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LA LEY NUEVA O LA CARIDAD HACIA EL PRÓJIMO

Las palabras del evangelio que acabamos de escuchar no son una de tantas enseñanzas que nos ha brindado nuestro Señor. No. Constituyen la expresión más condensada de todo su magisterio, expresado en palabras y en obras: “La Ley nueva o Ley evangélica es la perfección aquí debajo de la ley divina, natural o revelada... Toda la Ley evangélica está contenida en el mandamiento nuevo de Jesús: amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado” (1970). Veamos, entonces, con detenimiento, este pequeño trozo del evangelio de san Juan.

1 – El Contexto

En primer lugar, prestemos debida atención a las circunstancias. Circunstancias de tiempo y circunstancias de modo.

En cuanto a las circunstancias de tiempo, vale la pena señalar tres elementos:

- ¿En qué momento de la vida de Jesús se enseña esto? Es la noche del Jueves Santo, la Última Cena...: es el testamento de Jesús.

- ¿En qué momento de la Última Cena? Después del lavatorio de los pies = pureza de corazón = disposición para recibir y entender.

- Esperó que se fuera Judas. Es decir que esta enseñanza va sólo a quienes son los verdaderos discípulos: en esto reconocerán que ustedes son mis discípulos. Es elemento distintivo: Les doy un mandamiento nuevo.

En cuanto al modo, tenemos tres elementos para notar:

- Cristo lo dice y lo reitera dos veces más; o sea, tres veces lo dice en total. Es algo definitivamente establecido. Y con su autoridad: Les doy [Yo] un mandamiento nuevo.

- Cristo lo da bajo categoría de mandato: Les doy un mandamiento nuevo. Es ley, está mandado.

- Cristo dice que es Nuevo: Les doy un mandamiento nuevo.

Estas precisiones no nos deben engañar sobre la auténtica naturaleza de este mandato. Precisa el catecismo al respecto: “La Ley nueva es llamada ley de amor, porque hace obrar por el amor que infunde el Espíritu Santo más que por el temor; ley de gracia, porque confiere la fuerza de la gracia para obrar mediante la fe y los sacramentos; ley de libertad, porque nos libera de las observancias rituales y jurídicas de la Ley antigua, nos inclina a obrar espontáneamente bajo el impulso de la caridad y nos hace pasar de la condición de

siervo que ignora lo que hace su señor, a la de amigo de Cristo, porque todo lo que he oído a mi

Padre os lo he dado a conocer (Jn 15,15) o también a la condición de hijo heredero” (1972).

2 – La Novedad

Si atendemos a las palabras de Cristo, no podemos dejar de percibir una dificultad. En efecto ¿qué tiene de nuevo esta Ley dada por Cristo? Ya la misma ley natural, que se encuentra en toda criatura de Dios, hace que lo semejante ame a lo semejante. Y la antigua Ley revelada (o AT) decía: No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás

a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18). ¿Dónde, entonces, está la novedad de lo que dice

Jesús?

La novedad no está tanto en el mandato mismo, cuanto en la modalidad nueva que adquiere el mandato: ámense los unos a los otros así como yo los he amado. Este como yo es lo que da un sello propio al amor cristiano.

¿Cómo es el amor de Cristo? Lo primero que hay que advertir es que el amor de Cristo es sobrenatural. Más claro esto significa dos cosas:

1) La caridad hacia nosotros del corazón de Cristo tiene su fuente, su motivo y su fin en Dios mismo: Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste, pero me has

formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron: Entonces dije: ¡He aquí que vengo –pues de mí está escrito en el rollo del libro- a hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hb 10,5-7).

Por eso señala san Juan: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que

ama ha nacido de Dios y conoce a Dios (1Jn 4,7). Cuando la Caridad hacia el prójimo existe en el

alma, une a ésta con Dios y lo hace semejante a Él. Tan estrecho es este vínculo que añade san Juan: Hemos recibido de Dios este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su

hermano (1Jn 4,21).

2) La caridad sobrenatural es algo distinto de la filantropía natural. La filantropía natural puede ser digna de elogio, pero no ama al prójimo para llevarlo a Dios ni lo ama como Dios lo ama. La verdadera Caridad es enteramente sobrenatural. El mismo movimiento que arrastra al alma hacia Dios, la inclina también a la generosidad para con los hombres. Por eso si alguno dice “amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su

hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1Jn 4,20).

Teniendo en cuenta estos dos presupuestos, Santo Tomás indica que las características del amor de Cristo son tres:

- Es gratuito: en esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su

Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados (1Jn

4,9-10). De la misma manera nosotros hemos de amar primero al prójimo y no esperar a que el prójimo venga a nosotros. El que da pronto da dos veces.

- Es eficaz: obras son amores y no meras razones. Lo máximo: nadie tiene mayor amor que

de boca, sino con obras y de verdad (1Jn 3,18).

- Es recto. Esto porque se funda en el bien y porque es ordenada. A) Que es recto quiere decir en primer lugar que es ordenada, es decir respeta el orden. La caridad reconoce una jerarquía: no puedo amar con amor de caridad al demonio; no amo igual a María Santísima que a Judas Iscariote, ni a mi madre (a quien le debo la vida) que a un desconocido que vive en Tailandia. B) La amistad se funda sobre alguna comunicación de tal modo que la amistad o busca semejantes o hace semejantes para encontrar en que comunicar mutuamente. La recta amistad es la que se funda en la semejanza o comunicación en el Bien. Cuanto más perfecto y elevado es el bien sobre el que se funda la amistad, tanto más perfecta y elevada es la amistad misma: para hacer negocios, para hacer deportes, para robar, para evangelizar, etc. Esta jerarquización es importante porque es ella la que nos debe guiar en nuestro accionar: las obras de misericordia espirituales son superiores a las obras de misericordia corporales; la catequesis, la oración son superiores. Debemos tener cuidado con el reduccionismo materialista.

3 – La Práctica – los Consejos Evangélicos

Exhortaos mutuamente cada día... para que ninguno de vosotros se endurezca seducido por el pecado

(Hb 3,13¸ Ro 15,14; Ga 6,2; 1Te 4,9; 5,11). Esta enseñanza de Jesucristo debe permear toda nuestra existencia, debe ungirla expandiendo el buen olor de Cristo: en la vida familiar (esposo-esposa, padres-hijos), en la vida religiosa, etc. Debemos hacer nuestro lo que dijo san Agustín: amar al prójimo o porque en él está Dios o para que en él esté Dios.

Para que esta práctica de la Caridad sea más eficaz, “más allá de sus preceptos, la Ley nueva contiene los consejos evangélicos. La distinción tradicional entre mandamientos de Dios y consejos evangélicos se establece por relación a la caridad, perfección de la vida cristiana. Los preceptos están destinados a apartar lo que es incompatible con la caridad. Los consejos tienen por fin apartar lo que, incluso sin serle contrario, puede constituir un impedimento al desarrollo de la caridad. Los consejos evangélicos manifiestan la plenitud viva de una caridad que nunca se sacia... La perfección de la Ley nueva consiste esencialmente en los preceptos del amor de Dios y del prójimo. Los consejos indican vías más directas, medios más apropiados, y han de practicarse según la vocación de cada uno…” (1973-1974).

Ya decía San Francisco de Sales: “Dios no quiere que cada uno observe todos los consejos, sino solamente los que son convenientes según la diversidad de las personas, los tiempos, las ocasiones, y las fuerzas, como la caridad lo requiera. Porque es ésta la que, como reina de todas las virtudes, de todos los mandamientos, de todos los consejos, y en suma de todas las leyes y de todas las acciones cristianas, da a todos y a todas rango, orden, tiempo y valor”.

4 – Conclusión

El domingo pasado vimos cómo el Buen Pastor se preocupa de sus ovejas. Él nos dejó el modelo que debemos imitar llegando hasta las últimas consecuencias como lo hizo Él

subiendo a la Cruz. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios

CatIC 1822-1829.2093-2094 C-Pascua-6

Jn 14,23-29 / He 15,1-2.22-29 / Sal 67 / Ap 21,10-14.22-23