Decíamos que el "trígono ígneo" simboliza el vestido llameante y luminoso de la nueva alma. La Pistis Sophia dice de la luz de este vestido que es resplandeciente, excepcional y excelente.
El candidato que desea realmente la liberación, la transfiguración, debe ante todo, por un esfuerzo asiduo, elaborar este nuevo manto. Su progreso depende de ello. El átomo primordial, la rosa del corazón, es la base indispensable en el tejido de esté nuevo manto.
Desde que se comienza este trabajo, se es por derecho un hermano o una hermana de la Rosacruz.
Este manto es designado, en la Lengua Sagrada y en la Enseñanza Universal, por nombres diversos: el manto de oro de las bodas, el vestido sin costuras, el descenso del Espíritu Santo. Nosotros hablamos de él como del triángulo de fuego, del Fénix o del dragón alado, el dragón de seis alas. Todos los grandes instructores, todas las escuelas espirituales han demostrado la necesidad de poseer este manto y han enseñado la manera de tejerlo. Pensad en los evangelios su nota dominante es la renovación del alma.
El hombre dialéctico, el hombre ordinario, posee un alma mortal, un revestimiento mortal correspondiente y una conciencia mortal, igualmente conforme al valor del alma. Este revestimiento del alma mortal comprende, entre otras:
el fuego de la serpiente la razón
la voluntad
el deseo y el sentimiento el fluido nervioso
la sangre y los átomos físicos.
Se puede, globalmente, llamar conciencia al yo, al ego, al principio vital electromagnético del hombre.
Este estado físico mortal debe ser completamente cambiado y renovado, gracias a un principio electromagnético absolutamente diferente. Si el alumno tiene éxito, si realiza este
cambio, se puede decir de él que teje un nuevo manto para revestirse a continuación con él. La transfiguración se efectúa en el interior de este manto. Repetimos brevemente como es este proceso. Aquellos que quieren reconstituir "el ser de la renovación" deben comprender que es necesario, ante todo, trazar el triángulo de base. Todo depende pues de su habilidad, de su talento de arquitecto y de sus capacidades de masón.
El primer lado del triángulo corresponde a la abertura de la rosa en el santuario del corazón. Es el "Ex Deo nascimur": inflamado por el Espíritu de Dios. Por la rosa que se abre, reconocemos nuestro estado de ser caído. Cuando la rosa es despertada, ella actúa y vemos el camino con los diversos aspectos de su desarrollo liberador. Cuando buscamos, instintivamente impulsados por la rosa, la Escuela Espiritual nos acoge; nos incita a entrar en este proceso en el que la emotividad psíquica juega el papel principal; ella nos ayuda a orientarnos. Nos inunda con la verdad, nos baña con un incomparable tesoro de conocimientos que se refieren a la salvación.
Habiendo así trazado el primer lado de vuestro triángulo, conviene preguntaros si aceptáis espontáneamente, desde lo más profundo de vuestro corazón, las consecuencias que implica la primera parte del proceso, a saber: vivir de las fuerzas que recibe la rosa, trabajar sobre vosotros mismos con estas fuerzas, romper los obstáculos que os retienen prisioneros y perderos diariamente, de manera práctica y sin interrupción, en la gracia en la que estáis sumergidos.
Aquel que hace esto traza el segundo lado del triángulo de fuego: "In Jesu morimur": morir en Jesús. Unas fuerzas positivas tocan vuestro corazón y reaccionáis. Es el reflejo normal de todo ser alcanzado, por una gran fuerza de luz. Vuestra primera reacción será orientaros minuciosamente, observar y reflexionar.
Esta reacción indispensable y espontánea, evidentemente es insuficiente. Si osquedáis ahí, permaneceréis como un simple contemplador, que no toma ninguna parte en la acción. Ninguna armonía operante nacerá entre vuestro ser íntimo y la fuerza de luz, permaneceréis tal y como erais antes. ¡No cambiaréis en nada!
Pero si, después de la primera reacción, abrís perfectamente vuestro ser a la Gnosis, si, comprendiendo la profundidad de las palabras evangélicas, repetís después de ellas: "No mi voluntad, sino la Tuya, Señor", os volvéis un hombre impresionable que se abandona sin restricción al contacto gnóstico. En otras palabras: una matriz, un receptáculo, un polo negativo ideal va a desarrollarse al lado del polo positivo y, del contacto de estos dos polos,
algo debe nacer. Sabéis que del reencuentro de dos polos opuestos brota una chispa, una llama, un fuego.
Es este fuego el que constituye el tercer lado de nuestro triángulo: el aspecto realizador, ¡el fuego triunfante! Arde cada vez más intensamente, a medida que el alumno avanza, metódicamente, en el rompimiento de su yo... Hasta el momento en que, de repente y como un relámpago, el Espíritu Santo está allí, incandescente, ¡emoción intensa, huracán impetuoso! ¡El triple vestido de luz está acabado! El renacimiento por el Espíritu Santo puede comenzar. El triángulo de fuego está inscrito con caracteres indelebles
El candidato va a pasar ahora a la erección del cuadrado. Su nuevo estado de alma le permite -gracias a los nuevos principios electromagnéticos que han entrado en él y que actúan en su sistema como una conciencia, es decir como poderes manejables- transformar y asimilar de manera muy diferente las fuerzas etéricas. Puede ser alimentado por los Alimentos Santos, los doce panes de la Proposición, los cuatro éteres triples.
Grandes cambios se operan entonces en el candidato; un nuevo cuerpo físico se erige lentamente, en virtud del alma; el antiguo cuerpo será empleado durante tanto tiempo como sea necesario en la vida de aquí abajo. Es así como se eleva una nueva construcción, sobre la base del cuadrado, por el triángulo de la renovación.
Nos queda explicaros el círculo. El círculo simboliza el ser aural, el yo superior. El yo superior del hombre de la naturaleza es el guardián de la idea de la vida actual; está constituido por el karma de tiempos infinitamente largos. El yo superior dispone de un firmamento electromagnético cuyo producto es el vestido de luz dialéctico. Este firmamento es un sistema solar: comporta doce puntos magnéticos principales y numerosos puntos secundarios.
Desde que el alumno está en el santo proceso, desde que emprende la santa labor del triángulo de fuego y sobre todo cuando persevera, una asombrosa transformación se opera en el ser aural. Doce principales puntos magnéticos nuevos son vivificados en él. Abrir su corazón a la rosa, es colocar las bases de esta transformación y está claro que, cuando estas doce fuerzas magnéticas nuevas operan, amplias posibilidades son puestas a la disposición del candidato ocupado en los cimientos de su cuadrado.
Así es como debe comenzar y proseguir la construcción hasta la victoria. Aquel que celebra esta victoria es por derecho un Maestro-Constructor, un Maestro de la Piedra. Puede servir perfectamente al mundo y a la humanidad.
La característica de este genero de hombres, su señal, nos ha sido descritas por la Pistis Sophia- "Regocijaros y estar en la alegría, pues, cuando yo me preparaba para el mundo, me llevé conmigo, tal como os lo he expuesto desde el principio, doce fuerzas. Estas fuerzas, las había recibido de los doce Liberadores del Tesoro de la Luz, según el mandamiento del Primer Misterio".
Aquel que se ha vuelto un Maestro de la Piedra puede ayudar a otros. Aquel que tiene dinero puede distribuirlo. Aquel que tiene pan puede alimentar. Aquel que tiene amor puede propagarlo.
Cuando el triángulo de fuego y el santo cuadrado están englobados en el círculo en el que irradian y centellean los doce liberadores, esta fuerza dodécuple puede ser transmitida a otros. Aunque vuestra lípika no posea aún estas luces, ellas ya están presentes en el Cuerpo Viviente. Por ellas, ya podéis comenzar vuestra construcción.
Retened pues que cualquiera que progrese diligentemente en su construcción, haciendo lo necesario para ser ennoblecido, por ser digno de la vida liberadora, recibe en su propio firmamento aural -don de gracia directo de la Fraternidad- los doce liberadores.