Llamamos “letras reflejo” a aquellas que se prestan por su estructura por su situación en el espacio gráfico (zonas) a evocar ciertos signos psicológicos o ciertos símbolos indicadores de estados físicos. De tendencias del espíritu o de determinados comportamientos.
Este es el caso de las “hampas” y “barras de las “t”, ya estudiadas, de las letras de “óvalo” o “círculo”, de las mayúsculas, y de muchas otras letras, que por su estructura, se les atribuye un “reflejo condicionado” de ciertas cualidades de carácter o de ciertos estados físicos y de espíritu.
Centrar las interpretaciones en signos aislados, siempre lo he considerado moverse en un terreno muy frágil y resbaladizo, si no se tiene en cuenta el conjunto del grafismo. El todo, para nosotros, es siempre más importante que las partes. Con esto no negamos el mérito especial de muchos grafólogos que, como por ejemplo, Rosaline Crepy, basándose en el psicoanálisis, haya sido capaz de dar interpretación independiente a cada una de las letras mayúsculas y minúsculas del alfabeto.
En mi obra “Grafología estructural y dinámica. La interpretación psicológica de los signos gráficos por zonas” (Ed. A.G.C.) he intentado referirme a los “gestos-tipo” y a las “letras reflejo”, buscando el “por qué” de cada interpretación, por lo que no repito aquí lo ya tratado con profusión en la obra que se cita, a la cual remito a los lectores interesados.
En determinados grafismos se observa, con más o menos frecuencia, la tendencia a empotrar o adosar unas letras sobre otras, como ocurre en la fig. 148 (ver como se empotran las letras “p” y “o” en las palabras “posible” y en “importancia”).
Este es un signo bien estudiado por Torbidoni, Cristofanelli, Palaferri y otros grafólogos italianos del grupo Moretti. El hecho de las letras se “peguen” o empotren, las unas sobre las otras (fig. 148 indicada), parece ser un signo coartativo, una modalidad gráfica de inhibición, de dificultad para avanzar libremente y sin miedos en el camino de la relación o de la comunicación con el medio ambiente. Es un signo de inseguridad, de encogimiento, de necesidad de refugio, parecido a la actitud del niño pequeño que, en presencia de un extraño o ante algún hecho que le produce miedo, retrocede hasta la madre y se refugia cogiéndose a ella. Por tanto, cuando este signo aparece en grafismos correspondientes a la edad crítica o principios de la adolescencia, cuando el niño está pasando de niño a adulto, puede reflejar cierta dificultad para desprenderse de la madre (problema edípico) y fijar su atención en otras mujeres distintas a la madre. Las letras adosadas suelen presentarse, en el adulto, junto a escrituras atormentadas, vacilantes, inseguras y con fuertes inhibiciones en la zona inferior (jambas cortas o amputadas, jambas con bucle de ascenso interrumpido o regresivo, etc.).
Paolo Bruni ve en las letras adosadas, no sólo el apego y dependencia de la madre, sino también la “insolidaridad y la tendencia a no distinguir lo que es puramente imaginativo de la realidad. El sujeto no quiere ver la realidad como es, se cierra ante personas extrañas porque no se quiere convertir en algo distinto a la madre” Para mayor extensión sobre el significado de las letras “adosadas”, ver mi artículo “Sobre los grafismos de letras adosadas y reseguidas” en el boletín nº 4 de la A.G.C. (1988).
L08 - LIGADA, Escritura:
Se caracteriza por la cohesión o enlace ininterrumpido de unas letras con otras en las palabras (figs. 28, 46 y muy especialmente la fig. 162).
La cohesión puede interrumpirse, accidentalmente, para trazar una barra de “t”, para colocar un punto o acento. Esporádicamente, pueden estar desligadas algunas mayúsculas del resto de letras.
Para interpretar con justeza la escritura ligada, hay que tener en cuenta la fuerza y dinamismo del trazado, el ambiente gráfico y, sobre todo, si predomina la forma o el movimiento.
La escritura ligada es un indicador de la fluidez de la actividad psíquica, en su sentido más libre y expansivo, es decir, indica el dinamismo de las ideas, de los sentimientos y de las pulsiones instintivas en la captación de los hechos sensibles, de las cuestiones vitales y la fácil representación mental y transformación de los contenidos psíquicos en motivos de expresión, de decisión o de realización.
Podríamos asimilar, en un ambiente gráfico dinámico, la cohesión de las letras ligadas, al pensar y sentir extravertidos.
Así como la escritura desligada señala el predominio de los reflejos condicionados conducentes a la “inhibición”, la escritura ligada, por el contrario, es indicadora de reflejos condicionados conducentes a la “excitación” y a su transformación en actividad mental o motriz.
La escritura desligada parece obedecer a un proceso psíquico en el que se producen pequeños intervalos de “detención”, de “freno”. La escritura ligada parece obedecer a un proceso de aceleración, a un movimiento espontáneo y libre de la actividad psíquica. En la escritura ligada, con predominio del movimiento sobre la forma, la imaginación y la voluntad del sujeto están actuando de modo continuo y sin inhibiciones, sea en el terreno de las ideas, sea en el terreno de los sentimientos, sea en la acción destinada a alcanzar las propias metas o aspiraciones. La calidad de las realizaciones y el éxito de las mismas, dependerá mucho del equilibrio o desequilibrio, del grado de organización, de energía y de empuje, que se refleje en el grafismo.
El sujeto se sirve de la intuición, la deducción y la inducción como recursos dinámicos al servicio de sus juicios y decisiones, es decir, como vía de orientación para moverse en torno al “objeto”, al deseo o meta que desea alcanzar. Y hay que aclarar aquí que la “intuición” no es como algunos grafólogos creen, un signo exclusivo de la escritura desligada. La intuición, en la escritura desligada, sobre todo, si el grafismo es pequeño, ligero e inhibido (fig. 202), será un signo característico de la intuición introvertida, que es una intuición frenada.
En sentido positivo, la escritura ligada es reflejo de una líbido en progresión. El sujeto entra en contacto con facilidad con el “objeto” y se sirve de él en busca de una unión afectiva o física. Es un buen signo de madurez sexual y social y, por extensión, de eficacia profesional.
Cuando la forma predomina sobre el movimiento (fig. 63, aunque no es totalmente ligada), el sujeto es aplicado y activo, se concentra bien en su trabajo y su capacidad de acción, aunque no sea muy creador o innovador, va perfeccionando sus programas y métodos de trabajo para que puedan ajustarse lo más posible a la evolución que el sujeto vive en su esfera laboral.
La escritura ligada, con predominio de la forma sobre el movimiento, en sentido negativo, es puro estancamiento en la rutina, pura adicción a las “formalidades” y convencionalismos, incapacidad de renovación y, por tanto, es un acartonamiento de la mente en la repetición cotidiana de lo conocido.
Con escritura movida, impulsada, desproporcionada, confusa, desordenada y con fuerte presión (fig. 61) la actividad se convierte en un caos, es utópica, se hace impulsiva, embrollosa, oposicionista y desajustada.
El sujeto tiene grandes dificultades para diferenciar lo solidario y útil, de lo insolidario e inútil (dificultad de convivencia y de participación, le cuesta distinguir el mal del bien) y se lanza a la acción según su interpretación subjetiva de los hechos y las cosas.
Como decíamos al principio, para interpretar con justeza la escritura ligada, hay que asociarla con otros signos dominantes.
El calibre o espesor de los trazos de flexión (de arriba a abajo) es inferior al medio milímetro (figs. 16, 31, 40 y 52). En todos los casos hay que examinar la profundidad y nitidez del trazado.
La onda gráfica puede ser ligera y profunda, es decir, la pluma, el bolígrafo o cualquier otro instrumento utilizado, deja un cauce profundo, neto, sin babosidades ni dientes de sierra. La presión del trazado, hay que observarla con lupa de ocho o diez aumentos.
La onda gráfica ligera puede ser también superficial. La pluma o cualquier otro instrumento, al trazar el dibujo de la escritura, ha pasado sobre el papel sin dejar apenas marca de su paso, se ha deslizado suavemente y sin fuerza penetrante. Los bordes del trazo, en este caso, pueden presentar zonas más entintadas que otras, porosidades, dientes de sierra o melladuras, etc.
Hay que tener en cuenta la rapidez del trazado, en unión con otras dominantes, para dar las interpretaciones justas a la escritura ligera.
La presión, en sus diversas modalidades, es una impregnación de materia física (tinta) que distribuimos sobre una superficie: el papel, dejando una huella visible de nuestra energía vital, de nuestro dinamismo, de nuestra fuerza expresiva y de nuestra capacidad de dominio de los objetos externos.
La escritura ligera, en general, es un indicador de delicadeza, de predominio de la sensibilidad nerviosa y psíquica, sobre las pulsiones puramente corporales, biológicas o materiales. El sujeto no utiliza como distintivo de su personalidad el dominio impositivo, arrasante y destructivo de su fuerza física, sino que aspira a una entente de paz, de buen entendimiento y de espiritualidad. Detesta la violencia, la ley del más fuerte y los choques con los demás.
a escritura ligera se produce con frecuencia en personas que han sublimado la sexualidad y la expansionan a través de los intereses del espíritu. Aquí se encuentran muchos escritores, personas místicas y religiosas y en fin todos los que rechazan la parte grosera y material de la vida o aquellos cuya fuerza vital no reside en los músculos, sino en la fuerza expansiva contemplativa del espíritu. Capacidad para apreciar matices sutiles.
El hecho de elegir un instrumento de punta fina para escribir, es ya significativo, pues no indica un revestimento material para distinguirse, (lujo externo, joyas, coches, casas señoriales, trajes llamativos, etc.) sino que dedican su tiempo al cultivo del espíritu y no del cuerpo.
La escritura ligera y sin presión, aquella que produce una onda gráfica deslizante, superficial, sin apenas rozar el papel y cuyos bordes, vistos a la lupa, pueden ser en dientes de sierra y con tramos más entintados que otros, traducen, en el aspecto biológico, una escasa energía vital, lo que determina la vulnerabilidad a todo tipo de presiones e impresiones, la influenciabilidad, la fragilidad física (propensión a las gripes y resfriados, a los esporádicos dolores de cabeza, a las depresiones, a la angustia, a la supersticiones, a las visiones extrañas, tanto del “más acá” como del “más allá”, etc.
El miedo a la realidad, la timidez, la pusilanimidad, la impotencia moral o física, la facilidad para dejarse sugestionar (médiums), la ligereza de carácter, la inestabilidad de voluntad (volubilidad) y las fáciles crispaciones nerviosas, son otras derivaciones de la escritura ligera y sin profundidad.
L10 - LÍMPIA, Escritura:
Ausencia en la escritura de manchas de tinta, pastosidad, congestiones, retoques, tachaduras, añadidos, empalmes disimulados, etc. Los contornos de los trazos son netos y el texto está bien aireado, ordenado, proporcionado y equilibrado, dando la impresión de un ambiente armónico (figs. 16, 46, 54 y 178).
Crepieux-Jamin, en su “ABC de la Grafología”, (pág. 404), dice que “la limpidez es la suprema consagración de elevadas cualidades”, que él atribuía a las personas de espíritu luminoso y nobleza de carácter. Efectivamente, el equilibrio sinérgico entre las funciones mentales y psíquicas y las diversas funciones orgánicas, no sólo es un indicador de buena salud física, de emotividad tranquila, de claridad y veracidad en las ideas, sino también de ponderación en los juicios, de buena adaptación al entorno y de buen sentido ético y estético. En la escala de Pophal equivaldría a un porcentaje correcto de los grados II y III.
En una escritura convencional, con cierto grado de monotonía, con poco ritmo pero con buena claridad (fig. 46) refleja el comportamiento adicto y fiel de las personas sencillas y convencionales, sin gran espíritu innovador o creador, pero con una constancia, perseverancia y disciplina modélica en el cumplimiento de los deberes y obligaciones y en el respeto a los demás y a lo que es de los demás.
Ahora bien, hay que tener en cuenta otros signos, sobre todo en escrituras muy cuidadas o muy elaboradas, tras las cuales puede ocultarse la falsedad. Muchos individuos se invisten con la capa de la virtud para cometer sus fechorías, sus timos o engaños.
L11 - LÍNEAS ASCENDENTES: