CAPÍTULO 1. LA PERSPECTIVA INTERACCIONISTA EN LA
1.5. LAS INTERACCIONES PLURILINGÜES
Como hemos podido observar, las diferentes corrientes interaccionistas expuestas hasta el momento presentan grandes diferencias, sobre todo, de orden teórico y metodológico; sin embargo, el punto común entre todas ellas es su objeto de estudio, la interacción como lugar de adquisición. A pesar de este acuerdo fundamental, establecer una definición común del concepto de interacción no resulta sencillo. Como señala Kerbrat-Orecchioni (1990: 13 y ss.), delimitar lo que constituye o no una interacción es complicado, especialmente si tenemos en cuenta que todos los discursos posibles son, en cierto modo, interactivos, ya que poseen siempre un receptor, más o menos presente, al que se dirigen.
Sin entrar en esta problemática y con el fin de comprender las características del objeto de estudio al que nos enfrentamos, en el presente apartado nos proponemos delimitar y definir el tipo de interacciones que nos ocupa. Como indica Kerbrat-Orecchioni (1990: 113 y ss.), los criterios que nos permiten clasificar y diferenciar las interacciones son muy variados (número de participantes, objetivo de la interacción, etc.). Consideramos que el punto de partida para lograr una delimitación clara de las interacciones que tienen lugar entre estudiantes en el aula de LE es la presencia explícita o implícita de más de una lengua (Porquier, 1996: 167). Se trata, pues, de interacciones plurilingües, ya que una situación educativa de este tipo, un curso de idiomas, es concebida como un lugar en el que dos o más lenguas entran en contacto. Así pues, el punto de vista desde el que abordamos el estudio de las interacciones en un primer momento es el del código o códigos que intervienen en la comunicación. Este enfoque plurilingüe tiene su origen en la investigación sobre el bilingüismo que pone de relieve fenómenos lingüísticos característicos de las situaciones en las que varias lenguas entran en contacto. Nos referimos al habla bilingüe o a las lenguas pidgin (cf. Moreno Fernandez, 1998: 277-291) provocadas por la intervención de más de un código en la comunicación. De Pietro (1988) define las interacciones plurilingües de la siguiente forma:
d’accéder aux diverses dimensions constitutives d’un « contact de langue » : elles en sont l’expression concrète. Et nous définissons le contact de langues comme l’ensemble des phénomènes sémiotiques qui témoignent de cette rencontre. (De Pietro, 1988: 67)
Los fenómenos semióticos a los que se refiere De Pietro son los elementos constitutivos de las situaciones de lenguas en contacto y los encontramos en gran medida durante el proceso de aprendizaje de una LE (marcas transcódicas, alternancia de códigos, interferencias, transferencias lingüísticas, etc.). El aprendizaje de una LE supone, igualmente, un escenario en el que las lenguas se aproximan. Este factor resulta fundamental para comprender e identificar las interacciones que tienen lugar entre aprendices de LE.
En esta investigación, hemos tomado como base el trabajo de Matthey y De Pietro (1997), en el que se propone un modelo de clasificación de las interacciones cuyo pilar estructurador es la mencionada dimensión plurilingüe. La propuesta de estos autores se apoya en la observación de fenómenos particulares y propios de la comunicación plurilingüe que denominan enfoque microlingüístico.
c’est en bonne partie dans et par les micro-évènements langagiers quotidiens que se constitue la réalité linguistique d’une communauté. (Matthey y De Pietro, 1997 : 139)
Gracias a la observación de los micro-eventos es posible extraer las generalizaciones que constituyen la realidad lingüística plurilingüe, que aparece reflejada en la interacción en forma de huellas discursivas observables. La perspectiva adoptada es, por tanto, lingüística.
El paradigma de clasificación propuesto por Matthey y De Pietro (1997) está compuesto por dos vertientes:
En primer lugar, el eje plurilingüe-unilingüe12, que tiene que ver con las lenguas implicadas en la interacción. En un extremo, aparecen las
12
Matthey y De Pietro (1997) proponen el término bilingüe; sin embargo, consideramos más apropiado la utilización de plurilingüe, ya que pueden participar más de una o dos lenguas. La ampliación de la noción plurilingüe es debida a razones de operatividad esquemática que no implica
interacciones plurilingües, caracterizadas por la presencia efectiva o potencial de dos o más lenguas. El extremo opuesto lo constituyen las situaciones unilingües, en las que, tanto de forma potencial como efectiva, la interacción tiene lugar en un único código. Como ya hemos mencionado, Porquier (1994: 167) defiende que el aula de lenguas se caracteriza por su carácter potencialmente plurilingüe. Cuando los estudiantes interactúan entre ellos en LE, nos encontramos ante una de las manifestaciones que tienen lugar en clase. Así pues, se trata de una situación comunicativa plurilingüe donde dos o más lenguas subyacen a la comunicación.
En segundo lugar, el eje endolingüe-exolingüe. Según lo definen Matthey y De Pietro (1997: 153-154), este eje constituye un continuo definido por el grado de acceso de los interlocutores a los posibles códigos. La comunicación exolingüe se caracteriza por la asimetría en la disponibilidad que los interlocutores poseen de la lengua utilizada en la interacción, de forma que, al menos uno de ellos, tiene un menor grado de accesibilidad al código o los códigos de comunicación. En este extremo, se sitúan, a modo de ejemplo, las interacciones entre hablantes nativos y no-nativos. En el extremo opuesto, situamos las interacciones endolingües, definidas como aquellas en las que los interlocutores comparten un mismo grado de accesibilidad a la lengua o las lenguas de la interacción. Así pues, estas situaciones comunicativas, a diferencia de las exolingües, se caracterizan por ser simétricas. Como situación prototípica, encontramos las conversaciones entre los nativos de una misma lengua. En este sentido, también pueden intervenir varios códigos, como es el caso de dos hablantes bilingües de las mismas lenguas. La comunicación endolingüe forma parte, igualmente, de las interacciones plurilingües.
En el modelo presentado por Matthey y De Pietro no se contempla la situación comunicativa plurilingüe que nos ocupa, las interacciones entre estudiatnes en LE. Siguiendo lo establecido por estos autores, podemos deducir que, que las diferencias entre los intercambios bilingües y plurilingües se suprima: las situaciones
por un lado, atendiendo al criterio de simetría lingüística entre interlocutores, los integrantes de un mismo curso de LE tienen, en principio, niveles de competencia similares. Sería posible considerar, pues, que nos encontramos ante un tipo de comunicación endolingüe. Sin embargo, esto resulta problemático, ya que estaríamos situando este tipo de interacciones al mismo nivel que aquellas que tienen lugar en su lengua materna y ambas presentan características muy diferentes. Por otro lado, si atendemos a la forma discursiva, advertimos que las interacciones entre aloglotas se caracterizan por poseer marcas transcódicas, alternancia de códigos, interferencias o transferencias lingüísticas, al igual que las que se producen entre un hablante nativo y un aloglota. Por lo tanto, sería igualmente posible que este tipo de comunicación formase parte de las interacciones exolingües; sin embargo, situarlas a este nivel resulta, igualmente, problemático, ya que las interacciones en LE entre estudiantes poseen características que le son propias (cf. Behrent, 2007).
Observamos, pues, que ninguna de estas dos opciones resulta satisfactoria. El eje exolingüe/endolingüe es una noción de uso común entre los investigadores franceses para definir el tipo de interacciones que analizan. Con el fin de esclarecer dónde se sitúan las interacciones entre estudiantes en LE dentro de este continuo, examinaremos el empleo de esta terminología por los expertos del tema.
La primera referencia al término exolingüe fue realizada por Porquier (1984). Este autor califica de comunicación exolingüe como la que se establece entre individuos que no disponen de una L1 común (Porquier, 1979: 50). Como podemos ver, se trata de una definición diferente a la presentada anteriormente, por la que las interacciones entre aloglotas no serían exolingües, ya que poseen la misma lengua materna. No obstante, unos años más tarde, Porquier (1984) rehace el significado del término definiéndolo como
celle qui s’établit par le langage par des moyens autres qu’une langue maternelle éventuellement commune aux participants (Porquier, 1984: 18)
Así pues, cuando el código de interacción constituye una LE para, al menos, uno de los participantes, nos encontramos ante la comunicación de tipo exolingüe.
Según esta definición, las interacciones que estudiamos, al contrario de lo que ocurría con la presentada anteriormente, sí serían exolingües y así lo señala Porquier unos párrafos más adelante.
On peut y rattacher indirectement les cas de communication exolingue, à caractère souvent ludique, où des locuteur de même Lx1 communiquent entre eux, sans apparente nécessité, en Ly –langue étrangère qu’ils connaissent peu ou prou- dans certaines situations et à certains effets (Porquier, 1984: 20)
Sin embargo, a pesar de lo explícito de estas palabras, la andadura del término no termina aquí. Otros autores, como es el caso de Alber y Py (1985), lo definen de la siguiente manera.
Par conversation exolingue (Porquier 1979 et 1984) nous désignerons très généralement toute interaction verbale en face à face caractérisée par des divergences particulièrement significatives entre les répertoires linguistiques respectifs des participants. (Alber y Py, 1985: 3)
Como podemos observar, nos encontramos, de nuevo, ante el criterio simetría/asimetría competencial. Las interacciones entre estudiantes en LE quedan, una vez más, fuera de la categoría exolingüe.
Continuando con este recorrido general, años más tarde, De Pietro (1989) define el término de la siguiente forma.
La communication est exolingue lorsque les divergentes entre les répertoires linguistiques respectifs des interlocuteurs apparaissent comme constitutives du fonctionnement de l’interaction, c’est-à-dire lorsque le recours à des procédés d’ajustement réciproque, d’auto/hétérofacilitation, etc, devient un trait saillant de la communication. (De Pietro, 1988: 71)
De Pietro incorpora un nuevo elemento que ocupa un lugar central en la definición y que consideramos que posee un gran valor. Una situación de comunicación exolingüe se distingue por poseer movimientos de ajuste recíproco,
es decir, movimientos de auto y hetero-estructuración entre otros. De nuevo, nos encontramos ante una nueva contradicción de criterios. Si bien los estudiantes no poseen diferencias significativas entre sus repertorios en LE, los movimientos de ajuste recíproco son constitutivos de sus interacciones.
Más adelante, Porquier (1994) retoma la cuestión para hacer un balance del término, teniendo en cuenta las aportaciones señaladas anteriormente. Este autor admite que es posible definir la comunicación exolingüe de forma más amplia por medio del criterio de asimetría repertorial (Porquier, 1994: 164). La razón de este cambio de criterio viene de la consideración de que los fenómenos lingüísticos que caracterizan la comunicación exolingüe también tienen lugar entre nativos, como es el caso de un médico y un paciente o entre padre e hijo.
la communication exolingue pouvant être définie de façon plus large par l’asymétrie et la divergence entre les codes respectifs des participants, ce qui ne saurait se réduire à l’opposition entre langue maternelle et langue étrangère mais concerne également des situations de communication entre locuteurs natifs d’une même langue (Py, 1987, en Porquier, 1994: 164)
Así pues, el término exolingüe, definido de esta manera, permite incluir los intercambios en lengua materna entre un locutor experto y un aprendiente. Sin embargo, a pesar de este giro, Porquier no menciona el lugar que ocupan las interacciones en LE entre estudiantes.
Nos encontramos ante un mismo concepto delimitado por definiciones diferentes. Los criterios que han sido utilizados son básicamente tres:
- Se trata de la comunicación que se establece por otros medios que la lengua materna (Porquier, 1984).
- Se caracteriza por la asimetría de los hablantes en el acceso al código utilizado en la interacción o asimetría repertorial (Alber y Py, 1985; Matthey, 1997).
- Se identifica por la aparición de movimientos lingüísticos de reajuste (De Pietro, 1988).
Como hemos podido observar, las interacciones entre estudiantes en lengua extranjera cumplen, únicamente, el primero y el tercero de los criterios. A pesar del carácter global que dio lugar a la noción de exolingüe, ha sido utilizada por la comunidad investigadora, casi exclusivamente, para hacer referencia a las interacciones entre nativos y aloglotas o entre profesor y alumno/s (cf. Degache, 2007). Estas situaciones comunicativas están marcadas por la asimetría repertorial de sus interlocutores, que provoca fenómenos discursivos que le son propios. Algunos de estos fenómenos son, también, comunes a las interacciones entre nativos y aloglotas o entre aloglotas en LE; sin embargo, las causas que los originan son diferentes.
Consideramos, pues, que la mejor elección es la de reservar el término exolingüe para aquellas interacciones que se caracterizan por la asimetría repertorial de sus interlocutores, tal y como viene siendo usual por la comunidad investigadora. En lo que respecta a las interacciones entre aloglotas, estimamos que la adopción de una nueva categoría que las incluya resulta la decisión más práctica, debido a que poseen características diferenciadoras (cf. Behrent, 2007). Nos serviremos, pues, del término “interacciones interaloglotas” propuesto por Behrent (2002 y 2007) con el fin de distinguir y denominar aquellos intercambios que tienen lugar entre aprendientes en LE.
A continuación, presentamos un esquema de clasificación de las interacciones plurilingües (Figura 1), desarrollado en base al modelo de Matthey y De Pietro (1997). A diferencia de estos autores, no incluimos las interacciones unilingües, es decir, aquellas en las que se utiliza una sola lengua de comunicación, ya que nuestro propósito es el de clasificar únicamente aquellas que se desarrollan en más de un código de comunicación.
Figura 1. Esquema de clasificación de las interacciones plurilingües
Dentro de las interacciones plurilingües y bilingües, las interacciones endolingües son aquellas cuyos hablantes tienen el mismo nivel competencial en las diferentes lenguas que manejan en la interacción. En las situaciones endolingües plurilingües son comunes los fenómenos de habla bilingüe o de code-switching.
Como ya hemos mencionado, las interacciones exolingües son aquellas que se caracterizan por la asimetría repertorial de los interlocutores. La situación más característica son las interacciones entre nativos y no nativos.
Por último, las interacciones interaloglotas engloban aquellas en las que la lengua de comunicación es la lengua meta de todos los interlocutores y no es la lengua primaria (L1) de ninguno de ellos (Behrent, 2007: 15). La L1 puede ser común a todos los interlocutores, o bien, la de cada interlocutor puede ser diferente.