Siguiendo el hilo conductor de la muerte, en lo bíblico y lo teológico, Ruiz de la Peña busca ahora acercarse al tema de la ―muerte eterna‖ que implica157,
152 Ibíd. 153 Ibíd. 154 Ibíd. 155 Ibíd., 267. 156 Ibíd., 268. 157 Ibíd., 225.
refiriéndose a san Pablo, que Dios quiere que todos se salven, para llegar así al conocimiento de la verdad (cfr. 1Tim 2,3s).
Este tema para Ruiz de la peña, está en consonancia con el tema de la ―vida eterna‖, y que demuestra no ser dos temas de ―dos niveles‖, sino que ―según la fe cristiana, la historia no tiene dos fines, sino uno: la salvación‖158; objetivo que tiene
proyectada la escatología cristiana; y es el propósito a desarrollar en este trabajo, de manera somera, de acuerdo a la concepción que posee el afro de San Pablo Norte, en relación a la muerte, su culto, de la muerte y resurrección de Jesucristo y lo que le espera después de esta vida.
Se ponen en tela de juicio dos elementos importantes: considerar la muerte eterna como verdad de categoría equivalente a la vida eterna, del que se va hablar más adelante; y la de amortizar toda posibilidad existente de condenación en contraste con una salvación sin excepciones159.
2.6.1 Perspectiva bíblica.
Desde la doctrina bíblica160, Ruiz de la Peña ubica al lector en dos unidades
elementales: la primera, donde da a conocer a Dios, desde el Antiguo Testamento, como Aquel que no busca la perdición del pecador, sino que se convierta y pueda vivir; donde todo lo que había creado era bueno y que lo creado no era para la muerte, mucho menos aborrecer lo existente (Gn 1; Sab 1,13; 11,24; Ez 18,23;
158 Ibíd. 159 Ibíd., 226. 160
I íd. ‘uiz de la Peña sitúa éste pla tea ie to de las es itu as e u o te to teológi o, ue pe ita reconocer cuál es exactamente el lugar teológico que corresponde a las afirmaciones bíblicas sobre el i fie o . Como lo que se quiere es tener una mirada aquí general desde el presupuesto bíblico, no se hará mención de los otros aportes provenientes de otras fuentes: de la Tradición de la Iglesia, de dos teorías sistemáticas: que son la apocatástasis y la (Auto)aniquilación, y de las reflexiones sistemáticas sobre la Iglesia.
33,11)161; y el segundo elemento lo perfila desde el Nuevo Testamento, donde se
define a Dios, simple y llanamente, como Amor (1 Jn 4,8), en donde el mismo Dios busca, y que es mencionado en 1 Timoteo, que todos se salven. Éste amor de Dios que está condensado en la persona de Jesús, quien no ha venido a condenar, sino que amando se ofrece en oblación por la salvación; acto de amor consumado en la cruz, como entrega libre, generosa y de amor a la humanidad (cfr. 1Jn 4,8.10). En una visión conjunta de los evangelios sinópticos, toda la acción de Jesús, en cuanto a sus predicaciones, enseñanzas, a su anuncio del reino de Dios, a su invitación a la conversión, a su llamada al perdón (dado a conocer desde las parábolas del perdón), revela la faceta de Dios como Aquel que no quiere ―la muerte del pecador, sino que se convierta y viva‖162. Así, los
evangelios sinópticos le dan toda la relevancia a la salvación163 y no a la condenación.
El evangelista Juan apunta de una manera más certera a la encarnación de Jesús: ―(…) Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él‖ (Jn 3,17). Por tanto, no hay duda de que la idea o la concepción de la muerte eterna no pertenece al evangelio164.
En esto el afro de San Pablo Norte, tiene la clara concepción de lo que cree y concibe desde las Escrituras: La fe en Jesús como Aquel quien participa de la muerte, pero que la trasciende a través de su resurrección. Él hace la promesa de la salvación tan anhelada por todo el ser humano. El afro tiene la certeza de que Dios no lo abandona y que sus rituales mortuorios son una buena herramienta para ello. Pero siente cierto temor por aquellos que posiblemente, no fueron testimonios de ni de fe ni de bondad165, los cuales, pueden llegar al infierno, a la
161
Ibíd., 226-227.
162 1Tim 2,4; Mt 4,17; 3,2. 10; Lc 4,16ss; 22, 28-30; Is 61,1s; Lc 15,1ss; 18,9-14.
163 Ver Anexo B. Tabulación. De la pregunta nº 7. Aquí el sentido de la salvación es de gran relevancia para el
afro, pues el 70% de las respuestas de las personas demuestra su fe en ello.
164 Ruiz de la peña,
La pascua de la creación, 228.
condenación o al purgatorio, y por ello pueden quedar ―penando‖166 en un
supuesto espacio desconocido, impensado, pero del que se tiene referencia, como lo es el purgatorio.
El tema del infierno y condenación que aparece en la cultura afro de San Pablo Norte conecta con la cuestión de la muerte eterna que, de cierta manera, tiene su relevancia en la Escritura: el Sheol, los cadáveres ya podridos comidos por los gusanos (en la gehena); el ―horror eterno‖ y el destino de los impíos167.
Desde el Nuevo Testamento hay que tener en cuenta que ―contrariamente a lo que ocurría con la bienaventuranza (cfr. Mt 5,3.8.10), el infierno no se describe en sí o por sí―como magnitud se stante―, sino que se llega a él en un segundo momento, a base de anteponer una negación a las descripciones de la salvación consumada‖168, esto significa la ruptura con Dios, la no comunión con Él; ―perder
la vida‖; ―no ser conocido‖; ser echado o quedar fuera169; ―y así como el misterio
de la salvación escatológica puede expresarse simplemente por la palabra vida (o vida eterna) el de la perdición alcanza su apelación más rotunda y concisa en la idea muerte (o muerte eterna)‖170.
El afro toca este doble discurso (de muerte eterna y de salvación), de cierta forma: no usando el término muerte eterna, en sí, pero sí desde los términos condenación y salvación. Pero también se puede entender la muerte eterna como aquella que se forma la persona al querer negar o negando toda relación intima con Dios (no comunión), al querer llevar una vida desordenada, alejado de todo y de todos, viviendo en soledad y de forma egoísta, construyendo su propio ―mundo‖, entre otras actitudes negativas, en el que se desvía del camino del cielo, del plan
166El pe a pa a el af o es ua do el ue to se ueda e la tie a ha ie do so a po algo ue de ió
arreglar o por algo que no hizo; se vuelve entonces para él un castigo sin descanso o es mandado al purgatorio, a sufrir, donde no ha cumplido su ciclo de muerte y se le puede aparecer a personas determinadas de la familia o amigos.
167 Is 66,24; Sb 5,14-23; 3,10; 4,19s. 168
Ruiz de la Peña, La pascua de la creación, 229.
169 Mc 8,35; Mt 10,28; Jn 12,25; Mt 7,23; Lc 13,23. 28; Mt 22,13. Etc. 170 Ruiz de la Peña,
salvífico de Dios en Jesucristo; de esta forma se hace más comprensible el tema de la muerte eterna, formulado en términos contemporáneos, en el que el infierno se forma desde una intuición humana: es o no real de acuerdo al sujeto, a la persona que se lo crea para sí mismo.
En contraposición está el tema de la vida eterna, con una proyección y una postura muy distante al contenido de la muerte eterna.