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La historia primigenia

In document Crear Cultura Andy Crouch (página 135-139)

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Resulta difícil conciliar la precisión de los relatos de creación del Génesis, donde los primeros seres humanos nacen con la misma rapidez que un bebé humano, con la versión de los arqueólogos y antropólogos. Génesis 1, ciertamente, no exige de nuestra parte pensar en términos de «días» de veinticuatro horas, dado que los primeros dos «días» se completan antes de la creación del sol o de la tierra. Pero resulta difícil leer Génesis 2. donde el Creador se in­ clina un día y forma al hombre a su imagen del barro, sin sentir al­ guna disonancia con el registro arqueológico, en el que la historia humana parece ir surgiendo gradualmente de las sombras del tiem­ po. ¿Cuándo y dónde hubo un Adán y una Eva? ¿No es la historia de la cultura humana más compleja y menos «repentina» de lo que el Génesis podría hacemos creer?'

A mí, personalmente, no me convencen los denodados esfuer­ zos de los cristianos que interpretan literalmente la Biblia por ha­ cer encajar cada detalle de los relatos de creación del Génesis con lo que nos dicen la cosmología y la arqueología modernas. Sin em­ bargo. no estoy seguro de que los autores bíblicos quedaran abso­ lutamente desolados por los fallos de Génesis 1-11 como historia I.

I. I. 0 5 lectores interesados por un resumen sucinto y accesible a los diversos modos de lectura del Génesis a la luz de la cosmología y la antropolo­ gía contemporáneas pueden consultar Dcborah B. Haarsma y Lorcn D. Haarsma. O rig in s: A R e fo rm a d l.o o k a l C reation. D esign. a n d E volution. Faith Alivc Chrístian Resources, Grand Kapids 2007.

cosmológica literal. El Jardín de Edén, después de todo, se sitúa en la intersección de cuatro rías que los antiguos sabían que no te­ nían ninguna intersección. La «historia primigenia» del Génesis -e l arco del Jardín a Babel debe leerse, no en el contexto de los descubrimientos arqueológicos actuales, de los que los autores bí­ blicos no sabían nada, sino en el contexto de los mitos de creación antiguos, que los autores bíblicos ponían en contraposición con su propia versión de la historia.

Aun así, los relatos de Génesis 1-11 me sorprenden, como a muchos otros lectores bien informados, por su mucha mayor com­ patibilidad con nuestras interpretaciones modernas de los orígenes cósmicos y humanos que la mayor parte de los mitos de creación que circulaban al mismo tiempo por el Oriente Próximo antiguo. Hay paralelismos básicos entre la secuencia de días en Génesis 1 y nuestras suposiciones más fundadas sobre la evolución gradual en el universo de la luz, los planetas, las plantas y las criaturas más complejas, con la humanidad llegando mucho más tarde. Génesis 2 no afirma, como otras religiones antiguas, que la humanidad sea una clase distinta de ser que el resto de la creación, que los huma­ nos sean vástagos de los dioses. En lugar de ello, nosotros somos hechos del polvo, de la misma materia que el mundo que nos ro­ dea. Esto también resulta sorprendente y, para muchos antiguos, contrario a las expectativas lógicas.

1.a arqueología, por su parte, no puede responder una pregun­ ta igualmente obligada: ¿qué es lo que distingue a los seres huma­ nos y cuándo y cómo sucedió? La arqueología y la antropología pueden documentar el omnívoro apetito humano de cultura, pero no pueden explicar de dónde procede dicho apetito. Incluso nues­ tros parientes biológicos más próximos, Jos orangutanes y los chimpancés, que son capaces de emplear un lenguaje y hacer he­ rramientas rudimentarias, no muestran ningún signo de impulso constante a extender la cultura más allá de lo que han heredado, no se interesan por crear y remodclar el mundo continuamente. Los chimpancés, como los collics, muestran curiosidad por el mundo, pero no dan nunca signos de reflexionar sobre el significado del mismo ni intentan jam ás interpretarlo del modo complejo y her­ moso de los pintores de Lascaux, tan tempranamente en la histo­ ria cultural de la humanidad.

En nosotros hay algo que no puede reducirse a polvo, un espí­ ritu creativo que tiene capacidad para el discurso y el significado; en suma, para la cultura. El Génesis sugiere que esta creatividad cultural, mediante la cual reconocemos a los seres humanos allí donde, en el tiempo o en el espacio, encontramos sus huellas, está arraigada en algo tan real como nuestro ser material. De Génesis 1 aprendemos que el mundo es obra de un Creador, que es parte ya de una sociedad creadora («Hagamos al ser humano a nuestra ima­ gen y semejanza») que pretende traer a la existencia un mundo hermoso, ordenado y lleno de sentido. De Génesis 2 aprendemos que nuestro espíritu creativo no brota simplemente del polvo, sino que fue insuflado en nosotros por el mismo Espíritu que sobrevo­ ló originalmente el caos oscuro e informe, pronunciando una pa­ labra repentina y decisiva que dio inicio a la creación.

Claro está que no «aprendemos» estas cosas de Génesis 1 ó 2 del mismo modo que podemos «aprender» acerca del «big bang» estudiando los datos de los radiotelescopios. Así pues, de nuevo, hay muchas cosas que no podemos aprender de ese modo. Las co­ sas más importantes de nuestra vida las aprendemos merced a la confianza, no por deducción experimental.

Con su historia primigenia, los capítulos del I - 11 del Génesis se apartan de lo que sigue en Génesis 12 y siguientes capítulos en forma, estilo y contenido. No son tanto una historia cuidadosa­ mente documentada cuanto un relato que nos invita a la confianza. En este sentido, son muy similares al otro extremo de la Biblia, el Apocalipsis, también un relato que se aparta de la historia humana recopilada, ofreciéndonos una posible visión del destino último del cosmos, que es algo a lo que nunca podremos llegar mediante la mera investigación. ¿Se puede confiaren estos dos relatos extremos acerca de los orígenes y el final? Yo creo que sí. Si hay alguna ma­ nera, en los nuevos cielos y la nueva tierra, de tener acceso a la his­ toria completa de este universo tan maravillosamente quebrantado, no me sorprendería descubrir que los autores bíblicos no conocían algunos de los detalles de cómo creó Dios el universo y la raza hu­ mana. Pero confío en no sentirme en modo alguno engañado por ellos; de hecho, creo que me sentiré inefablemente agradecido por el hecho de que, movidas por el Espíritu Santo, escribieran textos que han dado al mundo el mejor sentido posible.

Y mis razones para extender este nivel de confianza tienen mu­ cho que ver con los libros que se encuentran entre los dos extre­ mos: la historia del pueblo de Israel, mucho más accesible y veri- ficable históricamente, su éxodo de la esclavitud de Ifgipto y la lle­ gada final de un hombre que afirmaba cumplir toda la promesa ori­ ginal de Israel. Esta historia, que hace una afirmación central para la Historia, en especial en su punto más radical - la resurrección de Jesús de entre los muertos-, puede ser puesta a prueba, ha proba­ do que se puede confiar en ella y me proporciona la confianza en que los dos libros extremos, al igual que el resto del libro, dicen algo excepcionalmente verdadero acerca de nuestros orígenes y nuestro final.

Ca p ít u l o 7

In document Crear Cultura Andy Crouch (página 135-139)

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