La Pistis Sophia es la persona, el candidato, el alumno que aspira a la vida nueva liberadora. Así la vemos ante la puerta de¡ Decimotercer Eón, justo tras el velo de esta puerta, por tanto ya en unión con la corriente de la vida nueva, y leemos en el capítulo 29:
Yo penetré en el Decimotercer Eón y encontré a la Pistis Sophia por debajo del Decimotercer Eón, su dominio superior. Se lamentaba de los tormentos que le había infligido Authades, uno de los tres triples poderes. Cuando os hable de su alcance, os explicaré por qué misterio ocurre esto.
Ya le hemos explicado largamente que Authades representa la voluntad dialéctica humana, el triple principio enormemente mágico de la voluntad del alma mortal. Algunas preguntas pueden ahora plantearse, como por ejemplo: "¿Cómo es posible que alguien que ha entrado en el Decimotercer eón y, por lo tanto, ha sido admitido en el campo de renovación, sea sin embargo abandonado y no tenga acceso a su dominio superior?"
El autor de la Pistis Sophia ha previsto esta reflexión porque la hace expresar por María:
Señor, te he oído decir que la Pistis Sophia misma era una de las veinticuatro emanaciones. ¿Cómo ocurre entonces que no se encontrara en su dominio? Porque tú has dicho que la habías encontrado por debajo del Decimotercer Eón.
Tratemos de aclarar esta cuestión y de responder a ella, con ayuda de los capítulos 30 y 31 de la Pistis Sophia.
En primer lugar hay que identificarse con ella totalmente, para a continuación, comprender que la totalidad del plan de liberación y de la obra liberadora de la gnosis, reposa en una unión magnífica nueva establecida con el candidato en el camino. Desde el punto de vista de esta naturaleza, usted depende totalmente de las doce fuerzas astrales de la naturaleza de la muerte, de las cuales vive y que han labrado el principio mismo de su forma.
Si usted se quiere liberar, ningún poder de la naturaleza de la muerte se lo permitirá. Usted no puede liberarse de la fuerza dialéctica con la ayuda de la fuerza dialéctica.
Es por lo que, desde el momento en que se toma la decisión de seguir el camino de la liberación, la fuerza salvadera y liberadora aparece inmediatamente y se pone pronto a su
servicio, a su disposición de manera que la pueda utilizar. Este poder liberador, esta fuerza sagrada, curativa y purificadora, se pone efectivamente a su servicio con todo su poder. Llamamos a esta fuerza "el Espíritu Santo", o fuerza de la Fraternidad, o fuerza de la Gnosis, o más brevemente "la gnosis".
Y bien, ¡Esta fuerza es realmente para usted, está a su disposición, en el mismo momento! De todas formas, es evidente que para poder servirse de ella, usted debe ajustarse a las leyes científicas de esta fuerza. No es posible tocar sin protección, cables de alta tensión; antes es necesario responder a algunas condiciones.
La Escuela de la Rosacruz de Oro es el instrumento magnético, formado en el curso de numerosos años, que permite a la fuerza de la Gnosis manifestarse de múltiples maneras. Piense aquí en un transformador.
La Escuela de la Rosacruz de Oro es, primeramente, un campo de fuerza, es decir, que una influencia de naturaleza gnóstica se ejerce allí sobre el alumno desde el exterior. En segundo lugar, el objetivo es dar la enseñanza con la ayuda de esta fuerza. Si el alumno no reacciona a la fuerza, entonces la enseñanza pierde su sentido.
En tercer lugar, la manifestación del Cuerpo Viviente de la Escuela de la Rosacruz de Oro da testimonio del aprendizaje, si el alumno reacciona a esta fuerza de la manera requerida. Así pues, la Escuela Espiritual está ahí para instruir, irradiar la fuerza-luz y unirla mágicamente al candidato, Se trata de un proceso de francmasonería, en el cual cada alumno puede tomar parte con su propia autoridad, a condición de atenerse al orden superior de la Escuela.
Si el candidato reacciona de la manera justa a la fuerza gnóstica, y así preserva por tanto el Orden sublime de los Misterios, es admitido entre los hermanos y hermanas del Decimotercer Eón. Está existencialmente, no solamente unido al Decimotercer Eón, sino que también es admitido allí.
Mientras el candidato trabaje sobre esta triple base de la Escuela Espiritual, su obra entonces tiene por fundamento las gracias que le son enviadas. Admitido en un taller de la francmasonería, realiza su obra y recorre su camino con una fuerza que no es de este mundo. El capítulo 30 de la Pistis Sophia no se refiere a alguien cuyo desarrollo fuera, de manera incomprensible, más avanzado que el suyo. No, ¡Es de usted de quien, se trata!
Ahora bien, ¿Qué debe hacer el candidato en el taller de la francmasonería? Leemos a propósito de esto:
Cuando la Pistis Sophia se encontraba en el Decimotercer Eón, el dominio de sus hermanos, los invisibles, las veinticuatro emanaciones del Gran Invisible, volvió la mirada hacia lo Alto sobre el orden del Primer Misterio y vio la Luz del velo del Tesoro de la Luz.
Así pues usted es admitido en este taller mágico con el fin de que se vuelva hacia la vida original a la llamada de la gnosis, de que se dirija hacia el Tesoro de la Luz Original.
La Pistis Sophia también deseaba alcanzar este dominio, según el plan, el orden y el método previstos. Pero, compréndalo bien, ¡"Ella" no podía! En efecto ¿Quién es ella?
Es un ser dialéctico, un alma mortal nacida de la naturaleza de la muerte y alimentada por ella. Ella debe pues realizar el Misterio del Decimotercer Eón, la quíntuple Gnosis universal: comprensión, deseo de salvación, rendición del yo, nuevo comportamiento, elevación en la esencia misma de la renovación, tal es la obra a realizar.
Pero he aquí que ella deja de realizar el misterio del Decimotercer Eón y ¡No hace más que cantar las alabanzas de la Luz celeste que ha visto en el velo del Tesoro de la Luz!
Es esto lo que a menudo le ocurre al candidato. Deja de realizar el trabajo para el que habla sido admitido en la forja. Y ¿Cuál es su actitud? ¡Puramente contemplativa! Encuentra admirable la filosofía de la Escuela Espiritual y maravillosas todas las reuniones, pero permanece como siempre ha sido. Su egocentrismo permanece tan duro, y su dinamismo centrado en las aspiraciones de su yo.
Ahora bien, la presencia en la forja exige no permanecer escuchando las palabras sino ponerlas en práctica, La Fraternidad no acepta un alumno en este estado. El Decimotercer Eón no lo soporta y no deja que esta situación dure, por dos razones. Es por lo que el orden del Decimotercer Eón prescribe intervenir, preferentemente en el mismo instante en que aparece la tendencia a la desviación. Las dos razones son las siguientes:
• En primer lugar, el interés del estado de la forja, y sobre todo
• En segundo lugar, el interés del candidato mismo.
Quien permanece positivo en el proceso seguido con la fuerza gnóstica, es definitivamente protegido, fortificado y dinamizado por la triple fuerza, Pero quien solo alaba y glorifica esta luz en todos los tonos, sin servirla efectivamente y sin sacar las consecuencias,
va por delante de una "caída profunda, una caída susceptible de convertirse en una catástrofe.
La Pistis Sophia da a continuación la descripción de semejante desastre. Hablaremos de ello en el capítulo siguiente.