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Las interpretaciones tradicionales

In document La Alta Edad Media (McKitterick, R.) (página 108-110)

Desde la emergencia de la historia económica como disciplina en el siglo xix, sus métodos y conceptos han sido utilizados para explicar lo que se percibía como «dos momentos im portantes de la historia» occidental, a saber: «el final de la Civilización Antigua» y « el nacimiento de Europa». En primer lugar, la pregunta sobre la verdadera naturaleza de la economía medieval también implicaba el rechazo o la búsqueda de la idea de capi­ talismo medieval. La mayoría de los historiadores ha estado de acuerdo en que el «final de la Antigüedad» coincidió con el «final de la esclavitud». Esta cuestión ha sido reabierta recientemente. Para Bonnassie y Bois, la esclavitud strictu sensu (con la suposición que los seres humanos son ob­ jetos legales y económicos) se mantuvo hasta finales del siglo x, después de lo cual unas décadas de levantamiento social tuvieron como resultado la «revolución feudal».2 Si este es, de hecho, el caso, que la esclavitud nun­ ca desapareció completamente de las casas más acomodadas de Occiden­ te en la Edad Media, entonces los esclavos no pueden haber jugado más que un papel complementario y modesto en la mano de obra que puede documentarse en Bizancio en el siglo vi. En Occidente, es posible que la emergencia de los latifundios clásicos a partir del siglo vil fuera acompa­ ñada por todas partes de la instalación de antiguos esclavos en las tenen­ cias hereditarias. Con la integración de personas no libres en la comunidad de cristianos, lo cual dejó intacta la discriminación social y legal contra ellos, tenemos los rasgos generales de lo que Marc Bloch llamó la «prime­ ra servidumbre».

2 P. Bonnassie, From Slavery to Feudalism in South-W estern E u rope (Cam bridge, 1991); G. Bois, L a M utation d e Van m il (París, 1989); trad. cast. D el esclavism o a l feu dalism o en Euro­ p a o ccid en ta l, C rítica, Barcelona, 1993, y L a revolu ción d el a ñ o m il, Crítica, Barcelona, 1991 y 2000. Crítica de A. Verhulst, «The decline o f slavery and the econom ic expansión o f the earlym iddle ages», Past a n d Present, 133 (1991), pp. 195-203.

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Existe un consenso bastante amplio acerca de la idea de un «intervalo» altomedieval caracterizado por una «ruralización» general de la econo­ mía. Se considera su expresión más característica la propiedad carolingia (quizá porque es la m ejor documentada), con su granero, sus herra­ mientas y equipo de granja, sus artesanos y talleres especializados. Se cree que semejante propiedad es testimonio de la dominación de una econo­ mía cerrada y autosuficiente sin una necesidad real de dinero o com er­ cio. De acuerdo con esta opinión, por lo tanto, la econom ía del período altomedieval es equivalente a una economía doméstica. Es una sociedad

no comercial.

Una interpretación alternativa, no por fuerza mutuamente excluyen- tes, fue propuesta por Henri Pirenne y podría llamarse el «paradigma bel­ ga». Para Pirenne, era evidente una continuidad considerable de cultura y civilización en Occidente hasta finales del siglo vi. Fue interrumpida por la conquista árabe del Mediterráneo que finalmente separó las dos partes del antiguo Imperio Romano, sumió a Occidente en una depresión eco­ nómica y en un desorden político e inauguró un cambio constante en el equilibrio de Europa hacia el noroeste, ambos políticamente con la apari­ ción de los carolingios y, en la esfera económica, con el «renacimiento» de la vida urbana a partir del siglo xi.3

La «pequeña Bélgica», por consiguiente, era para Pirenne un paradig­ ma de la historia occidental. Era un «microcosmos», que fue destinado a ser no sólo el «el campo de batalla de Europa», sino que también ofrecería un foro para el intercambio de ideas entre los mundos latino y germáni­ co e idearía «las antiguas democracias de los Países Bajos». Estas opinio­ nes estaban en línea con la personalidad de Pirenne como «historiador

engagé, hijo de su tiempo, nacionalista, liberal, burgués, optimista ...: que veía la historia como una constancia del progreso impulsado por la urba­ nización, el comercio y el capitalismo».4 Quizá debido al papel dominante jugado por el Mediterráneo en los argumentos de Pirenne, pocos histo­ riadores han subrayado la excesiva concentración de su tesis en el mundo carolingio y la escasa atención dedicada a los acontecimientos en el M e­ diterráneo occidental después del siglo vil.

¿Cómo puede explicarse el extraordinario florecimiento de la econo­ mía y de la sociedad urbana en el siglo xn? ¿Cuáles fueron los puntos de

3 H. Pirenne, M a h o m et a n d C harlem agn e (Londres, 1968).

4 A. Verhulst, «L’Actualité de Pirenne», en G. Despy y A. Verhulst (eds.), La Fortune his- toriographiqu e d es theses d'H enri P iren n e (Bruselas, 1986), pp. 149-153.

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partida y los ritmos de este crecimiento: el siglo vil, con el renacimiento de nuevos flujos comerciales en Europa noroccidental; el siglo ix y el Re­ nacimiento carolingio; el siglo xi con el renacimiento de las ciudades? ¿Fue una respuesta al estímulo externo, derivado del renacimiento del comer­ cio en los siglos x y xi? ¿O fue autogenerado, sustentado por el dinamismo del campo y la producción y control del excedente agrícola necesario para la vida urbana y para los castillos por grupos de no productores? ¿Quién ayudó a crear este crecimiento: los grandes empresarios comerciales, los reyes carolingios, o sus monjes que controlaban los latifundios, o los cam­ pesinos que preparaban la tierra nueva?

La investigación actual subraya la dinámica de las relaciones entre la ciudad y el campo a partir de la alta Edad Media y el papel de los re­ presentantes religiosos y políticos en el desarrollo económico. La acu­ m ulación de capital fue posible mediante el desvío del excedente desde su procedencia a los centros de control, es decir, del campo a las ciuda­ des y del productor campesino al consumidor noble o burgués. El cam­ po y su econom ía, en resumen, son fundamentales para el desarrollo de Europa.

In document La Alta Edad Media (McKitterick, R.) (página 108-110)