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La inseguridad objetiva y la inseguridad subjetiva

9. La inseguridad ciudadana

9.1. La inseguridad objetiva y la inseguridad subjetiva

La seguridad tiene varios contenidos posibles desde el punto de vista que de la misma adoptemos. Para empezar suele definirse seguridad objetiva en función de los delitos realmente cometidos y para ello nos servimos de tres fuentes, fundamentalmente. En primer lugar, el número de delitos denunciados. En segundo lugar, el número de casos resueltos ante la policía. Finalmente, el número de delitos con sentencia condenatoria. El conjunto de estas cifras nos ayudaría a fijar aquello que se entiende por seguridad objetiva. La inseguridad objetiva responde, fundamentalmente, a los datos ciertos que se tienen sobre la comisión de delitos, es decir a las series de estadísticas judiciales y policiales que existen sobre delitos cometidos. Así, en función del número de delitos realmente realizados en un determinado tiempo y lugar, podremos decir que objetivamente ese lugar es más o menos seguro. Muy académicamente Sabaté370 lo describe cómo la “distribución territorial de la actividad delictiva”.

Curbet371 da una definición distinta de lo que considera la dimensión objetiva de la inseguridad, a la que define como “la probabilidad estadística que tienen las personas de ser víctimas de algún o diversos tipos de delito, esto es el “riesgo real”. Así, por ejemplo, un indicativo internacional de la seguridad en un determinado país son las muertes violentas detectadas por cada 100.000 habitantes. Probablemente, se trata de una de las pocas referencias comunes indiscutidas en el mundo de la seguridad (puesto que tanto el homicidio como el asesinato están tipificados en todos los países con un bien jurídico a proteger sin discusiones: la vida; cosa distinta ocurre con otros bienes jurídicos a defender que, por causa de las distintas políticas legislativas penales, pueden estar tipificados, o no, y con distintas tipos penales y eso es un problema grave para la seguridad). No existe, por lo demás, un sistema de medición unitario ni

370 Sabaté, Juli. Ob. cit. p. 171. 371

a nivel continental ni a nivel mundial, de manera que, frecuentemente, las mediciones objetivas en el campo de la seguridad no admiten comparaciones entre países372.

La inseguridad subjetiva (que Sabaté describe como “la plasmación en el territorio de la percepción del miedo y de la seguridad”373), en cambio, es el tema estrella de la seguridad de los últimos 40 años y sobre ella sí hay mucho que decir. En primer lugar, que se trata de una cuestión de carácter urbano, aunque sólo sea por la mera estadística de que la mayoría de la población mundial vive en las ciudades, como ya hemos visto referenciado en las estadísticas de la UE y NU. En segundo lugar, que la percepción de inseguridad de los ciudadanos es independiente del nivel de delitos cometidos y que en ocasiones tiene más a ver con las molestias o comportamientos desordenados que con la comisión de actos delictivos, respecto al miedo al delito se ha dicho, también, que, a diferencia de la delincuencia real, afecta a un mayor número de ciudadanos y sus consecuencias son “prevalentes y severas”374. Aparece también otro concepto clásico en criminología, la cifra negra que era el número de delitos ocurridos pero no denunciados (que por convención suele estimarse que se sitúa en unos 2/3 del total de delitos cometidos, mientras que los denunciados solamente representarían 1/3). La inseguridad depende, igualmente, en gran medida de variables de muy diversa índole375 como las de carácter personal (así, la edad, el género, la capacidad de afrontamiento o los antecedentes de victimización), de tipo psicosocial (como la satisfacción residencial, el sentimiento de pertenencia a la comunidad o la satisfacción con la policía y la justicia) o, finalmente, variables ambientales (por ejemplo, la degradación ambiental o la morfología urbana)376. Así, una persona mayor o una mujer consideran que tienen una alta probabilidad de ser

372 Curbet, Jaume. Ob. cit. 2010, p. 31. 373 Sabaté, Juli. Ob. cit. 2005, p.171. 374

Ver: Medina, Juanjo. «Inseguridad ciudadana, miedo al delito y policía en España.» Revista

Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 2003, Núm. 5: Edición digital. Disponible en (última

consulta: 14 de diciembre de 2013): http://criminet.ugr.es/recpc/05/recpc05-03.pdf

375 Ver: Carrer, Francesco. «Seguretat i Espai Urbà.» Revista de Seguretat Pública de Catalunya, 2001,

Núm. 9: 65-83.

376 Ver: Vozmediano, Laura y San Juan Guillén, César. «Empleo de Sistemas de Información Geográfica

en el Estudio del Miedo al Delito.» Revista Española de Investigación Criminológica, Núm, 4, 2006: Edición digital. Disponible en (última consulta: 14 de diciembre de 2013): http://www.criminologia.net/pdf/reic/ano4-2006/a42006art2.pdf

víctimas de un delito377, lo que se considera la “paradoja del miedo al delito” por la cual, los que tienen más miedo al delito son los menos victimizados, puesto que, en efecto, los colectivos que sufren mayor número de delitos (hombres y jóvenes adultos) son los que menos temor manifiestan378.

Además, la inseguridad subjetiva, tiene una incidencia notable en la vida de la ciudad puesto que afecta, positiva y negativamente, a la calidad de vida de los ciudadanos, al comportamiento de éstos (por ejemplo, un ciudadano puede decidir no salir de casa por su sensación de inseguridad), porqué afectan al atractivo y la competitividad de la ciudad y porqué, en suma, es una demanda ciudadana como parte del reconocimiento del Estado. Todo ello no es en absoluto neutral para una ciudad, pues puede incidir en el deterioro urbano general o en el de algunos barrios en particular. Puede, también, determinar la “guetización” de algunos barrios (por abajo) o la conversión en gated comunities de otros (por arriba). Ello afectará al deterioro de la imagen de ciudad, probablemente a la disminución de la actividad económica de la misma y puede hacer aumentar los mecanismos (ya sean legales o ilegales) de la comunidad para aumentar su protección. No podemos dejar de mencionar, por último, una última derivada en la materia de la percepción subjetiva: el espacio público. Unos ciudadanos inseguros dejarán de frecuentar el espacio público, transformando espacios públicos en áreas que nadie desea visitar379, y ello redundará en perjuicio de la calidad de vida, pero también del ejercicio de los derechos cívicos de los ciudadanos, de aquellos que se ejercen en el dominio público municipal. Todo ello ha tenido como resultado que las políticas de seguridad de los últimos 30 años en el mundo occidental han basculado sobre la percepción de seguridad, sobre la mayor punición de los delitos menores, que son los más visibles, y sobre la tipificación de las conductas desordenadas.

De esta manera, la dimensión subjetiva de la inseguridad resulta ser mucho más compleja y lo es por la dificultad de análisis en tanto en cuanto plantean problemas de definición y, como en el caso de la seguridad objetiva,

377 Se habla así de la “desigual construcción de la seguridad”. En Sabaté, Juli. Ob. cit. 2005, p. 162. 378

Ver: San Juan, C., y A. y Germán, I. Vergara. «Propiedades psicométricas de un cuestionario para la evaluación de la calidad de la vida urbana y el miedo al delito.» Revista Española de Investigación

Criminológica, 2005, Núm. 3: Edición digital. Disponible en (última consulta: 14 de diciembre de 2013):

http://www.criminologia.net/pdf/reic/ano4-2006/a42006art2.pdf

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dificultades de medición. Las encuestas de victimización y de inseguridad aparecen en los años 60 y 70 en el ámbito de los Estados Unidos (la National Crime Victimizacion Survey) y el Reino Unido (la British Crime Survey)380. Las encuestas sobre seguridad dirigidas a los ciudadanos permitieron tener conocimiento del sentimiento de inseguridad o de miedo381. En las estadísticas llevadas a cabo se realizó un descubrimiento trascendente: las tasas objetivas de delito no concordaban con la percepción subjetiva de los ciudadanos. En las estadísticas de seguridad apareció un riesgo percibido (perceived risk), aunque hay coincidencia en diferenciar entre preocupación (concern), y el miedo (fear of crime), aunque la preocupación tendría un carácter más colectivo y el miedo, un carácter más individual. Complementariamente, se distingue entre el miedo ante la percepción de la exposición ante un riesgo real (lo que sería equivalente al miedo en el sentido de fear) y el miedo ante la exposición a un riesgo difuso (lo que sería el concern). Para añadir más complejidades, por si no fuesen pocas las ya citadas, en el riesgo percibido hay una reacción emocional a los riesgos de la violencia (y no sólo de la delincuencia, también de los incívicos o de los riesgos) y, mientras que en el miedo concreto habría también un componente cognitivo (una valoración sobre la posibilidad de ser víctima de un acto violento), en el miedo difuso habría un componente de tipo no cognitivo que se centraría más en aspectos de comportamiento de cada individuo (comportamiento de protección y prevención del individuo)382.

Esto es, en la seguridad subjetiva tenemos un grave problema de conceptuación y otro, no menos grave, de medición. Ello es especialmente notorio en el momento de generar políticas públicas de seguridad puesto que un componente importantísimo de éstas es justamente su formulación (frente a la cuál necesitamos información) y el otro su evaluación (que es la información recabada en función de las medidas aplicadas para corregir la realidad observada). Por otro lado, la seguridad es una cuestión susceptible de instrumentalizar el miedo con efectos políticos.

380 Ver: Guillén, Francesc. «La gestió de la Seguretat Ciutadana.» Papers (Institut d'Estudis Regionals i

Metropolitants de Barcelona), 2011, Núm. 53: 21-32.

381

Ver: Gondra, Josu. «Los sentimientos de inseguridad: el origen de una noción.» Revista de Seguretat

Pública de Catalunya, núm. 18, 2008: 93-104.

382 Ver: Dittman, Jörg. «La por a la delinqüència. Concepte, mesurament i resultats.» Institut de Seguretat

Así pues, a la vista de todo lo expuesto, podemos concluir que la perspectiva de la demanda de más seguridad es una característica definitoria de la sociedad contemporánea. Estamos obsesionados por la seguridad y una obsesión, recordémoslo, es (según el DRAE) una “perturbación anímica producida por una idea fija que con tenaz persistencia asalta la mente”. O lo que es lo mismo, una percepción de la realidad que nos produce una “sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos” (también según el DRAE). No obstante, esta “tenaz persistencia”, lo cierto es que probablemente vivimos en la sociedad más segura de todos los tiempos. ¿Qué es lo que justifica, pues, este sentimiento de inseguridad? Innerarity383 lo atribuye a la teoría de la importancia creciente del resto: las causas de la inseguridad son pocas comparadas con la situación general de bienestar, pero precisamente por eso, son mucho más molestas. En el mismo sentido Bauman384 afirma que: “Nuestra obsesión por la inseguridad y la intolerancia a cualquier grieta –por diminuta que sea- en el subministro de esa seguridad que dicha obsesión genera en nosotros se convierten así en la fuente más prolífica, autoabastecida y, probablemente, inagotable de la ansiedad y el miedo que nos invaden”. En todo caso, la idea de la percepción aplicada al mundo de la seguridad nos introduce en dos temas distintos. Por un lado, el miedo y, por otro, los medios de comunicación y la influencia que los mismos tienen sobre la sensación de inseguridad.