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EL PFÜIT DEl SENTIDO (PÁG 222)

LA CONVENCIÓN Apertura

6. EL PFÜIT DEl SENTIDO (PÁG 222)

Éric Laurent. -En el espíritu de la conversación, podríamos abordar la idea misma del trastorno

del lenguaje. el trastorno del lenguaje depende de la idea que se tiene del lenguaje. El trastorno del lenguaje es bastante diferente según Saussure, Jakobson, Hejmslev, Locke o Malebranche. Si se es saussureano -rápidamente-, se dirá que el trastorno del lenguaje pasa entre significante y

significado. Si se es jakobsoniano, se dirá que el trastorno pasa entre metáfora y metonimia, o que está ligado a la cuestión del shifter. Si se sigue a Locke, se planteará la cuestión del lenguaje

privado, de las ideas que se nos ocurren, las ideas claras, según Locke, que no son las de Descartes. Si nos inspiramos en Malebranche, nos interesaremos por las ideas que nos llegan ya no de

nosotros, sino del creador que sostiene la creación. Entre Locke y Malebranche, ¿más listo el más chiflado? Por supuesto, es algo que Lacan se plantea.

Si son neurólogos, primero se conformarán con la concepción espontánea que los neurólogos siempre tuvieron del lenguaje. La de Broca y Wernicke, que tanto le sirvió a Freud para elaborar su teoría de las afasias. Broca y Wernicke eran muy capaces haciendo actas de observación: cuando

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tal paciente ya no dispone de tal parte del órgano, se produce tal déficit funcional. Luego, debe de ser por allí entonces donde se localiza tal función. Conocimos, pues, toda una generación de

palabras localizadas, primero las zonas especializadas, después la lateralización estricta del cerebro, hasta que se dieron cuenta recientemente de que la localización era sin duda muy exagerada. Hacía falta pensar más bien en términos de tratamiento de la información a través de un sistema. Ese es el aporte dinámico de las neurociencias.

La teoría de las afasias, el tratamiento de las imágenes de palabras y de las imágenes de cosas, por la máquina inconsciente, es un bricolage sobre un trastorno del lenguaje al que se entregó Freud, a partir de una concepción del lenguaje de los neurólogos anteriores a las neurociencias. Las mismas neurociencias dependen en gran medida de una conversación entre la teoría del lenguaje de los neurólogos, formada a partir de la práctica siempre más afinada de la lesión y de su

recuperación, con algunos otros practicantes de los aportes técnicos de la lengua, como por ejemplo los especialistas en informática interesados en las lenguas naturales y algunos filósofos del

lenguaje. Con eso se genera una conversación nueva que se llama neurociencias. Así concebido, el trastorno del lenguaje es muy particular. Si fueran Chomsky, ¿qué idea tendrían del trastorno del lenguaje? Se podría pensar que si fueran chomskianos, buscarían la regla de la reescritura que no funciona, para poder dar cuenta del trastorno. Algunos chomskianos se sorprendieron mucho de que fuera el mismo autor quien, a partir de esta teoría, después haya adelantado una concepción política del lenguaje atravesado enteramente por el complot. Esta concepción lo llevó a posiciones muy radicales en la política universitaria norteamericana. El complot generalizado dibuja una teoría compatible con la ambición de dar cuenta del lenguaje a partir de reglas exhaustivas. Es una

manera de integrar en el sistema su límite. Las reglas no bastan para dar cuenta de la producción del sentido a través de los equívocos subsistentes. Se necesitará, pues, una gran conversación política para saber lo que dice el lenguaje. Chomsky insiste en una interpretación amplia de la primera enmienda de la constitución norteamericana, según la cual debe estar absolutamente permitido decir todo, inclusive los horrores. Es que todo eso no quiere decir nada ni tiene ningún efecto fuera de la conversación, que fijará el sentido. La conversación está organizada por los poderosos, quienes quieren hacer significar el lenguaje en un sentido que les sea favorable. Hay, pues, que oponerse a eso. Finalmente, el trastorno del lenguaje fundamental es la conversación de los poderosos.

Esto nos lleva a que el trastorno del lenguaje, en su concepción más general, está muy ligado al establecimiento del sentido por «el discurso concreto», como dice Lacan, por la conversación misma, democrática, generalizada. Por eso me parecía notable la redefinición que hacía Jacques - Alain Miller al comienzo de esta jornada considerando que este volumen trataba la psicosis

ordinaria. Es la psicosis en la época de la democracia, es tener en cuenta la psicosis de masa. En la época anterior a la clínica, Pascal refería la locura del mundo, lo que sonaba distinto. Cuando

nosotros decimos «la psicosis ordinarias, ya no nos dedicamos solamente a las grandes excepciones que constituyeron la clínica de la mirada y la primera clínica psicoanalítica. Ya no se trata

solamente de consagrarnos a las grandes monografías de esos gigantes del pensamiento psicótico que son Schreber, Newton, Cödel, etc. -algunos de los cuales están más enfermos que otros. Apuntamos a hacer entrar en la conversación clínica el material en bruto de la psicosis por el abordaje general de lo que es el lenguaje. Como dice una paciente en este libro: «Qué hace que en un momento dado mi cabeza se las pique... Pfüit, sin embargo, tengo posibilidades». Pfüit. El Pfüit del sentido. Es el Pfüit del sentido, para neologizar el título que eligió para un curso Jacques-Alain Miller. Está magníficamente ejemplificado.

Está la pfüit del sentido, y después, todas las tentativas del punto de basta para atraparlo. La paciente misma dice: «Tengo posibilidades pero no las domino... me falta el coso para manejar».

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Ella habla la lengua normal, la nuestra. Todo el mundo busca el coso para manejar. La cuestión del punto de basta es la más compartida del mundo.

Por ejemplo, los mercados mundiales fluctúan de una manera aberrante. Se hace, pues, una conversación: entre siete se hace un G7, y se trata de establecer ese punto de basta. No funciona, entonces se forma un G8. Después, alguien escribe un artículo u opina que el punto de basta ya no puede venir del FMI o del G8; tiene que venir del presidente de los Estados Unidos. Aunque lo agarraron de sorpresa por la causa sexual, sigue siendo el último bastión en tener el coso para manejar. Como su posición permanece frágil, la opinión pública norteamericana es finalmente la que ocupa con gran esfuerzo a todo el mundo porque el 62% de la gente no quiere el impeachment de Clinton. He aquí a lo que apunta el coso para manejar: a la medida ansiosa y permanente de la opinión.

Este estado de la civilización es compatible con el abordaje general de la psicosis ordinaria. La época está efectivamente muy en consonancia con esta constatación de que ya nadie tiene el coso para manejan Es el pfüit del sentido, y la búsqueda del punto de basta. Pág. 225

Jacques-Alain Miller. -Me gustaría deslizar en este punto una referencia al trabajo de Aix-

Marseille y Niza, donde encontramos una observación sobre la melancolía, que nuestros colegas toman quizá de Tellenbach y Kraus, y que habla del «copiado de una suerte de ideal, no del yo sino de una norma social. Se puede concebir entonces que las personalidades premelancólicas sean más fácilmente tipificables y reconocibles en las culturas donde las normas sociales están más

claramente definidas, incluso impuestas, como ocurre en el Japón y en Alemania». Es una observación muy útil: a partir del momento en que las normas se diversifican, se está

evidentemente en la época de la psicosis ordinaria. La psicosis ordinaria es coherente con la época del Otro que no existe.

Éric Laurent. -Yo estoy de acuerdo con Sauvagnat en que los trabajos de Tellenbach y Kraus no

deben reducirse al abordaje fenomenológico o caracterológico. Me parece productivo tomar la noción de sobreidentificación en el marco general de la psicosis ordinaria. En un sentido, esos trabajos confirman la idea de que la identificación en la melancolía se aborda de la misma manera que las otras psicosis, con sobreidentificación de rasgos perfectamente normales. En otro sentido, la sobreidentificación normal subraya que la norma de identificación está loca.

Jacques-Alain Miller. -De todos modos, se estará siempre sobre o subidentificado. La

identificación obedece a la curva de Gauss, no hay razón.

Éric Laurent. -El nuevo abordaje tiene de paradójico que se encuentran en él todos los abordajes

antiguos. Por ejemplo, por un lado decimos que es difícil encontrar en los niños

desencadenamientos como en la clínica del adulto. Sin embargo, en este libro encontramos tres desencadenamientos admirablemente observados. Se refieren al surgimiento de un trastorno que es signo de autismo a los seis meses, un año y medio y dos años y medio. Por un lado, son

modalidades de desencadenamiento del autismo estadísticamente localizables. Es lo que compete a fenómenos de atravesamiento de etapas del desarrollo. Por otro lado, está lo que depende de la contingencia del acontecimiento, diferente según los casos. Esos desabrochamientos son

perfectamente localizables. Consideremos también el caso que citaba Geneviève Morel de ese niño de seis años que, conjugando el verbo ser delante de su padre, considera que el mundo cambió de sentido para él. Es una coyuntura de desencadenamiento que merece agregarse a la serie que figura en «De una cuestión preliminar...». Cuando se conjuga el verbo ser delante del padre, ¡hay que

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tener mucho cuidado! Es una cuestión de pragmática, hace falta cierto número de condicio nes de contexto para que no sea motivo de fenómenos extraños.

La inclusión de desabrochamientos en la serie de desencadenamientos permite generalizar el fenómeno en una teoría productiva. La polisemia semántica que hace gozar responde en un

momento dado al niño autista que juega con la perilla eléctrica y que hace más-menos, más-menos, habitado por la pura oposición formal. No es la repetición del semantema lo que hace gozar, sino la repetición de la pura diferencia del más-menos, más- menos. De uno a otro, encontramos por qué un lingüista húngaro interesado en el psicoanálisis dedicó su trabajo a demostrar la investidura sádico-anal en las más sutiles oposiciones fonéticas. Sus trabajos muestran finalmente cómo la menor diferencia del sistema de la lengua puede estar investido de goce. Y si se está atento a esos detalles, se puede efectivamente llegar muy lejos en este arco inmenso recorrido del más-menos al semantema que hace gozar, de la fuga del sentido a los reabrochamientos del pfüit