Cuando un escriba le dijo a Jesús cuáles eran las demandas de la ley, el Señor respondió: "No estás lejos del reino de Dios" (Marcos 12:34). En otras palabras, la ley estaba obrando como tutor. El mismo versículo nos informa: "Y ya ninguno osaba preguntarle." ¿Por qué? Porque la ley cie- rra la boca.
Cuando el apóstol Pablo habló a los endureci- dos judíos, "les declaraba y les justificaba del reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas" (Hechos 28:23, cursivas añadidas). Pablo usaba la ley como un instrumento evangélico para alcanzar a los per- didos. "Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los trangresores . . . " (1 Timoteo 1:9).
Jesús reprendió fuertemente a los intérpretes de la ley con las siguientes palabras:
jAy de vosotros, intérpretes de la ley! por- que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedísteis (Lucas 11:52, cursivas añadidas).
En verdad, ellos no habían enseñado la ley. La ley es la clave del conocimiento. Por medio de la ley viene el conocimiento del pecado; la ley actúa como un tutor para enseñar a los pecadores el camino. Con frecuencia oímos: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6). ¿Qué clase de conocimiento le faltó? El mis- mo versículo dice: ". . .porque olvidaste la ley de tu Dios".
El apóstol Pablo afirmó: "Yo no conocí el pecado sino por la ley" (Romanos 7:7). ¿Cómo puede un pecador arrepentirse si no sabe lo que es el peca- do? Y si no se arrepiente perecerá (véase Lucas
13:3). La falta de conocimiento destruye al peca- dor. La ley es la llave que abre la puerta para que el pecador vaya hacia el Salvador. Es el tutor que lleva hombres y mujeres a los pies de Jesucristo.
Un cambio en nuestro enfoque
Si la idea de predicar sobre la ley destruye la médula de sus métodos de evangelización, permí- tame exhortarlo para que mantenga una actitud de apertura y ore con respecto a esto. En años recientes he cambiado por completo mi enfoque sobre la predicación y el testimonio personal.
Cuando comencé a comprender cómo se debe usar la ley, me porté como un niño que tiene un juguete nuevo. No podía esperar la oportunidad de aplicar este concepto con cualquier pecador inge- nuo. En ese tiempo, yo estaba con mi familia en
La clave olvidada 69 Pero hay muchos que hablan sólo acerca del perdón de los pecados, y dicen poco o nada con respecto al arrepentimiento. Sin embargo, no hay perdón de pecados sin arrepentimiento; por tanto el perdón de pecados no puede entenderse sin arrepen- timiento.
Así que, si se predica el perdón de pecados sin arrepentimiento, se deduce que la gen- te imagina que ya ha recibido el perdón de pecados, y por tanto se vuelven confiados e Intrépidos, lo cual es pecado y un error mayor que el que precedió a nuestro tiem- po.
Algunos creyentes pudieran decir: Yo no necesi- to mencionar todo esto de la ley para obtener decisiones. Mi mensaje es: "Vuélvanse, o quémen- se." Bueno, si usted predica acerca de la condena- ción, sin incluir la ley, obtendrá decisiones; pero los que acuden a Cristo, se presentarán por temor, y no por arrepentimiento.
Acudirán para escapar del fuego del infierno, y en lo profundo de su mente pensarán que Dios es injusto. Sin el conocimiento de la ley no compren- derán que merecen la condenación. En conse- cuencia, no tendrán gratitud, que es el primer motivo de la evangelización. La ley le muestra al pecador que merece la condenación; ése es su propósito. No hay atajos.
Recientemente hablé con un respetable hombre de Dios que compartió conmigo que se sentía frustrado por sólo haber tenido una cosecha de decisiones tibias. Su frustración lo había llevado al punto de preguntar a los pecadores que pasa- un largo feriado de fin de semana.
Un día, mientras estaba acostado al lado de la piscina, comencé una conversación con un pecador sonriente. Al darle mi testimonio personal, le hablé acerca de la ley. El hombre se puso en pie e hizo la siguiente inolvidable declaración: "¿Por qué todos no lo dicen tan claro como usted?" Parece que Dios grabó esas palabras profundamente en mi corazón.
Si usted comprende el principio de usar la ley para producir convencimiento, pídale al Señor que le dé mucha sabiduría (véase Santiago 3:17). La mayoría de nuestros hermanos sólo pueden ver la ley a la luz de la justificación. No comprenden que "la ley es buena, si uno la usa legítimamente" (1 Timoteo 1:8).
Tan pronto como usted menciona la ley, la ma- yoría de los cristianos probablemente lo exhorta- rán a que lea la epístola que Pablo escribió a los legalistas gálatas. Es muy probable que usted sea entendido mal por aquellos que sólo predican la gracia. Incluso usted va a tener la apariencia de ser duro y falto de entendimiento en su predica- ción. Pudiera ser acusado de tratar de condenar al pecador.
Una vez, un anciano cristiano y sincero me tocó el brazo mientras yo predicaba al aire libre, y bondadosamente me dijo: "Me siento condenado, hermano." De inmediato se retiró. Desgraciada- mente, hasta el momento iba yo en las tres cuartas partes de mi mensaje. Estoy seguro de que Wesley fue entendido mal cuando dijo que debemos pre- dicar el noventa por ciento sobre la ley y el diez por ciento sobre la gracia.
Melanchton, el hombre que fue responsable en gran parte de que Lutero entendiera la gracia, dijo:
ban adelante para recibir a Cristo, si estaban haciendo en serio el compromiso.
Hermanos, la falta no está en el pecador; él sólo responde al mensaje que entiende. Necesitamos cambiar nuestro enfoque y producir un convenci-
miento sincero, mediante el uso de la ley