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En el apartado anterior, el planteamiento de las teorías de la reproducción se centra en el carácter hegemónico de la educación, con lo que deja fuera del foco de análisis a las resistencias de los sectores oprimidos que surgen por esta dinámica de dominación y violencia simbólica (Giroux, 1985). Esta visión de análisis educativo se retoma en años posteriores por científicos sociales que integran una escuela crítica que desarrolla los postulados de la denominada “nueva sociología de la educación”, la cual emerge a mediados de la década de los setenta con trabajos de sociólogos que se enfocan en visibilizar las resistencias de los sujetos educativos, por ejemplo los docentes en el ámbito escolarizado, poniendo el acento en comprender el rol social y las posibilidades de las acciones de resistencia en la conformación y desarrollo de las propuestas educativas en el

75 Esto significa que “los habitus se diferencian; pero asimismo son diferenciantes. Distintos y distinguidos,

también llevan a cabo distinciones: ponen en marcha principios de diferenciación diferentes o utilizan de forma diferente los principios de diferenciación comunes” (Bourdieu, 1997, pp. 19-20).

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capitalismo. Esta posición muestra cómo la escuela permanece en disputa bajo proyectos de distinta matriz ideológica-política.

Los pioneros trabajos de Willis (1977) sobre el concepto de resistencia cultural son la punta de lanza teórica para criticar las teorías de la reproducción. En su obra con barrios obreros de Inglaterra, argumenta que los jóvenes estudiantes de clases trabajadoras producen una “contracultura escolar” que los impulsa a inclinarse por ser obreros (p. 13). Esta “disposición cultural” produce actos de resistencia frente al modelo normativo al que responde las formas culturales de la escuela y en términos muy concretos “permitía desenmascarar la ilusión de ascenso social que formaba parte del discurso ideológico de la escuela neoliberal. Sin embargo, también contribuía al ‘fracaso’ escolar de esos estudiantes y, finalmente, a la reproducción de la estructura social” (Rockwell, 2006a, pp. 14-15). Esa ambivalencia muestra que las oposiciones en el ámbito escolar no siempre pueden leerse como resistencias de los sujetos, porque es probable que termine favoreciendo el interés de la estructura social.

Por su parte, Giroux (1985) desde los estudios de la pedagogía radical, realiza una crítica a las teorías de la reproducción desde la perspectiva de los educadores radicales norteamericanos, pues sostiene que:

Los teóricos de la reproducción han puesto un gran énfasis en la idea de dominación en sus análisis y han fracasado en proporcionar una comprensión más amplia de cómo los maestros, los estudiantes y otros sujetos humanos se reúnen en un contexto histórico-social determinado tanto para crear como para reproducir las condiciones de su existencia […] Al ignorar las luchas y contradicciones que existen en las escuelas, estas teorías no sólo disuelven la intervención humana [human agency]; sin saberlo, proporcionan una excusa para no examinar a maestros y estudiantes en marcos concretos dentro de la escuela. (p. 38)

Sus trabajos parten de una concepción de la escuela como artífice de la reproducción social y cultural de la clase dominante, esto significa que las escuelas “están vinculadas a la maquinaria de dominación y reproducción” (p. 41). Desde esta perspectiva, la escuela no puede entenderse de manera aislada76, ya que “las escuelas forman parte del

aparato estatal que produce y legitima los imperativos económicos e ideológicos que

76 Sostiene este argumento en complicidad con Willis (1977), pues su análisis sugiere “que las instituciones

no pueden ser estudiadas como unidades simples. Al menos tienen tres niveles a los que podemos denominar oficial, pragmático y cultural” (p. 208). La visión a través de estos niveles es útil para entender los discursos ideológicos subyacentes de las instituciones.

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subyacen al poder político del Estado” (p. 38), es decir que se somete al yugo del Estado- nación y la economía capitalista bajo la influencia del capital global monopólico. Así como el énfasis en la agencia de los sujetos educativos, entendiendo a estos como entes activos que tienen distintos modos de reacción y respuesta ante los modelos reproductores y asimilacionistas de la escuela moderna.

Dicho autor propone complejizar el análisis social de las resistencias al desarrollar un modelo dialéctico de enseñanza y sociedad que recupera aspectos de las teorías de la reproducción donde se encuentra el mayor potencial emancipatorio de los sujetos (Giroux, 1985). Para esta tarea, el pedagogo norteamericano se enfoca en tres aspectos fundamentales que se reproducen en la escuela: un primer nivel cultural reproductivo, que supone las escuelas como universos más amplios que reproducen relaciones de poder de la cultura dominante, en otras palabras, reproduce violencias simbólicas y objetivas que coaccionan la agencia de los sujetos. En este nivel “las escuelas juegan un papel especialmente importante en la legitimación y reproducción del capital cultural dominante” (p. 48).

Un segundo nivel se expresa en la reproducción del Estado hegemónico, donde se articulan los elementos comunes presentes en la visión del mundo de los grupos dominantes, como ideología impuesta. En este nivel, Giroux invita a reflexionar sobre el Estado hegemónico en el capitalismo al recuperar la propuesta de Gramsci (1981), quien entiende que “la producción de conocimientos está ligada a la esfera política y es un elemento clave en la construcción del poder por parte del Estado” (Giroux, 1985, p. 55). El diálogo con el pensador italiano tiende a visibilizar la centralidad de observar “cómo el Estado puede definirse, en parte, en referencia a su participación activa como un aparato represivo y cultural (educativo)” (Giroux, 1985, p. 55). La organización del Estado es un constante campo de contradicciones donde se emiten rasgos de la ideología de la clase dominante capitalista en el marco de la lucha de clases, lo que profundiza su racionalidad por medio de la escuela en la sociedad política a través del modo de organización de la misma y el currículo que implementa77.

77 Un ejemplo que puede servir para las sociedades con un régimen político basado en la democracia

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Y por último, un tercer nivel económico reproductivo, encargado de reproducir las desigualdades sociales en términos de la sociedad estratificada en clases sociales. Más allá de entender la escuela como “aparato ideológico del Estado” (Althusser, 2008 [1989]), este nivel de reproducción “ve a las escuelas como sitios sociales conformados por ideologías en lucha que tienen, en parte, sus raíces en la antagónica relación de clases y en prácticas estructuradas que dan forma al funcionamiento cotidiano de esas instituciones” (Giroux, 1985, p. 42). Esa ideología se transmite y tensiona por medio del currículum oculto de la escuela (De Alba, 1998) a partir de diversas formas que se expresan en la escuela para inculcar los valores del trabajo hacia la conformación de una mano de obra para las necesidades del capitalismo.

Como contrapropuesta a este carácter reproductor de la escuela, Giroux centra su análisis en las resistencias que se desarrollan en espacios escolarizados, sobre todo desde las nociones de conflicto, tensión y contradicción, pero no sólo desde un análisis macro de la génesis histórica de la escuela, sino que se filtran a través de prácticas y procesos que describen de manera efervescente cuando se observa la vida cotidiana en las escuelas (McLaren, 1998).

También es evidente que los sujetos autoproducen y gestan nuevas formas de resistencia, ya que “la teoría de la resistencia asigna un papel activo tanto a la intervención humana como a la experiencia en tanto cruciales vínculos mediadores entre las determinantes estructurales y los efectos vividos” (Giroux, 1985, p. 57). Este pedagogo radical, influenciado por el trabajo de Freire (2002 [1970]), crítica la teoría de la reproducción al señalar que existe también una historia detrás de los sujetos educativos, lo que habilita cierto impulso y capacidad de agencia, como ilustro anteriormente. Sin embargo, las teorías de la resistencia sugieren ser muy precavidos al interpretar estas acciones y diferenciar entre oposición y resistencia, pues:

No todo comportamiento de oposición tiene una “significación radical”, ni todo comportamiento de oposición es una respuesta clara a la dominación. Lo que sucede es que ha habido muy pocos

esto se puede ver en las contradicciones que surgen en torno a la ideología de los derechos democráticos que a menudo se reproducen, en el plan de estudios de la escuela. Las escuelas juegan un papel activo en legitimar la opinión de que la política y el poder se definen en torno a temas como los derechos del individuo y mediante la dinámica del proceso electoral” (Giroux, 1985, p. 63) como caminos fáciles de transformación social.

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intentos, por parte de los teóricos de la educación, por comprender cómo los grupos subordinados encarnan y expresan una combinación de comportamientos reaccionarios y progresistas, comportamientos que encarnan ideologías que tanto subyacen en la estructura de la dominación social como tienen la lógica necesaria para superarla. (p. 61)

En ese sentido, la teoría de la reproducción tiende a perder de vista el carácter histórico de los sujetos y su agencia que también influye para aceptar o rechazar las reproducciones de la escuela, así como la lógica de las violencias que cruzan la vida de los sujetos, por ejemplo en dimensiones como el género o la diferenciación étnica. Un ejemplo podrían ser los sujetos racializados78 en la escuela, quienes reconocen esta carga histórica y a partir de ella pueden detonar resistencias asumiendo sus identidades decoloniales (Mignolo, 2013). Otro elemento a destacar es la capacidad para crear una transformación social mediante la lucha contra la dominación. Uno de los objetivos a alcanzar, sobre todo cuando se articula el papel del educador radical al cuestionar los paradigmas de la escuela a partir de las resistencias que detonan al reflexionar críticamente la escolarización.

Considero clave el mensaje que nos plantea Giroux (1985) para construir la capacidad de aprender a resistir pero desde las formas propias, de acuerdo a la cultura e historia de cada contexto:

La base para una nueva pedagogía radical debe obtenerse de un elaborado entendimiento teórico de los modos cómo el poder, la resistencia y la intervención humana pueden convertirse en elementos centrales en la lucha por el pensamiento y el aprendizaje críticos. Las escuelas no van a cambiar a la sociedad, pero podemos crear en ellas reductos de resistencia que proporcionen modelos pedagógicos para nuevas formas de aprendizaje y de relaciones sociales; formas que pueden ser usadas en otras esferas involucradas más directamente en la lucha por una nueva moralidad y un nuevo punto de vista sobre la justicia social. (p. 65)

Sin duda, los aportes de las teorías de la resistencia en el análisis socioeducativo arroja múltiples sentidos para interpretar teóricamente procesos educativos que impulsan los sujetos en lucha, a partir de desglosar los conceptos que subyacen en los procesos empíricos que estudiamos como investigadores educativos. En ese sentido, esta discusión

78 Entiendo la racialización como la producción social de grupos humanos en términos raciales, los cuales son

ubicados como inferiores en una estructura jerárquica acorde al capitalismo y el colonialismo promovido por los Estados nacionales. Racialización entonces, “se concibe como un concepto de gran utilidad política, dado que al identificar exclusiones históricas y lógicas institucionales presentes, hace visibles modelos de injusticia social que dificultan el logro de una ciudadanía incluyente y equitativa” (Campos, 2018, p. 2).

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abre rutas de reflexión sobre la apropiación de conceptos como reproducción y resistencia desde una mirada estructural a partir de la relación escuela-sociedad.

El problema radica en que se suele subestimar la forma en que los sujetos median, chocan y articulan estrategias como subversión del ejercicio del poder a nivel de creación cotidiana (De Certeau, 1999). Comprender la compleja relación entre escuela-sociedad dominante implica enfatizar la forma en cómo los sujetos resisten a las lógicas del capital y a la dominación capitalista a partir del reconocimiento de su historia y su posicionamiento.

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