• No se han encontrado resultados

LA EXPERIENCIA DEL CONFLICTO DE TENDENCIAS

LA EXPERIENCIA INTERNA DE LA LIBERTAD Y DE LA LEY NATURAL: DOMINGO BÁÑEZ (1528-1604)

3. LA EXPERIENCIA DEL CONFLICTO DE TENDENCIAS

En la q76 Báñez trata por extenso de la espiritualidad del alma humana. Significativamente, después de presentar los argumentos clásicos, se detiene con agrado en un argumento –que le parece “mucho más claro”– basado en una experiencia universalizable: “Tenemos experiencia dentro de nosotros de una lucha y guerra entre el apetito sensitivo y el apetito racional, de tal modo que si estamos atraídos hacia la consecución de un determinado bien deleitable, sin embargo nos contenemos aun cuando persevere la pasión y el afecto sensible. De lo que parece seguirse que lo que retiene al apetito mismo no es algo de un cuerpo orgánico, pues en caso contrario sería afectado del mismo modo por la delectación nacida de la conmoción interna de la sangre, y no podría ni gober- narla ni vencerla, ni tampoco detenerla, pues siempre lo que actúa está afectado de modo diverso que aquello que es vencido. Es por tanto necesario que el ape- tito superior mismo no esté en un órgano corpóreo, de modo que pueda imperar al gozo y a la ira, que son pasiones del apetito sensitivo. Y esto se confirma pues de la misma experiencia se desprende que la razón, a la que sigue la volun- tad, no es un juicio del sentido, pues se seguiría que dos juicios contrarios esta- rían en la misma potencia, o que la voluntad no se opondría al apetito inferior, en cuanto que la misma razón de bien se le mostraría mediante un único y

panem esse accomodatum ad satiandam famem, et conservandam vitam; et iudicat tunc esse potius eligendum panem, potuit tamen ex alio principio iudicare aurum esse potius eligendum, ut si forte esset ibi emendus ager, aut restituendum ingens debitum. Ex hac doctrina facile possumus colligere, quando et quomodo intellectus determinat se ad iudicandum ante actum voluntatis”. DOMINGO BÁÑEZ, Scholastica Commentaria, (II), 975 A-B.

La experiencia interna de la libertad y de la ley natural 31 mismo juicio, por lo que no notaríamos en nosotros lucha alguna, sino que todo lo que apareciera como bueno o malo al apetito sensitivo, lo abrazaríamos o lo rechazaríamos al instante, como los animales”27. Como se puede advertir, esta experiencia está basada en el conflicto entre las tendencias sensibles e inte- lectuales. En las tendencias sensibles hay una inclinación hacia lo presente a los sentidos: se trata de una inclinación sensible ad unum, regido por tanto por una necesidad “natural”. Si no hubiera ese principio intelectual el bien se identifi- caría sin residuos con lo placentero (o bien sensible). Sin embargo, la existencia de una tendencia “espiritual” hace posible refrenar el apetito sensible y de este modo gobernar la acción. No habría “gobierno” de la acción si ésta ya estuviera determinadamente fijada por la inclinación sensible28.

Del análisis del conflicto entre tendencias, Báñez concluye que debe existir un principio espiritual mediante el cual el hombre puede gobernar sus tenden- cias sensibles: “Por lo tanto, existe en nosotros una cierta luz espiritual que ha sido establecida para mostrarnos el bien verdadero y conveniente a la naturaleza racional”29. De este modo se puede concluir la existencia del alma espiritual, pero también supone una prueba muy adecuada para demostrar la existencia de la libertad en el hombre, en la medida en que su obrar escapa a la necesidad meramente física30. En la medida en que en el obrar hay menos necesidad, hay más libertad en el obrar humano (y divino).

Quisiera destacar que el conflicto de tendencias responde más bien a un apa- rente conflicto de teleologías: sensible una, inteligible otra. Por eso, la indeter- minación de la voluntad no se refiere a la indiferencia con respecto a los fines. La naturaleza sensible (manifestada en la inclinación o apetito sensible) posee un fin predeterminado: el bien sensible presente a los sentidos. En los seres irra- cionales ese fin domina de tal modo la conducta que no es posible discernirlo

27 D

OMINGO BÁÑEZ, Scholastica Commentaria, (II), 385 A-C.

28 Esta prueba es la más original del maestro salmantino en orden a demostrar la espiritualidad del alma humana: sólo el hombre puede decir “no” a sus tendencias puramente naturales, co- mo apuntará después Max Schler. Cfr. MANZANEDO, M. F., “La inmortalidad del alma según Báñez”, Studium, 2001 (41), p. 73, nt. 61; p. 83, nt. 101; p. 84, nt. 107.

29 D

OMINGO BÁÑEZ, Scholastica Commentaria, (II), 385 C.

30 Desde la fenomenología, también se ha acudido a la experiencia interna de la libertad en cuanto dominio de la necesidad. “[La libertad] aparece perfectamente reflejada en la experiencia del ser humano, que se resume en la frase podría pero no es necesario. […] entre el podría, por una parte, y el no es necesario, por la otra, se forma el quiero humano, que constituye el dinamismo propio de la voluntad”. WOJTYLA, K. Persona y acción, pp. 119-120.

32 José Ángel García Cuadrado del medio más adecuado para conseguirlo. La naturaleza intelectual (que manifiesta un inclinación al bien inteligido) posee también un fin “natural” determinado sobre el cual no hay elección ni deliberación31. Sólo quien posee conocimiento intelectual puede conocer la razón de medio para un fin, lo cual es imprescindible para introducir orden en un todo complejo. En efecto, si lo propio de la razón práctica es introducir orden en nuestros actos es porque puede relacionar medios y fines, y en última instancia con el fin último. Es in- dispensable que la primera ordenación de nuestros actos sea obra de una ley na- tural32. La indeterminación de la voluntad radicada en el intelecto, no se debe ciertamente a la carencia de fines, sino a la multiplicidad de medios (que son fi- nes intermedios con respecto al fin último) que se ofrecen para la consecución del fin. Por eso “no se es más libre mientras más indeterminada o menos firme sea la decisión, sino mientras menos necesitado se encuentre uno a la elección, es decir, mientras perciba con más claridad que está eligiendo un medio que es congruente con el fin, pero que no es necesario para conseguir el fin”33.

4. LA SINDÉRESIS COMO LUZ NATURAL DE LOS PRINCIPIOS MO-