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LA RESPONSABILIDAD DE LOS ACTOS INTENCIONADOS

In document 01 David Isaacs - Virtudes Humanas 2016 (página 61-63)

menos, no perjudicados; preocupándose a la vez de que las otras personas en quienes puede influir hagan lo mismo»

LA RESPONSABILIDAD DE LOS ACTOS INTENCIONADOS

El desarrollo de la virtud de la responsabilidad supone no sólo que los hijos aprendan a responsabilizarse de las decisiones de otros, sino también que aprendan a tomar decisiones personales. Sin embargo, es lógico que los niños pequeños comiencen responsabilizándose de cumplir adecuadamente con muchas indicaciones que reciben. Por eso, en la descripción inicial vienen recogidas las palabras «resultado de las decisiones que tome o acepte». El niño pequeño puede cumplir con lo que le manden sus padres por miedo al castigo, porque sus padres lo exigen con cariño, por amor a ellos, etcétera.

Es evidente que existan motivaciones elevadas y otras de poca calidad. Sin embargo, una cosa es cumplir y otra cosa es cumplir bien, y aquí tiene su significado las palabras «de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible». Es decir, si el hijo cumple alguna orden, o algún encargo, única- , mente intentando terminar el asunto, es probable que no cumpla bien.

Para cada exigencia el niño necesita una motivación, una relación con una persona, para que sea realmente responsable. Así, por ejemplo, puede responder ante su padre. Pero ¿ha cumplido realmente de acuerdo con la intención de su padre -lo que él quería- o únicamente ha cumplido con lo mínimo necesario para que su comportamiento se adapte a la letra de lo indicado? Por ejemplo, una madre dice a su hija: «guarda tu ropa

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en el armario, por favor». La hija que atiende a la letra de lo indicado guarda su ropa en el armario de cualquier manera. La hija responsable busca la intención final de su madre y guarda las cosas de acuerdo con las normas establecidas. También puede responder ante su propia conciencia, ante los demás, etc., como luego veremos.

En este sentido, habrá que aclarar a los hijos la diferencia entre tener responsabilidades y ser responsable. La persona responsable se centra en la intención y no está limitada por las reglas que expresan un mínimo. Otra persona que tenga responsabilidades puede cumplir por obligación, pero sin responsabilidad real, sin buscar el beneficio para los demás. No es la aceptación activa de una decisión o de una indicación ajena, sino un cumplimiento forzado.

Existen dos desviaciones de la responsabilidad, todavía más importantes que, de hecho, nos muestran inmediatamente si una persona tiene esta virtud desarrollada o no. Me refiero a la tendencia habitual de recurrir a excusas para justificar el no cumplimiento de alguna indicación, y la tendencia de no comprometerse en ningún asunto hasta que se ve que va a salir bien. Luego se adhiere a ello cuando no existe ningún peligro de fracaso, y cuando el trabajo principal se ha realizado.

La primera característica es más corriente en los niños pequeños. Se trata de explicarles que es más importante cargar con las consecuencias de sus faltas que intentar engañar a los demás y engañarse a sí mismo. La persona necesita de la fortaleza para desarrollar la responsabilidad, porque si acepta responsablemente decisiones y luego no tiene capacidad para realizar lo decidido, aunque por ser responsable acepte la situación y busque una solución más o menos satisfactoria, para que por lo menos nadie quede perjudicado, de hecho necesita la fortaleza para llegar a cumplir con su deber, y esto es la finalidad de la responsabilidad.

Quizá convendría aclarar lo que significa «que nadie quede perjudicado» con un ejemplo. Un hijo adolescente, conjuntamente con unos compañeros, tienen que hacer un trabajo y lo dividen en partes, responsabilizándose cada uno de una parte. Este hijo se despista, y sin darse cuenta encuentra que no va a tener tiempo para cumplir con lo suyo. Aunque en principio, no ha actuado responsablemente, distribuyendo su tiempo de acuerdo con sus tareas, procurará al menos no perjudicar a sus compañeros, pidiendo ayuda a otras personas para cumplir con lo que le corresponde.

Hasta aquí nos hemos referido a la responsabilidad como consecuencia de haber aceptado una decisión ajena, y nos hemos centrado en los más pequeños, diciendo que principal-mente más que tomarlas, van a tener que aceptar decisiones. Sin embargo, en todo el trayecto de la vida tendremos que seguir aceptando decisiones ajenas, y a veces los adolescentes creen que ser libres es desvincularse de esta necesidad. Piensan que sólo se trata de tomar decisiones y no de aceptadas. Pero somos seres limitados que vivimos en una sociedad, y como hemos dicho en otra ocasión, se trata de responder a la llamada a la finalidad por la cual hemos sido creados -seguir nuestra vocación-. Esto es responsabilizarse de nuestras propias vidas. No es una elección que hacemos, sino una invitación que aceptamos. Del mismo modo, un hombre no tiene más remedio que trabajar, pero puede aceptar responsablemente este deber o cumplir con ello irresponsablemente. Los hijos adolescentes deberán reconocer la necesidad de aceptar decisiones ajenas y de responsabilizarse de lo aceptado.

De hecho, la distinción entre decisión tomada y decisión aceptada es falsa, porque hay que tomar la decisión de aceptar una decisión para que se pueda realizar lo indicado responsablemente. Pero debemos considerar las consecuencias de haber aceptado una decisión ajena.

Si un hijo acepta responsablemente una decisión de su padre, quiere decir que no echará la culpa a su padre si el asunto no sale bien. Si un hijo acepta responsablemente cualquier indicación, no se quejará de su dificultad, ni de la manera de haberla recibido. El ha asumido las consecuencias personalmente y responde de ello.

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