respondió: «Yo soy el Ángel de la Muerte, se me ordenó venir a por ti». Tras esto, Abraham lloró e Isaac lo oyó y lo visitó: «Oh Amigo del Misericordioso, ¿por qué lloras?». Contestó: «Éste es el Ángel de la Muerte que vino para prender mi alma». Isaac también lloró. Volvió el Ángel de la Muerte hacia su Señor diciendo: «Oh Señor, Tu amigo se afligió por la muerte». Sin embargo, Dios Altísimo ordenó: «Oh Gabriel, toma plantas aromáticas del paraíso y marcha con el Ángel de la Muerte hacia Abraham, se las entregas y dile que cuando al amigo se le prolonga la separación de su Amado, siente añoranza por él y ¿no lo sintió hacia Mí siendo Mi amigo?». Gabriel se le presentó, le comunicó el mensaje de su Señor y le dio las plantas aromáticas. Abraham afirmó: «Sí, oh Señor, ya te he echado de menos y he deseado Tu encuentro». Olió las plantas y el Ángel de la Muerte prendió su alma 110.

No se precisa con exactitud qué edad tenía Abraham cuando murió 111. Hemos visto que alrededor de doscientos años, pero no se ponen de acuerdo los tradicionistas sobre esto. Fue enterrado, por expreso deseo suyo, en un campo de Yibrun, que era un hombre al que Abraham se lo había comprado para que lo enterraran allí, al lado de Sara 112. No obstante, cuando ésta murió, Abraham se casó con una mujer cananea llamada Sajura, y tuvieron seis vastagos; al quedarse otra vez viudo se volvió a casar con Qitur, con la que tuvo cuatro hijos 113.

110 Manuscrito, fol. 50v.

111 Gn 25,7 afirma que murió a los ciento setenta y cinco años.

En algunas obras de Qisas al-Anbiya’, al final del relato referido a Abraham, se incluye la descripción física de éste, pero se entiende que sería al final de sus días, porque nos lo presentan como un hombre canoso: «Tenía la tez blanca tendiendo a roja, ojos bonitos, grandes y negros, la frente despejada, la nariz corva, poco vello en el cuerpo, cabello canoso y la barba, ni larga ni corta, también canosa, y manos y pies gruesos» 114. Es más, en varios textos, se dice que Abraham era el hombre más bello y el que más se parecía a Mahoma 115.

El interés por resaltar la figura de Abraham, hanif y buen musulmán, ha dado lugar a que se le considere el pionero de una serie de costumbres de la vida cotidiana e incluso de ritos religiosos. Seleccionamos y resumimos, a continuación, algunas prácticas sacadas de la conocida obra de al-Ta‘labi 116: Fue el primero que se circuncidó 117, que migó el pan, que calzó zapatos, que repartió el botín entre los musulmanes, que mató con la espada, que se puso los zaragüelles, que se asentó en el lugar de la Casa, que fue arrojado al fuego y no se quemó, que se depiló la axila, que se limpió los dientes, que se enjuagó la boca y que se lavó con agua después de orinar 118.

112 Cf. Gn 23. 113 K ISA’I, Qisas, pp. 152-153. 114 T ARAFI, Qisas,p. 51. 115R. T

OTTOLI, «Dell’ aspecto fisico dei profeti in alcuni ritratti presso la corte Bizantina

secondo una Tradizione musulmana», p. 377.

116 Qisas, pp. 100 y ss.

117 Lo hizo él mismo con una hachuela, cuando tenía más de 70 años y puso la

circuncisión como señal para la gente del Libro.

118 T

A‘LABI, Qisas, pp. 100 y 101. Es preceptivo, en el Islam, después de hacer sus

necesidades, lavarse las manos y las partes íntimas.

Moisés en la tradición musulmana