El arte retórica
2.5.2. La retórica produce lo semejante a la verdad
El entimema (ἐνθύμημα) es, pues, una parte de fundamental del arte retórica que coloca a esta en una especial relación respecto a la dialéctica que Aristóteles define
redactores de escritos de retórica reconoce que han tratado una pequeña parte del arte: “these writers have produced only a small part of rhetoric” (οἱ τὰς τέχνας τῶν λόγων συντιθέντες ὀλίγον πεπορίκασιν αὐτῆς μόριον)”; de acuerdo a la segunda, que sigue Racionero (1995, p. 163), esos compositores de las artes de los discursos “ni siquiera -por así decir- han proporcionado una parte del arte (οὐδὲν ὡς εἰπεῖν πεπορίκασιν αὐτῆς μόριον)”. Si la segunda es verdad, Aristóteles afirma, primero, que el arte tiene varias partes, no una sola, pero niega, en segundo término, que esos compositores hayan proporcionado ni una de ellas. Sprute (1994, p. 121) sostiene que, “in the case of an ideal rhetoric, only enthymeme and paradeigma would be technical means in the proper sense”, pero la retórica real admite las otras dos. Por su parte, McCabe (1994, p. 140) cree que “they fail to see that the enthymeme is the “body of conviction”; instead they occupy themselves with peripheral matters, such as how to affect the jurors”, es decir se ocupan de las pasiones, que serían como “ropas” que cubren “el cuerpo”, añadidos superficiales oaccesorios a la parte esencial de la retórica, el entimema. La solución a este puzle que el texto plantea en I.1 se encuentra, a nuestro juicio, en el subrayado del fragmento que lo continúa en I.2 (Rh 1356 a14-6; trad. Quintín Racionero): “[se persuade por la disposición] de los oyentes, cuando éstos son movidos a una pasión por medio del discurso. Pues no hacemos los mismos juicios estando tristes que estando alegres, o bien cuando amamos que cuando odiamos. De esto es de lo que decíamos que únicamente buscan ocuparse los actuales tratadistas. Y de ello trataremos en particular cuando hablemos de las pasiones (διὰ δὲ τῶν ἀκροατῶν, ὅταν εἰς πάθος ὑπὸ τοῦ λόγου προαχθῶσιν: οὐ γὰρ ὁμοίως ἀποδίδομεν τὰς κρίσεις λυπούμενοι καὶ χαίροντες, ἢ φιλοῦντες καὶ μισοῦντες: πρὸς ὃ καὶ μόνον πειρᾶσθαί φαμεν πραγματεύεσθαι τοὺς νῦν τεχνολογοῦντας. περὶ μὲν οὖν τούτων δηλωθήσεται καθ᾽ ἕκαστον, ὅταν περὶ τῶν παθῶν λέγωμεν)”. Los tratadistas buscan ocuparse de las emociones, pero cosa muy distinta es que logren, efectivamente, tratarlos de manera técnica en sus manuales; el verbo griego πειρᾶσθαί en voz medio-pasiva subraya, a nuestro juicio, precisamente ese aspecto que limita sus esfuerzos a un mero intento.
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mediante dos afirmaciones; primero, “la retórica es una antístrofa [sic] de la dialéctica (ἡ ῥητορική ἐστιν ἀντίστροφος τῇ διαλεκτικῇ)” (Rh. 1354a1); y segundo, la retórica es “una parte de la dialéctica y su semejante (ἔστι γὰρ μόριόν τι τῆς διαλεκτικῆς καὶ ὁμοίωμα)” (Rh. 1356a30-1; trad. Quintín Racionero).
A nuestro juicio, Aristóteles no está colocando con estos dos apuntes la técnica retórica en su totalidad ni dentro de la dialéctica ni bajo la dialéctica, sino que está señalando que el entimema, una parte central del arte, constituye el reflejo del razonamiento dialéctico, simétrico pero orientado contrariamente que aquel a la persuasión, y si la capacidad racional para realizarlos y distinguirlos es la misma en ambos casos, la dialéctica, por abrir el método a los diversos conocimientos, permite además estudiarlo con precisión y producirlo.
Efectivamente, respecto a la primera afirmación de Aristóteles, es preciso aclarar que ἀντίστροφος es una metáfora extraída de los surcos que el agricultor ara con el arado, a través de las vueltas y revueltas en el campo147. De esa técnica agrícola el término pasa a significar el “movimiento de réplica, idéntico pero inverso al de la estrofa, con que el coro se desplazaba en las representaciones teatrales”, señala Racionero (1990: p. 161 n. 1); es decir, los miembros del coro entonan primero una estrofa, luego una antístrofa (culminados en un epodo), conjuntos rítmicos iguales con diferente contenido que acompañan con un cambio de movimiento a lo largo del escenario en el sentido contrario148.
147 González Escudero (1998, p. 217): “En realidad es una metáfora sacada de la agricultura donde se
llamaba strophé al camino abierto por el arado, así que antistrophé era la revuelta que se hacía al llegar al límite y tener que regresar abriendo tierra hasta el lugar de partida a fin de que el campo quedase con surcos bien trazados”.
148 De ello deduce Racionero (1990: p. 161 n. 1) que entre la retórica y la dialéctica “se da, a la vez, identidad
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Platón recoge el sentido que posee el término en la tragedia y la canción lírica y emplea abundantemente la metáfora; por ejemplo, en el Gorgias (464b; 465d) para establecer la conexión interna a las técnicas, orientadas o bien a la salud del alma o bien a la salud del cuerpo (como, por ejemplo, legislación y medicina, etc.), así como para mostrar la conexión interna a las prácticas que las simulan, orientadas a procurar el placer del alma o el del cuerpo (retórica y culinaria, etc). En otro caso, en la República, Sócrates afirma del poeta imitativo que enfoca su obra a agradar, no lo mejor del alma sino lo inferior de ella: “es justo que lo ataquemos y que lo pongamos como correlato (ἀντίστροφος) del pintor (οὐκοῦν δικαίως ἂν αὐτοῦ ἤδη ἐπιλαμβανοίμεθα, καὶ τιθεῖμεν ἀντίστροφον αὐτὸν τῷ ζωγράφῳ)” (R. 605 a7; trad. Eggers Lan).
Por su parte Aristóteles emplea abundamente el término en diferentes contextos: en sus estudios sobre la vida de los animales, en el análisis de las formas de democracia y las de la oligarquía149 y, sobre todo, en los análisis de “lógica”. En este sentido, Green (1990: p. 9) dice acerca de la relación lógica de antistrofa:
in every instance the word indicates a transformation which is reciprocal and reversible, and in which one part of a two-part relationship necessarily implies, the second part by virtue of such reciprocity and reversibility.
Así, la afirmación “ningún hombre es animal” es réplica o la refleja de “ningún animal es hombre”; “X e Y always imply one another, and can be transformed into one another, without actually being one another” (Green 1990; p. 9). En el mismo sentido parece decir Brunschwig (1994, p. 54) que “si rhétorique et dialectique sont antistrophiques, c´est parce que l´une est à une certaine chose X ce que l´autre est à une certaine chose Y”.
149 Arist. (Pol. 1292b7): “también esta, entre las oligarquías, se corresponde (ἀντίστροφος) a la tiranía entre
las monarquías (καὶ ἔστιν ἀντίστροφος αὕτη ἐν ταῖς ὀλιγαρχίαις ὥσπερ ἡ τυραννὶς ἐν ταῖς μοναρχίαις)”; (trad. Julio Calonge).
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En suma, la relación de antístrofa no subordina los términos relacionados ni incluye A, la retórica, en B, la dialéctica, de la misma manera que las leyes no se subordinan ni se incluyen en la medicina150, sino que una está orientada a la salud del alma y la refleja, a la del cuerpo; los dos extremos de la relación, razonamientos en este caso, son independientes uno del otro, los dos términos son idénticos en un sentido y contrarios en otro. Pero ¿cuáles serían esos elementos idénticos y cuáles los contrarios en la retórica y la dialéctica que hacen de ellas dos técnicas reflejas?
Aristóteles aclara este patrón al principio de la Retórica: “ambas tratan de aquellas cuestiones que permiten tener conocimientos comunes a todos y que no pertenecen a ninguna ciencia determinada (ἀμφότεραι γὰρ περὶ τοιούτων τινῶν εἰσιν ἃ κοινὰ τρόπον τινὰ ἁπάντων ἐστὶ γνωρίζειν καὶ οὐδεμιᾶς ἐπιστήμης ἀφωρισμένης)”151
(Rh. 1354a1-3); ciertamente, los saberes específicos, tanto los de las ciencias como los de las artes, son inadecuados para tratar asuntos generales o comunes a la ciudad, de manera que un zapatero, por ejemplo, no puede aprender a convivir ni ser ciudadano desde las reglas de su oficio; la retórica y la dialéctica son “facultades de proporcionar razones (δυνάμεις τινὲς τοῦ πορίσαι λόγους)” (Rh. 1356 a34) y ofrecen a todos unos conocimientos no específicos, fundamentales para poder desarrollarse como parte de la ciudad y realizar la πόλις. Por esa razón, dice Aristóteles: “todos participan en alguna forma de ambas”152 (Rh. 1354a4); y efectivamente, las dos técnicas operan con creencias
150 González Escudero (1998, p. 218): “`antistrófico´ es lo que no se yuxtapone, ni se coordina ni se somete
a un proceso de subordinación”.
151 ἀμφότεραι γὰρ περὶ τοιούτων τινῶν εἰσιν ἃ κοινὰ τρόπον τινὰ ἁπάντων ἐστὶ γνωρίζειν καὶ οὐδεμιᾶς
ἐπιστήμης ἀφωρισμένης.
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plausibles, con opiniones corrientes (ἔνδοξα) que “parecen bien a todos o a la mayoría”153 (Top. 101b22-24). Además, al modo del espectador que ve cambiar de máscara a los actores y puede él mismo adoptar puntos de vista o discursos diversos, ambas son capaces también de situarse en un punto contrario del discurso y llegar a conclusiones, cosa que ninguna de las otras artes es capaz de hacer154.
Esto en cuanto a los elementos idénticos o simétricos que comparten, pero la técnica retórica y dialéctica poseen elementos contrarios recogidos en los Tópicos y en la
Retórica, entre los cuales figuran los fines o conclusiones a los que están orientadas;
mientras que una opera con vistas a “examinar cualquier cosa, abre camino a los principios de todos los métodos”155 (Top. 101b3; trad. Luis Candel), la otra está orientada
a “persuadir” (πείθω)a los oyentes o, como leemos en la Retórica, según Brunschwig (1994 p. 59) por medio de una metonimia: la dialéctica funciona para “descubrir y sostener un argumento (ἐξετάζειν καὶ ὑπέχειν λόγον)”, mientras que la retórica “para defenderse y acusar (ἀπολογεῖσθαι καὶ κατηγορεῖν)” (Rh. 1354a5-6); es decir, con una vemos “lo verdadero” (τὸ αληθές) (Rh. 1355a14) y distinguimos “el razonamiento y el razonamiento aparente” (τῆς διαλεκτιῆς συλλογισμόν τε καὶ φαινόμενον συλλογισμόν) (Rh. 1355b16-17; n. t.); con la otra, sin embargo “lo semejante a la verdad”156 (τὸ ὅμοιον
153 La cita completa de Aristóteles dice: “son cosas plausibles las que parecen bien a todos, o a la mayoría,
o a los sabios, y, entre estos últimos, a todos, o a la mayoría, o a los más conocidos y reputados” (Top. 100b21-24; trad. Luis Candel)
154 Arist. (Rh. 1355a33-5): “De las otras artes, en efecto, ninguna obtiene conclusioens sobre contrarios por
medio de silogismos, sino que solo hacen esto la dialéctica y la retórica, puesto que ambas se aplican por igual en los casos contrarios (τῶν μὲν οὖν ἄλλων τεχνῶν οὐδεμία τἀναντία συλλογίζεται, ἡ δὲ διαλεκτικὴ καὶ ἡ ῥητορικὴ μόναι τοῦτο ποιοῦσιν: ὁμοίως γάρ εἰσιν ἀμφότεραι τῶν ἐναντίων)”; (trad. Quintín Racionero).
155 ἐξεταστικὴ γὰρ οὖσα πρὸς τὰς ἁπαςῶν τῶν μεθόδων ἀρχὰς ὁδὸν ἔχε.
156 El concepto de τὸ ὅμοιον τῷ ἀληθεῖ es, seguramente, sinónimo al de “lo verosímil” (εἰκός) del que,
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τῷ ἀληθεῖ) (Rh. 1355a15; n. t.), es decir, “lo creíble y lo que tiene apariencia creíble” (τό τε πιθανὸν καὶ τὸ φαινόμενον ἰδεῖν πιθανόν) (Rh. 1355b15-16; n. t.).
Ahora bien, estas distinciones señalan una diferencia gnoseológica fundamental entre la dialéctica y la retórica, porque mientras que una nos conduce a descubrir la verdad (y lo que, sin serlo, se le parece), la otra nos lleva a lo semejante a la verdad (y lo que, sin serlo, se le parece), no a lo falso o la mentira. Esto no significa en absoluto que estemos ante una disyuntiva y que debamos elegir, o bien dialéctica-verdad o bien retórica- mentira; la retórica es semejante a la verdad, cierto, no semejante a lo falso: τὸ ὅμοιον τῷ ἀληθεῖ significa exactamente, sin ningún matiz peyorativo, que es análoga y próxima a la verdad, lo cual otorga a sus argumentos y hallazgos un valor en absoluto despreciable; ahí reside el fundamento para lograr hacer algo confiable o creíble (τό πιθανόν) al ciudadano, lo cual tiene un extraordinario poder y función en la vida humana al que ningún otro conocimiento o técnica más puede conducir. Así que, si un argumento dialéctico tiene un valor de verdad, podríamos decir que un discurso retórico tiene un valor de credibilidad.
Además, aunque sean dos técnicas reflejas, idénticas en un sentido, pero distintas en otro, “lo que es verdaderamente y lo semejante a lo verdadero se conoce por la misma facultad (τῆς αὐτῆς ἐστι δυνάμεως ἰδεῖν)” (Rh. 1355a15; n. t.); es decir, aunque los razonamientos que ejecuta la técnica dialéctica y la retórica sean diversos, es una única facultad racional humana la que se ocupa de llegar a lo verdadero y distinguir lo que se le parece, así como de llegar a lo semejante a lo verdadero y distinguir lo que se le parece. Tal facultad, añade Aristóteles a continuación, no es exclusiva de unos pocos, sino que “los hombres están por naturaleza dispuestos apropiadamente hacia lo verdadero y la
Preferimos mantener la traducción literal para no asimilar la técnica retórica que está siendo construida aquí con la práctica sofística.
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mayoría de ellos alcanzan la verdad; de modo que tener puntería con las opiniones admisibles y acertar con la verdad es semejante”157 (Rh. 1355a15-17; n. t). En cuanto a
facultades racionales, Aristóteles no parece albergar dudas de que los hombres disponen de las apropiadas y aciertan con las verdades y juzgan convenientemente las semejantes a ellas. Pero entonces la retórica se revela como una técnica con un gran poder y utilidad, según Aristóteles, “porque por naturaleza es más poderosa la verdad y la justicia que sus contrarios (χρήσιμος δέ ἐστιν ἡ ῥητορικὴ διά τε τὸ φύσει εἶναι κρείττω τἀληθῆ καὶ τὰ δίκαια τῶν ἐναντίων)” (Rh. 1355 a21-22). Es decir, el fundamento que da poder y utilidad al discurso retórico reside en la verdad y la justicia, o lo semejante a ellas, que puede decirse y compartirse con unos oyentes cuyas capacidades están naturalemente preparadas para recibirlas y distinguirlas de lo falso e injusto.
En lo relativo a la segunda afirmación, la retórica es “una parte de la dialéctica y su semejante (ἔστι γὰρ μόριόν τι τῆς διαλεκτικῆς καὶ ὁμοίωμα)” (Rh. 1356a30-1; trad. Quintín Racionero), es preciso señalar que, como sostiene Burnyeat (1994; p. 30), el entimema es “un razonamiento de cierto tipo”, “a sullogismos of a kind and a demonstration of a kind”158. Ahora bien, esta definición del entimema no es entimemática,
es decir, no es una definición retórica, no está ejecutada retóricamente, sino desde la dialéctica, a juicio de Aristóteles. En efecto, la tarea de examinar los razonamientos mismos no es propia de la retórica, sino de la dialéctica, una de cuyas funciones, recordamos, consiste en que, “al ser adecuada para examinar cualquier cosa, abre camino
157 οἱ ἄνθρωποι πρὸς τὸ ἀληθὲς πεφύκασιν ἱκανῶς καὶ τὰ πλείω τυγχάνουσι τῆς ἀληθείας: διὸ πρὸς τὰ
ἔνδοξα στοχαστικῶς ἔχειν τοῦ ὁμοίως ἔχοντος καὶ πρὸς τὴν ἀλήθειάν ἐστιν.
158 Burnyeat pone también de manifiesto el error de definirlo como un silogismo y como un silogismo
incompleto. Un entimema es “a deduction from which you cannot expect everything you would normaly
expect from a valid deductive argument. An excellent case for something is not a conclusive proof. It is apodeixis tis, which leaves room for objections”.
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a los principios de todos los métodos”159 (Top. 101b3). Por ese motivo quien sea capaz de
“teorizar a partir de qué y cómo se produce”160 el razonamiento en su concepción más
estricta, “será también el más experto en entimemas” (Rh. 1355 a10-12), razonamientos y demostraciones de un rigor más laxo que constituyen el “cuerpo de la seducción” de la técnica retórica. En este sentido, pues, podemos entender que la retórica es “una cierta parte de la dialéctica” (Rh. 1356a30-1).
En suma, la técnica retórica emplea abundantemente el entimema, un razonamiento simétrico y contrario al dialéctico, encuadrable en el estudio del razonamiento, pero que no se disuelve en aquel ni está bajo su dominio. El poder y utilidad de la técnica retórica y los razonamientos retóricos radica en la verdad y la justicia que los oyentes están naturalmente dotados para distinguir, y lo que produce no es falso, tampoco relativo a ninguna ciencia específica, sino algo semejante a la verdad, que los ciudadanos pueden compartir y, de ese modo, contribuir a realizar la ciudad.