Leemos, en el Evangelio de la Pistis Sophia. "Jesús dice: Y sucedió que cuando estaba en medio de los Arcontes de los Eones miré desde lo alto hacia el Cosmos de los hombres, por mandato del primer Misterio, y hallé a Isabel, la madre de Juan Bautista, antes de que lo hubiera concebido. Y sembré en ella la fuerza del pequeño Iâo, el bueno, que está en el medio, para que pudiese predicar anteriormente a Mí y preparar mi camino y bautizar con el agua de la remisión de los pecados. Es está fuerza la que se encuentra en el cuerpo de Juan.
Y en el lugar de los Arcontes, destinado a recibir las almas, encontré también el alma del profeta Elías, entre los Eones de la esfera; lo tomé y recibí también su alma, guiándola hasta la Virgen de la Luz: ésta la entregó a sus resplandecientes, que la condujeron a la esfera de los Arcontes y la introdujeron en el útero de Isabel
Es así como la fuerza del pequeño Iâo, que está en el medio, y el alma del profeta Elías se encontraron juntas en el cuerpo de Juan Bautista."
De esta manera el autor del Evangelio de la Pistis Sophia trató de explicar a los alumnos de su Escuela Espiritual algunos datos que, en la Biblia, son bastante oscuros e incomprensibles. Ahora bien, como la mayoría de entre nosotros no encontrarán lo suficientemente explícito este comentario del secreto del nacimiento de Juan, vamos a analizarlo juntos. No consideremos a Juan en su calidad de personaje histórico, sino que veámoslo como un tipo de hombre, el tipo que puede ser llamado, en efecto, el precursor de Jesús.
Antes de que las radiaciones crísticas puedan, en un momento dado, tomar forma en un hombre, confiriéndole así la dignidad de "hombre Jesús", este hombre debe pasar primeramente por el estadio de "hombre Juan". Debe pasar por un preproceso, el de Juanista. Por ello, en el Evangelio, Juan precede siempre a Jesús; es una prefiguración valida para todas las épocas. Así pues, todo alumno de la Escuela Espiritual que emprende el Camino manifiesta su intención realizando, en la fuerza del Juanista, las condiciones impuestas a Juan. No puede tomar la decisión de ser un Juanista, sino únicamente la decisión de volverse Juanista.
Hay, en efecto, en el desarrollo del hombre de esta naturaleza, varios estadios; en consecuencia, también hay varios tipos y subtipos. Se pueden distinguir:
1. el tipo del hombre dialéctico ordinario y sus subtipos; 2. el tipo Juan, aquel que puebla la Escuela Espiritual; 3. el tipo Jesús, el del hombre nuevo liberado; 4. el tipo Cristo, el del hombre divino.
Según los datos de nuestros evangelios y los del evangelio de la Pistis Sophia, se trataría, para el tipo Juan, de un nacimiento maravilloso, es decir, no la puesta en el mundo de un recién nacido, sino de una entrada en un estado de ser no dialéctico. El camino comporta tres nacimientos. Es una maravillosa resurrección que se realiza en tres estadios sucesivos:
• El nacimiento de Juan -que los Rosacruces expresan por las palabras: "ser inflamado por el Espíritu de Dios";
• El nacimiento de Jesús -que los Rosacruces expresan por las palabras: "morir en Jesús";
• El nacimiento de Cristo -que los Rosacruces expresan por las palabras: "renacido por el Espíritu Santo".
El primer nacimiento es la condición esencial de la transfiguración; el proceso del segundo nacimiento es el desarrollo del proceso de la transfiguración; el tercer nacimiento es la realización de la transfiguración.
Este esquema encierra la transfiguración perfecta; lo importante para nosotros es saber si hemos entrado, de hecho, en el proceso del primer nacimiento, el de Juan. Y, lo repetimos, este nacimiento es ya extraordinario por si mismo, pues ¡no se es un Juan solo por la decisión de ser un Juan! Se comienza por tomar la resolución de internarse en el camino, bien decidido a cumplir las condiciones que ello implica y que aportan los factores indispensables. En esto reside lo maravilloso de este nacimiento. Es un estado de ser engendrado por un comportamiento fuertemente concreto, pues el factor principal es el abandono de toda egocentricidad.
Retomemos, con el fin de definir concretamente el tipo Juanista, algunos puntos importantes del trabajo a realizar. Para comenzar, una pregunta: ¿Cuáles son las consideraciones predominantes de un verdadero alumno de la Escuela Espiritual?
Un verdadero alumno debe haber, llegado, por amargas experiencias, a la conclusión de que este mundo, este orden natural que no es más que una continuación ininterrumpida de necesidades y de muerte, de sufrimientos y de penas, no puede ser el orden divino; que consecuentemente es inútil y sin interés querer mejorarlo y que toda actividad en la materia y sobre el plano horizontal es tiempo perdido y no lleva a nada.
Por otra parte solo le queda esta constatación, pero en el fondo de sí mismo busca una salida. Una inquietud le atormenta, le trabaja su sangre y le hace buscar al Otro. Mejor informado, estaría ciertamente dispuesto a aceptar todas las condiciones, por muy draconianas que fuesen, para llegar a su objetivo. Bien, los alumnos de este genero los -llamamos por el nombre de sus prototipos en el Evangelio Isabel-Zacarías. Aquel que llega a este estado -y hay muchos de estos en la Escuela Espiritual- reúne las condiciones esenciales del primer nacimiento maravilloso. Así es como se realiza:
"Hallé a Isabel, la madre de Juan Bautista, antes de que lo hubiera concebido". Es lógico decir que aquel cuya sangre está turbada por una inquietud emite una cierta radiación magnética. Es esta vibración la que entra en contacto con el manantial de energía que la Pistis Sophia llama la fuerza del pequeño Iâo el bueno, que está en el medio.
¿Qué es esta fuerza? Es aquella que, como dice Jacob Boehme, “ha tomado a la naturaleza de la muerte en su corazón". Es la fuerza fundamental apelante del cuerpo gnóstico de la Cadena Universal, que opera en el mundo dialéctico. Es una fuerza que no proviene directamente del nuevo campo de vida, pero que tiene relación con él; toma cuerpo en el campo de la naturaleza dialéctica y es asimilado por ella, se asimila en ella. Por tanto está separado de ella y no actúa más que en los hombres del tipo descrito anteriormente.
Este campo de fuerza es pues accesible a todo hombre dialéctico sin que sea obligado, por ello, a lanzarse a un estado de ser contra natura. Este campo de fuerza, este campo del medio - es decir que está en el centro de la naturaleza de la muerte- tiene, con la Gnosis, la misma relación que la Escuela Espiritual con el nuevo campo de vida. Este campo es llamado el del "pequeño Iâo el Bueno" con el fin de expresar que, aunque operando en la dialéctica, se encuentra sin embargo bajo la égida y dirección de las fuerzas divinas originales. En respuesta
a la angustia del alma del tipo precitado, la fuerza de este campo es sembrada en él y unida al corazón y al átomo que en él se encuentra.
Acabado este primer trabajo, comienza la segunda fase del proceso: "En los eones de la esfera, encontré, además, para Juan, en el lugar del alma de los arcontes, la fuerza de alma del profeta Elías".
La Pistis Sophia ve en esta fuerza de alma del profeta Ellas la suma de la herencia de la sangre que todos los liberados en la Luz han reunido en la naturaleza y que opera en ella. Todos aquellos que han recorrido el camino y se han deshecho de la influencia de la naturaleza dialéctica dejan en la naturaleza de la muerte la herencia de sangre de su triunfo. Aquellos que se desarrollan en el camino reciben en un momento dado esta herencia; la comparten simultáneamente con la fuerza que está en el medio.
Todo hombre, lo quiera o no, recibe su parte de herencia sanguínea. Cuando somos fuertemente atados al grupo -familia, pueblo, raza- del cual formamos parte y no llegamos a liberarnos radicalmente de él, somos obligados a aceptar la herencia sanguínea del grupo entero, evidentemente cargado pesadamente. Luego, no vivimos nuestra vida, pues vivimos según la sangre de nuestra herencia.
Si por el contrario, avanzamos por el camino trazado, sintiéndonos, en el fondo del corazón, unidos por nuestro estado de ser a la fuerza que está en el medio de nosotros, recibimos al mismo tiempo una parte concordante de la herencia de la sangre, un tesoro sanguíneo, el tesoro sanguíneo de los triunfadores, las fuerzas de la comunidad viviente de los hermanos y hermanas que nos precedieron en el camino.
Esta herencia se acrecienta de siglo en siglo, se ha vuelto un tesoro inmenso. Es este tesoro de la sangre el que recibe Isabel en su seno. Es así como la fuerza del pequeño Iâo "que está en el medio" y el alma del profeta Elías se encuentran juntas en el cuerpo de Juan el Bautista, a fin de que pueda ser el precursor, el que prepara el camino y bautiza con el agua de la remisión de las faltas y libra del karma por otra estructura del alma.
Así es como se realiza el primer nacimiento maravilloso. Está compuesto de tres factores:
• un pre-estado de ser, el estado "Isabel-Zacarías";
• un contacto con la fuerza de radiación de un campo magnético seleccionado en esta naturaleza;
• un estado de ser que permite recibir la herencia sanguínea de nuestros ascendentes gnósticos y vivir de ello.
Aquel que realiza estas tres condiciones puede ser un precursor, puede explorar un camino derecho y, sostenido así, escapar al yugo kármico y prepararse para celebrar el segundo nacimiento maravilloso, el del reencuentro con Jesús el Señor.
Así es como hemos descubierto lo que es indispensable para volverse un verdadero alumno, comprendiendo al mismo tiempo que podemos llegar a este estado en cuanto nuestro tipo responda a las condiciones lógicas enunciadas.
Lo que, aparentemente, aún nos retiene, es que tratamos de servir a dos maestros y somos así forzados a sufrir el yugo de la herencia sanguínea de la naturaleza de la muerte, la herencia del plano horizontal que no lleva a nada