DEL PSICÓTICO AL ANALISTA (PÁG 275)
20. LENGUA PÚBLICA Y LENGUA PRIVADA (PÁG 293)
Éric Laurent. -Quería continuar a propósito de la lengua privada y de la lengua pública: ¿existen
lenguas, tantas lenguas como sujetos, y existe una lengua pública? Es un debate que atraviesa todo el movimiento de reflexión sobre la lingüística, la filosofía de la lengua, y que articula de manera distinta en los diferentes marcos conceptuales.
Si partimos de Locke y de la tradición inglesa, los malentendidos y los equívocos se reducen cuando se tienen ideas claras. La lengua está hecha de equívocos, y son las ideas las que permiten, grosso modo, simplificar cierto número de malentendidos. Para nuestro enfoque moderno, que parte de la lengua natural, hay una lengua pública y no hay lengua privada. En un caso se parte de la lengua privada y se la ajusta para un uso compartido, en el otro, se parte del uso de la lengua pública. Cuando además se es psicótico, como Wittgenstein, se insiste mucho en el hecho de que no hay lengua privada. No hay más que la lengua pública, y sus usos.
Los teóricos de la lengua en el mundo anglosajón se oponen firmemente a toda lengua privada, en el sentido que le dan a este término, lo que significa sobre todo que están en contra de la teoría de Locke y su correlato, su teoría de las ideas claras. Para nosotros, es difícil sin embargo eliminar la noción de lengua privada. Puede decirse que el sujeto psicótico es el sujeto que muestra que se puede construir una lengua en todos sus componentes atravesada por una significación particular La lengua fundamental del sujeto psicótico es una lengua privada. La paradoja es que el sujeto que hace esta experiencia de lo más privada puede perfectamente actuar y hablar y mantener un lazo de lo más social: son las paradojas de Rousseau o de Wittgenstein. Quien realizó la experiencia más privada de la invasión de goce en el camino que lo lleva a Diderot, ese mismo vuelve de esta
149
experiencia y hace con ella un libro que revoluciona a Europa. Consigue, pues, hablarle a todo el mundo, con una lengua que es perfectamente pública. No obstante, hasta el final de su vida, en Las
ensoñaciones del paseante solitario, tratará de escribir la particularidad inaudita de esta
experiencia, que las palabras no lograrán circunscribir.
Geneviève Morel. -Escribe en francés.
Éric Laurent. -Escribe en un francés que se convirtió en la lengua de Rousseau, esa en la que
intenta alojar la particularidad de sus experiencias. Por más que se apasione por la botánica, por los
atributos estables de esta lengua clasificatoria que el siglo XVIII perfecciona, y se asegure con eso de que la naturaleza está en su lugar, la experiencia inefable se desplaza. Es también la paradoja de Wittgenstein. Wittgenstein, el más aislado, terminó por fabricar una filosofía que interesa a más gente que su maestro Russell, de otra manera más socializado.
Partamos entonces de allí y radicalicemos la perspectiva. ¿Nosotros hablamos francés? Hablamos una lengua que se reconoce como francesa por cierto número de procedimientos de reconocimiento, pero que está siendo siempre desbordada. ¿Cuál es el estado del francés? Huye, vacila, y hubo numerosos intentos a lo largo de la historia para fijar la lengua, suturaría. Está el intento de la Academia Francesa: este es el francés que hablamos. Cada vez se toman menos en serio las limitaciones ofrecidas por ese cuerpo emérito.
Hay intentos más importantes para fijar el uso de lenguas públicas. Por ejemplo, leí un libro muy interesante que explica la diferencia entre el nacionalismo catalán y el nacionalismo vasco. En la reconstitución de la lengua que había desaparecido como lengua de cultura, en la bisagra de nuestro siglo, el carácter pragmático de los catalanes los llevó a elegir el camino de favorecer a los literatos. Procedieron a una reconstitución de la lengua a partir de una práctica literaria que no había
abandonado el terreno del sentido gozado, y procedieron a una conversación general sobre la literatura, sobre la belleza de la lengua. Los vascos operaron de una manera completamente distinta, o al menos el fundador del movimiento nacional vasco que tendría más éxito, HB. Este fundador psicótico constituyó una lengua artificial, extractado con considerable esfuerzo,
mezclando tres unidades distintas que nunca habían conformado juntas una lengua. Las mezcló poniendo a punto un común denominador que sería la lengua vasca ideal. Propuso esta solución para superar la histórica división de las provincias vascas y afirmar la unidad de la nación. Esta lengua ideal es la que se enseña en las escuelas vascas, pura creación que nadie habló. El autor destacaba cuán suicida era esta actitud. Por otra parte, hay toda una corriente de estudios del nacionalismo vasco que señala el peligro suicida, el «anillo melancólico» donde puede encerrarse este ideal.
Élisabeth Geblesco. -De todas maneras, el vasco se habló, se habló durante decenios, siglos. Éric Laurent. -Con una forma pluralizada. El vasco unificado enseñado actualmente no es una
lengua recogida a partir de prácticas de discurso, es una lengua ideal. Pág. 295
Élisabeth Geblesco. -La lengua enseñada, tal vez. El gaélico también.
Éric Laurent. -En esos esfuerzos para normalizar las lenguas se encuentra siempre una dificultad
en el punto de basta para saber lo que se habla. Diferente es la visión de «Lituraterre», la idea del surco, de las rutinas, de las prácticas. No da la idea de un hermoso paisaje, con una lengua que se distribuye, sino de surcos. La única manera de asegurar que se habla una lengua, que se habla un
150
francés adaptado a un procedimiento de traducción general, es hacer llover la lluvia de interpretaciones, como muestra uno de los textos, lo que permite labrar más surcos.
El uso que hace el psicótico de nuestra presencia es labrar más unos surcos que otros. Nosotros tenemos que ayudarlo, con método. Geneviève Morel decía que ella hubiera podido hablar de los expedientes con su paciente; en un momento hablan de la literatura norteamericana, el expediente se convierte en la literatura norteamericana -se abre el expediente, se comenta, etc. La práctica de surcamiento empieza a partir de allí. El método no consiste en partir de lo más secreto, de lo más profundo, de lo más escondido, pero procede de un surcamiento operado por la práctica.
Quisiera volver a la oposición entre lengua privada y lengua pública. Recuerdo haber visto una vez a Wilfred Bion cuando controlaba en un grupo grande la práctica de algunas perso nas. Ya era grande -ochenta años-, y controlaba a psiquiatras formados por sus alumnos. Hablaban bioniano y decían cosas como: «El sujeto internalizó su objeto malo externo. Está partido al medio, entonces yo me dirijo al objeto raro que se formó», etc. Bion escuchaba a un psiquiatra joven que se
orientaba perfectamente en esta clínica, en lo bioniano, y hablaba del caso de un sujeto femenino. Bion repetía sin cesar: «Pero ¿qué lengua habla ella?» El otro hacía un gran desarrollo sobre: «Entonces, en ese momento yo interpreté el objeto malo...». «¡Muy bien!, dice Bion. Pero ¿qué lengua habla ella?» Al cabo de la décima vez, el joven psiquiatra no sabía muy bien lo que debía decir. En ese momento, Bion tomó la palabra: «¿Qué lengua habla ella? Porque, efectivamente, ¿qué es la lengua?». Y citó de memoria un pasaje de Valéry sobre los constructores de catedrales, sin apuntes, en francés.
Lo que estaba haciendo no era simplemente un recitado de memoria, él explicaba así la
construcción de una lengua. Una lengua es como las catedrales, un ensamblaje de piedras efectuado por maestros de obra anónimos, todo eso asentado junto por una gran fe. Hay un gran pasaje de Valéry sobre este tema, sobre el anonimato y la obra colectiva. Todo eso, escondido, logrado, verdadero ataque brusco y violento, para desorganizar la hermosa lengua interpretativa demasiado acartonado. Sin duda siempre hay que preguntarse qué lengua habla el sujeto, sabiendo que es un
bricolage particular.
Volvamos a la oposición lengua pública/ lengua privada. Existe, por cierto, siempre una lengua pública que ya está allí, pero nosotros no podemos adoptar tal cual la oposición admitida por los filósofos del lenguaje anglosajones. Tenemos que encontrar nuestras propias conclusiones como podamos en estos debates, porque somos al mismo tiempo partidarios de la lengua pública, que siempre ya está ahí, y de la lengua privada con su surcamiento propio. Es cierto que no hay lengua privada, en el sentido anglosajón. Si se hace a partir de los sense data, una lengua que estaría dada a partir de las sensaciones, no es posible. Pero si se toman los non sense data, el goce, el sentido gozado como nonsense, en ese momento debemos admitir que tenemos una lengua, una lengua privada compuesta por todos los non sense data, la suma de los equívocos aceptables para cada uno, la integral aceptable para cada uno. Para el conjunto de una lengua, en este momento el francés, es la integral de todos lo equívocos que circulan.
Geneviève Morel -¿Por qué dice que son sinsentidos?
Éric Laurent. -Porque el sentido gozado no es un sentido común. En última instancia, el sentido
gozado tiene un costado non sense: es presbytère,... reusement, etc., la dimensión alcanzada es la
de nonsense.
Élisabeth Geblesco. -De todos modos está el elemento pulsional, la lengua atravesada por la
151 Jacques Borie. -Vuelvo sobre lo que decía Jean-Robert Rabanel hace un rato sobre el
significante solo. No es solamente tener en cuenta la última enseñanza de Lacan, es también tener en cuenta a los sujetos con los que tratamos, y es articular los dos. Ayer se insistía en que este nuevo estilo de sujetos psicóticos destaca especialmente esa dificultad de crear un lazo entre el significante solo y el Otro. Por eso la referencia a los discursos no me parece muy pertinente,
puesto que en los discursos tenemos justamente la articulación previa, que está dada. Aquí tenemos una objeción con la evidenciación del significante solo.
Haré una breve reseña sobre un sujeto que conocí en la presentación de enfermos de la Sección Clínica de Lyon. Seguramente era psicótico, y tenía el proyecto de hacer una tesis de lingüística, cosa que lo mantenía muy ocupado. Trabajaba en la comparación de cinco lenguas diferentes. Tenía trabajo para muchísimo tiempo, lo que era terriblemente bueno. Después de haberme
explicado el sentido de sus trabajos -que eran muy buenos, probablemente la tesis fuera válida para la Universidad-, me dice que, en el fondo, aunque eso lo tenia muy ocupado, no era lo esencial, le interesaba mucho más otro de sus inventos. «Solo que -me decía- no puedo transmitir este invento en la Universidad, estoy obligado a guardarlo; es lo que más me interesa, es casi como mi nombre.» Había escrito una fórmula matemática «matema», decía, que apuntaba a escribir la relación entre el acontecimiento y el tiempo. Evidentemente, había comprendido que no podía transcribirlo como tal en la Universidad: tenía que guardarlo para sí, -pero al mismo tiempo sabía que era eso lo que le interesaba, con lo que daba un nombre a su ser. Era su propia creación, con un costado
absolutamente intraducible.
No necesariamente debe oponerse la lengua privada y la lengua del Otro, sino ver cómo necesita el sujeto determinar cierto punto fijo en la lengua, que vale como sinsentido. Esta es la condición para que haya una articulación posible en otro plano en la relación con el Otro. Se trata de delimitar lo siguiente: ¿cuál es para el sujeto el punto de goce en lalengua que le asegura cierto espac io de sinsentido, y que permite justamente que el sentido se despliegue a otros lugares, como también cierto modo de relación con el Otro?
21. ¿CÓMO PUEDE VALERSE DE NOSOTROS El SUJETO PSICÓTICO? (PÁG. 299) Michèle Miech. -Yo quería intervenir sobre la docilidad del psicoanalista, la docilidad en general
del partenaire del psicótico como condición de inserción para él en un discurso. ¿Es un discurso o bien un seudodiscurso? ¿Se podrían precisar las condiciones de inserción del psicótico en un lazo social? ¿Cuál es el estatuto de ese lazo social como discurso? ¿Podemos escribirlo como uno de los cuatro discursos de Lacan?
Lo que me llevó a reaccionar después de leer el caso Donald es que ocurre que conozco bien la lengua Donald por haberla oído de un chico con quien tengo mucho trato: mi hijo, que habla muy bien el Donald. Aparentemente, el Donald es una lengua que existe: es una lengua salida de los estudios Walt Disney, ya que es la manera de hablar del pato Donald en los dibujos animados. También es una lengua a la que realmente se puede ver nacer, si me permiten, cuando la gente que hace buceo sale de las campanas de descompresión: durante algunos instantes hablan naturalmente como el pato Donald.
Me pregunto por la eficacia de la inserción en un lazo social a partir de una lengua como esa, por que a mi hijo no le fue bien: contrariamente a Ophélie, él no pudo enseñarle la lengua Donald a nadie, ni en su familia, ni en su entorno (trató con su hermana, pero no funcionó), y eso se
transformó en un simple talento de sociedad, no se convirtió en una creación a partir de la cual se condujo en el mundo. Al cabo de algunos años lo perdió -aunque vuelva de vez en cuando. En cambio, para Ophélie, o para el inspector de impuestos, paciente de Geneviève Morel, parecería crucial la docilidad del partenaire. También están las instituciones -pensaba en Courtil- donde se
152
practica esta docilidad con el paciente para dejarlo reconstruir un discurso del que somos sus instrumentos, como decía antes Jacques-Alain Miller.
Philippe La Sagna. -Sobre la cuestión del lazo social, hay una observación de Lacan en El seminario 20, donde plantea que la escritura supone previamente el lazo social, y que la lengua
normalizada supone la escritura. Cuando se hace existir una lengua, es una institución social que parte siempre de una realidad política; podemos decirlo para todas las lenguas, inclusive la lengua francesa. Es algo que constituye un interrogante porque siempre tendemos a pensar al revés -es decir, a pensar la lengua primero y el lazo social después. Allí tal vez hay que hacer alguna revisión.
A nivel clínico, algo me interrogaba: la hipótesis de la transferencia -que es traducción, porque hasta en alemán, en los textos de Freud, la transferencia es de alguna manera una traducción- es la hipótesis misma del sujeto supuesto saber. Se advierte en los casos de psicosis que puede bastar con que alguien encuentre un analista para ponerse a delirar. A veces es un «progreso» y a veces no. Es decir que hay allí una responsabilidad muy importante. ¿Podría haber algo que permita maniobrar un poco sobre esos efectos donde el saber empieza a convertirse en real? Muchas veces, una vez que es real, no es supuesto, debo decirlo, y tiene su vida propia, que es a veces dramática. Es una primera pregunta sobre la transferencia en la psicosis.
Segunda pregunta: esto pone en tela de juicio la hipótesis de la traducción. Señalé a nivel clínico que muchas veces la gente llega con una lengua privada, y se cree que uno tiene que ser el que se las debe arreglar para establecer un lazo en las relaciones sociales, es decir, hacer que su lengua privada pueda volverse pública. Este esfuerzo de traducción encuentra a menudo un obstáculo, y es que en un momento dado eso da consistencia a un intraducible particularmente embarazoso que resurge. Habría que ver en qué momento puede haber soluciones tales como la transformación del saber en lenguaje; es decir que los sujetos se vuelvan un poco más polvorientos y se relacionen con una forma de lenguaje sumamente equívoco, o bien una transformación del saber a una forma reducida de lenguaje, que es la interpretación paranoica, y donde, por el contrario, no es en absoluto polvoriento. Pág. 300
Tengo un ejemplo muy breve relacionado con esta idea del saber expuesto, que me parece muy elocuente. Se trata de alguien que viene a hacer un análisis muy clásicamente, y cada año, cuando nos separamos por las vacaciones, me trae la reseña escrita a máquina e in extenso de todas las sesiones. Para ella es un saber expuesto, formulado como una tesis, in extenso y de memoria, aunque las sesiones no son muy cortas; no tiene grabador y estoy seguro de que esa reseña es absolutamente perfecta. Es una solución elegante, pero otras veces no es un libro lo que aparece en lo real, es otra cosa que no cesa de escribirse.
Franz Kaltenbeck. -A propósito de la niña que dice j'ai allée à I'école, Chomsky diría: a cierta
edad los niños cometen errores gramaticales, pero disponen de una gramática que les es propia, que comparten quizá con otros niños de la misma edad, y la conminación de los adultos a hablar
correctamente desliza al niño hacia una gramática normalizada. Desde el punto de vista del lingüista, las dos gramáticas son absolutamente interesantes.
Esto nos lleva a una cuestión más cercana a nosotros. Felicito a la señora Geblesco por su observación sobre el sujeto supuesto saber, es decir, que está del lado del sujeto desde 1967. Siempre dije que no hay lengua privada, por la sencilla razón de que, si hablamos de lenguaje, hablamos de una estructura que contiene un saber. Cuando algo contiene un saber, puede ser un saber sumamente cifrado, pero deber ser en algún lado trasmisible, si no nuestro concepto del lenguaje y también de la lengua, y hasta de lalengua en una sola palabra, se vuelve absurdo. Por ejemplo, el paciente de Danièle Rouillon, que alinea cifras, también tiene un saber. Sino, no
153
hablarían con él, se diría que es deficitario. Es un saber que se podría eventualmente descifrar con los medios modernos, es decir, el surgimiento de cierto número de signos que remiten a tal o cual sentido gozado. Se ve el mismo fenómeno en otros esquizofrénicos. El informe de Angers no es claro al respecto. Ustedes dicen: «Hay un saber arreglárselas con la lengua pero no un saber sobre lalengua». Me parece que es una contradicción.
Alfredo Zenoni. -Los desarrollos que acaban de hacerse esta mañana merecerían articularse con
una distinción que usamos, que es la de dos modos de retorno del goce. Esto puede aplicarse muy bien al pequeño esquema de la descomposición del lenguaje. Dos modos de retorno entonces: la identificación del goce en el lugar del Otro y el retorno del goce en el cuerpo propio, en la vertiente esquizofrénica. Pág. 301
Esta distinción, esta articulación de los dos, permitiría tratar la pregunta formulada al principio: