FUNDAMENTOS METAFÍSICOS PARA PENSAR LA LEY NATURAL María Raquel Fischer
4. TERCERA PARTE: “LA NATURALEZA DEL BIEN COMO MODO, ESPECIE Y ORDEN”
Diversos momentos articulan la lectura del texto (artículo 6).
Los primeros renglones constituyen un prólogo que refiere a la historia de la cuestión planteada: lo que se debe saber sobre lo que un nombre importa de re- lación y de sustantivo. Comienza con una cita de San Agustín del De natura boni (c3). A partir de ella elabora a lo largo del texto su discurso metafísico. In- mediatamente la reflexión recae sobre la secuencia lógica del nombre que com- promete su potencial significativo entre la relación y el núcleo sustantivo.
En un segundo momento el nomen boni permite pasar del sentido de la pala- bra a la ontología implícita en ella. Si bien el texto tiene en gran parte una signi- ficación gramatical, sin embargo representa la imagen metafísica que articula lo conceptual en un movimiento descendente de Dios al bien de las criaturas. El aliquid es un natus est perficere. El bonum se hace un “nacido para perfeccio- nar”, convirtiéndose en el gran mediador entre la Bondad Absoluta y el universo de las cosas creadas. En este aliquid las cosas postergan sus propiedades inalie-
Fundamentos metafísicos 181 nables y participan del goce de una ofrenda. La entrada del aliquid al mundo es ontológicamente una presencia redentora.
En un tercer momento se explicita el sentido del aliquid en la estructura de la cosa creada. Aquí aparece la trilogía constitutiva del bien en modo, especie y orden. La comprensión de esta trilogía supone la lectura de dos de los argumen- tos en contra: el De hebdomadibus de Boecio que incorpora la dimensión de la causalidad y el texto del libro de la Sabiduría que traduce en lenguaje religioso el esquema conceptual del bien. Las expresiones latinas secundum rationem speciei y secundum esse indican la dirección en la que el bien potencia las posi- bilidades perfectivas latentes en cada individuo. De este modo su perficere re- construye en el ad finem la primitiva unidad de un mundo disgregado.
1) El secundum esse refiere al modo. Este es la medida que determina el quantum de ser que cada individuo tiene con derecho para su existencia. El aliquid reaparece así en la individualidad concreta según la medida de cada uno. Su caudal perfectivo se ve cortado según el metro del que lo recibe. La existen- cia individual configura y acrecienta su perfección entre estas dos distancias: la que mira hacia el Bonum que participa y que mira hacia la nada de ser que re- corta la plenitud: ni la patria de lo infinito ni la nada absoluta. La separación on- tológica de la cosa creada entre estas dos distancias obliga a la reconciliación con las posibilidades de su ser más íntimo.
El esse es un finitum y un determinatum, pero esta medida determina la eco- nomía axiológica según la cual el cosmos da forma a su potencial perfectivo. En conformidad al texto bíblico, se puede afirmar que entra dentro de la Sabiduría de Dios la constitución de la medida y la comprensión del límite como límite.
2) El secundum rationem speciei revela la belleza de la forma. Es la primera expresión “objetiva” del sentido de la existencia. Por ella la vida en cada indivi- duo se comprende a sí misma. El ser adjudica a su forma sus virtudes más ín- timas. La especie expresa a pesar de la finitud de una medida el poder de glorificar, latente en cada ente. Forma y medida hacen en el individuo concreto la dialéctica de plenitud y nada.
3) En cuanto a la naturaleza del orden no es representación ni reflexión, es la fibra ontológica que reconcilia la armonía primera con un goce porvenir. Specie y esse superan a través del orden la pura disolución de lo que dura en una coexistencia con sentido que ordena las partículas metafísicas en la unidad de un ente logrado.
182 María Raquel Fischer 5. CONCLUSIÓN
Tal como se ha señalado en el cuerpo de esta ponencia, la cuestión 21 queda estructurada según nuestra hermenéutica en tres momentos que nos ha permiti- do reconocer en el texto una “trilogía fundativa” que representa el esfuerzo de intelección de la mente en la comprensión del “aliquid bonum”. Ella articula el “bien” según: la perfección, la diferencia y el orden.
La segunda refiere a las formas de la causalidad entre ser y bien, y la tercera lo que puede llamarse una trilogía constitutiva. El “decir” de San Agustín hace que la forma total del artículo seis sea un diálogo constante. El modo histórico de presentar el tema constituye una posibilidad de comprensión. Sin embargo este núcleo queda transfinalizado por lo metafísico, por lo antropológico y por la forma escatológica que surge de una meditación final. El bien es en la especie y en el modo un decir ya acontecido, pero el orden reconcilia estas herencias metafísicas con el misterio de un bien creado.
Ahora bien, desde una perspectiva estrictamente metafísica, queda aquí fun- damentada la posibilidad de plantearse posteriormente lo que será por ejemplo para Locke la cuestión de la “existencia de la ley natural, su conocimiento y su no obligatoriedad”3. La concepción metafísica de la existencia sigue siendo vá- lida, y aún pudiendo disentir con ella, sin embargo no se puede no reconocer que da cuenta de las cuestiones planteadas a un nivel vigente aún filosóficamen- te. Siempre hay un espacio-tiempo fronterizo que reina sobre los discursos de la razón. El ansia de eternidad mantiene despierto también al “homo socialis”, tal vez porque siente que el último mensaje de esta tierra es el misterio de que la escritura de Dios no tiene malicia. Eh aquí el mejor fundamento para pensar en que sentido se puede hablar hoy de “ley natural”.
María Raquel Fischer CONICET (Argentina) [email protected] .
3 Cfr. B
RAUM, R., “La ley Natural y la sociedad hunana. Acerca de una argumento de Locke”,
Revista de Filosofía, Universidad Nacional de la Plata, 1969 (nº 21). Allí Braum muestra en
conformidad con este autor que sin esta “ley natural” la existencia entre los hombre sería imposible.
LEY ÉLFICA: LA INTERPRETACIÓN CHESTERTONIANA