Usted sabe que hay siete sistemas de fuerzas estelares, de los que el de la naturaleza ordinaria constituye el séptimo aspecto. Este último, el sistema de fuerza estelar dialéctico, forma y mantiene la personalidad humana. Su sistema intelectual, su Sophia lo mismo que su voluntad concuerdan totalmente con él. El fluido nervioso, el fuego de la serpiente, el fluido hormonal y la sangre dependen completamente de él.
Cada célula del cuerpo posee el principio de la fuerza estelar de la naturaleza ordinaria. Esta fuerza estelar afluye en el hombre bajo la forma de doce corrientes. En la Pistis Sophia son denominadas los doce eones y comprenden múltiples subdivisiones llamadas arcontes. Estas doce corrientes penetran el santuario de la cabeza, por el sistema magnético del cerebro y allí son recibidas por siete focos, el candelabro de siete brazos. La fuerza principal del candelabro es Jaldabaoth. El candelabro de siete brazos es el núcleo de la conciencia, el yo, la inteligencia. De este centro salen, en el santuario de la cabeza, doce pares de nervios que gobiernan y dirigen todo el sistema sobre el orden del principio de la inteligencia, Jaldabaoth.
El hombre se vuelve hacia una Escuela Espiritual si ya no puede soportar este mundo. Su deseo se inclina hacia el fin de la existencia humana que ignora. En este caso, capta en su corazón algo de las radiaciones de la Gnosis. Estos influjos penetran por intermediación de la rosa del corazón, se fijan en la sangre e impulsan suavemente en la dirección de una Escuela Espiritual, donde lo que ve y experimenta corresponde a las sugestiones que circulan en su sangre. Concibe un gran reconocimiento por ello y alaba a la Luz.
Sin embargo, todavía es el mismo de antes, a excepción de su unión con la escuela espiritual. Como hemos dicho en el capítulo precedente, la Pistis, la fuerza astral y la Sophia, el sistema intelectual, pertenecen todavía por completo al mundo dialéctico. Para que esta nueva unión tenga como resultado el éxito, la fuerza estelar del la Gnosis debería sustituir tanto a la Pistis como a la Sophia, lo que equivaldría a la aparición de una nueva Pistis. Después de lo cual se revelaría la Sophia, una inteligencia totalmente nueva.
Brillaría un nuevo candelabro y los doce pares de canales nerviosos producirían un nuevo fluido nervioso; una quíntuple fuerza de alma totalmente nueva afluiría y el gran cambio, la transfiguración sólo sería cuestión de tiempo.
Se esperaría que cualquiera que entrase en una escuela espiritual se sometiera a este necesario proceso de renacimiento, pero la antigua naturaleza es fuerte y se rebela. Es por lo que el principiante comienzo a menudo por salir al encuentro de muchos sufrimientos y desgracias. Trata primero de valerse y utilizar la Sophia ordinaria. Se sirve de Authades para conseguir sus fines, para asimilar la enseñanza, para hacer el trabajo y reaccionar.
Estar en unión con la Gnosis no es tan fácil. La consecuencia es un rechazo: La Gnosis abandona a la Pistis Sophia, La Sophia dialéctica ha comprendido bien, sin embargo, que una fuerza-luz nueva se ha derramado sobre ella, pero ahora que está sola, intenta imitar esta fuerza-luz, imaginar lo que hay en el Decimotercer Eón. Y el poder mágico de la voluntad proyecta esta imitación alrededor de ella.
El hombre no solamente conoce a la Gnosis, no cree solamente en la Gnosis, es también un artista. El mimo crea lo que desea y hay mucha luz alrededor de él; sin embargo, no comprende que es la falsa luz de Authades. Se exalta como un artista, como un mago; es un verdadero aprendiz de brujo y laluz se arremolina a su alrededor: presume de haber alcanzado la transfiguración.
Al haber la Pistis Sophia vuelto ahora sus ojos hacia abajo y ya no hacia lo alto, de nuevo, no conoce el camino. La Rosa del corazón se ha vuelto a cerrar. Pues para el ser humano la ausencia de este compañero es un verdadero desastre, el desastre de volverse a encontrar prisionero de lo que él mismo ha creado. Este aprisionamiento durará tanto tiempo que no comprenderá que se ha equivocado. Sólo adquirirá esta comprensión cuando acabe por descubrir que sólo tiene disgustos. Este descubrimiento constituye una nueva experiencia pero, ¡le encuentra más lejos que nunca de la Casa del Padre!
Todos debemos pasar por amargas experiencias, según nos revela el evangelio gnóstico de la Pistis Sophia. Todo buscador, bien esté al principio, en el medio o, al final de tal experiencia, se sabe lejos de la, Casa del Padre y siente un gran arrepentimiento. En otros términos, tiene una visión penetrante, absoluta y verdadera de lo que ha pasado realmente, comprensión que le lleva a actuar de manera nueva y liberadora. Sobre la base de la Sophia dialéctica, esta obra de recreación es imposible: es necesario establecer una nueva base tras la purificación, después del influjo ineluctable de Authades, después del influjo de la ilusión.
Entre la primera y la segunda entrada decisiva en la luz del Decimotercer Eón, se desarrolla un prodigioso proceso. Es un proceso de preparación susceptible de ser
extremadamente dramático, que puede ocurrir en una escuela espiritual o fuera; sin embargo el arrepentimiento es siempre la llave de esta segunda entrada.
El arrepentimiento es el sentimiento por una acción pasada. Arrepentirse es actuar, poner en acción su sufrimiento, hacer algo con él. Tal es el significado profundo del arrepentimiento. Arrepentirse es actuar a partir de un estado de la sangre, pero no es un esfuerzo egocéntrico. Arrepentirse es el penoso descubrimiento de un hecho irrevocable. El sufrimiento puede paralizar si pone los cinco fluidos del alma en un estado determinado. La persona se encuentra frente a un acto ineluctable que se impone a ella pero del que no comprende la causa. La estricta verdad, la verdad desnuda se presenta ante ella, penetra en ella, y debe actuar en función de esta verdad, ceñirse a esta verdad: esto es el arrepentimiento, estar en la desolación.
El arrepentimiento es el retorno hacia la Gnosis del ser en lo más profundo de sí; es tener la certeza del conocimiento de sí inscrita en la sangre. Sobre la base de tal arrepentimiento se desarrolla un proceso en trece fases que describe la Pistis Sophia de manera, detallada.
Porque la Pistis Sophia comienza ahora sus trece cantos de arrepentimiento. Canta seis sin éxito, al menos, esto le parece a su conciencia. Después del séptimo, experimenta algún consuelo interior. Está escrito que es transportada a un dominio más vasto. El octavo canto no aporta gran cambio pero después del noveno su ruego es escuchado. La gnosis responde a su arrepentimiento enviándole a Jesús, aunque sea en el dominio dialéctico. Esta nueva unión está aún lejos de poder resistir a los ataques de los arcontes de la naturaleza.
Sin embargo el treceavo canto de arrepentimiento es seguido de la elevación de la Pistis Sophia al Decimotercer Eón: es la celebración de la segunda entrada. Una corona de luz ciñe su cabeza. Su tiempo se ha cumplido. Los trece arrepentimientos han transmutado completamente el sistema magnético del cerebro, el candelabro de siete brazos y los doce pares de corrientes nerviosas.
Por primera vez la fuerza estelar de la Gnosis penetra directamente en el santuario de la cabeza del alumno; en adelante, es verdaderamente nacido de Dios y convertido en una Pistis verdadera, que llena toda su inteligencia, así pues, aparece la nueva Sophia.
El camino de la Rosacruz que recorre el alumno es el mismo que el de la Pistis Sophia. Pueda este camino hacerle ver prontamente "el cumplimiento de su tiempo" gracias al proceso de los trece arrepentimientos.