Después de haber hecho un recorrido histórico en cuanto a la presencia de la Iglesia en medio del pueblo negro africano en América, ahora considerado un
224 Ver Capítulo 2, p. 57. 225 Ver Capítulo 2, p. 60-63. 226 Ver Capítulo 2, p. 66. 227 Ver Capítulo 2, p. 70-71.
pueblo afro, y teniendo una clara concepción de lo que la pastoral afro es, como actividad propia de la Iglesia y como herramienta propicia para la labor evangelizadora y evangelizante profunda del afro, se hallará que ha habido cierta evolución en forma y estilo de hacer la pastoral; y que siglos más tarde se designa como pastoral afro, de acuerdo a la labor realizada por agentes de pastoral: laicos y religiosos misioneros autóctonos, en consonancia con lo que se quiere en este tema se dan a conocer algunas comunidades religiosas que tienen como opción misionera el trabajo con los pueblos afros.
Las comunidades religiosas que actualmente trabajan y conviven en medio de los pueblos afrodescendientes en el Caribe, específicamente en la Arquidiócesis de Cartagena de Indias (iglesia particular) de la zona octava de san Basilio228 y que tratan de hacer viva y eficaz la presencia eclesial por medio de la pastoral afro, son: los Misioneros de la Consolata (en la parroquia inmaculada concepción), quienes a través de su carisma: la consolación, tratan de vivenciar a ese Jesús, muerto y resucitado, como Consolación de Dios al mundo y como propuesta de vida y no de desolación229. El misionero de la Consolata queriendo vivir el mandato del Fundador encuentra en sus Constituciones que ―Es indispensable que el misionero conozca los usos, costumbres y formas de pensar de la gente del lugar, para evitar el comprometer su apostolado con actitudes provenientes de su cultura‖ (Const. 72.1); este trabajo pastoral realizado en la misión, ante todo, no debe perder éste horizonte: vivir la cultura y sus expresiones de fe (inculturación);
228 La Arquidiócesis de Cartagena de Indias, está organizada por zonas de pastoral; en éste caso la pastoral
af o se desa olla e la zo a o ho, lla ada zo a o tava de sa Basilio , o fo ada po ó pa o uias. El Instituto Misiones Consolata (IMC), de origen italiano, fundado por el Beato José Allamano, sacerdote diocesano, con opción por los afrodescendientes, indígenas y campesinos (misión ad gentes). Llegan a la realidad afro del municipio de María la Baja en 1988 (parroquia Inmaculada Concepción, en la que actualmente habitan [queriendo siempre responder a las necesidades del pueblo en cuestiones espirituales, integrando fe y vida]), después de seis años de trabajar en la parroquia de Pasacaballos, habiendo trabajado por mucho tiempo, y antes que en Pasacaballos, en la parroquia de la Consolata en Blas de Lezo, en la ciudad de Cartagena. (cfr. Pellegrino, La campana de Balbino, 261-267)
229Capitulo Ge e al XII, , del I stituto Misio es Co solata: El título de Co solata es
para nosotros el carné de identidad: ofrecemos al mundo de las manos de María la verdadera consolación que es Cristo Jesús, su pe so a su iste io…
la Fraternidad Carmelitana230 quien trabaja actualmente en la parroquia de san
José Obrero de Arjona y los Misioneros Oblatos quienes están en las parroquias de san Marcos, en el pueblo de Malagana y en el municipio de Mahates, su labor pastoral es realizada de igual manera en san Basilio de Palenque.
El padre Lauro Negri, quien también trabajó en medio de las realidades afro de María la Baja (desde el año 1979), entre ellas el actual San Pablo Norte y en Malagana, hizo, en comunión con el equipo misionero de hombres y mujeres comprometidos con la opción, trabajo pastoral con la minoría étnica afrodescendiente, una reflexión que él llama ―La muerte‖, en donde también resalta la labor y la presencia de la Iglesia evidenciando estas manifestaciones cultuales hacia la muerte:
La Eucaristía o ―Misa‖ es parte muy importante en el ritual para los difuntos. Se participa en ella, aunque luego no se vuelva a pisar [la] Iglesia, sino hasta el año siguiente o hasta otra invitación con ocasión de otra muerte. Al padre que llega a un pueblo, les pregunta: ―¿De quién es la misa?‖, o entendiendo con eso cómo se llamaba el difunto (…). Se acostumbra a celebrar la Misa con ocasión del Novenario (aún siguen pidiéndola en la casa del difunto) [tiempo atrás se celebrara la misa en la casa, actualmente está prohibido], de mes, de seis meses y de un año (aniversario). [Es una concepción mítica del afro] Las almas de los difuntos, durante la noche emigran desde el cementerio hasta la Iglesia, en la cual pernoctan para regresar luego al cementerio en la madrugada (…). Al participar en las exequias, buena parte de los varones se quedan afuera, junto con algunas mujeres probablemente de otra religión231.
Se percibe en esta reflexión lo distanciado que está el afro, tanto de la Iglesia como del sentido del sacramento mismo de la eucaristía; se nota aquí sólo un acercamiento por un hecho mortuorio. Por otro lado, la Iglesia, trata de seguir un hecho tradicional, en cuanto a celebrar las misa, llamada misa de difunto, pero
230 Orden de los hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, de provincia italiana,
siendo prior el padre Lauro Negri OC, en Colombia.
231
Ver Anexo D. La Muerte. Ésta reflexión fue hecha con el propósito de conocer y comprender más a fondo la realidad afrodescendiente donde estaban trabajando y conviviendo religiosos y laicos(as), comprometidos con la opción afro.
mostrando en menor escala, en la actualidad, a un Jesús, muerto, pero también resucitado, aunque queda el afro sólo con un Jesús del crucifijo. La labor evangelizadora que realiza la Iglesia, su compromiso con el Evangelio y la vida en este contexto, está más allá de una celebración eucarística para difuntos, porque se observa que ella ha quedado con elementos y prácticas mínimas de la cultura de acuerdo a sus valores humanos y cristianos; como tampoco se ha creado una liturgia propia que reconozca y vivencie estas expresiones culturales, cultuales y de fe en Dios y en Jesucristo.
3.3.1 Propuestas generales.
Queriendo entonces responder a éste capítulo y en razón de lo escrito anteriormente, se proponen algunos lineamientos que tanto el afro como la Iglesia, en el espacio de la pastoral afro, deben realizar y vivenciar.
Así de tal forma, la Conferencia de Puebla, establece que ―la Iglesia, pueblo de Dios, cuando anuncia el Evangelio y los pueblos acogen la fe, se encarna en ellos y asume sus culturas‖ (400), teniendo en cuenta, además, que la tarea específica de la evangelización consiste en anunciar a Cristo (cf. EN 53) e invitar a las culturas a no quedar [sólo] bajo un marco eclesiástico, sino acoger por la fe, el señorío espiritual de Cristo (405); manifestando el afro sus valores de fe cristiano, buscando la manera de profundizarlos desde lo que tienen y lo que son.
Ahora bien, la Conferencia de Santo Domingo propone unas líneas pastorales a desarrollar como ―evangelización inculturada‖, luego del perdón pedido por el Papa a los indígenas y afroamericanos (cfr. 248):
Para con nuestros hermanos afroamericanos:
(…) la Iglesia en América Latina y el Caribe quiere apoyar a los pueblos afroamericanos en la defensa de su identidad y el reconocimiento de sus
propios valores; como también ayudarlos a mantener vivo sus usos y costumbres compatibles con la doctrina cristiana (cfr. Mensaje a los afroamericanos, 3) (249).
Por otro lado en la Conferencia de Aparecida, se busca trabajar en y con ellos, desde su reconocimiento a los afroamericanos como reto que interpela para poder vivir el verdadero amor a Dios y el prójimo (cfr. 532).
Haciendo un recorrido general de las tres (3) Conferencias se descubre un punto central: referencia a la inculturación o encarnación de la Iglesia en los pueblos de acuerdo a sus culturas, encontrando en ellos sus valores, idiosincrasias, sus expresiones de fe y sus formas de pensar; aunque todavía queda mucho camino por recorrer, porque aún se encuentran pastores en medio de estos pueblos orientados por otros lineamientos pastorales que no están de acuerdo al contexto en el que conviven. De esta manera la Iglesia en la realidad afroamericana y, más en concreto aún, las iglesias particulares y locales, tiene que concientizarse del gran compromiso cristiano que tiene con estos pueblos y sus valores, asimilando, aceptando e inculturando el Evangelio para desarrollar una auténtica pastoral que responda a todas esas exigencias, una pastoral como la pastoral afro.
En el marco de las propuestas anteriores, el Catecismo de la Iglesia católica romana explica, en el tema de La celebración de las exequias, de acuerdo a la SC 81, que ―los diferentes ritos de las exequias expresan el carácter pascual de la muerte cristiana y responden a las situaciones y a las tradiciones de cada región (…)‖ (Ch. R. 1685); pero haciendo la debida pesquisa en el mismo Catecismo, no hay elementos que enseñen o que se centren en una celebración pertinente a la realidad del afro en cuanto a la muerte o lo referente a la celebración del culto al muerto, que se realiza en los pueblos afrodescendientes, en especial, en San Pablo Norte, en San Basilio de Palenque y en algunos pueblos del Pacífico colombiano.
La catequesis de los pueblos afrodescendientes, en algunos casos, no está asumida desde la misma realidad de estos pueblos, pues, la centralidad del contenido catequético, como es lógico, está más orientado a los temas del Credo de los Apóstoles destacando la ―vida nueva‖ en la persona de Cristo y a toda la enseñanza dogmática, pero sin ninguna incidencia de lo que vive o experimenta el afro en sus tradiciones concerniente al culto al muerto232. Por tanto se propone una catequesis más aterrizada, encarnada, que forme al afro en su proceso de fe cristiano, para no quedarse encerrado en abstractas concepciones.
En páginas precedentes, en el capítulo segundo, se menciona que no se ha elaborado una liturgia afro de acuerdo a su contexto, sus fiestas, sus expresiones de fe y sus espiritualidades; esto se corrobora en el Misal Romano233, pues, los prefacios de difuntos no están elaborados de acuerdo a esta realidad concreta, sino de una forma más generalizada; así pues, a la Iglesia, en sí a la iglesia particular, le corresponde seguir ahondado en el ―mundo‖ del pueblo afro para poder vivir una inculturación completa y concisa, teniendo en cuenta sus valores culturales relacionándolos con los valores del Evangelio y las prácticas litúrgicas, en especial su practica litúrgicamortuoria.
El trabajo pastoral de la iglesia particular y local debe tener en cuenta, como primera instancia, a la persona afro y su concepción que tiene de la vida, para luego así llegar a comprender el sentido que tiene de la muerte y sus expresiones hacia la misma (el culto al muerto) y, como segunda instancia, sus expresiones de fe en la persona de Jesucristo, Evangelio vivo de Dios, por medio del cual el afro tiene la confianza y la esperanza de salvación de sus muertos. Así mismo, de acuerdo a la opción que ha hecho la Iglesia, por los pobres y excluidos (y por las minorías étnicas), fundamentada en la opción preferencial de Jesucristo, por los pobres y marginados, se realice un debido proyecto pastoral afrodescendiente, en
232
Ch. R., 1697.
233 Misal Romano,
el que se tenga en cuenta de incluir sus expresiones de fe y de vida (el culto al muerto, sus cantos, sus ritos), siendo ellos los protagonistas de dicho proyecto. Como línea de acción para la pastoral afro, en el que se debe colocar también mucho énfasis, es, en lo que el afro concibe desde su fe en Cristo, la concepción de la vida eterna, pues, lo manifestado en las encuestas deja entrever que es poco lo que sabe, dado que, se ha transmitido hereditariamente un concepto tanto abstracto como muy plano de esta categoría.
La Iglesia manifiesta a través de algunos de sus documentos su tarea evangelizadora y de inculturación, tarea en el cual se hace presente la pastoral afro implicativamente, pues es en ese espacio donde el afro-cristiano podrá incorporar en su vida el Evangelio de Dios, como lo llama Pablo en la carta a los romanos, descubriendo a través de ella, de la evangelización, a un Jesucristo, reino de Dios, el cual, no es sólo un lugar de llegada del difunto, como lo percibe el afro de San Pablo Norte, sino que es una categoría de libertad, de entrega, de amor de Dios a toda la humanidad y de un Jesucristo, fuente de vida, de vida eterna.
En definitiva, la pastoral afro debe seguir siendo un espacio privilegiado para el afrodescendiente, donde se descubra a sí mismo y descubra a un Jesucristo enviado del Padre a darnos vida, el cual se cultiva en el aquí y en el ahora, proyectada a una vida prometida (el eschaton), de salvación, de vida eterna, de vida en abundancia, por medio de Dios amor, de Dios Padre, donde todo ser humano gozará de su presencia (visión de Dios-ser en Cristo).